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jueves, 6 de febrero de 2014

Amenaza terrorista contra Sochi con método usado por Posada Carriles.



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La noticia levantó mis suspicacias de inmediato. Todas las agencias de prensa dieron una amplia cobertura a las declaraciones de un funcionario norteamericano sobre la amenaza de emplear tubos de pasta de dientes o cosméticos para trasladar explosivos hacia Sochi, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno. Según las informaciones –para mí creíbles-, el Departamento de Seguridad Interna lanzó una alerta sobre una posible amenaza terrorista específica contra este evento invernal.

Aunque el comunicado se escuda en una medida de precaución y, en tal sentido orientó a la TSA, encargada de la seguridad en el transporte en ese país, vigilar el abordaje de pasajeros con  pequeños tubos de pasta dental o cosméticos, muchas expectativas quedan abiertas. Por su parte, las autoridades rusas han tratado de minimizar la amenaza, aunque se sabe que han tomado en cuenta concienzudamente dicha alerta, poniendo ciertas reglas con respecto al equipaje de mano y el traslado de líquidos en el mismo.

NBC, cadena norteamericana destacó que la amenaza era poco probable de ser válida para aviones norteamericanos con destino a Rusia y sí para las aerolíneas con otros orígenes y similar destino, en un exceso de confianza muy cuestionable.

Por su parte, el representante republicano por Nueva York y  presidente del subcomité terrorismo e inteligencia de la Cámara de Representantes, Peter King, manifestó  a CNN una actitud más razonable y adecuada al peligro que entraña esta amenaza.

Aunque la vida me ha hecho un experto en terrorismo, creo sobremanera en los antecedentes reales que he conocido o con los que he estado vinculado. En una oportunidad, por orden de la Fundación Nacional Cubano Americana y Luis Posada Carriles, trasladé cerca de 900 gramos de C-4 en aviones comerciales para ser –supuestamente-, detonados en Cuba. Los mismos se encontraban enmascarados en un pomo de shampoo y   su respectivo acondicionador, marca Silkene. Este fue el inicio del empleo de aerolíneas por parte de terroristas asentados en la ciudad de Miami, quienes financiaron una oleada contra instalaciones turísticas en Cuba y cuyo punto de partida fueron varias ciudades centroamericanas.

Cambiar el enfoque de que las aerolíneas siguen siendo un blanco de terroristas sería un error cuyas consecuencias serían inimaginables.

Otro hecho levanta mis suspicacias y recelos. Aún recuerdo la captura a inicios de marzo de 1998 de los guatemaltecos Nader Kamal Musallam Baracat y María Elena González Mesa de Fernández, procedentes de Cancún, quienes transportaban la masa explosiva en tubos de pasta de dientes. Los detonadores eran transportados por la mujer quien, luego de evadir la vigilancia aeroportuaria, fue capturada en pocas horas. 

Ambos terroristas fueron reclutados por Francisco Chávez Abarca, por indicaciones de Luis Posada Carriles y la FNCA, siendo reclutados un mes antes con un premio de 3000 dólares (Manuel González, como se identificó Nader Kamal Musallam Baracat) y 2 000 USD para la mujer. 16 días después fue capturado Jazid Iván Fernández Mendoza, esposo de María Elena, quien estaba involucrado en el macabro asunto, por los resultados de las pruebas periciales que demostraron su participación en el manejo de los artefactos explosivos.

El Tribunal Popular Provincial de Ciudad de La Habana, en la causa 4/99, les condenó por haber introducido en Cuba, con fines terroristas, 432 gramos de explosivos, detonadores y relojes.

Hoy se encuentran en libertad, gracias a la benevolencia de las autoridades cubanas, luego de cumplir parte de sus condenas.

De tal forma, estimados lectores, el empleo de tubos de pasta de dientes como escondrijo para trasportar explosivos, aunque inusual, ha sido empleado con anterioridad y esa información la conocen detalladamente la Sección Antiterrorista del Departamento de Estado norteamericano, el FBI y la CIA. Saben también que estos actos de terrorismo fueron financiados por altos funcionarios de la FNCA y del Consejo por la Libertad de Cuba (CLC). Por supuesto, conocen la implicación directa de Luis Posada Carriles y Francisco Chávez Abarca en estos hechos.

Es por ello que esta alerta extraña, parte de una escondida maraña.


Percy Francisco Alvarado Godoy.

martes, 30 de abril de 2013

La muerte de Chávez y las guerras silenciosas (I)


BarrieTrower
Barrie Trower fue agente de inteligencia inglés
Los dispositivos para el rastreo de personas, la manipulación remota del comportamiento y la inducción de enfermedades son tecnologías con medio siglo de desarrollo científico. Tienen patentes registradas, permisos legales y proveedores oficiales. ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de la historia?

 “La tecnología pondrá a disposición de los líderes de las principales naciones una amplia gama de técnicas para llevar a cabo guerras secretas, para las cuales se necesitará de apenas un mínimo de fuerzas de seguridad en el campo”.
Zbigniew Brzezinski, “Entre dos edades: el rol de los Estados Unidos en la era tecnotrónica”. 1970

Por Claudio Fabian Guevara
Por estos días me gustaría hablar con Barrie Trower sobre sus temas favoritos. Le preguntaría qué avances se han logrado en los últimos años en la guerra de las microondas y su arsenal de armas encubiertas, que las potencias desarrollan desde hace décadas para objetivos tan variados como dispersar manifestantes, abatir moralmente a disidentes o inducir cáncer y otras enfermedades. Le preguntaría cómo cree que fue atacado Hugo Chávez, si sospecha que también Fidel fue víctima de esta brutal ingeniería para la muerte, y cuán seguros pueden estar otros líderes del mundo.
Muchas voces descalificaron como “no científica” la posibilidad de “inoculación” de un cáncer en el fallecido presidente Chávez, tal cual sugirió el vice Maduro horas antes del deceso del líder venezolano. “Inocular” no parece la palabra apropiada en este caso. Pero descartar como “no científica” la posibilidad de un sofisticado ataque para “inducir” una enfermedad mortal en un líder político de la talla de Chávez, ignora décadas de experimentos y estudios científicos del más alto nivel que han establecido protocolos y tecnologías para lograr estos objetivos. Y otros, igual de horrendos: inducir al suicidio, provocar depresión, trastornos mentales o cambios en la personalidad. En la literatura especializada se denominan “armas psicotrónicas". En el hipócrita lenguaje de los documentos oficiales, “armas no letales".
Entre otros, Barrie Trower habla de estas cosas. Es un personaje poco conocido, y no es fácil explicar quién es. Trabajó como agente británico diez años, en el área de “microwave warfare”, interrogando espías extranjeros atrapados in fraganti en la tarea de irradiar targets enemigos. Hoy en día, en sus entrevistas y ponencias en diferentes partes del mundo, habla sobre el devastador efecto de las tecnologías inalámbricas en las personas, que se basan en microondas. Precisamente, llegué a su testimonio estudiando la influencia de los campos electromagnéticos en la salud, para una investigación de la Universidad Veracruzana de México.
Trower también explica que las potencias trabajan desde hace más de medio siglo en el desarrollo de armas encubiertas con variados fines. Esta tecnologías abarcan, por ejemplo, la escalofriante “skull voice”, que proyectada sobre la víctima, le hace escuchar voces dentro de su cráneo. Sirve para telecomandar a un asesino, o para aterrorizar a un enemigo, entre otras “aplicaciones útiles”. También hay dispositivos de rastreo de personas, lectura del pensamiento, manipulación remota del comportamiento y las emociones, y por supuesto, inducción de enfermedades mortales en víctimas escogidas.
No se trata de ciencia ficción, ni de “teorías de la conspiración”. Son hechos plasmados en documentos oficiales. Hay patentes registradas, referencias legales y proveedores oficiales de los Estados que incluyen las “armas no letales” entre su oferta.
Hasta donde sabemos, estas tecnologías aparecieron casi por casualidad en la Segunda Guerra Mundial. Una de las primeras pistas para el inicio de la investigación con fines bélicos la proporcionó Allan Frey en 1962, que reportó el “efecto auditivo” que producían las microondas y los radares entre personal militar que circulaba cerca de las torres de transmisión.
Media siglo después, sabemos de programas de investigación militar, ensayos prácticos y fundamentos teóricos que condujeron al desarrollo de “armas no letales”, basadas en frecuencias, ultrasonidos y microondas, que no dejan rastros en sus víctimas.
Aquello que se conoce públicamente data de décadas atrás. No sabemos qué tecnologías pueden constituir el “state of the art" de la guerra encubierta en 2013. Sólo tenemos algunas pistas, y no son nada tranquilizadoras.
Las tecnologías de hace 40 años, diseñadas para ser aplicadas a cualquier organismo en general, y por lo tanto, de éxito dispar, hoy pueden ser personalizadas a partir del ADN de la víctima para que su efectividad sea fulminante.
Por lo tanto, la pregunta no es si esto puede suceder o no. La pregunta es, ¿Cómo lo hacen? ¿Hasta donde han llegado? ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de los acontecimientos históricos?

El valor estratégico de la invisibilidad
Para el ciudadano común es doloroso admitir la posibilidad de que nuestros Estados, a los que identificamos de alguna manera con nuestros padres, puedan estar implicados en crímenes tan monstruosos. Pero si nos desapegamos de esta postura ingenua, y estudiamos en detalle el caso, veremos que la voluntad política de eliminar el disenso, incluso por vías violentas, es indisimulado, sobre todo en las facciones más extremistas de la elite gobernante.
Una estadística simple nos permitirá observar que hasta los 70, las personas socialmente influyentes o peligrosas para el status quo tenían una alta posibilidad de morir violentamente en un atentado o en un “accidente”. Pero a partir de entonces, los agentes del cambio social son muchísimo más propensos a morir como consecuencia de enfermedades misteriosas, muertes súbitas, posibles envenenamientos imposibles de rastrear, y sobre todo, cáncer. “Es como si tener tendencias izquierdistas fuera peligroso para la salud de una persona", arriesga Charles Kong Soo, que enumera un listado elocuente de muertes de este tipo en los últimos 20 años.[1]
Cuando Chávez en vida arriesgó la posibilidad de que hubiera un sabotaje contra los presidentes latinoamericanos, se daba la curiosa coincidencia de que padecían cáncer el ex presidente argentino Néstor Kirchner (cáncer de colon), la presidente Dilma Rousseff de Brasil (cáncer de linfoma), su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (cáncer de garganta), el propio Chávez (no revelado), el ex presidente cubano Fidel Castro (cáncer de estómago), el presidente boliviano Evo Morales (cáncer nasal) y el presidente de Paraguay, Fernando Lugo (cáncer de linfoma). Posteriormente también sufrió un tumor Cristina Fernández, esposa de Kirchner y su sucesora. No eran todos peligrosos revolucionarios antiimperialistas, pero tenían algo en común: formaban un bloque compacto con acuerdos comunes frente a la prepotencia del Norte. El balance tres años después: Chavez fue devorado por la enfermedad, Kirchner falleció repentina y misteriosamente, Fidel sigue debilitado y Lugo fue derrocado.
Habitualmente, incluso personas de alto discenimiento se encogen de hombros, escépticos, ante la insinuación de que estas cadenas de acontecimientos, y otras realidades sugestivas, puedan responder a un diseño. “Si ciertas potencias gozan de este poderío, por qué no lo usan para eliminar definitivamente a todos sus enemigos”?, se pregunta.
La respuesta es obvia. La guerra encubierta es un concepto sólo aplicable para inducir ciertos acontecimientos en silenciosa reserva, mostrar un poderío disuasivo, condicionar y persuadir secretamente a ciertos enemigos. Tan pronto como un arma encubierta se utiliza abusivamente para provocar cambios violentos que son advertidos por el grueso de la población, es puesta en evidencia y deja de serlo, perdiendo su principal valor estratégico: la invisibilidad.

Nuestro ser bioeléctrico
La base científica de las armas psicotrónicas reside en la dimensión bioeléctrica de nuestra vida. La tierra, nuestro ambiente natural, es una enorme caja de resonancias, y nuestros cerebros están “sintonizados” en su frecuencia. Nuestras células se comunican entre sí mediante señales de radio. El DNA, como muestra la investigación del ruso Piotr Garvagej, es una antena que dialoga con su entorno mediante señales y sonidos. Biólogos y físicos coinciden: radiofrecuencias y campos magnéticos tienen una influencia decisiva en los sistemas vivientes.[2] Por eso la medicina de frecuencias ya desarrolla métodos de curación de una extensa gama de enfermedades basado en campos pulsátiles de baja frecuencia.[3]
Así como hay campos electromagnéticos curativos, hay campos patógenos, hoy conocidos como contaminación electromagnética. Y también existen frecuencias diseñadas intencionalmente paa provocar ciertos daños o efectos. Pequeñas dosis de energía electromagnética provocan cambios en las emociones, en el funcionamiento del cerebro y la salud general de las personas.[4] Estas ondas son direccionables a distancia, invisibles e indetectables, lo cual las convierten en la materia prima ideal de la nueva guerra fría.
Hace muchas décadas que las potencias desarrollan programas orientadas a desarrollar este tipo de armamento con fines de espionaje, defensa nacional o seguridad interior. Esto no es novedad para nadie que realmente estudie el tema.
Los primeros emergentes datan de 1965, cuando el doctor David Krech de la Universidad de Berkeley, EE.UU., habló en el New York Times de la posibilidad de controlar la mente con fines militares. Años después, Paul Tyler, médico responsable de la investigación de la Marina norteamericana de los efectos de las radiaciones sobre los seres humanos, reconocería en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial que “se pueden alcanzar efectos biológicos precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas”.
Elizabeth Rauscher, física nuclear del Laboratorio de Investigación Tecnológica de San Leandro (EE.UU), fue más allá, y halló frecuencias específicas que permiten desarrollar desde náuseas hasta estados de euforia, lo cual la llevó a alardear: “Si me dieran los fondos suficientes, podria modificar el comportamiento del 80 por ciento de los habitantes de una ciudad sin que lo sepan. Los podria hacer más felices o más agresivos”.
Richard Cesaro, director del Proyecto Pandora, admitió la posibilidad de “controlar el comportamiento humano mediante microondas de baja intensidad”. Y dentro de su proyecto trabajó el español José Manuel Rodriguez Delgado, de la Universidad de Yale, famoso por la invención del Estimociver, un aparato que permite la estimulación del cerebro por control remoto. Rodríguez Delgado demostró que es posible influir en el comportamiento autónomo, somático y motor, modificar manifestaciones psicológicas como la ansiedad o la agresividad, o producir una variedad de efectos, entre ellos agradables sensaciones, alegría, concentración, sentimientos extraños, relax, visiones de color y otras respuestas. “La energía para activar el cerebro del transmisor se transmite por medio de radiofrecuencias", decía Delgado"[5]. Fue uno de los científicos más activos del denominado "Proyecto Pandora", que consistía en modular voces y sonidos en la cabeza de los soldados, por medio de campos electromagnéticos.
Hay más, mucho más. El neurocientífico Michael Persinger investigó los efectos de las radiaciones electomagnéticas para un programa de armas del Pentágono. Persinger, en un estudio publicado en 1985, habló sobre la posibilidad de crear experiencias sensoriales, es decir, engañar a la mente, mediante el uso de ondas electromagnéticas. Persinger sostiene que cualquier estado mental puede ser creado por una fuente exterior. Y que los medios operativos para conseguir ya están disponibles a nivel global, porque los niveles de potencia necesarios son similares a los sistemas de radio y telecomunicaciones.[6]
Los párrafos precedentes sólo son una introducción sumaria. El canadiense John McMurtry recopila cerca de 200 referencias técnicas, legales y bibliográficas sobre el tema, además de precisas descripciones sobre las bases de funcionamiento de distintas tecnologías, en un breve artículo titulado “Evidencias de técnicas de influencia remota sobre el comportamiento” [7]
No se trata de experimentos o teorías sin aplicaciones prácticas. Como veremos, hay varios capítulos en la historia donde estas armas se aplicaron. Al punto que varias mociones en el Parlamento europeo piden hoy por su regulación y control.



PROXIMOS CAPITULOS
Casos testigo:
El ataque a la embajada norteamericana en Moscu
La dispersión de las pacifistas de Berkshire
Cuando el suicidio inducido es un “éxito"


[1] “Cancer the secret weapon?" February 27, 2012, Charles Kong Soo, The Trinidad & Tobago Guardian. http://guardian.co.tt/lifestyle/2012-02-27/cancer-secret-weapon
[2] “Seres electricos y vibracionales”, Claudio Fabian Guevara, en vibromancia.com: http://www.vibromancia.com/~ti000021/index.php/ipa/introduccion/237-iii-el-misterio-de-lo-intangible50
[3] Muchos investigadores llevan a cabo con éxito tratamientos novedosos en base a campos electromagnéticos y frecuencias:
Valerie Hunt, Dr. Philpot (EEUU), Dra. Graciela Pérez (Argentina), Dr. Zayas (Cuba), Ing. Antonio Gómez Yepez (México)
[4] Para información científica sobre el tema, puede consultarse fuentes al final del artículo.
[5] Fuente: Cannon; Delgado, JMR, "Radio intracerebral Estimulación y grabación gratuita a los pacientes," en Schwitzgebel y Schwitzgebel (eds.))
[6] “Se estan usando ya armas psicotrónicas”? Rafael Palacios, Discov ery Salud, Abril de 2009.
[7] http://www.deepblacklies.co.uk/remote_behavioral_techology.htm.

Tomado de  http://elnuevocronista.com.ar

martes, 23 de abril de 2013

¿Existe amenaza bioterrorista contra Venezuela?



Del imperialismo y sus agencias nada me resulta extraño o inimaginable, sobre todo si trata de Cuba o de Venezuela, naciones que han sido objetivos de todo tipo de amenazas y agresiones.

¿Antecedentes de bioterrorismo en Venezuela?

Hoy quiero reflexionar sobre un escenario en particular: la posibilidad de que se hayan estado realizando ataques bioterroristas contra la nación bolivariana, a través de la contaminación de determinados alimentos  con el empleo de Aflatoxinas. Las mismas, según la bibliografía más común, ¨pertenecen a la familia de las micotoxinas, que son sustancias químicas producidas por cepas toxigénicas de hongos, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Estas sustancias pueden causar enfermedad y muerte, tanto en animales como en seres humanos.¨ (Bogantes, Ledezma y col. 2004). Estas particularidades llevan a que se les considere como uno de los cancerígenos naturales más potentes y encuentran su espacio vital en diversos cereales como el maíz, sorgo, cebada, etc., así como en otros granos, verduras y frutas. De tal forma, las  micotoxinas, en altas concentraciones, ¨producen la micotoxicosis, tipo de enfermedad cuya sintomatología se manifiesta mediante síndromes agudos de enfermedad, en tanto que a niveles bajos son carcinogénicos, mutagénicos, teratogénicos, producen alteraciones mitóticas, interfieren con el desarrollo fetal y además alteran la respuesta inmunológica, afectando, entre otros órganos y los sistemas blanco: hígado, riñones, el sistema nervioso, endocrino e inmune, y repercute en el crecimiento y desarrollo mental en los niños

En fin, la vía para propagar las aflatoxinas y su consiguiente acción cancerígena y detrimento del sistema inmunológico, son fundamentalmente dos: el empleo de semillas transgénicas y a través de vacunas sin patente. Pueden ser transmitidas al ser humano como consumidor final en la cadena alimenticia, dado el hecho de que son acumulativas, resistentes a las variaciones climáticas y de rápida acción nosciva. De los 18 tipos de aflatoxinas, la B1 tiene una mayor peligrosidad. Muchos recordarán cómo en el año 2005 se produjo un número considertable de animales caninos y felinos luego de consumir alimentos producidos por  la Compañía "Nestlé de Venezuela", concesionaria de la marca Purina DOG CHOW y CAT CHOW. Mucho ruido se armó ante el suceso, lo que condujo a la retirada de estos productos del mercado, pero no hubo una profunda investigación al respecto. La propia Comisión investigadora de la Asamblea Nacional llegó a la controvertida conclusión de que el desarrollo de la aflatoxinas fue resultado de un mal almacenamiento de los productos y exceso de humedad.

Un tiempo después se produjo la muerte sospechosa de un rebaño de Cabras en “Los Zabaletas”, ante  lo cual se procedió a realizar investigaciones en laboratorios  para determinar las causas de la muerte de los mismos. El resultado fue sorprendente: las muestras analizadas de tejidos de riñón la  presencia de 8.2 ppb de aflatoxinas B1 (partes por billón), indicando su deceso por aflatoxicosis, debido al consumo  “Cabrarina”, un alimento vendido por  Protinal C.A., especializada en producir alimentos concentrados para animales destinados al consumo humano., luego de violar  las normas COVENIN de “Alimentos completo para ovinos y caprinos”, la  que fue aprobada el 8 de febrero de 1983, Nº 1889, y la cual que establece en su artículo 4.1.5, que el alimento  no deberá contener aflatoxinas superior a 0.02 ppm, según la norma COVENIN 106 ni otras sustancias contaminantes. Era el segundo caso, en un solo año, de muertes de animales por el empleo descontrolado e ilegal de aflatoxinas.


Este segundo caso se presentó ante el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, demandandando a esta empresa por el delito de ponder en peligro la Salud Pública y cuya sentencia quedó publicada en internet bajo el Expediente  Nº 4.782-05, donde puede ser verificada con mayor amplitud la violación de las normas COVENIN de Venezuela. Sin embargo, este caso no tuvo la publicidad requerida para que se tomase conciencia del peligro existente para la ciudadanía.



Adjunto este link donde pueden ser verificadas la Norma COVENIN anteriormente mencionada.


Salta una pregunta de inmediato: ¿Por qué las normas “COVENIN” tendrán más fuerza que la “Ley de Salud Agrícola Integral”?, decretada y en vigencia desde  el año 2008, en la República Bolivariana de Venezuela, que establece en el Articulo 2. Párrafos 15. Fortalecer la seguridad nacional contra el uso de tecnologías biológicas y agentes patógenos a ser propagados con el fin deliberado de causar daño.

El peligro ante nuestros ojos


Muchos hemos alertado sobre la actividad criminal de agencias de EEUU y del Pentágono en la elaboración y fabricación de armas químicas y biológicas desde los años 40, con la finalidad de propiciar, tanto las muertes selectivas como el genocidio de pueblos enteros. En un programa de VTV abundé sobre estas operacionjes secretas, al igual que en varios art6ículos publicados en internet. Mas no he sido solo yo quien ha sentido tales sospechas. Jeremy Bigwood, periodista e investigador, desnudó el empleo de las micotoxinas como armas biológicas, como es el caso de la micotoxina T2, cuya inducción en los tejidos logra provocar cuadros cancerígenos sumamente agresivos. La misma es fabricada en el Comando de Material e Investigación Médica del Ejército (USAMRMC), la cual es una agencia de bio-defensa, al igual que el Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército (USAMRIID), en unión del  Instituto Nacional del Cáncer-Frederick y  sede del Campus de Biodefensa Nacional Interagencias, ubicados en Fort Detrick, en Maryland, Estados Unidos. 

En mi caso particular, considero que  las aflatoxinas fueron creadas y potenciadas en estos  laboratorios de los EEUU, como arma biológica, dirigida al daño de plantaciones, animales y seres humanos. 

A veces pienso que la humanidad no ve seriamente el peligro del empleo de usar las semillas trangénicas y cae sobre los gobiernos,  la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) la responsabilidad de no tomar serias acciones contra esta práctica, aún cuando existan bajas dósis de estas micotoxinas. La razón, sin lugar a dudas radica en la negligencia de las grandes transnacionales extranjeras, sobre todo de Estados Unidos y Europa, quienes supeditan la vida humana a la búsqueda de elevadas ganancias, en un sucio y criminal negocio con la salud humana.

Creo que países como Venezuela y otras naciones progresistas deben preparar Centros Especializados contra el Bioterrorismo, sobre todo en momentos como los que se están viviendo. Cuba ha acvumulado bastante experiencia al respecto, pues ha sido centro de los más virulentos ataques bioterroristas en las últimas décadas.


De tal forma, todo lo que coma el pueblo debe ser analizado con seriedad y siguiendo la legislación vigente. Todo alimento y materia prima para elaborarlo, proceda de donde proceda debe ser minuciosamente analizado. Nuestras fronteras también deben ser protegidas para evitar la entrada de agentes patógenos.

Si asumimos esa responsabilidad con la seriedad que merece, le cerramos una brecha a la CIA y a cualquiera de nuestros enemigos.

Percy Francisco Alvarado Godoy

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