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viernes, 6 de febrero de 2015

A debate: Cobra fuerza muerte por cáncer inducido de Hugo Chávez.


escolta
El traidor Leasmy Salazar, cercano a la seguridad de Chávez.


El pasado martes, Diosdado Cabello ofreció declaraciones con respecto a la verdadera identidad de Leamsy Salazar y su vinculación con el gabinete ejecutivo del presidente Chávez. No niego que estas declaraciones avivaron nuevamente mis recelos sobre la participación de la CIA en el asesinato de Chávez.

Como Salazar, muchos fueron los sujetos cercanos al Comandante Presidente que posteriormente traicionaron los ideales de la Revolución Bolivariana, lo que sugiere la existencia de serias brechas de seguridad a su alrededor y la posibilidad, cada vez mas certera, de que fuera asesinado mediante la inducción de cáncer.

El  29 de diciembre de 2011 publiqué un artículo titulado "Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?", en donde daba la razón a la denuncia de Chávez en ese entonces sobre la posibilidad de que la Agencia estuviera atentando contra la vida de varios mandatarios de la región. Posteriormente, el desaparecido programa Reverso me entrevistaría para un documental que debe ser estudiado, cada vez que sea posible, por todos.

Cuando se cumplen 23 meses de la muerte de Chávez, pongo a disposición de mis lectores este artículo, el cual nunca perderá su vigencia como una contundente denuncia. Además agrego el documental de Reverso para ahondar en esta hipótesis cada vez más confirmada.




Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?


Las operaciones secretas de la CIA mantienen una dirección permanente e invariable, orientadas lo mismo contra personalidades políticas específicas que desafían el hegemonismo imperial norteamericano, a los que se trata de eliminar físicamente, así como contra naciones enteras que sufren las criminales consecuencias de guerras prefabricadas, agresiones biológicas, campañas sostenidas de ataques mediáticos, amenazas, invasiones y el aislamiento total mediante bloqueos y  embargos injustificados. Este criminal accionar de la CIA fue puesto al descubierto por la Asociación para el Disenso Responsable, la que estimó que, ya en  1987, seis millones de personas habían sido asesinadas como resultado de las operaciones encubiertas de la CIA. Hoy, al culminar el 2011, esa cifra ha crecido enormemente.

sábado, 31 de mayo de 2014

Archivo: Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?


http://hispantv.com/sp_photo/20130311/ybm.jpg

Las operaciones secretas de la CIA mantienen una dirección permanente e invariable, orientadas lo mismo contra personalidades políticas específicas que desafían el hegemonismo imperial norteamericano, a los que se trata de eliminar físicamente, así como contra naciones enteras que sufren las criminales consecuencias de guerras prefabricadas, agresiones biológicas, campañas sostenidas de ataques mediáticos, amenazas, invasiones y el aislamiento total mediante bloqueos y  embargos injustificados. Este criminal accionar de la CIA fue puesto al descubierto por la Asociación para el Disenso Responsable, la que estimó que, ya en  1987, seis millones de personas habían sido asesinadas como resultado de las operaciones encubiertas de la CIA. Hoy, al culminar el 2011, esa cifra ha crecido enormemente.

CHAVEZ TIENE LA RAZÓN

El presidente Hugo Chávez destapó ayer la Caja de Pandora al exponer su sospecha sobre el inusual padecimiento de cáncer por parte de varios mandatarios y personalidades progresistas latinoamericanos en los últimos meses, entre los que se destacan su propia persona,  la presidenta argentina Cristina Fernández, el mandatario paraguayo Fernando Lugo, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, entre otros.

"Es muy difícil explicar a estas alturas ya con la ley de las probabilidades, por ejemplo, lo que nos ha estado aconteciendo a algunos de nosotros (líderes) en América Latina", dijo Chávez, apuntando sus sospechas hacia  Washington y, particularmente, a la CIA.

Chávez reconoció las sospechas de Fidel sobre este inusual fenómeno, las que no dejan de carecer de lógica, sobre todo si parten de quien ha sido objetivo de más de 600 planes de atentado, incluso intentado usar armas biológicas y venenos, durante uno de sus encuentros con él, cuando el Comandante le manifestó con suspicacia: “Chávez, ten cuidado... mira, cuidado esta gente ha desarrollado tecnologías... cuidado con lo que te dan de comer. Cuidado con una pequeña aguja y te inyectan no se qué”.

Por supuesto, ni Fidel ni Chávez se equivocan si se tienen en cuenta algunos elementos y antecedentes esenciales para fundamentar tal acusación, involucrando en la tangible amenaza a la CIA y a las autoridades norteamericanas.

Varios laboratorios de la CIA y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos dedican desde hace décadas cuantiosos recursos al bioterrorismo y, particularmente, en la búsqueda de inoculación de enfermedades como el cáncer, así como otros tipos de virus o bacterias, capaces de infligir daño masivo sobre personas específicas, fuerzas militares y ciudadanos comunes, violando las prohibiciones establecidas por las Naciones Unidas. La guerra biológica o bacteriológica, concebida como un arma de alta efectividad,  se implementa mediante el diseño de bombas y otros tipos de agentes de esparcimiento de las enfermedades. De esos laboratorios han salido  el napalm, el agente naranja, la cepa del ántrax, la gripe AH1N1, la gripe porcina, así como otros virus letales como el VIH y el ébola.

En el caso particular del cáncer se conoce que, desde 1975, se ha empleado el Fuerte Detrick como instalación donde radica una sección especial dentro del Departamento Virus del Centro para la Investigación de Guerra Biológica, conocida como  "Instalaciones Fredrick para la Investigación del Cáncer", bajo supervisión del Departamento de Defensa, de la CIA y del Instituto Nacional del Cáncer. Las investigaciones ultra secretas están encaminadas a desarrollar un programa especial de virus del cáncer, sumamente agresivo y letal, para el que existe inmunidad y fue identificado como Virus Humano de la célula T de Leucemia (HTLV). La insistencia de estos laboratorios de lograr los mecanismos para elaborar artificialmente células malignas o cancerígenas, sumamente invasivas y capaces de propagarse en el organismo desarrollando una metástasis incontenible, se ha mantenido a lo largo de más de cuatro décadas. De acuerdo con estos proyectos, las enfermedades cancerígenas serían capaces de inhibir cualquier defensa ante su ataque al organismo humano, diseminándose a través de la sangre o de la linfa, luego de ser inoculadas en el mismo mediante diversas vías.

La alteración del material genético de las células humanas que provoca el cáncer por vía artificial en estos laboratorios, son la premisa básica de esta arma desarrollada con la venía del gobierno norteamericano. Para ello se elaboran células madres o stem cells, mediante mutaciones monitoreadas y preconcebidas, convirtiéndolas en un fenotipo maligno más heterogéneo de rápido desarrollo.

Otro elemento sobre el desarrollo de la guerra biológica por parte del gobierno norteamericano, particularmente relacionado con el cáncer, lo es el testimonio grabado del Dr. Maurice Hilleman,  prestigioso investigador en vacunas de los Laboratorios Merck, donde admite que sus laboratorios produjeron vacunas contaminadas con leucemia y virus de cáncer en la década de los setenta, las que fueron administradas deliberadamente a ciudadanos soviéticos. Este hecho macabro salió a la luz gracias al Dr. Len Horowitz, investigador de la guerra biológica de la CIA, quien lo plasmó en su documental In Lies We Trust: The CIA, Hollywood, and Bioterrorism, estrenado el año 2007.

La CIA ha perfeccionado sus métodos para asesinar, particularmente induciendo el cáncer en determinadas personas. Ha dejado atrás, por citar un ejemplo, el método empleado contra Jack Leon Ruby, mafioso que asesinó al presunto homicida del presidente John F. Kennedy, y quien muriera en prisión, supuestamente por un cáncer,  el 3 de enero de 1967. En realidad, Ruby murió a causa de una intoxicación con Talio, la que le produjo un deterioro acelerado de su salud y su muerte en poco tiempo. Los síntomas que presentó luego de ingerir el Talio, arma química letal, soluble en agua, incoloro y prácticamente inodoro e insípido, capaz de ser colocado en los alimentos de la víctima sin ser detectado, fueron similares a una reacción invasiva de células cancerosas: fiebre alta, caída del cabello, insuficiencia cardiaca o respiratoria, desplome del sistema nervioso, dolores musculares, parálisis o inmovilidad en determinadas zonas corporales y una muerte dolorosa.

Las administraciones norteamericanas han cuidado celosamente sus programas súper secretos de guerra biológica, al extremo de que, según un informe elaborado por el escritor Steve Quayle para Free Press International, en marzo del 2006, sugirió que cerca de  40 microbiólogos murieron sospechosamente entre el 2002 y ese año. En todos los casos, no se han encontrado culpables de las muertes, sospechosos suicidios o accidentes llenos de interrogantes.

Washington reaccionó escueta y cínicamente a las declaraciones de Hugo Chávez, tildando de “horrendos y reprensibles”, los supuestos de que EE UU esté involucrado en las enfermedades cancerígenas de los mandatarios latinoamericanos, a través de Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado.

LA GUERRA BIOLOGICA DE LA CIA Y EL PENTÁGONO

La CIA y otras agencias del gobierno norteamericano tienen amplia experiencia en bioterrorismo y guerra bacteriológica. De acuerdo con informaciones aparecidas en varios sitios web, el gobierno de los Estados Unidos ha desarrollado múltiples proyectos secretos de guerra biológica, entre los que han sobresalido:

1947- La CIA comenzó a estudiar el Acido Lisérgico (LSD) para emplearlo como arma biológica contra seres humanos. En 1960, el Equipo Asistente Principal de la Inteligencia del Ejercito (ACSI), autorizó el empleo del LSD en Europa y en el Lejano Oriente, para evaluar las reacciones en humanos. Ambos proyectos fueron codificados como Tercera Oportunidad y Sombrero de Hongo, respectivamente.

1953- La CIA inició el Proyecto MK ULTRA, el cual se extendió durante once años de investigación, siendo concebido para producir y probar drogas y microorganismos para controlar la mente y modificar la conducta de los seres humanos, sin el consentimiento de los mismos. 

1965- La CIA y del Departamento de Defensa comenzaron el Proyecto MK SEARCH, con el fin  de manipular la conducta humana a través del uso de drogas psicodélicas.

1966- La CIA inició el Proyecto MK OFTEN, dirigido a probar los efectos toxicológicos de ciertas drogas en los humanos y los animales.

1966- El Pentágono hizo quebrar varias ampollas con la bacteria Bacillus Subtilis en las rejas de ventilación del metro de Nueva York, exponiendo a más  de un millón de civiles de forma deliberada. 

1967- La CIA y el Departamento de Defensa implementaron el Proyecto MK NAOMI, sucesor del MK ULTRA, diseñado para mantener, reservar y probar las armas biológicas y químicas.

1970- La División de Operaciones Especiales en el Fuerte Detrick, desarrolló técnicas de biología molecular para producir retrovirus. (VIH).

1970- La CIA y el Pentágono desarrollaron "armas étnicas", diseñadas para eliminar grupos étnicos específicos, susceptibles por sus diferencias genéticas y las variaciones en el ADN.

1977- Audiencias del Senado, en la Comisión Investigación Científica y de Salud, confirmaron la contaminación deliberada por parte del Pentágono y la CIA de 239 poblaciones con agentes biológicos, entre 1949 y 1969, fundamentalmente en San Francisco, Washington, D.C., Centro-Oeste de EE.UU., Ciudad de Panamá, Minneapolis y St. Louis.

1987- El Departamento de Defensa admitió la investigación y el desarrollo de agentes biológicos en 127 laboratorios y universidades alrededor de EE UU.
1990- Aplicación en Los Ángeles a  más de 1500 bebes negros e hispanos, de seis meses de edad, de una vacuna "experimental" del sarampión, no autorizada por la CDC.

1994- Se descubrió, mediante una técnica llamada "rastreador de genes", por parte del Dr. Garth Nicolson, científico del  Centro del Cáncer MD Anderson de Houston, que los soldados la Tormenta del Desierto fueron infectados con una cadena alterada de Micoplasma Incognitus, una bacteria normalmente utilizada en la producción de armas biológicas, la cual contiene un 40 por ciento de la proteína del virus del SIDA. Luego, en 1996,  se admitiría que cerca de 20 000 soldados fueron afectados.

1995- El Gobierno americano admitió que había ofrecido a los criminales de guerra y científicos japoneses sueldos e inmunidad de prosecución a cambio de los datos de sus investigaciones sobre  guerra biológica.

1995- El Dr. Garth Nicolson reveló evidencia de que los agentes biológicos usados durante la Guerra del Golfo habían sido manufacturados en Houston, (Texas) y Boca Ratón, (Florida) y probados en prisioneros en el Departamento Correccional de Texas.

1996- El Departamento de Defensa admitió que soldados de la Tormenta de Desierto fueron expuestos a agentes químicos, lo que condujo a que 88 miembros del Congreso firmaran una carta, un año después,  exigiendo una investigación sobre el uso de armas biológicas la Guerra del Golfo.

AGRESIONES BIOLOGICAS CONTRA CUBA

La Operación Mangosta de la CIA había concebido en su tarea número 33, luego del fracaso de Playa Girón, el uso criminal de la guerra biológica contra Cuba, estrenada con la introducción del  virus patógeno New Castle.

 Años después, en 1978, la CIA introdujo en la Isla  la epifitia Roya de la Caña, afectando las áreas cañeras del país.

La CIA también introdujo la Fiebre Porcina Africana, aparecida inicialmente en 1971 y que obligó a sacrificar más de 700 cerdos, y que reapareció entre 1979 y 1980. En el caso del  Moho Azul del tabaco, introducido a Cuba dentro de la tela de tapado de los cultivos importados de Estados Unidos, destruyendo más del 85% de las plantaciones de esa planta. La consecuencia fue que Cuba no pudo exportar uno de sus principales reglones.

La acción más condenable de la guerra biológica contra Cuba fue la introducción del virus del Dengue Hemorrágico en 1981, ocasionando la muerte a 158 cubanos, de ellos 61 niños. Ese mismo año, la CIA introdujo el virus de la Conjuntivitis Hemorrágica y, poco después, la Seudodermatosis Nodular Bovina, cuyo agente etiológico fue aislado en el laboratorio de Camp Ferry, en  New York.

Cuba también fue agredida con la epifitia exótica Sigatoca Negra, con afectación en la masa ganadera y, en  1994, la CIA introdujo la exótica Hemorragia Viral del conejo. Dos años después, en 1996, nuevamente la Agencia la Varroasis y el Thrips Palmi, afectando a la actividad de obtención de miel de abeja, en el primer caso, y  a las producciones de frijol, la papa,  pimiento y otros cultivos, en el segundo caso.

CONCLUSIONES

Poco hay que comentar sobre las aseveraciones del Comandante Hugo Chávez sobre lo sospechoso del padecimiento cancerígeno en varios mandatarios y personalidades latinoamericanas y a su sospecha de que EE UU pudiera ser  el responsable.

La señora Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado, funcionaria de bajo rango de la administración Obama, apenas si pudo usar argumentos para desmentir esa posibilidad. La CIA y el Pentágono, mientras tanto, conocen la verdad.

Quien asesinó niños inocentes mediante la introducción del Dengue Hemorrágico en Cuba, carece de escrúpulos y de piedad. Sin lugar a dudas, algún día esta sospecha se convertirá en verdad, para vergüenza de Estados Unidos y sus gobernantes.

Percy Francisco Alvarado Godoy

29 de diciembre de 2011.
Confirmando una hipótesis; Chávez fue asesinado por la CIA
El desarrollo acelerado de las tecnologías vinculadas a la guerra ha tenido un auge acelerado en las últimas décadas, como resultado de cuantiosas sumas de capital dentro de los Complejos Militares Industriales y Centros de Investigación, particularmente en los Estados Unidos. De tal forma, el empleo de armas biológicas a escala global dejó de ser hipotético ultimátum para convertirse en una amenaza real y preocupante.
 La Humanidad actual olvida, por ignorancia o a sabiendas, los peligros que ella misma genera mediante la guerra biológica o el bioterrorismo, según quiera identificársele. Empero, el uso irracional de microorganismos patógenos, toxinas o sustancias dañinas contra la población o personas, con el objetivo de generar enfermedad, muerte, pánico y terror, es un reto actual cada vez más urgente. El peligro se hace mayor cuando esta actividad se desarrolla en las sombras, fuera de la censura pública, por agencias gubernamentales que cuentan con elevados presupuestos, falta de escrúpulos y luz verde por parte de sus gobiernos. La CIA, el Pentágono  y el Mossad son, hoy por hoy, elocuentes ejemplos de ese desprecio de la ética humanista.

Sin embargo, la guerra biológica no es nueva. Data de la antigüedad y desde que algunos hombres miraron a sus congéneres con odios animales y la cordura les cegó el alma, les despobló el corazón de la nobleza y la ética, haciéndolos seres inescrupulosos en la búsqueda de una pronta victoria.

Muchos ejemplos abundan. Como señala Héctor Carmona Casado en el sitio http://matap.dmae.upm.es, la propia conquista del Nuevo Mundo por las naciones europeas fue, de hecho, una forma de guerra biológica, en cuanto diezmó a miles de indígenas con agentes infecciosos como la viruela. Él cita como ejemplo, el siguiente: “gracias a la epidemia de viruela entre los soldados del Imperio Inca, Francisco Pizarro, con sólo pocos soldados, fue capaz de derrotar al ejército de 80 000 soldados de Atahualpa (siglo V).”

Adolf Hitler, durante la Segunda Guerra Mundial, también empleó criminalmente este tipo de armas de destrucción masiva. Relata el citado autor que: “Durante la Segunda Guerra Mundial prisioneros en campos de concentración Nazis fueron expuestos a Ricketsia prowazekii, al virus de la hepatitis A y Plasmodium spp, con el objetivo de crear sulfonamidas y vacunas contra estas infecciones. Sin embargo, no existe evidencia alguna de que estos experimentos fueron llevados a cabo para la creación de armas biológicas por parte del Gobierno de Adolf Hitler.”

No obstante, a pesar del detestable uso de este tipo de arma a lo largo de la historia, han sido los Estados Unidos quienes han hecho un uso más demencial de la misma.

- ¿Hay antecedentes de guerra bioterrorista en América Latina?

Existen muchos antecedentes que pueden mostrar la falta de ética militar de EE UU, no tan solo en la fase de investigación y prueba de las armas biológicas en otras naciones, sino contra sus propios ciudadanos. En mi artículo “Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?¨, expongo varios ejemplos, desde que el Pentágono convirtió a Fort Detrick en su centro para el desarrollo de la investigación de las armas biológicas:

1947- La CIA comenzó a estudiar el Ácido Lisérgico (LSD) para emplearlo como arma biológica contra seres humanos. En 1960, el Equipo Asistente Principal de la Inteligencia del Ejército (ACSI), autorizó el empleo del LSD en Europa y en el Lejano Oriente, para evaluar las reacciones en humanos. Ambos proyectos fueron codificados como Tercera Oportunidad y Sombrero de Hongo, respectivamente.

1953- La CIA inició el Proyecto MK ULTRA, el cual se extendió durante once años de investigación, siendo concebido para producir y probar drogas y microorganismos para controlar la mente y modificar la conducta de los seres humanos, sin el consentimiento de los mismos.

1965- La CIA y del Departamento de Defensa comenzaron el Proyecto MK SEARCH, con el fin de manipular la conducta humana a través del uso de drogas psicodélicas.

1966- La CIA inició el Proyecto MK OFTEN, dirigido a probar los efectos toxicológicos de ciertas drogas en los humanos y los animales.

1966- El Pentágono hizo quebrar varias ampollas con la bacteria Bacillus Subtilis en las rejas de ventilación del metro de Nueva York, exponiendo a más de un millón de civiles de forma deliberada.

1967- La CIA y el Departamento de Defensa implementaron el Proyecto MK NAOMI, sucesor del MK ULTRA, diseñado para mantener, reservar y probar las armas biológicas y químicas.

1970- La División de Operaciones Especiales en el Fuerte Detrick, desarrolló técnicas de biología molecular para producir retrovirus. (VIH).

1970- La CIA y el Pentágono desarrollaron “armas étnicas”, diseñadas para eliminar grupos étnicos específicos, susceptibles por sus diferencias genéticas y las variaciones en el ADN.

1977- Audiencias del Senado, en la Comisión Investigación Científica y de Salud, confirmaron la contaminación deliberada por parte del Pentágono y la CIA de 239 poblaciones con agentes biológicos, entre 1949 y 1969, fundamentalmente en San Francisco, Washington, D.C., Centro-Oeste de EE.UU., Ciudad de Panamá, Minneapolis y St. Louis.

1987- El Departamento de Defensa admitió la investigación y el desarrollo de agentes biológicos en 127 laboratorios y universidades alrededor de EE UU.

1990- Aplicación en Los Ángeles a más de 1500 bebes negros e hispanos, de seis meses de edad, de una vacuna “experimental” del sarampión, no autorizada por la CDC.

1994- Se descubrió, mediante una técnica llamada “rastreador de genes”, por parte del Dr. Garth Nicolson, científico del Centro del Cáncer MD Anderson de Houston, que los soldados la Tormenta del Desierto fueron infectados con una cadena alterada de Micoplasma Incognitus, una bacteria normalmente utilizada en la producción de armas biológicas, la cual contiene un 40 por ciento de la proteína del virus del SIDA. Luego, en 1996, se admitiría que cerca de 20 000 soldados fueron afectados.

1995- El Gobierno americano admitió que había ofrecido a los criminales de guerra y científicos japoneses sueldos e inmunidad de prosecución a cambio de los datos de sus investigaciones sobre guerra biológica.

1995- El Dr. Garth Nicolson reveló evidencia de que los agentes biológicos usados durante la Guerra del Golfo habían sido manufacturados en Houston, (Texas) y Boca Ratón, (Florida) y probados en prisioneros en el Departamento Correccional de Texas.

1996- El Departamento de Defensa admitió que soldados de la Tormenta de Desierto fueron expuestos a agentes químicos, lo que condujo a que 88 miembros del Congreso firmaran una carta, un año después, exigiendo una investigación sobre el uso de armas biológicas la Guerra del Golfo.

Cuba ha sido la principal víctima del terrorismo y, particularmente de la guerra biológica. La CIA, empleando elementos contrarrevolucionarios radicados en Estados Unidos, para introducir material biológico con agentes fitopatógenos, enfermedades cuadragenarias, insumos químicos o cualquier otro tipo de material que atente contra la vida y la salud de las personas y los recursos naturales como plantas alimenticias.

He aquí un breve recuento de estas atrocidades:

La Operación Mangosta de la CIA había concebido en su tarea número 33, luego del fracaso de Playa Girón, el uso criminal de la guerra biológica contra Cuba, estrenada con la introducción del virus patógeno New Castle.

Años después, en 1978, la CIA introdujo en la Isla la epifitia Roya de la Caña, afectando las áreas cañeras del país.

La CIA también introdujo la Fiebre Porcina Africana, aparecida inicialmente en 1971 y que obligó a sacrificar más de 700 cerdos, y que reapareció entre 1979 y 1980. En el caso del Moho Azul del tabaco, introducido a Cuba dentro de la tela de tapado de los cultivos importados de Estados Unidos, destruyendo más del 85% de las plantaciones de esa planta. La consecuencia fue que Cuba no pudo exportar uno de sus principales reglones.

La acción más condenable de la guerra biológica contra Cuba fue la introducción del virus del Dengue Hemorrágico en 1981, ocasionando la muerte a 158 cubanos, de ellos 61 niños. Ese mismo año, la CIA introdujo el virus de la Conjuntivitis Hemorrágica y, poco después, la Seudodermatosis Nodular Bovina, cuyo agente etiológico fue aislado en el laboratorio de Camp Ferry, en New York.

Cuba también fue agredida con la epifitia exótica Sigatoca Negra, con afectación en la masa ganadera y, en 1994, la CIA introdujo la exótica Hemorragia Viral del conejo. Dos años después, en 1996, nuevamente la Agencia la Varroasis y el Thrips Palmi, afectando a la actividad de obtención de miel de abeja, en el primer caso, y a las producciones de frijol, la papa, pimiento y otros cultivos, en el segundo caso.

Baste señalar que en la década de los 90 del pasado siglo, la CIA promovió 25 agresiones, de ellas 12 contra plantas y cultivos, mientras 9 afectaron a animales productivos y 4 a la población, representando cuantiosos daños materiales,  muertes y penosas secuelas físicas y sicológicas en el pueblo cubano. Mucho luto hubo en los hogares cubanos y aún se recuerda a las víctimas, niños en su gran mayoría.

Es de destacar la eficaz respuesta de las autoridades cubanas a estas agresiones biológicas perpetradas desde 1961 contra plantas (48 %), animales (36 %) y seres humanos (16 %).

Aún hoy, de manera particular, albergo mis dudas sobre el origen de los brotes de cólera, dengue y tuberculosis en Cuba, los que están siendo neutralizados por las autoridades sanitarias cubanas, luego de haber aparecido varios focos de estas enfermedades en el 2012. Yo, sinceramente, pienso que estos brotes obedecen a una acción de guerra biológica, cuyos hechos deben ser profundamente investigados.

- ¿En las investigaciones para bioterrorismo está incluida la generación de cáncer? Científicamente, ¿cómo se puede generar un cáncer?

Mientras que el Pentágono utiliza la guerra biológica contra las fuerzas vivas del enemigo, la CIA ejecuta principalmente acciones selectivas contra personas o acciones secretas para provocar el caos económico de naciones a las que en muchos casos los EE UU no les han declarado la guerra. Esto, no obstante, reafirma una verdad: el Pentágono realiza las investigaciones de guerra biológica y ejecuta algunas, mientras la CIA se dedica a la ejecución de planes bioterroristas específicamente. Este criminal accionar de la CIA fue puesto al descubierto por la Asociación para el Disenso Responsable, la que estimó que, ya en 1987, seis millones de personas habían sido asesinadas como resultado de las operaciones encubiertas de la CIA. Hoy, a mediados de 2013, esa cifra ha crecido enormemente.

Varios laboratorios de la CIA y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos dedican desde hace décadas cuantiosos recursos al bioterrorismo y, particularmente, en la búsqueda de inoculación de enfermedades como el cáncer, así como otros tipos de virus o bacterias, capaces de infligir daño masivo sobre personas específicas, fuerzas militares y ciudadanos comunes, violando las prohibiciones establecidas por las Naciones Unidas. La guerra biológica o bacteriológica, concebida como un arma de alta efectividad, se implementa mediante el diseño de bombas y otros tipos de agentes de esparcimiento de las enfermedades. De esos laboratorios han salido el napalm, el agente naranja, la cepa del ántrax, la gripe AH1N1, la gripe porcina, así como otros virus letales como el VIH y el ébola.

En el caso particular del cáncer se conoce que, desde 1975, se ha empleado el Fuerte Detrick como instalación donde radica una sección especial dentro del Departamento Virus del Centro para la Investigación de Guerra Biológica, conocida como “Instalaciones Fredrick para la Investigación del Cáncer”, bajo supervisión del Departamento de Defensa, de la CIA y del Instituto Nacional del Cáncer. Las investigaciones ultra secretas están encaminadas a desarrollar un programa especial de virus del cáncer, sumamente agresivo y letal, para el que existe inmunidad y fue identificado como Virus Humano de la célula T de Leucemia (HTLV).

La insistencia de estos laboratorios de lograr los mecanismos para elaborar artificialmente células malignas o cancerígenas, sumamente invasivas y capaces de propagarse en el organismo desarrollando una metástasis incontenible, se ha mantenido a lo largo de más de cuatro décadas.

De acuerdo con estos proyectos, las enfermedades cancerígenas serían capaces de inhibir cualquier defensa ante su ataque al organismo humano, diseminándose a través de la sangre o de la linfa, luego de ser inoculadas en el mismo mediante diversas vías.

La alteración del material genético de las células humanas que provoca el cáncer por vía artificial en estos laboratorios, son la premisa básica de esta arma desarrollada con la venía del gobierno norteamericano. Para ello se elaboran células madres o stem cells, mediante mutaciones monitoreadas y preconcebidas, convirtiéndolas en un fenotipo maligno más heterogéneo de rápido desarrollo.

Otro elemento sobre el desarrollo de la guerra biológica por parte del gobierno norteamericano, particularmente relacionado con el cáncer, lo es el testimonio grabado del Dr. Maurice Hilleman, prestigioso investigador en vacunas de los Laboratorios Merck, donde admite que sus laboratorios produjeron vacunas contaminadas con leucemia y virus de cáncer en la década de los setenta, las que fueron administradas deliberadamente a ciudadanos soviéticos. Este hecho macabro salió a la luz gracias al Dr. Len Horowitz, investigador de la guerra biológica de la CIA, quien lo plasmó en su documental In Lies We Trust: The CIA, Hollywood, and Bioterrorism, estrenado el año 2007.

La CIA ha perfeccionado sus métodos para asesinar, particularmente induciendo el cáncer en determinadas personas. Ha dejado atrás, por citar un ejemplo, el método empleado contra Jack Leon Ruby, mafioso que asesinó al presunto homicida del presidente John F. Kennedy, y quien muriera en prisión, supuestamente por un cáncer, el 3 de enero de 1967. En realidad, Ruby murió a causa de una intoxicación con Talio, la que le produjo un deterioro acelerado de su salud y su muerte en poco tiempo.

Las administraciones norteamericanas han cuidado celosamente sus programas súper secretos de guerra biológica, al extremo de que, según un informe elaborado por el escritor Steve Quayle para Free Press International, en marzo del 2006, sugirió que cerca de 40 microbiólogos murieron sospechosamente entre el 2002 y ese año. En todos los casos, no se han encontrado culpables de las muertes, sospechosos suicidios o accidentes llenos de interrogantes.

- Usted dice que EEUU realiza investigaciones para desarrollar leucemia. ¿Por qué leucemia? ¿Por qué sería inoculado ese cáncer mediante un virus? ¿Y cómo se inocula o se “siembra” el cáncer?

Evidentemente, lo reafirmo. Empero hay que aclarar que tanto el cáncer como, particularmente la leucemia, no pueden ser inoculados ni ser contagiados, según se ha confirmado científicamente. Eso no descarta que existan realmente posibilidades de inducirlo en personas específicas mediante radiaciones o en aquellas que sufran, como paso previo, un ataque a su sistema inmunológico. Son, en realidad, dos momentos de un mismo ataque: una fase destinada a socavar su sistema inmune que permita asimilar a células madres cancerígenas altamente invasivas y capaces de generar una rápida metástasis.

Los cuadros de stress permanente que sufren ciertas personas con altas responsabilidades, las particularidades del sistema inmunológico de cada cual, así como los padecimientos de ciertas enfermedades provenientes de distintos virus, pueden crear las condiciones para que las células madres o stem cells cancerígenas sean aceptadas por el organismo y no combatidas por dicho sistema. Es cierto que la mayoría de los científicos descartan la inducción del cáncer, pero me pregunto: ¿conocen ellos realmente la actividad secreta de los laboratorios del Instalaciones Fredrick para la Investigación del Cáncer? ¿Ha llegado la comunidad científica a conocer al detalle las alteraciones del material genético que se realizan en el más absoluto secreto en Fort Detrick? Creo que muchos se sorprenderían del alcance logrado en esos laboratorios con la investigación relacionada con ciertos virus oncogénicos o químicos cancerígenos.

Las formas de inducción más efectivas y menos detectables, podrían ser, siguiendo esta hipótesis, mediante la ingesta de alimentos o por vía aérea, logrando un mayor resultado mediante la repetición planificada de dicho proceso. El efecto deseado, repito, depende del nivel previo de debilitamiento del sistema inmunológico, de las peculiaridades de cada organismo y de la repetividad de la acción agresiva.

- ¿Cree que el cáncer del Comandante está relacionado con los casos de cáncer de otros dirigentes revolucionarios latinoamericanos?

El presidente Hugo Chávez destapó, en diciembre de 2011, la Caja de Pandora al exponer su sospecha sobre el inusual padecimiento de cáncer por parte de varios mandatarios y personalidades progresistas latinoamericanos en los últimos tiempos, entre los que se destacan su propia persona, la presidenta argentina Cristina Fernández, el mandatario paraguayo Fernando Lugo, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Lugo, entre otros. En esa ocasión dijo: “Es muy difícil explicar a estas alturas ya con la ley de las probabilidades, por ejemplo, lo que nos ha estado aconteciendo a algunos de nosotros (líderes) en América Latina”.

Ciertamente estos dirigentes padecieron diferentes tipos de cáncer, unos menos agresivos que otros y con diferentes respuestas inmunológicas. Sin embargo, este hecho no fue casual.

La obsesión mostrada por la CIA por eliminar físicamente a dos de los más notables líderes latinoamericanos, Fidel y Chávez, levanta suspicacias sobre las causas reales que originaron el deceso físico del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías.

Fidel, conocedor hasta la médula de la actividad de la CIA al ser sobreviviente de más de 638 planes diversos de atentado, alertó a Chávez en su momento, al decirle: “Chávez, ten cuidado… mira, cuidado esta gente ha desarrollado tecnologías… cuidado con lo que te dan de comer. Cuidado con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué”.

No he sido solo yo quien mantiene un fuerte recelo sobre el cáncer. Otros también han cuestionado a la CIA como victimario. También el periódico inglés The Guardian se ha hecho eco de esta hipótesis y desenterró otras muertes provocadas por cánceres repentinos, como la del músico Bob Marley. Otros medios de Irán y otras naciones han aumentado sus cuestionamientos tras la aciaga muerte física del líder bolivariano.

En estos últimos días de pleno dolor, el presidente ejecutivo Nicolás Maduro declaró: “Nosotros no tenemos ninguna duda y llegará el momento indicado de que se pueda conformar una junta médica que confirme que él (Chávez) fue atacado. Buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante. Tendrá que ser investigado por una comisión especial. Ya tenemos pistas y llegará el momento de realizar estas investigaciones.”

- Si el Presidente fue asesinado al generarle cáncer, ¿será posible demostrarlo? Es decir, con base en la información que usted maneja, ¿es posible determinar si el cáncer fue provocado?

No me cabe la menor de las dudas que la mano que asesinó al Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías apunta a la CIA y a Fort Detrick, donde radica el Comando Médico del Ejército de los Estados Unidos, particularmente a los científicos del Centro nacional del Cáncer, del Comando de material e investigación médica del ejército (USAMRMC), del Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército (USAMRIID), del Instituto Nacional del Cáncer-Frederick1 y del Campus de Biodefensa Nacional Interagencias.

Para demostrar esta aseveración se requiere un serio estudio de las muestras guardadas por los más eminentes científicos no comprometidos con estos programas o esperar, al menos, que alguno de los involucrados, si no es asesinado previamente, saque a la luz la verdad. Es realmente una cuestión de tiempo.

Sin embargo, la verdad está por encima de todo y quienes conocemos de cerca a la CIA, siempre mantendremos una duda razonable, una sospecha permanente.

Tras este doloroso episodio solo podemos sacar una lección: es deber de los revolucionarios cuidar permanentemente a sus dirigentes, al mismo tiempo que estos deben saber que siempre hay que estar atentos y vigilantes, pues su vida no les pertenece solo a ellos sino es parte del valioso tesoro político de sus pueblos.

Esbozo de una entrevista concedida a Vanessa Antonieta, para El Correo del Orinoco

Tomado del blog: www.percy-francisco.blogspot.com.es

Documento adjunto:

Reverso: Aberraciones científicas de EE UU
 https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=jE8cPnwIeyk

jueves, 2 de enero de 2014

¿Mató la NSA a Hugo Chávez?



¿Mató la NSA a Hugo Chávez?


Durante el año 2013, Venezuela experimentó uno de los momentos más difíciles de su historia con el fallecimiento del presidente Hugo Chávez el 5 de marzo. Chávez fue víctima de un cáncer agresivo que le quitó la vida en menos de dos años.

Durante el año 2013, Venezuela experimentó uno de los momentos más difíciles de su historia con el fallecimiento del presidente Hugo Chávez el 5 de marzo. Chávez, un líder de gran envergadura cuyas políticas transformaron el país, fue víctima de un cáncer agresivo que le quitó la vida en menos de dos años. El carismático presidente venezolano enfrentó grandes y poderosos enemigos durante sus 14 años en el poder –siempre electo democráticamente y con mayorías contundentes–. Golpes de estado, sabotajes económicos, intervenciones electorales, guerra psicológica, financiamiento multimillonario desde agencias estadounidenses a sus opositores y atentados contra su vida fueron algunas de las tácticas y estrategias de desestabilización que Chávez tuvo que combatir durante su mandato.

Él encabezaba las listas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono como blanco principal de sus agresiones, y Estados Unidos amplió de manera significativa su presencia militar –abierta y clandestina– alrededor de Venezuela durante su Gobierno. Por eso, su muerte abrupta e inesperada causó muchas sospechas entre sus seguidores y aquellos estudiosos de su visión socio-política. Chávez desafiaba a los intereses más poderosos del mundo, y a la vez, controlaba las más grandes reservas petroleras del planeta. ¿Pudo haber sido un asesinato político la muerte de Chávez?

Tal vez hace unos años esa pregunta hubiese causado risa en una mayoría de lectores. No obstante, hoy en día, con la inmensa cantidad de información que ha salido a la luz pública de denunciantes como WikiLeaks y el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) Edward Snowden sobre las graves violaciones de derechos humanos y soberanía cometidas por el Gobierno estadounidense, las preguntas de ese estilo no solo se las hacen los 'conspiranoicos' y los conocedores de la política sucia de Washington. Hoy el mundo conoce cómo espía el Gobierno estadounidense a sus amigos, aliados, ciudadanos y enemigos: nadie se salva de los ojos y oídos de Washington. Hoy se conoce que casi todas las embajadas de Estados Unidos en el mundo son centros de espionaje y operaciones de inteligencia, violando todos las normas y reglas internacionales sin importar las consecuencias. Se conocen los graves abusos de derechos humanos cometidos por las fuerzas estadounidenses en Irak y Afganistán, y cómo el Gobierno de Barack Obama amplió el uso de aviones no tripulados –o 'drones'– para asesinar a personas inocentes vía control remoto.

Hoy se conoce cómo el Gobierno del primer afro-estadounidense en la Presidencia persigue con furia a quienes dicen verdades sobre los abusos de Washington, y más aún cuando son ciudadanos estadounidenses como Bradley (Chelsea) Manning, Edward Snowden y Jeremy Hammond. Se conoce que Washington utilizó su poder económico para intentar neutralizar a WikiLeaks y congelar sus finanzas, bloqueando su acceso a Visa, Mastercard y Paypal solo con el objetivo de silenciarlo e impedir su continua publicación de documentos que revelaban los trapos sucios de la Casa Blanca.
 
Tanto conocimiento ha convertido al público mundial en menos escéptico y más realista cuando se trata de la capacidad del Gobierno estadounidense de silenciar a sus enemigos, tapar sus errores y utilizar cualquier medida para lograr su dominio.

Hugo Chávez siempre era una piedra en el zapato imperial. Subestimado por los analistas y asesores de 'mente guerra fría' en Washington, Chávez acabó con la influencia y dominación de Estados Unidos en América Latina en menos de una década. Transformó a Venezuela de un país dependiente y entregado a la cultura y política estadounidense para ser una nación soberana, libre, independiente, digna y orgullosa de sus raíces, su historia y su cultura afro-indo-americana. Rescató el control de los recursos estratégicos no solamente en Venezuela, sino en toda América Latina, siempre con la bandera de la justicia social. Impulsó la integración regional y la creación de organizaciones como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), entre otras. Su mano firme frente a las agresiones estadounidenses dio un ejemplo y fue una inspiración para millones alrededor del mundo, que vieron con esperanza la revolución en Venezuela y su expansión regional.

Sin duda, muchos intereses poderosos en Washington y en otros lugares deseaban la desaparición física de Hugo Chávez. Intentaron hacerlo en abril de 2002 con un golpe de Estado promovido desde el Gobierno estadounidense que fracasó. Meses después un fuerte sabotaje económico que casi destruyó la industria petrolera del país buscó derrocarlo, pero también falló. Año y medio después paramilitares mercenarios fueron enviados desde Colombia para asesinarlo, solo para ser capturados por autoridades venezolanas, complot neutralizado. En los años siguientes hubo múltiples atentados contra su vida y planes de desestabilización para tumbar su Gobierno, ninguno funcionó. Mientras tanto, la popularidad de Chávez creció y su proyecto socialista comenzó a consolidarse en el país.

Los documentos filtrados de la NSA por Edward Snowden han revelado que el presidente Chávez y su Gobierno estaban en la lista de los seis blancos principales del espionaje estadounidense desde por lo menos 2007. Apenas un año antes, la Casa Blanca creó una misión especial de inteligencia para Venezuela que reportaba directamente al director nacional de Inteligencia, por encima de la CIA y las otras 15 agencias de inteligencia en Estados Unidos. La misión especial era completamente clandestina, contando con grandes recursos y capacidades. Solo existían otras dos misiones de ese estilo: para Irán y Corea del Norte. Incluir a Venezuela con dos países enemigos declarados de Washington era indicador del nivel de amenaza que representaba Hugo Chávez para el poder estadounidense.

LA ENFERMEDAD

El cáncer que sufrió Chávez que acabó con su vida tan de repente era raro. Como ha explicado el actual presidente Nicolás Maduro, su cáncer fue inusual, sin nombre y sumamente agresivo. No era específico de un órgano. En la familia de Chávez no había otros casos de cáncer, no existía una predisposición genética. Fue detectado en junio de 2011 y en menos de dos años, a pesar de fuertes tratamientos, lo mató.

Documentos desclasificados del Ejército estadounidense y obtenidos por AP en 1995 a través de la Ley de Acceso a la Información (FOIA) evidenciaban que desde el año 1948 el Pentágono buscaba crear un arma de radiación para asesinatos políticos.

Otro estudio de inteligencia del Ejército estadounidense en 1969 confirmaba que el uso clandestino de la radiación como arma podría causar la muerte o graves enfermedades en adversarios políticos. En otras palabras, era un método de asesinato que estaban probando activamente.

Se puede imaginar si desde 1948 Washington estaba experimentando con radiación como arma de asesinato político, hasta dónde habría llegado esta tecnología en el siglo XXI.

ASESINATO VÍA ESPIONAJE
 
Un cable secreto del Departamento de Estado del 31 de enero de 1976 alertaba sobre los graves efectos en la salud causados por microondas radioactivas usadas por la KGB para espiar a la embajada de Estados Unidos en Moscú: "Nuestros expertos médicos son de la opinión de que la exposición prolongada a microondas radioactivas de los niveles medidos en la embajada de Estados Unidos constituyen una amenaza para la salud".

No obstante, Washington procedió a desarrollar herramientas de espionaje mucho más poderosas y con mayores frecuencias de radiación.


Documentos filtrados de la NSA por Edward Snowden y recientemente publicados en el periódico alemán 'Der Spiegel' hacen referencia a un poderoso equipo desarrollado por la agencia estadounidense que emite radioondas continuas de alta frecuencia contra un blanco para monitorear y capturar todas sus comunicaciones. Según el documento ultrasecreto de la NSA, el equipo, el CTX4000, es "una unidad radar portátil de ondas continuas (CW). Puede ser utilizado para iluminar a un blanco para recuperar información fuera de la red".

"El CTX4000 suministra capacidad para recolectar señales que de otra manera no serían recolectadas, o serían extremadamente difíciles de recolectar y procesar". El documento detalla sus capacidades: "Rango de frecuencias: 1-2 GHz; Banda ancha: a 45 MHz; Potencia de salida: hasta 2W usando la ampliadora interna; ampliadora externa hasta 1 kW".

Un kilowatt es una fuerte capacidad y cantidad de ondas radioactivas. Esta cantidad proyectada contra una persona por un periodo continuo podría causar graves daños a su salud. El estudio del Ejército estadounidense en 1969 (mencionado anteriormente) sobre los efectos en la salud de la radiación como arma destaca que el impacto –o el evento deseado, en otras palabras, la muerte del blanco– podría manifestarse años después de la exposición al agente radiactivo.

Dentro de los documentos de la NSA publicados en 'Der Spiegel' también hay detalles sobre otras formas de espionaje a través de teléfonos celulares, sistemas wifi y redes móviles que también podrían tener graves efectos contra la salud de los blancos. No obstante, el uso de un equipo radar portátil que emite ondas continuas de alta potencia contra una persona parece ser más que un mecanismo de espionaje, podría ser un instrumento de asesinato.
 
Hugo Chávez fue blanco principal de la NSA durante años. La posibilidad de que sus herramientas de espionaje hubieran contribuido o causado su enfermedad ya no parece tan ciencia ficción como tal vez hubiese sido hace un tiempo.
 
Eva Golinger
 
Russia Today
 
 

lunes, 28 de octubre de 2013

Cáncer Inducido

El «Arma de Ataques al Corazón», de la CIA, expuesta en 1975 en un Comité de Investigación del Senado de USA. Se cree que también puede disparar dardos cancerígenos.
El periódico británico The Guardian reveló que desde 1953, los rusos usaron microondas para atacar al personal de la embajada de Estados Unidos en Moscú (Rusia). Un tercio del personal, eventualmente murió de cáncer a causa de la irradiación de microondas. 

Jack Ruby, asesino de Lee Harvey Oswald (el supuesto asesino del Presidente Kennedy), murió de cáncer pulmonar en 1967. Lo extraño es que las células cancerosas no eran del tipo que se origina en el sistema respiratorio. Le dijo a su familia que le habían inyectado células de cáncer en prisión, cuando había sido tratado con inyecciones por un resfriado. Murió justo antes de testificar ante el Congreso. 

En 1975, durante la investigación del Comité Selecto del Senado de Estados Unidos, sobre los complots de asesinato de la CIA a líderes del extranjero, se reveló que la Agencia había desarrollado una pistola con dardos venenosos que causaban ataques cardíacos y cáncer. 

La pistola, parecida a una Colt 45, y equipada con una mira telescópica, disparaba casi en silencio un dardo con una punta con veneno líquido congelado, del grueso de un cabello humano y de 0,6 cms de largo, que podía penetrar la ropa, era casi imposible de detectar y no dejaba rastros en el cuerpo de la víctima (ver video). 

URL del video:  http://www.youtube.com/watch?v=8LO6tiD5Dy0&feature=player_detailpage

Bob Marley murió de melanoma en 1981, a los 36 años. El reporte oficial es que contrajo cáncer en 1977 después de lastimarse un dedo del pie, que nunca sanó, mientras jugaba fútbol. Se dice que Marley recibió de Carl Colby (hijo del ex director de la CIA, William Colby), un par de botas con un trozo de alambre de cobre en su interior, que estaba cubierto con una sustancia cancerígena que pinchó su dedo gordo. 

En el caso de Fidel Castro, la CIA presuntamente colocó sales de talio (altamente venenosas) en sus zapatos. Sin embargo, Fidel sobrevivió.
Stokely Carmichael —el fundador del Movimiento del Poder Negro (1960) y los Panteras Negras (1966), que posteriormente se hizo llamar Kwame Touré—, afirmó que la CIA le había inducido el cáncer de próstata que lo mató en 1998, a los 57 años. 

Aquel mismo año, se reportó que Moshood Abiola, el hombre que había ganado las elecciones de 1993 en Nigeria, había muerto de un ataque al corazón después de que le dieran un cóctel que expandió su corazón al doble de su tamaño. 

El año 2000, después de sólo 8 meses de haber sido electo Primer Ministro de Dominica, el político radical Rosie Douglas fue encontrado muerto en el piso de su residencia. El hijo mayor de Douglas, Cabral, insistió en que su padre había sido asesinado y sugirió la participación de la CIA. 

La causa de muerte fue dictaminada como el resultado de un ataque masivo al corazón. Su corazón era del doble de su tamaño normal. Como en el caso de Touré y Marley, hacía ejercicio con regularidad. 

WikiLeaks reportó que en 2008, la CIA le pidió a su Embajada en Paraguay que obtuviese todos los datos biométricos, incluyendo el ADN, de los cuatro candidatos presidenciales en ese país. 

En los años siguientes, una seguidilla de presidentes latinoamericanos de izquierda fueron diagnosticados con cáncer:
  • Fidel Castro (de estómago).
  • Hugo Chávez, de Venezuela (cadera).
  • Lula Da Silva, de Brasil (garganta).
  • Evo Morales, de Bolivia (nasal).
  • Dilma Rousseff, de Brasil (linfoma).
  • Néstor Kirchner, de Argentina (colon).
  • Fernando Lugo, de Paraguay (linfoma).
Además, el agente libio Abdelbaset al-Megrahi, desarrolló cáncer terminal. Y el opositor izquierdista canadiense, Jack Layton, murió el 2011 de una forma de cáncer no dada a conocer. Parecería que tener tendencias de izquierda puede ser peligroso para la salud. 

En un discurso del 28 de Diciembre de 2011, Hugo Chávez sugirió que Estados Unidos podría haber encontrado una manera de producirles cáncer a los líderes latinoamericanos. Finalmente, al cabo de un año, Chávez falleció. 

Tomado de:  http://es.anrrompedia.wikia.com

Artículos y videos relacionados:

- http://percy-francisco.blogspot.com/2011/12/cancer-inducido-un-arma-de-la-cia.html

-URL: http://www.youtube.com/watch?v=jE8cPnwIeyk&feature=player_detailpage
 

jueves, 27 de junio de 2013

CHÁVEZ, ¿UN CASO DE BIOTERRORISMO?

 
1

¿Fue el comandante Chávez asesinado? ¿El agresivo cáncer que lo atacó fue producto de una operación de alta tecnología médica y científica para dañar su salud y acabar con su vida? “¿Sería extraño que hubiesen desarrollado una tecnología para inocular el cáncer, y nadie lo sepa hasta ahora, y se descubra esto dentro de 50 o más años…?”, se preguntaba el propio Comandante el 28 de diciembre de 2011. Y remataba: “Fidel siempre me lo dijo, Chávez cuídate, tú eres muy descuidado… esta gente anda detrás de ti, ha desarrollado tecnología… cuidado con lo que comes, cuidado con una pequeña aguja, y te inyectan no sé qué…”

El presidente Nicolás Maduro no alberga dudas. Ha citado como antecedente el asesinato de Yasser Arafat en 2004, contaminado con Polonio 210, y cuyo crimen ha sido reconocido casi ocho años después. Rafael Ramírez, Diosdado Cabello, Elías Jaua y otros dirigentes de la Revolución han manifestado su convicción en esta hipótesis. Los médicos Roger Capella y Felipe Guzmán tampoco dudan: si el sistema inmunológico de una persona ha sido debilitado lo suficiente, se abren las puertas para un ataque biológico.

El biólogo Xenón Serrano afirma que existe hoy en día la tecnología para manipular virus, diversos agentes patógenos y tóxicos, capaces de replicar enfermedades en el cuerpo humano con un alto grado de precisión. El periodista Percy Alvarado es enfático: “Los ataques bioterroristas en la forma de enfermedades producidas en laboratorio son una constante en la historia de América Latina”.

2

El bioterrorismo es la forma moderna que ha tomado la guerra bacteriológica, las técnicas y tecnologías desarrolladas para atacar, mediante agentes patógenos, a un enemigo. Algunos autores lo llaman, más sofisticadamente, ingeniería de la infección. Su desarrollo masivo vino durantela II Guerra Mundial. El III Reich lideró las investigaciones militares en el área de guerra biológica, y las aplicó masivamente en los campamentos de Auswitch y otros centros de exterminio. Ya en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos recogió y expandió aquellos macabros inventos. A partir de 1946, Harry Truman reclutó a los principales científicos nazis para que replicaran sus investigaciones sobre armamento biológico en el área militar, espacial y de inteligencia. El ejército estadounidense y la CIA rápidamente se apropiaron de los nuevos armamentos biológicos. Pero, como afirma Percy Alvarado donde los nazis hicieron mayores aportes fue en el fortalecimiento del Fort Detrick, un centro de investigación científico- militar, cuya principal tarea consiste en descubrir cómo convertir enfermedades en armas biológicas, para atacar silenciosamente a los enemigos del “mundo libre”.

Uno de los jefes de investigación de Fort Detrick fue un ex aliado de Hitler, George Merck, propietario de la principal industria farmacéutica de EEUU. Grupos ambientalistas denunciaron a Fort Detrick como centro de experimentación de enfermedades y virus como el de inmunodeficiencia humana, el ébola, la peste bubónica, el ántrax y el virus del Nilo occidental.

Tras un escándalo producido por la muerte de ciudadanos residentes en las zonas cercanas debido a experimentos de aerosolización realizados desde el Fort Detrick, pasó a llamarse Centro Frederick para la Investigación del Cáncer y trabaja ahora bajo la supervisión del Departamento de Defensa,la CIA y el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Pese a esta increíble historia, el bioterrorismo es pintado por la prensa y el cine y percibido por el ciudadano común solo como la posibilidad de que un grupo de “extremistas locos y  asesinos” se hagan de armas químicas y/o biológicas y las usen para atacar a la población civil. Y no les falta razón: los que crean armas biológicas y las usan contra la población son, ciertamente, extremistas locos y asesinos.

Sólo que la gente está mirando al lado equivocado.

Tipo de virus oncogénico (Imagen archivo)

3

No es posible entender el fenómeno del bioterrorismo sin pasearse por la tercera industria más poderosa sobre el planeta, después del petróleo y la industria militar: la industria farmacéutica. La industria de los fármacos ha jugado un rol decisivo en la ejecución de la guerra biológica: Merck, Bayer, Pfizer, Glaxo Smith Kline, Lilly, Sanofi Aventis, Novartis. Al tiempo que sus científicos prueban fármacos y productos para enfermedades conocidas, la industria farmacéutica desarrolla actividades de investigación para “nuevas enfermedades”. ¿Pero, de dónde surgen, quién inventa esas nuevas enfermedades? La reciente historia de la influenza AH1N1, Gilead, Donald Rumsfeld y el Tamiflu puede dar algunas pistas al respecto.
El maridaje entre industria militar e investigación bacteriológica es el eje de un sistema de intereses, de control geopolítico, médico y económico. Merck trabajó para Hitler y luego para EEUU en el desarrollo de armas biológicas. Bayer formó parte de las industrias químicas alemanas bajo el III Reich y creó algunas de las sustancias utilizadas para exterminar judíos, gitanos y comunistas. Pfizer ha sido acusada de realizar experimentos con humanos en Africa para probar vacunas contra la meningitis y otros fármacos. Todas esas marcas están en alguna gaveta de nuestra casa.

4

Desde los años 60, el bioterrorismo escogió a Cuba como uno de sus blancos preferidos. En más de medio siglo, esta pequeña isla ha sido sistemáticamente atacada: todo comenzó con la Operación Mangosta que introdujo a la isla varios virus fuertemente patógenos. Luego vinieron la epifitia roya de la caña, la fiebre porcina africana, la contaminación de plantaciones con el moho azul del tabaco, el virus del dengue hemorrágico, que en 1981 mató a 158 cubanos, de ellos 61 niños, y el virus de la conjuntivitis hemorrágica. Cuba también fue agredida con el hongo exótico sigatoka negra, la varroasis y el thrips palmi, que afectó la producción de miel de abeja, en el primer caso, y de frijol, la papa, pimiento y otros cultivos. Guerra secreta, silenciosa, que aparece en los medios como casuales epidemias o inesperadas muertes, pero cuyo efecto es el pánico, el miedo y el terror. Guerra química, guerra biológica. De dominación.
Imagen archivo
5
Mientras abiertamente se utiliza la guerra biológica contra los ejércitos y los pueblos enemigos (los bombardeos de napalm contra la población civil durante la Guerra de Vietnam, o la fumigación con glifosato de zonas campesinas en Colombia y Ecuador),la CIA ejecuta principalmente acciones selectivas contra personas o acciones secretas para provocar el caos económico y pánico médico en naciones a las que EEUU no les ha declarado la guerra.

En este contexto, la posible inoculación del cáncer aparece como una probabilidad cada vez más alta. Los sincrónicos padecimientos de cáncer de Lula Da Silva y Dilma Rouseff, Fernando Lugo y Hugo Chávez, y en menor grado, Evo Morales, replantean un escenario que los medios se apresuran a banalizar y ridiculizar como “teorías conspirativas”. Pero el cáncer, la afectación de la salud de dirigentes que desafían la hegemonía de Washington, la generación de inusuales epidemias en la población, son reales y suponen efectos humanos y políticos  reales sobre nuestros pueblos. Por ello, la investigación anunciada por el presidente Nicolás Maduro para esclarecer las causas y el origen de la enfermedad que nos arrebató al comandante Chávez, es no solo un acto de responsabilidad histórica y científica, sino un elemento vital para elevar la conciencia del pueblo frente a la guerra bioterrorista.
Aquí tampoco podemos optar entre vencer o morir. Necesario es vencer.

 William Castillo Bollé

 (Con textos de Karen Méndez, Jessica Sosa y  Percy Alvarado Godoy)

@planwac

Tomado de  http://despertaruniversitario.org

martes, 30 de abril de 2013

La muerte de Chávez y las guerras silenciosas (I)


BarrieTrower
Barrie Trower fue agente de inteligencia inglés
Los dispositivos para el rastreo de personas, la manipulación remota del comportamiento y la inducción de enfermedades son tecnologías con medio siglo de desarrollo científico. Tienen patentes registradas, permisos legales y proveedores oficiales. ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de la historia?

 “La tecnología pondrá a disposición de los líderes de las principales naciones una amplia gama de técnicas para llevar a cabo guerras secretas, para las cuales se necesitará de apenas un mínimo de fuerzas de seguridad en el campo”.
Zbigniew Brzezinski, “Entre dos edades: el rol de los Estados Unidos en la era tecnotrónica”. 1970

Por Claudio Fabian Guevara
Por estos días me gustaría hablar con Barrie Trower sobre sus temas favoritos. Le preguntaría qué avances se han logrado en los últimos años en la guerra de las microondas y su arsenal de armas encubiertas, que las potencias desarrollan desde hace décadas para objetivos tan variados como dispersar manifestantes, abatir moralmente a disidentes o inducir cáncer y otras enfermedades. Le preguntaría cómo cree que fue atacado Hugo Chávez, si sospecha que también Fidel fue víctima de esta brutal ingeniería para la muerte, y cuán seguros pueden estar otros líderes del mundo.
Muchas voces descalificaron como “no científica” la posibilidad de “inoculación” de un cáncer en el fallecido presidente Chávez, tal cual sugirió el vice Maduro horas antes del deceso del líder venezolano. “Inocular” no parece la palabra apropiada en este caso. Pero descartar como “no científica” la posibilidad de un sofisticado ataque para “inducir” una enfermedad mortal en un líder político de la talla de Chávez, ignora décadas de experimentos y estudios científicos del más alto nivel que han establecido protocolos y tecnologías para lograr estos objetivos. Y otros, igual de horrendos: inducir al suicidio, provocar depresión, trastornos mentales o cambios en la personalidad. En la literatura especializada se denominan “armas psicotrónicas". En el hipócrita lenguaje de los documentos oficiales, “armas no letales".
Entre otros, Barrie Trower habla de estas cosas. Es un personaje poco conocido, y no es fácil explicar quién es. Trabajó como agente británico diez años, en el área de “microwave warfare”, interrogando espías extranjeros atrapados in fraganti en la tarea de irradiar targets enemigos. Hoy en día, en sus entrevistas y ponencias en diferentes partes del mundo, habla sobre el devastador efecto de las tecnologías inalámbricas en las personas, que se basan en microondas. Precisamente, llegué a su testimonio estudiando la influencia de los campos electromagnéticos en la salud, para una investigación de la Universidad Veracruzana de México.
Trower también explica que las potencias trabajan desde hace más de medio siglo en el desarrollo de armas encubiertas con variados fines. Esta tecnologías abarcan, por ejemplo, la escalofriante “skull voice”, que proyectada sobre la víctima, le hace escuchar voces dentro de su cráneo. Sirve para telecomandar a un asesino, o para aterrorizar a un enemigo, entre otras “aplicaciones útiles”. También hay dispositivos de rastreo de personas, lectura del pensamiento, manipulación remota del comportamiento y las emociones, y por supuesto, inducción de enfermedades mortales en víctimas escogidas.
No se trata de ciencia ficción, ni de “teorías de la conspiración”. Son hechos plasmados en documentos oficiales. Hay patentes registradas, referencias legales y proveedores oficiales de los Estados que incluyen las “armas no letales” entre su oferta.
Hasta donde sabemos, estas tecnologías aparecieron casi por casualidad en la Segunda Guerra Mundial. Una de las primeras pistas para el inicio de la investigación con fines bélicos la proporcionó Allan Frey en 1962, que reportó el “efecto auditivo” que producían las microondas y los radares entre personal militar que circulaba cerca de las torres de transmisión.
Media siglo después, sabemos de programas de investigación militar, ensayos prácticos y fundamentos teóricos que condujeron al desarrollo de “armas no letales”, basadas en frecuencias, ultrasonidos y microondas, que no dejan rastros en sus víctimas.
Aquello que se conoce públicamente data de décadas atrás. No sabemos qué tecnologías pueden constituir el “state of the art" de la guerra encubierta en 2013. Sólo tenemos algunas pistas, y no son nada tranquilizadoras.
Las tecnologías de hace 40 años, diseñadas para ser aplicadas a cualquier organismo en general, y por lo tanto, de éxito dispar, hoy pueden ser personalizadas a partir del ADN de la víctima para que su efectividad sea fulminante.
Por lo tanto, la pregunta no es si esto puede suceder o no. La pregunta es, ¿Cómo lo hacen? ¿Hasta donde han llegado? ¿Cuánto puede influir la guerra encubierta en el desarrollo de los acontecimientos históricos?

El valor estratégico de la invisibilidad
Para el ciudadano común es doloroso admitir la posibilidad de que nuestros Estados, a los que identificamos de alguna manera con nuestros padres, puedan estar implicados en crímenes tan monstruosos. Pero si nos desapegamos de esta postura ingenua, y estudiamos en detalle el caso, veremos que la voluntad política de eliminar el disenso, incluso por vías violentas, es indisimulado, sobre todo en las facciones más extremistas de la elite gobernante.
Una estadística simple nos permitirá observar que hasta los 70, las personas socialmente influyentes o peligrosas para el status quo tenían una alta posibilidad de morir violentamente en un atentado o en un “accidente”. Pero a partir de entonces, los agentes del cambio social son muchísimo más propensos a morir como consecuencia de enfermedades misteriosas, muertes súbitas, posibles envenenamientos imposibles de rastrear, y sobre todo, cáncer. “Es como si tener tendencias izquierdistas fuera peligroso para la salud de una persona", arriesga Charles Kong Soo, que enumera un listado elocuente de muertes de este tipo en los últimos 20 años.[1]
Cuando Chávez en vida arriesgó la posibilidad de que hubiera un sabotaje contra los presidentes latinoamericanos, se daba la curiosa coincidencia de que padecían cáncer el ex presidente argentino Néstor Kirchner (cáncer de colon), la presidente Dilma Rousseff de Brasil (cáncer de linfoma), su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (cáncer de garganta), el propio Chávez (no revelado), el ex presidente cubano Fidel Castro (cáncer de estómago), el presidente boliviano Evo Morales (cáncer nasal) y el presidente de Paraguay, Fernando Lugo (cáncer de linfoma). Posteriormente también sufrió un tumor Cristina Fernández, esposa de Kirchner y su sucesora. No eran todos peligrosos revolucionarios antiimperialistas, pero tenían algo en común: formaban un bloque compacto con acuerdos comunes frente a la prepotencia del Norte. El balance tres años después: Chavez fue devorado por la enfermedad, Kirchner falleció repentina y misteriosamente, Fidel sigue debilitado y Lugo fue derrocado.
Habitualmente, incluso personas de alto discenimiento se encogen de hombros, escépticos, ante la insinuación de que estas cadenas de acontecimientos, y otras realidades sugestivas, puedan responder a un diseño. “Si ciertas potencias gozan de este poderío, por qué no lo usan para eliminar definitivamente a todos sus enemigos”?, se pregunta.
La respuesta es obvia. La guerra encubierta es un concepto sólo aplicable para inducir ciertos acontecimientos en silenciosa reserva, mostrar un poderío disuasivo, condicionar y persuadir secretamente a ciertos enemigos. Tan pronto como un arma encubierta se utiliza abusivamente para provocar cambios violentos que son advertidos por el grueso de la población, es puesta en evidencia y deja de serlo, perdiendo su principal valor estratégico: la invisibilidad.

Nuestro ser bioeléctrico
La base científica de las armas psicotrónicas reside en la dimensión bioeléctrica de nuestra vida. La tierra, nuestro ambiente natural, es una enorme caja de resonancias, y nuestros cerebros están “sintonizados” en su frecuencia. Nuestras células se comunican entre sí mediante señales de radio. El DNA, como muestra la investigación del ruso Piotr Garvagej, es una antena que dialoga con su entorno mediante señales y sonidos. Biólogos y físicos coinciden: radiofrecuencias y campos magnéticos tienen una influencia decisiva en los sistemas vivientes.[2] Por eso la medicina de frecuencias ya desarrolla métodos de curación de una extensa gama de enfermedades basado en campos pulsátiles de baja frecuencia.[3]
Así como hay campos electromagnéticos curativos, hay campos patógenos, hoy conocidos como contaminación electromagnética. Y también existen frecuencias diseñadas intencionalmente paa provocar ciertos daños o efectos. Pequeñas dosis de energía electromagnética provocan cambios en las emociones, en el funcionamiento del cerebro y la salud general de las personas.[4] Estas ondas son direccionables a distancia, invisibles e indetectables, lo cual las convierten en la materia prima ideal de la nueva guerra fría.
Hace muchas décadas que las potencias desarrollan programas orientadas a desarrollar este tipo de armamento con fines de espionaje, defensa nacional o seguridad interior. Esto no es novedad para nadie que realmente estudie el tema.
Los primeros emergentes datan de 1965, cuando el doctor David Krech de la Universidad de Berkeley, EE.UU., habló en el New York Times de la posibilidad de controlar la mente con fines militares. Años después, Paul Tyler, médico responsable de la investigación de la Marina norteamericana de los efectos de las radiaciones sobre los seres humanos, reconocería en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial que “se pueden alcanzar efectos biológicos precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas”.
Elizabeth Rauscher, física nuclear del Laboratorio de Investigación Tecnológica de San Leandro (EE.UU), fue más allá, y halló frecuencias específicas que permiten desarrollar desde náuseas hasta estados de euforia, lo cual la llevó a alardear: “Si me dieran los fondos suficientes, podria modificar el comportamiento del 80 por ciento de los habitantes de una ciudad sin que lo sepan. Los podria hacer más felices o más agresivos”.
Richard Cesaro, director del Proyecto Pandora, admitió la posibilidad de “controlar el comportamiento humano mediante microondas de baja intensidad”. Y dentro de su proyecto trabajó el español José Manuel Rodriguez Delgado, de la Universidad de Yale, famoso por la invención del Estimociver, un aparato que permite la estimulación del cerebro por control remoto. Rodríguez Delgado demostró que es posible influir en el comportamiento autónomo, somático y motor, modificar manifestaciones psicológicas como la ansiedad o la agresividad, o producir una variedad de efectos, entre ellos agradables sensaciones, alegría, concentración, sentimientos extraños, relax, visiones de color y otras respuestas. “La energía para activar el cerebro del transmisor se transmite por medio de radiofrecuencias", decía Delgado"[5]. Fue uno de los científicos más activos del denominado "Proyecto Pandora", que consistía en modular voces y sonidos en la cabeza de los soldados, por medio de campos electromagnéticos.
Hay más, mucho más. El neurocientífico Michael Persinger investigó los efectos de las radiaciones electomagnéticas para un programa de armas del Pentágono. Persinger, en un estudio publicado en 1985, habló sobre la posibilidad de crear experiencias sensoriales, es decir, engañar a la mente, mediante el uso de ondas electromagnéticas. Persinger sostiene que cualquier estado mental puede ser creado por una fuente exterior. Y que los medios operativos para conseguir ya están disponibles a nivel global, porque los niveles de potencia necesarios son similares a los sistemas de radio y telecomunicaciones.[6]
Los párrafos precedentes sólo son una introducción sumaria. El canadiense John McMurtry recopila cerca de 200 referencias técnicas, legales y bibliográficas sobre el tema, además de precisas descripciones sobre las bases de funcionamiento de distintas tecnologías, en un breve artículo titulado “Evidencias de técnicas de influencia remota sobre el comportamiento” [7]
No se trata de experimentos o teorías sin aplicaciones prácticas. Como veremos, hay varios capítulos en la historia donde estas armas se aplicaron. Al punto que varias mociones en el Parlamento europeo piden hoy por su regulación y control.



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La dispersión de las pacifistas de Berkshire
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[1] “Cancer the secret weapon?" February 27, 2012, Charles Kong Soo, The Trinidad & Tobago Guardian. http://guardian.co.tt/lifestyle/2012-02-27/cancer-secret-weapon
[2] “Seres electricos y vibracionales”, Claudio Fabian Guevara, en vibromancia.com: http://www.vibromancia.com/~ti000021/index.php/ipa/introduccion/237-iii-el-misterio-de-lo-intangible50
[3] Muchos investigadores llevan a cabo con éxito tratamientos novedosos en base a campos electromagnéticos y frecuencias:
Valerie Hunt, Dr. Philpot (EEUU), Dra. Graciela Pérez (Argentina), Dr. Zayas (Cuba), Ing. Antonio Gómez Yepez (México)
[4] Para información científica sobre el tema, puede consultarse fuentes al final del artículo.
[5] Fuente: Cannon; Delgado, JMR, "Radio intracerebral Estimulación y grabación gratuita a los pacientes," en Schwitzgebel y Schwitzgebel (eds.))
[6] “Se estan usando ya armas psicotrónicas”? Rafael Palacios, Discov ery Salud, Abril de 2009.
[7] http://www.deepblacklies.co.uk/remote_behavioral_techology.htm.

Tomado de  http://elnuevocronista.com.ar

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