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sábado, 26 de octubre de 2013

Militares de EEUU ¿cristianos, una amenaza?

Forman militares de EEUU para ver a cristianos como amenaza, según la Fox
En Fort Hood, la mayor base militar del mundo, situada en Texas (Estados Unidos), se está adoctrinando a los soldados específicamente contra los cristianos evangélicos, los grupos provida y el Tea Party.

Así al menos, informa Fox News, basándose en que lo han denunciado diversos soldados que asistieron a charlas durante las cuales dichos grupos fueron señalados como "una amenaza para la nación", advirtiendo de que cualquier militar que les apoyase podría ser castigado por el código de justicia militar.

Todd Starnes, autor de la información de la Fox, habló personalmente con un soldado (que no da su nombre por temor a represalias) que el pasado 17 de octubre estuvo presente en un adoctrinamiento de media hora a cargo de un agente de contrainteligencia que señaló que organizaciones como American Family Association, un grupo cristiano de defensa de la familia, "están destrozando el país".

Otro soldado presente en la charla alertó de lo sucedido a la Alianza de Capellanes por la Libertad Religiosa. "No podía creer lo que estaba oyendo", dijo: "¡La libertad religiosa y otras libertades por las cuales arriesgo mi vida y sacrifico mi tiempo lejos de mi familia, se me estaban arrebatando ante mis ojos!".

Junto a evangélicos y teaparties, también los provida fueron puestos como ejemplo de "radicalización", acusándoles de poner bombas en los abortorios.

REACCIONES E INVESTIGACIÓN

La denuncia ha surtido efecto y se está llevando a cabo una investigación, conducida por un abogado del Liberty Institute, Michael Berry, antiguo oficial de los marines, quien considera "un ultraje" que el ejército de Estados Unidos "enseñe a nuestras tropas que los cristianos evangélicos y los miembros del Tea Party son enemigos de América".

Por contraste, nada se dijo en la charla, sin embargo, añade el militar antes mencionado, sobre el extremismo islámico, a pesar de que hace sólo cuatro años, el 5 de noviembre de 2009, un oficial médico del ejército, de religión mahometana, asesinó en Fort Hood a 13 personas e hirió a una treintena: "Se supone que el militar defiende la libertad, y clasificar a la amplia mayoría de los militares, que se confiesan cristianos, como terroristas, es enfermizo".

RESPONSABILIDAD DEL PENTÁGONO

Y es que el Pentágono, según Tony Perkins, presidente de Family Research Council, está impulsando la propaganda anticristiana: "El secretario de Defensa, Chuck Hagel, debe intervenir inmediatamente para detener este ataque a los derechos y libertades de nuestros soldados".

Según un portavoz del Pentágono, no existe una lista negra de este tipo de organizaciones que deba ser utilizada en el adoctrinamiento de los soldados, y la información utilizada en esa charla no era oficial y estaba extraída de fuentes de internet.

Por su parte, el responsable de relaciones públicas de Fort Hood negó a Starnes las acusaciones, que están siendo investigadas.

OTRAS INFORMACIONES SIMILARES

El periodista de la Fox recuerda en cualquier caso que el pasado mes de abril se conoció un informe reservado del Ejército que consideraba al catolicismo y al cristianismo evangélico como "extremismo religioso". Y hace sólo dos semanas, a varias docenas de comandos que se entrenaban en Camp Shelby (Mississippi), se les dijo que la American Family Association, debía ser considerada como un "grupo de odio" porque defiende los valores familiares tradicionales.

Según el citado Perkins, él mismo también antiguo marine, la única explicación a esta sucesión de hechos que el Pentágono considera aislados y no oficiales es "el deliberado intento por parte de la Administración Obama de intimidar y apartar a los militares de los grupos cristianos a los que apoyan o que les apoyan".

Ya es hora, concluyó, de que el Pentágono "se asegure de que los instructores, en vez de impulsar la propaganda anticristiana, forman a nuestras tropas para defender nuestra libertad".
 
Fuentes: ReL
Editado por: Protestante Digital 2013
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

La indecisión del novato de la CIA, Eliécer Ávila.




Eliécer Ávila, el joven cubano graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas de la Habana, recibió todos los beneficios que le valieron haberse convertido en discípulo de la bloguera oficialista de Washington Yoani Sánchez Cordero, al ser invitado con todos los gastos pagados a una gira internacional que lo llevó a países como Suecia, República Checa, Polonia, Francia, España y Estados Unidos entre otros.

Por supuesto, para un joven de procedencia campesina todo resultó como un cuento de Walt Disney, y quedó totalmente embriagado con el esplendor del primer mundo y de la culta Europa. No es el primero ni será el último.

La nueva estrategia de las Agencias de Inteligencia de los Estados Unidos, ha sido sufragar las recientes giras internacionales de un numeroso grupo de sus asalariados en Cuba, con el fin de poderlos deslumbrar con las vitrinas del capitalismo, escamoteándoles las penurias que realmente están sufriendo los europeos por la grave crisis económica que atraviesan esos países, que por cierto no son socialistas ni nada que se le parezca.

Como parte de las orientaciones recibida de sus patrocinadores norteamericanos y de sus propias aspiraciones, Eliécer dejó atrás su pueblecito campesino y se lanzó a intentar realizar su trabajo subversivo en la capital del país, donde él supone que existen más posibilidades.

Pero el problema no radica en las personas que pueda o no captar para su deseado proyecto político, es que realmente él no sabe lo que quiere ni tiene experiencia ni capacidad para realizarlo, solo hay que escuchar lo que dice para darse cuenta del problema.

En primer lugar, al dejar el Instituto Lesh Walesa, declaró desde Polonia que iba a conformar un partido político, pero ahora dice que no es un partido sino un movimiento y que desea que lo integren economistas, sociólogos, y obreros, incluso ccomunistas, pero que todavía no ha lanzado oficialmente dicho Movimiento. Como se puede constatar es un discurso típico del actor mexicano Mario Moreno en su personaje de Cantinflas.

A esta indefinición se le suma que aun no sabe que quiere ser, si socialista, socialdemócrata o liberal de izquierda, en realidad no conoce nada de estos partidos, su experiencia es solo campesina y de militante de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba.

Según sus torpes declaraciones en Miami, se autodefine como “un político racional que cree en la libertad individual como único motor impulsor de la iniciativa y del progreso”. ¿Alguien con experiencia política en este mundo podría traducirle a este joven inexperto? Todo hace indicar que desconoce que un movimiento político triunfa cuando hay unidad entre sus miembros.

Quizás pudiera estudiar un poco el movimiento revolucionario cubano para entender el por qué un pueblo pequeño ha logrado derrotar al imperio más poderosos de este mundo y resistir de forma victoriosa sus planes terroristas, la Guerra Económica y las actividades de subversión política, durante más de medio siglo.

Por otra parte, si solo tiene como patrón de comparación a varios asalariados de los norteamericanos, como son José Daniel Ferrer, Dagoberto Valdés, Yoani Sánchez y a Antonio González-Rodiles, el augurio es totalmente funesto, ya que en Cuba todos saben a quién responden, de donde salen las orientaciones, el abastecimiento material y sobre todo el dinero.

En algunos momentos de más lucidez, Eliécer reconoce que le queda por delante una gran utopía, pues tendrá que asumir ante sus patrocinadores en Estados Unidos la responsabilidad del fracaso, algo que a los yanquis no les gusta y menos cuando se han gastado tantos dólares en su nueva ilusión de derrocar a la Revolución, pensando que los jóvenes cubanos rechazan el proceso revolucionario y es ahí donde radica su gran error, ya que insatisfacción no es sinónimo de oposición.

Mejor sería que la CIA atendiera los problemas que presentan los obreros, técnicos y profesionales norteamericanos, que si desean un cambio radical en su sistema político y económico, para detener la pérdida del bienestar de vida al que estaban acostumbrados, tal y como prometió Barack Obama en su campaña presidencial, en vez de malgastar su dinero en advenedizos como Eliécer Ávila y sus compinches, en esos sueños trasnochados del sofocante verano de su provincia oriental de Las Tunas.

Por: Arthur Gónzalez | El Heraldo Cubano

domingo, 29 de septiembre de 2013

Bajo la Lupa

Foto
Maniobras navales conjuntas de Estados Unidos en Filipinas, hace una semana. Grupos estadunidenses desarrollan posturas teóricas militaristas como la cuarta guerra mundialFoto Ap
 Paul Pillar, becario de la Brookings Institution y del Centro de Estudios de Seguridad de la Universidad de Georgetown, plantea asombrosamente La era del nacionalismo ( The National Interest, 1/9/13).
 
The National Interest, fundada por el superhalcón israelí-estadunidense Irvin Kristol, cuenta como presidente honorario a Henry Kissinger y es publicada por The Center for the National Interest, anteriormente The Nixon Center, cuya tendencia consiste en promover la perspectiva realista (sic) de Estados Unidos en política exterior.

Cabe recordar que la tesis doctoral de Kissinger versó sobre el orden mundial plasmado en el Congreso de Viena de 1814, como continuación del orden del Estado-nación y su soberanía, establecidos en Westfalia en 1648.

Al perder sus dos guerras en Afganistán e Irak, ¿el grupo neoconservador straussiano de The National Interest adopta el nacionalismo como medida de protección del futuro de Estados Unidos?

Paul Pillar juzga que no ha sido sencillo definir la era presente desde el colapso de la URSS y el comunismo en Europa oriental. Fustiga la nomenclatura inherentemente insatisfactoria de la cuarta (sic) guerra mundial (CGM) en contra del Islam radical promovida por algunos (sic) después del 11-S. El terrorismo es solamente una táctica que ha permeado durante milenios, mientras el Islam radical es parte marginal de un fenómeno más amplio, insuficiente para reconfigurar los asuntos globales.

Si se mira a la historia en retrospectiva, se decantan en las pasadas dos décadas las consecuencias del fenómeno conocido como nacionalismo ahora en forma plena e irrestricta, cuando “tomó tres siglos y medio para que sus componentes básicos –el Estado soberano, la vinculación popular al Estado y su diseminación global– emergieran con plena fuerza”.

A su juicio, los ingredientes del nacionalismo pueden ser añejos por siglos, pero su resultado combinado, visto globalmente, es nuevo. Vivimos hoy la era nacionalista.

Rememora que la parte más importante del concepto del choque de civilizaciones de Samuel Huntington –que desarrolló las ideas de la CGM– abulta a la religión.

Desecha uno a uno los conceptos del mundo unipolar, a la misma multipolaridad (más desde el punto de vista económico), el G-2 (Estados Unidos y China), el G-8 o el G-20, y hasta la no polaridad de Richard Haass (presidente del influyente Consejo de Relaciones Exteriores: CFR, por sus siglas en inglés), pero ninguno cumple la visión integral que acontece en el planeta.

Desmenuza el nacimiento del Estado nación en la Paz de Westfalia de 1648 que marcó el fin de la teológica Guerra de los 30 Años, lo cual codificó el concepto de la soberanía del Estado: una estructura política de Europa del siglo XX, que con otros procesos permea­ría la fuerza del futuro nacionalismo.

Cita el libro Después del nacionalismo del historiador británico E. H. Carr, de entonaciones marxistas, en el que aborda la socialización de la nación que incluye la extensión de las franquicias y el creciente papel económico (¡supersic!) del Estado.

Paul Pillar admite que el paroxismo del nacionalismo deletéreo nutrió a la Primera Guerra Mundial y dejó un considerable sentimiento nacionalista que alimentó la segunda vuelta de carnicería dos décadas más tarde.

A juicio de Paul Pillar, Carr creyó en forma idílica que las guerras del nacionalismo se desvanecerían con los avances de tecnología militar, especialmente del poder aéreo, que harían a las fronteras estratégicamente menos significativas que antes, mediante el establecimiento de organizaciones regionales múltiples.

Según Pillar, Carr se equivocó sobre su pronóstico del nacionalismo. Da el ejemplo del renacimiento nacionalista en un diminuto país como Kosovo, ya no se diga en el mismo país de Carr: Gran Bretaña, que nunca pudo acercarse lo suficiente a la Europa continental.

La descolonización del mundo en vías de desarrollo, que llegó a su pico en los años 60 del siglo pasado y continuó mucho después, exhibió la equivocación conceptual de Carr. Pese a su sello europeo, el Estado westfaliano se ha expandido en todo el mundo.

Paul Pillar aduce que la competencia entre izquierda y derecha se volvió una competencia entre Occidente y Oriente que disfrazó muchas de las consecuencias del nacionalismo desde Alemania occidental hasta Yugoslavia y Checoslovaquia.

Argumenta que el Estado nación es la realidad definitoria (sic) de nuestro tiempo y que la era del nacionalismo hoy es producto de la condición humana (¡supersic!).

Se basa en el imperativo territorial del autor Robert Ardrey, donde la posesión de un pedazo bien definido de la superficie terrestre constituye el rasgo dominante de muchas especies más cercanamente relacionadas a los humanos que desemboca en el Estado nación y sus imperativos institucionales que se agregan a rasgos biológicos y evolutivos, a los que se suman los mitos nacionales.

Aporta como ejemplo el nacionalismo en China y Japón. En efecto, el noreste y sureste asiáticos viven un intenso y vibrante nacionalismo en medio de sus regionalismos específicos y de su participación en lo que les conviene en la globalización.

Aun el magnificente experimento supranacional de Europa muestra serias fisuras balcanizadoras.

Ejemplos similares abundan desde América Latina, pasando por África y Asia central hasta Rusia. Aun en el Medio Oriente, Paul Pillar considera que el nacionalismo triunfa sobre la religión, lo cual, a mi juicio, puede ser muy discutido en espera del resultado final de la mezcla insólita de sus específicos conflictos teológicos-sectarios. Bueno, siempre existen excepciones a las reglas.

Sostiene que Estados Unidos exhibe mayor nacionalismo que cualquier otro país y que denominan excepcionalismo (nota: que el mismo presidente ruso Vlady Puttin fustigó en su célebre artículo a The New York Times, 11/9/13).
Sin duda, ningún país promueve, defiende y consolida su soberanía nacionalista como Estados Unidos en todos los rubros de su vida sin excepción; si no, que nos pregunten a los mexicanos, sus vecinos nacionalistas incómodos.

Una frase implacable de Paul Pillar: La intensidad del nacionalismo de Estados Unidos apunta a las principales implicaciones prescriptivas de vivir en la era nacionalista cuando los hacedores de la política deberían estar conscientes de los sentimientos nacionalistas ajenos.

Concluye que ningún modelo único en el mundo puede generar una gran estrategia para todos los propósitos. Pero el mejor ajuste para la era nacionalista es un realismo pragmático que toma como ingrediente básico de los asuntos globales los intereses paralelos algunas veces conflictivos de las naciones estado individuales, mientras reconoce el poder que puede ser generado por los sentimientos nacionalistas dentro de las naciones estado.
¿Podrá el excepcionalismo de Estados Unidos, un jingoísmo a carta cabal, reconocer el nacionalismo mexicano transhistórico para forjar una óptima vecindad?

A mi juicio, se asienta la desglobalización, concomitante al regionalismo y al retorno de sus específicos nacionalismos de esencia evolutiva sicobiológica.

Alfredo Jalife-Rahme

Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2013/09/29/opinion/014o1pol

Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife

sábado, 6 de julio de 2013

¡Pioneros por la libertad: seremos Delta Force!


Desde pequeños, a los niños cubanos se les enseñan determinados valores afines a los principios sobre los que se erige la sociedad cubana: amor a la Patria, antiimperialismo,  internacionalismo, solidaridad, humanidad, entre otros. A esos niños se les cuenta quienes eran los héroes de Cuba y de América, desde Martí hasta el Che, los que murieron sembrando las semillas para la construcción de un mundo más justo y libre. 

Pero, a pesar de esto, una de las argumentaciones más utilizadas por los “detractores o críticos” del proceso revolucionario cubano es el hecho de que, en las últimas cinco décadas, el gobierno cubano ha llevado adelante una gigantesca obra de adoctrinamiento que empieza desde la edad más temprana y continúa en todos los aspectos de la vida de los cubanos. Según esas personas, la enseñanza de los valores básicos de una sociedad se convierte en adoctrinamiento ya que, desde su perspectiva simplista de la realidad, se trata de ideas impuestas a través de un lavado de cerebro.

El argumento más utilizado por estas personas, para construir la imagen de una Cuba adoctrinada, es el ejemplo de los niños cubanos en las escuelas que cantan el himno nacional, acompañándolo con la famosa frase "¡Pioneros por el comunismo: seremos como el Che!"

A los niños occidentales, por supuesto, todo esto no les ocurre, no se les impone el estudio de la vida de falsos mitos y de sus obras, no se les impone la parcializada y aburrida visión de documentales que les explican los genocidios coloniales y las luchas independentistas. La industria cultural occidental está libre de visiones tan parcializadas. Esos niños crecen sin ser influenciados por semejantes atrocidades ideológicas, con una autónoma visión del mundo que les permite encontrar una clarísima línea de demarcación entre el bien y del mal. 

Esta visión dicotómica -niños adoctrinados y niños libres- choca, por cierto, con las experiencias de mi niñez. Yo fui uno de estos niños libres y podría escribir decenas de párrafos hablando del miedo al diverso que me enseñaron en mi escuela; podría solo citar, como ejemplo, ese indeterminado día del 1991 cuando yo, con solo siete años de edad, regresé a casa con lágrimas de terror porque la maestra nos había contado la horrible historia de un hombre malvado que vivía en Iraq y que quería bombardearnos y matarnos a todos. Pero quizás esta fue una excepción justificable con la incompetencia de esa precisa maestra  

Por eso, la que les voy a contar es un anécdota que probablemente habrán vivido la mayoría de los niños libres de mi generación.

Sinopsis tomada de la carátula de Delta Force
Imagínense que, gozando de mi profunda libertad occidental, cuando era niño mi película preferida, y la de todos mis amiguitos del barrio, era Delta Force, un filme americano-israelí de 1986, que nos cuenta la ola de democracia y de paz que los Estados Unidos trajeron al Líbano (Oriente Medio) y de su incesante lucha contra el terrorismo árabe-palestino. 

Los árabes -todos los árabes- son presentados con colores grises, sin escrúpulos, personas que odian la democracia, desprecian la vida y se deleitan en matar, riéndose en los cadáveres de las inocentes víctimas norteamericanas e israelíes. Pero, cuando la victoria parece imposible, finalmente llega la indetenible Delta Force, un equipo militar de expertos democratizadores que arreglan las cosas, liberan a los rehenes y restablecen el orden en la peligrosa Beirut. 

En mi mente está indisolublemente marcada la escena final: los sobrevivientes están en un avión, regresando a Estados Unidos, y se unen cantando el himno norteamericano, en homenaje a los que han caído en la lucha por la libertad y contra el terror, verdaderos héroes cuyos ejemplo y coraje  siempre acompañará e inspirará las futuras acciones de los hombres justos.

Mis amigos y yo pasábamos horas corriendo por las calles, con nuestras pistolas de juguete, divididos rígidamente en dos frentes distintos, los buenos y los malos. El guión ya estaba escrito: los que -contra su propia voluntad- tenían que jugar la parte mala, sabían que no podían sobrevivir frente a las más sofisticadas armas americanas y a los más altos valores que guiaban a los buenos, es decir, libertad, paz, democracia. Todos sabíamos desde el principio que el bien ganaría. El bien tenía que ganar.

Finalmente, tras destruir todas las células enemigas,
 el juego se acababa y todos regresábamos a nuestras casas con la convicción de haber construido un barrio -lo que entonces era nuestro mundo- más justo y seguro, protegido de las amenazas de los pérfidos y peligrosos árabes, enemigos de la humanidad.

¡Suerte que crecí en un país no adoctrinado que me permitió separar claramente el bien del mal!
 
Por Vincenzo Basile (Capítulo Cubano)

jueves, 20 de junio de 2013

Las dos orillas del periodismo

 Las dos orillas del periodismo
Si a la hora más imprevista llegan a tu casa dos policías encapuchados para detenerte porque eres un fotógrafo de prensa que te dedicas a hacer fotos en las manifestaciones, es que no vives en una democracia. Eso es lo que sucedió el 22 de mayo en Madrid con los periodistas Raúl Capín y Adolfo Luján.

El primero de ellos, colaborador habitual de Mundo Obrero, fue acusado de un delito de atentado contra agentes de la autoridad en las protestas del pasado 23 de febrero y el asedio al congreso del 25 de abril. La acusación contra de Adolfo Luján es de calumnias contra los órganos públicos, en concreto por "divulgar en redes sociales e Internet que los policías de paisano lanzan objetos y provocan actos violentos" para justificar las cargas policiales y detenciones.

Su detención no solo muestra la represión de las autoridades españolas y su desesperación ante la difusión de documentos que muestran la violencia contra manifestantes. Ha servido para dejar en evidencia el papel de los grandes medios de comunicación, esos que tanto esgrimen la libertad de expresión cuando se trata de Venezuela o de Cuba. El primer detalle es que el procedimiento se inicia a partir de la publicación en medios de comunicación de acusaciones contra estos periodistas durante las movilizaciones y protestas contra el gobierno español. Capín apareció señalado en varias ocasiones en informaciones de los diarios ABC, El Mundo y La Razón. El pasado 17 de abril, el primero de ellos publicaba tres imágenes del fotoperiodista con el rostro pixelado en una información titulada “La Policía investiga a radicales que se infiltran en protestas como fotógrafos”1. El texto señalaba que los supuestos “fotoperiodistas infiltrados” “golpean a agentes, los insultan y se enfrentan a los verdaderos fotógrafos”. Días antes, las portadas de El Mundo y La Razón identificaban a Capín en un escrache como manifestante. Sin embargo, un vídeo del colectivo Tomalatele difundido tras la detención mostró cómo un agente le quitaba el brazalete que le identifica como reportero gráfico.

La detención fue clamorosamente ignorada en los medios comerciales. Preguntada desde twitter, la presentadora del programa de LaSexta Más vale tarde que nunca y vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Periodistas (FAPE), Mamen Mendizabal, respondió por esa misma vía “íbamos a contarlo cuando ha llegado el atentado de Londres”2. Parece que no se le pudo encontrar espacio en un magazín que dura 120 minutos. La explicación de la periodista al día siguiente fue todavía más surrealista: “ha sido una decisión tomada por lo que nos ha dicho la federación española de periodistas”. No se comprende que esa asociación decida los contenidos de una televisión privada, ni que ella hable de la asociación en tercera persona siendo la vicepresidenta. En cualquier caso, efectivamente, esta federación, cuya línea siempre respondió al establishment de la profesión y al empresariado, no hizo en ningún momento ninguna declaración ni protesta sobre el asunto. Mientras desde los movimientos sociales y el periodismo alternativo se levantaban voces de indignación, la FAPE se dedicaba en esas fechas a emitir una nota de prensa criticando a los grupos políticos que no apoyaban las subvenciones a la prensa3

Curiosa fue también la reacción de la estrella periodística Ana Pastor. Tan informada y preocupada ella por los medios ecuatorianos cuando entrevista a Rafael Correa, aparece en twitter preguntando “Alguien me puede informar de cuáles son los cargos contra los fotoperiodistas y cuáles son las pruebas?” Pero qué periodismo es ese en el que la periodista de la CNN sale a la corrala de la red a ver si alguien le cuenta algo. Deberá preguntar a la policía, a la delegación del gobierno, a los abogados de los detenidos... A no ser que sólo quiera dar la apariencia de que se interesa. Apariencia solo, porque ya nunca volvió a hacer referencia a las detenciones.

Mientras tanto, los medios alternativos (Rebelión.org, Diagonal, Mundo Obrero...), medios cooperativos como Eldiario.es y La Marea, el Sindicato de Periodistas4, compañeros de profesión5 y miles de ciudadanos a través de las redes sociales denunciaron el atentado a la libertad de expresión. Lo sucedido con Raúl Capín y Adolfo Luján muestra dos cosas: que la libertad de expresión es una cosa y lo que dicen defender grandes medios y algunas asociaciones de periodistas es otra, y que la aparición de un verdadero periodismo no neutral, que se compromete con las luchas de los ciudadanos y denuncia la represión, preocupa cada vez más a los gobiernos neoliberales.

Pascual Serrano
 
Pascual Serrano es periodista. Autor del libro Contra la neutralidad (Península)

Publicado por pascualserrano.net

Tomado de Visiones Alternativas

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