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miércoles, 16 de abril de 2014

Cinco '¿mitos?' sobre la comunidad musulmana en EEUU

Musulmanes Rezando En Francia

El Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) ha anunciado este martes el desmantelamiento de su programa de espionaje a la comunidad musulmana.
 
   Las tácticas de la NYPD han sido objeto de múltiples críticas, amén de dos demandas federales, además de ser tildadas como contraproducentes, al considerarse que lo que provocaban era una mayor desconfianza en las autoridades por parte de los miembros de la comunidad musulmana.

   Desde dicha comunidad, varias voces han hablado sobre los "mitos" que existen respecto a los musulmanes que viven en los Estados Unidos. Es el caso de Feisal Abdel Rauf, presidente de la Iniciativa de Córdoba, co-fundador de ASMA, e imán de la mezquita Al-Farah, o de los  especialistas John L. Esposito y Dalia Mogahed, que tratan este tema en su estudio '¿Who Speaks for Islam?' (2008) ¿Quién habla por el Islam?.

   En marzo de 2011, Feisal Abdel Rauf respondía a la pregunta:

'¿Qué mitos hay detrás de la creencia arraigada de que los musulmanes simplemente no tienen cabida en Estados Unidos y de que representan una amenaza para la seguridad del país?', en un artículo traducido por el portal Webislam, que también lo reprodujo.

   -Primer mito: 'Los musulmanes estadounidenses son extranjeros'. Al respecto, Feisal Abdel Rauf dice que el islam llegó al continente americano "incluso antes" de que se constiuyeran los Estados Unidos. "Sin embargo --anota-- los musulmanes no emigraron de forma pacífica y voluntaria, sino que llegaron como esclavos a manos de mercaderes y traficantes".

   -Segundo mito: 'Los musulmanes estadounidenses constituyen étnica, cultural y políticamente un grupo monolítico'. "Precisamente --dice Feisal-- la comunidad musulmana americana es la más diversa del mundo. Los musulmanes de EE.UU tienen creencias distintas unos de otros y hacen honor a su credo de maneras diferentes".

   Y en lo que respecta a la política, destaca que un estudio de Pew del 2007 concluyó que el 63 por ciento de los musulmanes estadounidenses tenían "inclinación democráta", el 11 por ciento "inclinación republicana" y un 26 por ciento "inclinación independiente".

   -Tercer mito: 'Los musulmanes americanos oprimen a las mujeres'. "Según un estudio efectuado por Gallup en 2009, las mujeres musulmanas estadounidenses no sólo poseen un nivel educativo superior al que presentan las mujeres musulmanas en Europa occidental, sino que también albergan un índice educativo por encima del resto de los americanos", dice.

   Añade además que "las mujeres musulmanas de Estados Unidos revelan que sus ingresos económicos son más próximos a los de sus contrapartes masculinas que las mujeres estadounidenses de cualquier otra religión".

   -Cuarto mito: 'Las comunidades musulmanas estadounidenses a menudo se tornan en cantera de terroristas'. Sobre este punto, el imán expone que, según el 'Triangle Center on Terrorism and Homeland Security', fueron muchas más las personas no identificadas como musulmanas que las musulmanas las que estuvieron involucradas en planes terroristas en territorio americano a lo largo del 2010.

   "Como líder musulmán estadounidense que trabajó con los agentes del FBI en la lucha contra el extremismo justo después del 11 de septiembre de 2001, me temo que identificar el Islam con el terrorismo amenaza con erosionar las libertades civiles de los musulmanes estadounidenses y aumenta la percepción del falso peligro de que Estados Unidos está en guerra con el Islam".

   -Quinto mito: 'Los musulmanes estadounidenses quieren imponer la Ley islámica o Sharia en Estados Unidos'. En el islam, señala el Imam Feisal Abdel Raufl, la Sharia "es el ideal divino de justicia y compasión, similar al concepto del derecho natural en la tradición occidental".

   Agrega que "aunque los radicales existen al margen del Islam, como en todas las religiones, la mayoría de los juristas musulmanes están de acuerdo en los principales objetivos de la Sharia: la protección y promoción de la vida, la religión, el intelecto, la propiedad, la familia y la dignidad. Nada de esto incluye la transformación de los Estados Unidos en un califato islámico", subraya.

   El Imam Feisal ha publicado también recientemente el libro 'Moving the Mountain. A New Vision of Islam in America', en el que invita a los lectores a una comprensión más profunda del papel de los musulmanes moderados en Estados Unidos y en el mundo.

EL ISLAM Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

   Al margen de estas reflexiones, que intentan desmontar 'mitos' sobre los musulmanes, el portal WebIslam ha hecho una encuesta, que publica en su portada, para que sus lectores respondan a la cuestión de '¿Cómo crees que es la imagen del Islam y los musulmanes que transmiten los medios de comunicación?'.

   De quienes han participado en la encuesta --del 24 de febrero de este año pasado--, y que cuenta con 3.579 votos, el mayor porcentaje, un 40%, opina que 'tratan de vincularlo al terrorismo y al fundamentalismo'.

   Un 19 por ciento considera que los medios de comunicación "no tienen en cuenta la diversidad del Islam y los musulmanes"; un 16% opina que 'buscan sensacionalismo, generalmente negativo'; un 12% que "generalmente lo asocian con la violencia"; un 10% cree que "reflejan la realidad de forma objetiva", y sólo un 3% dice que "ofrecen una imagen positiva".
 
Tomado de  http://www.notimerica.com

sábado, 6 de julio de 2013

¡Pioneros por la libertad: seremos Delta Force!


Desde pequeños, a los niños cubanos se les enseñan determinados valores afines a los principios sobre los que se erige la sociedad cubana: amor a la Patria, antiimperialismo,  internacionalismo, solidaridad, humanidad, entre otros. A esos niños se les cuenta quienes eran los héroes de Cuba y de América, desde Martí hasta el Che, los que murieron sembrando las semillas para la construcción de un mundo más justo y libre. 

Pero, a pesar de esto, una de las argumentaciones más utilizadas por los “detractores o críticos” del proceso revolucionario cubano es el hecho de que, en las últimas cinco décadas, el gobierno cubano ha llevado adelante una gigantesca obra de adoctrinamiento que empieza desde la edad más temprana y continúa en todos los aspectos de la vida de los cubanos. Según esas personas, la enseñanza de los valores básicos de una sociedad se convierte en adoctrinamiento ya que, desde su perspectiva simplista de la realidad, se trata de ideas impuestas a través de un lavado de cerebro.

El argumento más utilizado por estas personas, para construir la imagen de una Cuba adoctrinada, es el ejemplo de los niños cubanos en las escuelas que cantan el himno nacional, acompañándolo con la famosa frase "¡Pioneros por el comunismo: seremos como el Che!"

A los niños occidentales, por supuesto, todo esto no les ocurre, no se les impone el estudio de la vida de falsos mitos y de sus obras, no se les impone la parcializada y aburrida visión de documentales que les explican los genocidios coloniales y las luchas independentistas. La industria cultural occidental está libre de visiones tan parcializadas. Esos niños crecen sin ser influenciados por semejantes atrocidades ideológicas, con una autónoma visión del mundo que les permite encontrar una clarísima línea de demarcación entre el bien y del mal. 

Esta visión dicotómica -niños adoctrinados y niños libres- choca, por cierto, con las experiencias de mi niñez. Yo fui uno de estos niños libres y podría escribir decenas de párrafos hablando del miedo al diverso que me enseñaron en mi escuela; podría solo citar, como ejemplo, ese indeterminado día del 1991 cuando yo, con solo siete años de edad, regresé a casa con lágrimas de terror porque la maestra nos había contado la horrible historia de un hombre malvado que vivía en Iraq y que quería bombardearnos y matarnos a todos. Pero quizás esta fue una excepción justificable con la incompetencia de esa precisa maestra  

Por eso, la que les voy a contar es un anécdota que probablemente habrán vivido la mayoría de los niños libres de mi generación.

Sinopsis tomada de la carátula de Delta Force
Imagínense que, gozando de mi profunda libertad occidental, cuando era niño mi película preferida, y la de todos mis amiguitos del barrio, era Delta Force, un filme americano-israelí de 1986, que nos cuenta la ola de democracia y de paz que los Estados Unidos trajeron al Líbano (Oriente Medio) y de su incesante lucha contra el terrorismo árabe-palestino. 

Los árabes -todos los árabes- son presentados con colores grises, sin escrúpulos, personas que odian la democracia, desprecian la vida y se deleitan en matar, riéndose en los cadáveres de las inocentes víctimas norteamericanas e israelíes. Pero, cuando la victoria parece imposible, finalmente llega la indetenible Delta Force, un equipo militar de expertos democratizadores que arreglan las cosas, liberan a los rehenes y restablecen el orden en la peligrosa Beirut. 

En mi mente está indisolublemente marcada la escena final: los sobrevivientes están en un avión, regresando a Estados Unidos, y se unen cantando el himno norteamericano, en homenaje a los que han caído en la lucha por la libertad y contra el terror, verdaderos héroes cuyos ejemplo y coraje  siempre acompañará e inspirará las futuras acciones de los hombres justos.

Mis amigos y yo pasábamos horas corriendo por las calles, con nuestras pistolas de juguete, divididos rígidamente en dos frentes distintos, los buenos y los malos. El guión ya estaba escrito: los que -contra su propia voluntad- tenían que jugar la parte mala, sabían que no podían sobrevivir frente a las más sofisticadas armas americanas y a los más altos valores que guiaban a los buenos, es decir, libertad, paz, democracia. Todos sabíamos desde el principio que el bien ganaría. El bien tenía que ganar.

Finalmente, tras destruir todas las células enemigas,
 el juego se acababa y todos regresábamos a nuestras casas con la convicción de haber construido un barrio -lo que entonces era nuestro mundo- más justo y seguro, protegido de las amenazas de los pérfidos y peligrosos árabes, enemigos de la humanidad.

¡Suerte que crecí en un país no adoctrinado que me permitió separar claramente el bien del mal!
 
Por Vincenzo Basile (Capítulo Cubano)

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