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lunes, 23 de septiembre de 2013

La Hidra de Lerna entre nosotros




La Hidra es un monstruo gigante que tiene apariencia reptiliana y de múltiples cabezas, según nos cuenta la mitología. Aunque se dice que son solo un mito y que, por supuesto son inexistentes, lo cierto es que cohabitan con nosotros, solapadamente, destruyendo todo aquello que construimos con afán y sacrificio.

Aunque el mito se refiere a ellas como seres que le meten miedo al más valiente y que son solitarias –su gusto es pasar inadvertidas-, lo cierto es que aparecen con distintos rostros, fundamentalmente en oficinas y puestos de dirección, creando vínculos ocultos entre ellas para llevar a cabo su labor destructiva.

Sus ataques pueden ser directos o disfrazados. La cuestión es eliminar a aquellos que pueden obstaculizar sus planes y su sobrevivencia.

Cada una de sus nueve cabezas tiene un nombre que la identifica: corrupción, falta de compromiso, nepotismo, doble moral, oportunismo, paternalismo, complacencia, ambición y traición. Lo malo de todo es que cuando una de sus cabezas es cortada, la misma se regenera doblemente.

Todas las sociedades padecen de este mal que resulta ser muy difícil de ser arrancado de raíz. No basta ni uno, ni mil Heracles  y Yolaos para vencerlas. Creo que solo pueden ser vencidas por un pueblo numeroso, valiente y en busca de transparencia y honestidad, cuyos jefes los dirijan con sano deseo y compromiso.

Una debilidad de muchos procesos revolucionarios es dejarla aflorar, expandirse verticalmente hasta ocupar lugares estratégicos y fundamentales, en los se anquilosan, crean un muro de privilegios y componendas, haciendo gala de una insensible sordera ante los reclamos populares.

La cuestión principal es ¿cómo vencerlas? ¿Cómo erradicarlas de nuestra vida política, eliminando su efecto nocivo?

Lo primero es oír al pueblo, estar atento a sus reclamos, cuando su descontento las identifica, por más que traten de esconderse con discursos hipócritas y aparente compromiso.

Lo segundo es controlar permanentemente la actividad de cada cuadro de dirección, evitando el desvío de recursos, la apropiación ilícita y todas aquellas acciones que generen descontento popular, obstaculicen la marcha de los planes, provoquen desabastecimiento y saquen a la luz privilegios inmerecidos.

Lo tercero es pensar siempre que cada cuadro debe ocupar el lugar que le corresponde por su experiencia, lealtad, compromiso y eficacia en su desempeño, sin importarnos sus nombres y apellidos o si son familiares o amigos de los que dirigen. No caben ni primos, amigos, tíos, sobrinos, hijos, abuelitos, socios, cúmbilas o cualquier tipo de vínculo inmerecido. En Cuba hemos conocido la asquerosa “botella” y el "sociolismo" como muestra de ese dañino nepotismo. La república nueva, si es digna, se desprende de esos lastres y vicios.

La cuarta espada es la exigencia diaria con nosotros y nuestros subordinados. Cada jefe debe valorar al hombre por sus resultados reales, por su eficacia en la labor que desempeña, por el ahorro de recursos, por su combate al despilfarro y por su prestigio ante las masas. Debe ser, simplemente, un  ejemplo.

La quinta espada es evaluar concienzudamente el compromiso de nuestros cuadros con nuestras convicciones, evitando la doble moral, el oportunismo y los turbios privilegios. Estemos donde estemos es para servir a la Patria y no a nosotros mismos.

La sexta espada es la acción conjunta con los trabajadores, dándole el peso que requieren a las organizaciones de masa y partidistas en el control del cumplimiento de las tareas.

La séptima espada es darle valor a la crítica y la autocrítica oportunas como elementos educativos y preventivos, evitando que los males sean atacados cuando ya no pueden evitarse.

La octava espada es la transparencia de cada uno de nosotros en nuestros actos cotidianos, revalidar a diario nuestro compromiso y lealtad con la Revolución, no solo en nuestro trabajo sino en las relaciones familiares. Los “hijitos de papá” no deben  nunca gozar de privilegios inmerecidos y educarlos para que sean modestos, humildes y ajenos a cualquier falta de compromiso con la sociedad en que viven.

La novena espada es usar adecuadamente a nuestra legislación y a nuestros medios de comunicación como herramientas para denunciar lo mal hecho. Con leyes firmes se juzga y  se combate sin tregua a la corrupción. Con una prensa comprometida, audaz, investigativa y verídica, la denuncia aparece a tiempo y cumple su efecto.

Como podemos ver, queridos lectores, la Hidra de Lerna puede ser vencida, pero lograrlo es tarea de todos. Callarnos y resignarnos es cosa de cómplices pasivos. Es mejor buscarse problemas con la verdad en la mano, que vivir confabulados con la mentira.

Tenerla con nosotros, cohabitar con ella es una debilidad para nosotros y una fortaleza para nuestros enemigos.

Lo importante de todo es que cada uno de nosotros sabe de sobra en dónde aparecen sus malévolas cabezas, pues a diario las percibimos en los problemas que nos rodean. Contamos con las vías para comunicar nuestras inquietudes y ser atendidos. La prensa revolucionaria debe actuar como herramienta de denuncia ante lo mal hecho y dejar a un lado su papel decorativo.

Como pueden suponer, la Hidra de Lerna no es exclusiva de Cuba o Venezuela -como muchos maliciosamente especulan-,  donde son casos aislados, pero no eliminados. Está en cada nación. Empero, hay países en los que goza de total impunidad. Nosotros, sin embargo, la combatimos, aunque queda mucho por hacer. Contamos con la mayoría de gente honesta para hacerlo.


Percy Francisco Alvarado Godoy.

jueves, 20 de junio de 2013

Las dos orillas del periodismo

 Las dos orillas del periodismo
Si a la hora más imprevista llegan a tu casa dos policías encapuchados para detenerte porque eres un fotógrafo de prensa que te dedicas a hacer fotos en las manifestaciones, es que no vives en una democracia. Eso es lo que sucedió el 22 de mayo en Madrid con los periodistas Raúl Capín y Adolfo Luján.

El primero de ellos, colaborador habitual de Mundo Obrero, fue acusado de un delito de atentado contra agentes de la autoridad en las protestas del pasado 23 de febrero y el asedio al congreso del 25 de abril. La acusación contra de Adolfo Luján es de calumnias contra los órganos públicos, en concreto por "divulgar en redes sociales e Internet que los policías de paisano lanzan objetos y provocan actos violentos" para justificar las cargas policiales y detenciones.

Su detención no solo muestra la represión de las autoridades españolas y su desesperación ante la difusión de documentos que muestran la violencia contra manifestantes. Ha servido para dejar en evidencia el papel de los grandes medios de comunicación, esos que tanto esgrimen la libertad de expresión cuando se trata de Venezuela o de Cuba. El primer detalle es que el procedimiento se inicia a partir de la publicación en medios de comunicación de acusaciones contra estos periodistas durante las movilizaciones y protestas contra el gobierno español. Capín apareció señalado en varias ocasiones en informaciones de los diarios ABC, El Mundo y La Razón. El pasado 17 de abril, el primero de ellos publicaba tres imágenes del fotoperiodista con el rostro pixelado en una información titulada “La Policía investiga a radicales que se infiltran en protestas como fotógrafos”1. El texto señalaba que los supuestos “fotoperiodistas infiltrados” “golpean a agentes, los insultan y se enfrentan a los verdaderos fotógrafos”. Días antes, las portadas de El Mundo y La Razón identificaban a Capín en un escrache como manifestante. Sin embargo, un vídeo del colectivo Tomalatele difundido tras la detención mostró cómo un agente le quitaba el brazalete que le identifica como reportero gráfico.

La detención fue clamorosamente ignorada en los medios comerciales. Preguntada desde twitter, la presentadora del programa de LaSexta Más vale tarde que nunca y vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Periodistas (FAPE), Mamen Mendizabal, respondió por esa misma vía “íbamos a contarlo cuando ha llegado el atentado de Londres”2. Parece que no se le pudo encontrar espacio en un magazín que dura 120 minutos. La explicación de la periodista al día siguiente fue todavía más surrealista: “ha sido una decisión tomada por lo que nos ha dicho la federación española de periodistas”. No se comprende que esa asociación decida los contenidos de una televisión privada, ni que ella hable de la asociación en tercera persona siendo la vicepresidenta. En cualquier caso, efectivamente, esta federación, cuya línea siempre respondió al establishment de la profesión y al empresariado, no hizo en ningún momento ninguna declaración ni protesta sobre el asunto. Mientras desde los movimientos sociales y el periodismo alternativo se levantaban voces de indignación, la FAPE se dedicaba en esas fechas a emitir una nota de prensa criticando a los grupos políticos que no apoyaban las subvenciones a la prensa3

Curiosa fue también la reacción de la estrella periodística Ana Pastor. Tan informada y preocupada ella por los medios ecuatorianos cuando entrevista a Rafael Correa, aparece en twitter preguntando “Alguien me puede informar de cuáles son los cargos contra los fotoperiodistas y cuáles son las pruebas?” Pero qué periodismo es ese en el que la periodista de la CNN sale a la corrala de la red a ver si alguien le cuenta algo. Deberá preguntar a la policía, a la delegación del gobierno, a los abogados de los detenidos... A no ser que sólo quiera dar la apariencia de que se interesa. Apariencia solo, porque ya nunca volvió a hacer referencia a las detenciones.

Mientras tanto, los medios alternativos (Rebelión.org, Diagonal, Mundo Obrero...), medios cooperativos como Eldiario.es y La Marea, el Sindicato de Periodistas4, compañeros de profesión5 y miles de ciudadanos a través de las redes sociales denunciaron el atentado a la libertad de expresión. Lo sucedido con Raúl Capín y Adolfo Luján muestra dos cosas: que la libertad de expresión es una cosa y lo que dicen defender grandes medios y algunas asociaciones de periodistas es otra, y que la aparición de un verdadero periodismo no neutral, que se compromete con las luchas de los ciudadanos y denuncia la represión, preocupa cada vez más a los gobiernos neoliberales.

Pascual Serrano
 
Pascual Serrano es periodista. Autor del libro Contra la neutralidad (Península)

Publicado por pascualserrano.net

Tomado de Visiones Alternativas

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