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miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿Hasta dónde llegará Justin Trudeau en sus cambios en Canadá?

¿Qué vendrá después? Hay que esperar que Trudeau pueda cumplir sus metas sin obstáculos que se lo impidan. Por supuesto, una condición es el cambio de su política hacia América Latina, agrego yo. ¿Se lo permitira EEUU?


http://www.stephentaylor.ca/wp-content/uploads/2013/04/justin-trudeau-political-ad.jpg

Un interesante artículo de Eric Walberg continúa la saga inicial que ya publicamos en este blog bajo el título de “Justin Trudeau: Comienzo de una leyenda canadiense”, esta vez bajo el sugerente título de “Justin's band cleans up Harper holocaust”, es decir, La banda de Justin limpia el holocausto de Harper.

Esta vez el autor -conocido en todo el mundo como periodista especializada en Oriente Medio, Asia Central y Rusia, graduado de la Universidad de Toronto y Cambridge en economía, quien ha vivido tanto en la Unión Soviética y Rusia, y luego Uzbekistán, como asesor de la ONU; escritor, traductor y profesor; periodista del  periódico más importante de El Cairo, Al Ahram, y también  colaborador habitual de Counterpunch, Global Research, Al-Jazeera y otros medios-, ha puesto el dedo en la llaga sobre el cambio de enfoque político asumido por Canadá bajo la dirección de Justin Trudeau para volver la hoja sobre la imagen de su país en las relaciones internacionales, abandonando la vieja política canadiense de marioneta USA.

Un resumen de las ideas expuestas por Walberg y que evidencian este giro, son:

El cese del malgasto de dinero mal empleado en otros fines a costa de la cancelación de la investigación científica, los recortes de las ayudas a los refugiados palestinos, la complicidad de un discurso hipócrita sobre el medio ambiente, la puesta en marcha de una política independiente de EEUU al retirarse de las coaliciones militares del Imperio y sus aliados contra Siria y Yemen, ofreciendo una nueva imagen de concordia y pacifismo.


jueves, 9 de enero de 2014

2014: más desigualdad y más influencia de las potencias emergentes

Imagen de la pobreza en Estados Unidos, cuyo liderazgo global se lo está disputando China.
Pobreza EE UU
En 2014 seguirá la tendencia más importante en el mundo desde hace una década: el ascenso de las potencias emergentes y el sostenido declive de la influencia de EEUU y Europa. Por el lado positivo, resaltan dos procesos de paz: el colombiano y el israelo-palestino, si bien hay más esperanzas en el primero que en el segundo.


¿Se está desplazando el centro del poder del Norte hacia el Este? ¿Está China en condiciones de sustituir a Estados Unidos en el liderazgo global? Estas son dos de las principales preguntas que seguirán abiertas en 2014 pero pienso que teniendo en cuenta que la crisis económica y financiera está reposicionando a países y regiones, en los próximos meses podríamos avanzar en dos direcciones: hacia un mundo multipolar, por un lado; y un mundo más desigual, por otro.

La crisis que estalló en 2008 no es global sino que afecta fundamentalmente a los países denominados del Norte. Pero tiene impacto en todo el mundo, por ejemplo, disminuyendo los ingresos de millones de inmigrantes que trabajan en el Norte (o en países ricos como Arabia Saudita) y que han reducido sustancialmente las remesas hacia sus países de origen. La crisis ha disminuido también los fondos de ayuda al desarrollo del Norte hacia el Sur (y el Este), restando poder a Estados Unidos y Europa. A la vez, China, Rusia y los emergentes están ocupando un espacio creciente en este campo.

Egipto, los peligros de la ‘primavera árabe'

Entre las diferentes crisis que se presentan en el sistema internacional, la asociada a la “primavera árabe” está evolucionando en peligrosas direcciones, ninguna de ellas hacia la democracia, y pone en evidencia algunas de las tendencias y desequilibrios de poder internacionales.

Las fuerzas armadas egipcias han decidido tomar de forma abierta el control absoluto, que nunca abandonaron, de la política y la economía. La ilegalización de los Hermanos Musulmanes, las duras condenas a otros sectores críticos y los cambios introducidos en la futura Constitución indican que en el país considerado líder en la región se ha cortado radicalmente el proceso democrático.

La influencia que tenía Estados Unidos sobre el depuesto gobierno de Hosni Mubarak se ha evaporado. Los militares egipcios exigen implícitamente a Washington que continúe dándole la masiva ayuda militar que provee desde hace décadas, y a Europa inversiones y apoyo político, a cambio de nada excepto una dudosa estabilidad.

En 2014 habrá más represión mientras que los Hermanos Musulmanes oscilarán, y posiblemente se dividirán, entre replegarse en una estrategia de supervivencia clandestina o utilizar la violencia. Algunos expertos alertan que la represión a los islamistas en Argelia en la década de 1990 fue en parte el germen del nacimiento de al-Qaeda y otros movimientos radicales. La persecución a los Hermanos Musulmanes podría tener un resultado similar.
Libia, la fragmentación

El caso libio es una muestra de los problemas que puede acarrear un cambio veloz y violento con intervención internacional de un régimen autoritario cuando no hay una sociedad civil y estructuras políticas para sustituirlo. También aquí ni Estados Unidos ni Europa tienen control e influencia sobre la situación. La tensión entre centenares de milicias –unidas por el nacionalismo y el anti-americanismo– y el débil estado central continuará, a pocos kilómetros de las costas europeas, amenazando el suministro de petróleo y aumentando el número de inmigrantes a través del Mediterráneo.

La fragmentación en Libia agudiza la preocupación sobre el futuro de Siria. Las posibles negociaciones de paz que Naciones Unidas, Estados Unidos y Europa esperan iniciar en Ginebra a finales de enero chocan contra la fragmentación violenta de la oposición y el fortalecimiento del régimen de Bashar al-Assad. Posiblemente la guerra continuará, con enfrentamientos entre grupos radicales suníes aliados con al-Qaeda y organizaciones armadas más moderadas, y todos contra el gobierno de Damasco.

Irán, Rusia y Arabia Saudita son los principales jugadores externos en la guerra en Siria, mostrando las limitaciones de Estados Unidos y Europa. Líbano y Jordania sienten a través de la masiva presencia de refugiados el impacto de esta guerra. En Líbano, particularmente, se agudiza la violencia sectaria entre sectores contrarios y favorables al régimen sirio y Hezbolá.

Rusia e Irán, ganando terreno

Rusia e Irán han ganado posiciones en Oriente Medio en 2013 y proseguirán avanzando este año. Moscú por haber impulsado el acuerdo para la eliminación de las armas químicas sirias. Este paso es parte de la estrategia del presidente Vladimir Putin de resituar a su país como una potencia mundial. Mantener la seguridad durante los juegos olímpicos de invierno será uno de sus mayores desafíos, confrontándose con los grupos jihadistas radicales de Chechenia.

Irán, por su parte, continuará el deshielo con Estados Unidos profundizando el preacuerdo alcanzado en 2013 para poner su programa nuclear bajo control internacional y no producir armas de este tipo. Parte del Congreso de Estados Unidos y los sectores radicales iraníes se opondrán a este paso, pero la combinación del pragmatismo del nuevo liderazgo iraní con una posible firmeza del presidente Barak Obama frente a los opositores podría producir uno de los mayores cambios en décadas en Oriente Medio.

Para Rusia e Irán se abren amplios campos económicos, comerciales y diplomáticos en la región. China también está ampliando su influencia en la región, estableciendo vínculos tanto con Israel como con Irán y Arabia Saudita. Por su parte, Turquía, pese a su crisis política interna, estrecha sus lazos con Irán y tratará de volver a su política de “conflictos cero” con sus vecinos, con el fin de mantener el poderoso mercado regional que ha creado en la última década.

Iraq, aún más violencia

El año ha comenzado con una poderosa ofensiva de grupos armados suníes y al-Qaeda en Iraq. Se trata de los mismos grupos que están operando en Siria, y que tratan de crear una franja de desestabilización. El gobierno iraquí, acusado de favorecer sectariamente al sector chiita de la población, tratará de controlar la insurrección con la ayuda militar de Estados Unidos, pero el país continuará con la escalada violenta mientras le ronda el fantasma de la fragmentación en tres partes: la sunita, la chiita y la kurda.

Curiosamente, Estados Unidos e Irán se encuentran alineados contra el radicalismo sunita aliado con al-Qaeda que asola a Siria, Iraq, Líbano, Yemen y Afganistán. A principios de enero del nuevo año tanto Teherán como Washington ofrecieron ayuda militar al gobierno de Bagdad para combatir la insurgencia.

La capacidad creciente de los actores locales, estatales y no estatales, de operar regional y globalmente será la principal tendencia en 2014 en este mundo multipolar e imprevisible.

Palestinos, desconfianza en el proceso de paz

Por el lado positivo, resaltan dos procesos de paz en marcha que podrían dar resultados en el nuevo año: el colombiano y el israelo-palestino, si bien sobre el del gobierno colombiano y las FARC hay grandes esperanzas y datos que indican que se podría llegar a un acuerdo en 2014 mientras que en el caso de Israel-Palestina las predicciones son pesimistas, pese al esfuerzo del secretario de Estado John Kerry.

El gobierno de Estados Unidos está tratando alcanzar un acuerdo de mínimos, un marco de referencia, que satisfaga a las dos partes. Pero Israel continúa ocupando tierra palestina mientras que reivindica controlar militarmente el valle del río Jordan. Tampoco quiere ceder la parte oriental de Jerusalén para que ahí se establezca la capital de un eventual estado palestino.

A la vez, la Autoridad Palestina es débil y está enfrentada a Hamas, que controla la franja de Gaza. La reconciliación entre Fatah y Hamas se encuentra estancada. En el caso que se llegue a un acuerdo, sería limitado y controvertido, con poco apoyo social entre las dos sociedades, y difícilmente conducirá a su profundización.
Proceso de paz gobierno colombiano y FARC, la esperanza

La principal diferencia entre el proceso israelo-palestino y el colombiano radica en que las FARC y el gobierno del presidente José Manuel Santos tienen la intención política de alcanzar la paz, mientras que Israel negocia para satisfacer limitadamente a Washington, y los palestinos se sientan a la mesa de diálogo desconfiando que, una vez más, de aquí no salga nada que les beneficie.

Si bien las negociaciones en La Habana entre las FARC y el gobierno colombiano se están extendiendo más allá de lo previsto, los datos son promisorios. Si se alcanza un acuerdo el gran desafío será la implementación del mismo, en terrenos tan complejos como la relación entre justicia y paz, una distribución y uso diferente de la tierra, la reintegración de combatientes o rendir cuentas sobre violaciones de derechos humanos.

Por Mariano Aguirre

Tomado de  http://www.espanol.rfi.fr/


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* Mariano Aguirre dirige el Centro Noruego para la Construcción de la Paz (NOREF), en Oslo. www.peacebuilding.no

domingo, 8 de diciembre de 2013

Irán, EE.UU. y la política de pesos y contrapesos

 

El domingo 24 de noviembre de 2013 representantes de los Estados Unidos, otras cuatro potencias nucleares (Rusia; Inglaterra, Francia y China) y Alemania, llegaron a un acuerdo junto a la diplomacia iraní, alcanzando un nuevo nivel en el Sistema Internacional. Por primera vez en 35 años hubo una posibilidad real de distensión entre la superpotencia global y la potencia regional persa. Al aceptar plenas condiciones para que la Agencia Internacional de Energía Atomica (IAEA) tenga libre tránsito en su territorio, la cancillería de Hassan Rouhani garante el mantenimiento de las investigaciones científicas y aleja el riesgo del inminente conflicto bélico.
Después del fiasco del bombardeo no realizado contra las bases del gobierno de Assad en Siria, el Departamento de Estado bajo el mando de John Kerry consigue una relevante victoria puntual. Un Irán fuerte y con condiciones de resurgimiento económico luego de la suspensión parcial del bloqueo es fundamental para la política de pesos y contrapesos en la región.
El primer contrapeso es estratégico. No es del interés de los Estados Unidos que la Rusia de Vladimir Putin tenga –de forma permanente– al Irán (chíita y teocrático) como socio preferencial en la región. Tal alianza subordinaría Teherán a Moscú y reforzaría la posición rusa de reconstrucción de la Comunidad Euroasiática (incluyendo estados musulmanes ex miembros de la Unión Soviética). Un Irán con política exterior independiente es un freno para el expansionismo de Putin. Por más distante que sea del ideal liberal-democrático, el Estado persa es un pívot geopolítico relevante y opera como factor de cohesión y estabilidad para el mundo islámico.
Ya el segundo y tercer contrapesos son más delicados. Estados árabes despóticos aliados de los EE.UU. como Arabia Saudita y Qatar transfieren recursos millonarios en apoyo a los integristas sunitas en Siria e Irak. Tales facciones de Al-Qaeda están en conflicto directo con la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbollah (chíita libanés), los dos últimos soportes del gobierno del clan Assad. Un Irán fortalecido implica en la reducción del doble juego de estas monarquías, que al mismo tiempo que son aliadas comerciales de los EE.UU. también apoyan –como financiadoras– las redes terroristas que estos combaten en su “guerra contra el terror”. Por fin, el tercer contrapeso ya fue manifestado por el gabinete de Netanyahu, clasificandoel acuerdo como “error histórico”. Tel Aviv teme que la política exterior de los Estados Unidos no tenga más –paulatinamente– una alineación automática de la superpotencia con Israel.

Bruno Lima Rocha, es politólogo (phd), profesor de relaciones internacionales y periodista profesional.

www.estrategiaeanalise.com.br
blimarocha@gmail.com

jueves, 21 de noviembre de 2013

La política de EEUU hacia América Latina y el Caribe: una reflexión teórica

En un ensayo publicado en 1993, el profesor Roberto González Gómez, del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, expuso la necesidad de intentar la elaboración de un nuevo paradigma interpretativo de las relaciones internacionales que permitiera enfrentar el dominio casi absoluto ejercido en esta disciplina por las concepciones y escuelas de pensamiento provenientes de los principales centros de poder[1]. Para ello, sugería integrar los mejores aportes de los paradigmas realista, idealista e interdependentista, al tiempo que reivindicaba la vigencia del enfoque marxista y de la teoría de la dependencia en el estudio del fenómeno del imperialismo, cuya sola enunciación en el discurso político y la reflexión académica, en aquellos años de ensueño para el dogma neoliberal, solía ser considerado como un anacronismo.

Esta propuesta planteaba y sigue planteando un enorme desafío intelectual, en la medida en que los paradigmas teóricos, en cualquier disciplina, son presupuestos o postulados fundamentales con los que se pretende simplificar una realidad compleja, con el objetivo de explicarla, y al constituir conjuntos o sistemas de creencias armónicos y autosuficientes, resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, separar o tomar elementos de cada uno de ellos para integrarlos en una especie de súper paradigma que permita superar las respectivas limitaciones o insuficiencias de sus distintas fuentes conceptuales.

Sin embargo, en el sentido de lo propuesto por el profesor Roberto González, es posible y conveniente trabajar en la identificación de puntos de contacto y de la posible complementariedad entre la teoría marxista del imperialismo, particularmente en su versión leninista, y la teoría realista de la política internacional, especialmente en su vertiente neorrealista, para avanzar en la investigación de la política exterior de los estados. Incluso eventualmente se podría aspirar, no sin antes superar importantes dificultades, a lograr una síntesis teórica entre ambas corrientes de pensamiento en el campo de la política internacional. Un esfuerzo de ese tipo sería particularmente relevante para el tema que nos interesa: la política de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe. Se trata de un objeto de estudio tratado ampliamente y desde las más diversas latitudes y perspectivas. Sin embargo, en gran parte de estos trabajos no existe una referencia explícita por parte de sus autores a los modelos teóricos que guían sus respectivos acercamientos, descripciones o explicaciones sobre un fenómeno tan complejo aunque, en algunos casos, tales modelos pueden ser deducibles. Considero que la teoría leninista del imperialismo sigue siendo la base indispensable para el estudio riguroso de la política exterior de cualquier estado imperialista. Por ejemplo, sus definiciones en torno a que el imperialismo “en el aspecto político es, en general, una tendencia a la violencia y a la reacción” y que le “es sustancial la rivalidad de varias grandes potencias en sus aspiraciones a la hegemonía”; así como sus nociones sobre la correlación internacional de fuerzas y su naturaleza cambiante, como resultado del desarrollo desigual entre los distintos países; mantienen, en lo esencial, plena validez[2].

Pero si bien la teoría del imperialismo establece el marco conceptual básico, no es suficiente para el estudio detallado de la política exterior de los estados, sobre todo para comprender o interpretar sus variaciones en el tiempo, entre otras razones, porque este fenómeno no era su centro de atención específico. En este sentido, considero que los especialistas con formación y perspectivas marxistas necesitamos saldar cuentas e incorporar en nuestros enfoques aquellos aportes valiosos provenientes de otras escuelas de pensamiento desarrolladas en los campos de la política internacional y de la política exterior, particularmente del realismo político y, en especial, de su corriente neorrealista.
Usualmente desde posiciones de izquierda existe una visión negativa sobre el realismo político, lo que, en mi opinión, en el mejor de los casos es el resultado de una lectura muy parcial o sesgada de sus principales obras[3]. Obviamente, todo investigador de la escuela realista tiene como centro de atención la política exterior del estado al que sirve, y busca orientarla según lo que considera como sus mejores intereses y de acuerdo a los valores políticos e ideológicos que representa. Pero, conscientes de esto, es necesario también reconocer que el realismo ha desarrollado todo un cuerpo teórico especializado en los campos de la política internacional y de la política exterior que todavía no tiene una alternativa a su misma altura, y que puede ser apropiado por nosotros, en función de los intereses y proyectos de nuestros países latinoamericanos y caribeños. Creo que la superación del realismo es por la vía de su integración dentro de un marco meta teórico general marxista, pues lo que le falta al realismo es precisamente el marxismo. Los puntos de contacto entre la teoría leninista del imperialismo y el realismo son notables. Ambas perspectivas, al analizar la política internacional, son estado-céntricas[4] y le conceden la debida importancia a la correlación internacional de fuerzas (o distribución relativa del poder) entre las principales potencias, así como a los condicionamientos, presiones y restricciones que esto impone a la política exterior de los estados.

Pienso que la convergencia entre ambas perspectivas tendría implicaciones prácticas de gran importancia para el estudio de la política estadounidense hacia nuestra región. Podría ser muy útil, por ejemplo, para resistir la tentación de atribuir un carácter especialmente perverso a la clase dirigente estadounidense y a sus motivaciones de política exterior, y a personificar esto en sus presidentes, sea un W. Bush o un Obama. Cumpliríamos así lo planteado por Martí en su artículo “La verdad sobre los Estados Unidos”:

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes.[5]

Sin dudas la política de los Estados Unidos hacia nuestra región ha estado cargada de una gran perversidad que ha causado cientos de miles de víctimas directas y posiblemente millones de víctimas indirectas.[6] En definitiva, a nivel mundial, se trata del único estado que ha utilizado la bomba atómica premeditadamente contra grandes centros urbanos. Pero si en lugar de los Estados Unidos los latinoamericanos hubiéramos tenido en el norte otra nación con un enorme poder igualmente desproporcionado, probablemente su política hacia nuestra región no hubiera sido muy diferente. Se trata obviamente de una conjetura hipotética imposible de demostrar empíricamente de manera directa, pero la historia es de gran apoyo aquí. No debe olvidarse, por ejemplo, el origen francés de los métodos de represión y tortura aplicados de manera tan profusa en nuestra región, así como el amplio expediente histórico de crímenes y crueldades cometidos por el imperialismo inglés, el francés, el alemán y el japonés, entre otros.[7] En nuestros días, la similitud entre las respectivas políticas exteriores de las potencias imperialistas se observa de manera notable en la alianza tácita entre los Estados Unidos y los principales estados europeos con respecto a los asuntos estratégicos que tienen que ver con América Latina y el Caribe.

Tanto la teoría leninista del imperialismo como el neorrealismo enfatizan el carácter sistémicamente condicionado de la política exterior de los Estados, aunque esto a veces parece olvidarse en los análisis sobre el fenómeno que nos ocupa. Tal olvido se evidencia con particular claridad en vísperas de las elecciones presidenciales estadounidenses, en la generalizada ansiedad con la que en todo el mundo y en América Latina, en particular, dirigentes políticos, funcionarios gubernamentales, analistas políticos y el público en general aguardan los resultados de dichas elecciones, con una esperanza mayoritaria de que triunfe la figura que supuestamente, en lo internacional, será más dialogante, cooperativo y multilateralista, condiciones usualmente asociadas al candidato demócrata. Se parte de la premisa de que es posible un cambio esencial o fundamental, en un sentido positivo, de la política exterior hacia América Latina y el Caribe, aunque no cambien las condiciones sistémicas esenciales del imperialismo estadounidense ni la correlación internacional de fuerzas. De hecho, esta ha sido la promesa de muchos presidentes estadounidenses a lo largo de la historia, jamás cumplida. La última versión fue Obama en la Cumbre de las Américas en Puerto España, Trinidad y Tobago.[8]

En suma, considero que con la posible síntesis conceptual entre la teoría del imperialismo y el neorrealismo, tanto los estudios sobre la política de los Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe, como los proyectos políticos en el orden práctico para enfrentar la hegemonía norteamericana, se dotarían de mayor rigor teórico y científico.También sería más nítida la comprensión de que la política exterior de los Estados Unidos es la política propia de un estado imperialista y de una gran potencia, en este caso una superpotencia, y que siempre debemos esperar que sea esa y no otra. Por tanto, solo es previsible que se manifieste de manera cooperativa o moderada frente a dos tipos de estados: aquellos que se le someten o aquellos que logran desarrollar un poder disuasorio suficiente para preservar su soberanía, ya sea de manera individual o mediante coaliciones.

NOTAS: 

[1] Roberto González Gómez, "La recomposición de las relaciones internacionales en la posguerra fría. La búsqueda de un nuevo paradigma interpretativo desde América Latina", en: Iberoamérica hacia el Tercer Milenio, Instituto Matías Romero, México, D.F, 1993, pp.15-25.

[2] Vladímir Ilich, Lenin. “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, en: Obras escogidas en tres tomos, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú (sin año). Tomo 1, pp. 719-834.

[3] Aunque en la trayectoria del realismo hay otros textos de gran importancia, la “Política entre las naciones” de Morgenthau es considerada la obra cumbre de esta escuela de pensamiento (Hans J. Morgenthau. Politics Among Nations, The Struggle for Power and Peace, Alfred Knopf, Nueva York, 1948). Por su parte, para el texto fundador del neorrealismo,ver: Kenneth N Waltz. Theory of International Politics, Addison-Weslely, Reading, Mass., 1979.

[4] Con todo lo que pueda decirse, y aunque es un tema de mucha discusión, la política internacional contemporánea sigue constituyendo, en lo esencial, un sistema anárquico y estado-céntrico.

[5] José Martí. "La verdad sobre los Estados Unidos”, en: Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975. Tomo 28. Páginas 290-294.

[6]Sobre este saldo trágico puede verse: Luis Suárez Salazar, Madre América. Un siglo de violencia y dolor (1898-1998), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003.

[7]Ver un buen compendio en: El libro negro del capitalismo, Editorial Txalaparta, Tafalla, 2001.

[8] Con esto no quiero decir que no existan diferencias significativas entre las personalidades dirigentes, las fuerzas políticas y los grupos de poder que prevalecen en la conducción de la política exterior de los Estados Unidos en cada momento histórico, ni que esas diferencias no tengan importancia. Dentro del marco del general de una política imperialista común, para América Latina y el Caribe no fue lo mismo la política desarrollada durante el gobierno de Woodrow Wilson que la desarrollada durante el gobierno de Franklin Delano Roosevelt, ambos demócratas, así como no fue tampoco lo mismo la política del gobierno demócrata de Carter que la del gobierno republicano de Reagan. Las decisiones tomadas o dejadas de tomar por los presidentes y otras autoridades estadounidenses pueden determinar el curso de los acontecimientos de manera decisiva, con implicaciones prácticas que se pueden medir incluso en términos de vidas humanas. Estas decisiones, a su vez, están influidas por los respectivos sistemas de creencias, valores y visiones del mundo y del papel de los Estados Unidos en el mismo de los que son portadores estos funcionarios.

 Por Roberto Miguel Yepe Papastamatin

Fuente: Alainet

Tomado de http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1775

Roberto Miguel Yepe Papastamatin es Profesor en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”de La Habana (Cuba)   Ponencia presentada en la I Conferencia de Estudios Estratégicos: “Repensando un mundo en crisis y transformación”, del Centro de Investigaciones de Política Internacional, 16-18 de octubre de 2013, La Habana, Cuba.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Rusia vuelve a la arena mundial como una superpotencia influyente


El acuerdo de Ginebra sobre Siria demostró que la influencia de Moscú en los procesos internacionales aumenta cada vez más. Según destacan varios medios occidentales, "Rusia está de vuelta" y otros Estados tienen la obligación de escuchar su opinión.

El acuerdo que lograron alcanzar Rusia y EE.UU. la semana pasada en Ginerba reveló que la opinión de Moscú está ganando peso en el ámbito internacional y que Rusia no parece estar dispuesta a dar marcha atrás, publicó el periódico 'The Independent'.

Hace solo dos años y medio, EE.UU. y la OTAN no dudaron en invadir Libia, ignorando la postura de Moscú al respecto, y en realizar la operación con el fin de derrocar a Muammar Gaddafi bajo el pretexto de estar llevando a cabo una operación humanitaria limitada.

'The Independent' indica que aparte de la creciente influencia de Rusia en los asuntos mundiales, existe un factor que también afecta a la situación actual: el debilitamiento militar y político de Washington a nivel internacional debido al fracaso de sus operaciones en Irak y Afganistán.

La imagen de EE.UU. se ve afectada también por las recientes decisiones contradictorias de la Casa Blanca sobre Siria y su opinión de que "deshacerse de Bashar al Assad será tan fácil como derrocar a Gaddafi en Libia", subraya el diario.

Asimismo, señala el periódico británico, Europa y EE.UU. olvidaron que el derrocamiento de Gaddafi fue posible solo porque las acciones de los rebeldes libios fueron apoyadas por una campaña militar aérea a gran escala de la OTAN. Si la operación hubiera fracasado, los rebeldes libios nunca habrían ganado por sí solos. Un escenario parecido también se aplica ahora en Siria, de acuerdo con el análisis de 'The Independent'.
'The Wall Street Journal', por su parte, publicó que a causa de la iniciativa del Kremlin, que advirtió a Occidente contra la intervención militar en el país árabe, Moscú se ha convertido en el centro de la arena política mundial, mientras que el acuerdo alcanzado se convirtió en la victoria diplomática más importante para Rusia en muchos años.

La carta abierta del presidente Vladímir Putin dedicada al tema de Siria y publicada el pasado 12 de septiembre en el diario 'The New York Times' supuso un triunfo para los diplomáticos rusos. "Por evitar la guerra aplauden a Putin, no a Obama. Obama convenció a poca gente. La mitad del mundo apoyó a Rusia por tensar la cuerda con EE.UU.", dijo el pasado sábado Alexéi Pushkov, director del Comité para Asuntos Internacionales de la Cámara Baja del Parlamento ruso a traves de su cuenta en Twitter.

Según 'The Independent', el conflicto sirio ha generado una gran controversia, pero Rusia, una superpotencia renaciente que desde el principio se opuso a los planes de EE.UU. y luego logró alcanzar un acuerdo para evitar la intervención militar en Siria, ya "no permitirá la derrota de su protegido".

Tomado de  http://www.politicadigital.com.ar

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