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domingo, 23 de febrero de 2014

No lo olvidemos: Maduro representa la obra de Chávez


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Hoy que he visto cómo te atacan, Nicolás, te satanizan, te tildan de dictador y te hacen centro de la infame guerra ideológica contra la Venezuela Bolivariana, siento indignación. Pareciera que el odio hacia la obra iniciada por Chávez se centrara solo en ti y muchos ingenuos no ven que, al atacarte, agreden a Chávez, a toda su obra y atentan contra el pueblo al que hoy diriges con humildad y sabiduría.

La manipulación contra tu persona es una burda jugada mediática contra lo más puro del ideario bolivariano. Muchas matrices de opinión han tratado de impostar nuestros enemigos: te han atacado de debilidad ante la inseguridad los mismos que la fomentan; te han atacado de no amar la paz cuando siempre -siguiendo las orientaciones de Chávez-, has buscado la convivencia pacífica entre tus conciudadanos; te han atacado de entregar Venezuela a Cuba los que no conocen el verdadero sentido de la solidaridad más pura entre los pueblos; te han tildado de vacilante quienes no saben  que un estadista actúa siempre frente a los acontecimientos en desarrollo con una apreciación dialéctica de los mismos; te han tildado de coartar la libertad de prensa cuando te has enfrentado al tinglado de los grandes medios de comunicación -manipuladores ingeniosos y falsarios-,  con valentía y oportunidad; al igual te han tildado de alejarte de las ideas de Chávez cuando -en realidad-, has logrado continuar su obra transformadora en un escenario complejo y delicado, permeado por una criminal guerra económica, acciones desestabilizadoras, violencia fascista, planes magnicidas, campañas manipuladas desde el exterior, sin dejar de serle fiel como hijo pródigo y consecuente.

Para mí sigues siendo el digno hijo de Chávez y admiro su sabiduría al escogerte para continuar su obra transformadora. Creo que los compañeros venezolanos deben tener en cuenta que el legado de Chávez está en peligro si no se te apoya con la suficiente confianza que mereces. Eres un presidente elegido constitucionalmente y como tal debes ser defendido por los que apoyan sinceramente la democracia. No hacerlo, es fomentar la maligna división que, como guadaña implacable, siempre frustra a las revoluciones sociales. 

Venezuela exige de ti sabiduría y grandes sacrificios, entrega sin límites a la búsqueda de soluciones adecuadas para garantizar la paz y forjar una unidad de todos sus ciudadanos, más allá de las diferencias políticas, las apreciaciones sectarias de la realidad y los viejos odios anquilosados en las gentes.

Aún recuerdo las palabras de Chávez aquel 8 de diciembre de 2012, lleno de certeza sobre la necesidad de continuar su obra en caso de un infausto desenclace: "Y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por ustedes, por la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que —en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales— ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón. Es uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad para continuar, si es que yo no pudiera —Dios sabe lo que hace—, si es que yo no pudiera, continuar con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo, con su don de gente, con su inteligencia, con el reconocimiento internacional que se ha ganado, con su liderazgo, al frente de la Presidencia de la República, dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destino de esta Patria."

Tambien hoy recuerdo algunos párrafos de mi "Mensaje urgente a Nicolás Maduro", publicado en este blog el pasado 5 de diciembre de 2013", que traigo a colación por su total vigencia:

“Un día, allá en Caracas, tuve el alto honor de que varios de ustedes escucharan mis palabras, salidas de lo más profundo de mi corazón. No hablé en nombre de nadie, ni representaba a nadie. Simplemente lo hacía como un latinoamericano más. Me encontraba conmocionado de estar allí, abrazándolos como camaradas y tener la enorme oportunidad, gracias a la sabiduría de la vejez y de haber batallado en las entrañas del monstruo, para ofrecerles mis más humildes consejos.

Ha pasado un tiempo y mi estancia allá ha dejado de ser un secreto. Encontré en ti, Nicolás, a un hombre pleno, incapaz todavía de medir las enormes responsabilidades que caerían sobre ti y el reto enorme de continuar la obra maravillosa  de Chávez. Por ello, cuando te abracé, te dije: "No imaginas el rol que te tocará jugar por Venezuela". Luego les dije a varios de tus compañeros: "Antes de irse a dormir, dediquen unos minutos a mirarse en el espejo, con total transparencia, y pregúntense honestamente, ¿estoy satisfecho por lo que he hecho hoy por Chávez y mi Revolución?" Lo hice, porque eso es lo que debe hacer cada revolucionario verdadero, evaluarse a sí mismo con total honestidad, ser su más duro crítico antes que todo.

 A pesar de tu juventud me llevé un grato recuerdo de ti. Sabía, de antemano que sabrías cumplir el reto, aunque te tocara seguir los pasos de un hombre insustituible y excepcional, de la dimensión que solo he visto en el Che y en Fidel. Chávez es único y pervive así en cada uno de nuestros corazones. Es alguien que no se puede imitar o sustituir enteramente, pero sí seguir lo valioso de su ejemplo y su manera de ver el destino de la Patria. Es alguien sobre el que nunca se hablará en pasado.

Te ha tocado lidiar con grandes confrontaciones y en casi todas has salido airoso. En otras, para ser justo, ha faltado algo, por pequeño que sea.  Sabía que sobre ti caería el más despiadado ataque mediático de nuestros enemigos y muchos de ellos albergarían el absurdo y criminal sueño de atentar contra tu vida y la de tus camaradas. Has ido aprendiendo el valor de la unidad y de dirigir colectivamente, pero siempre junto al pueblo, cercano a él, porque de él hemos surgido y nunca hemos de darle la espalda. Creo que aún queda mucho por hacer para lograr la verdadera unidad que Venezuela necesita de sus hombres más dignos. Unidad que tratan de vulnerar nuestros enemigos y que -en ocasiones-, nosotros mismos vulneramos al no valorar que nuestra lucha ha de ser -primeramente-, inclusiva, lo que supone unirnos con la gente honesta y sincera que, aunque tenga diferentes apreciaciones de la realidad, persiguen nuestros mismos fines. A fuer de ser sincero, aún nos falta un buen trecho para que esa unidad sea tan sólida como lo necesita Venezuela. ¡Apartemos el individualismo, el nepotismo, el amiguismo, las corruptelas, los viejos vicios que minan la pureza de las convicciones, toda aquella brecha que regalamos al enemigo, al no escuchar el sentir y la opinión de nuestros militantes y del pueblo, incluso de esa parte del pueblo, confundido por el discurso mediático de la derecha, para lograr esa ansiada unidad!

Como ven, amigos venezolanos, a pesar de la falaz campaña mediática contra el presidente Maduro, es la hora de apoyarlo incondicionalmente, con el mismo sentido de respeto y admiración con el que los hacemos los revolucionarios en todo el mundo, seguidores de la obra de Chávez, quienes vemos en él la continuidad histórica de una obra maravillosa que pasará a la historia como una de las páginas más hermosas de la humanidad, consternada hoy por la ausencia de aquel hombre maravilloso del que todos aprendimos a ser más dignos, humildes y humanos.

¡No a la intentona golpista contra Nicolás Maduro!

¡No al fascismo!


Percy Francisco Alvarado Godoy.

Un día, allá en Caracas, tuve el alto honor de que varios de ustedes escucharan mis palabras, salidas de lo más profundo de mi corazón. No hablé en nombre de nadie, ni representaba a nadie. Simplemente lo hacía como un latinoamericano más. Me encontraba conmocionado de estar allí, abrazándolos como camaradas y tener la enorme oportunidad, gracias a la sabiduría de la vejez y de haber batallado en las entrañas del monstruo, para ofrecerles mis más humildes consejos.

Ha pasado un tiempo y mi estancia allá ha dejado de ser un secreto. Encontré en ti, Nicolás, a un hombre pleno, incapaz todavía de medir las enormes responsabilidades que caerían sobre ti y el reto enorme de continuar la obra maravillosa  de Chávez. Por ello, cuando te abracé, te dije: "No imaginas el rol que te tocará jugar por Venezuela". Luego les dije a varios de tus compañeros: "Antes de irse a dormir, dediquen unos minutos a mirarse en el espejo, con total transparencia, y pregúntense honestamente, ¿estoy satisfecho por lo que he hecho hoy por Chávez y mi Revolución?" Lo hice, porque eso es lo que debe hacer cada revolucionario verdadero, evaluarse a sí mismo con total honestidad, ser su más duro crítico antes que todo.

A pesar de tu juventud me llevé un grato recuerdo de ti. Sabía, de antemano que sabrías cumplir el reto, aunque te tocara seguir los pasos de un hombre insustituible y excepcional, de la dimensión que solo he visto en el Che y en Fidel. Chávez es único y pervive así en cada uno de nuestros corazones. Es alguien que no se puede imitar o sustituir enteramente, pero sí seguir lo valioso de su ejemplo y su manera de ver el destino de la Patria. Es alguien sobre el que nunca se hablará en pasado.

Te ha tocado lidiar con grandes confrontaciones y en casi todas has salido airoso. En otras, para ser justo, ha faltado algo, por pequeño que sea.  Sabía que sobre ti caería el más despiadado ataque mediático de nuestros enemigos y muchos de ellos albergarían el absurdo y criminal sueño de atentar contra tu vida y la de tus camaradas. Has ido aprendiendo el valor de la unidad y de dirigir colectivamente, pero siempre junto al pueblo, cercano a él, porque de él hemos surgido y nunca hemos de darle la espalda. Creo que aún queda mucho por hacer para lograr la verdadera unidad que Venezuela necesita de sus hombres más dignos. Unidad que tratan de vulnerar nuestros enemigos y que -en ocasiones-, nosotros mismos vulneramos al no valorar que nuestra lucha ha de ser -primeramente-, inclusiva, lo que supone unirnos con la gente honesta y sincera que, aunque tenga diferentes apreciaciones de la realidad, persiguen nuestros mismos fines. A fuer de ser sincero, aún nos falta un buen trecho para que esa unidad sea tan sólida como lo necesita Venezuela. ¡Apartemos el individualismo, el nepotismo, el amiguismo, las corruptelas, los viejos vicios que minan la pureza de las convicciones, toda aquella brecha que regalamos al enemigo, al no escuchar el sentir y la opinión de nuestros militantes y del pueblo, incluso de esa parte del pueblo, confundido por el discurso mediático de la derecha, para lograr esa ansiada unidad!
- See more at: http://percy-francisco.blogspot.com/2013/12/mensaje-urgente-nicolas-maduro.html#sthash.bQ8Ce8KF.dpuf

Un día, allá en Caracas, tuve el alto honor de que varios de ustedes escucharan mis palabras, salidas de lo más profundo de mi corazón. No hablé en nombre de nadie, ni representaba a nadie. Simplemente lo hacía como un latinoamericano más. Me encontraba conmocionado de estar allí, abrazándolos como camaradas y tener la enorme oportunidad, gracias a la sabiduría de la vejez y de haber batallado en las entrañas del monstruo, para ofrecerles mis más humildes consejos.

Ha pasado un tiempo y mi estancia allá ha dejado de ser un secreto. Encontré en ti, Nicolás, a un hombre pleno, incapaz todavía de medir las enormes responsabilidades que caerían sobre ti y el reto enorme de continuar la obra maravillosa  de Chávez. Por ello, cuando te abracé, te dije: "No imaginas el rol que te tocará jugar por Venezuela". Luego les dije a varios de tus compañeros: "Antes de irse a dormir, dediquen unos minutos a mirarse en el espejo, con total transparencia, y pregúntense honestamente, ¿estoy satisfecho por lo que he hecho hoy por Chávez y mi Revolución?" Lo hice, porque eso es lo que debe hacer cada revolucionario verdadero, evaluarse a sí mismo con total honestidad, ser su más duro crítico antes que todo.

A pesar de tu juventud me llevé un grato recuerdo de ti. Sabía, de antemano que sabrías cumplir el reto, aunque te tocara seguir los pasos de un hombre insustituible y excepcional, de la dimensión que solo he visto en el Che y en Fidel. Chávez es único y pervive así en cada uno de nuestros corazones. Es alguien que no se puede imitar o sustituir enteramente, pero sí seguir lo valioso de su ejemplo y su manera de ver el destino de la Patria. Es alguien sobre el que nunca se hablará en pasado.

Te ha tocado lidiar con grandes confrontaciones y en casi todas has salido airoso. En otras, para ser justo, ha faltado algo, por pequeño que sea.  Sabía que sobre ti caería el más despiadado ataque mediático de nuestros enemigos y muchos de ellos albergarían el absurdo y criminal sueño de atentar contra tu vida y la de tus camaradas. Has ido aprendiendo el valor de la unidad y de dirigir colectivamente, pero siempre junto al pueblo, cercano a él, porque de él hemos surgido y nunca hemos de darle la espalda. Creo que aún queda mucho por hacer para lograr la verdadera unidad que Venezuela necesita de sus hombres más dignos. Unidad que tratan de vulnerar nuestros enemigos y que -en ocasiones-, nosotros mismos vulneramos al no valorar que nuestra lucha ha de ser -primeramente-, inclusiva, lo que supone unirnos con la gente honesta y sincera que, aunque tenga diferentes apreciaciones de la realidad, persiguen nuestros mismos fines. A fuer de ser sincero, aún nos falta un buen trecho para que esa unidad sea tan sólida como lo necesita Venezuela. ¡Apartemos el individualismo, el nepotismo, el amiguismo, las corruptelas, los viejos vicios que minan la pureza de las convicciones, toda aquella brecha que regalamos al enemigo, al no escuchar el sentir y la opinión de nuestros militantes y del pueblo, incluso de esa parte del pueblo, confundido por el discurso mediático de la derecha, para lograr esa ansiada unidad!
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domingo, 14 de abril de 2013

Chávez, su legado y la guerra de símbolos


 

 Fue un subversivo en palacio. Un pacifista subversivo. Un militar patriota con gran coherencia entre el decir y el hacer. Como se opuso a reproducir la voz del amo imperial, la élite racista venezolana lo demonizó y estigmatizó: lo llamó loco, negro, zambo, gorila, ordinario, incivilizado. Vía el terrorismo mediático, la plutocracia subordinada y apátrida envenenó a la sociedad con su odio de clase y la polarizó.Hombre radical, de pensamiento crítico y audaz acción política, Hugo Chávez siempre dio la cara y se hizo responsable de sus actos. Como no tuvo precio, no lo pudieron comprar.

Adversario del consenso de Washington y el pensamiento único neoliberal, rompió paradigmas. Y, con Gramsci, se dedicó a construir en su país una nueva hegemonía cultural, ética, democrática de los símbolos y las palabras. Donde decía globalizados puso patria, donde decía emprendedores, clase social. Iconoclasta, antidogmático, soñaba con una sociedad justa, de iguales. Con un nuevo Estado social que no fuera calco ni copia. En su vía pacífica hacia un nuevo Estado del bienestar socializado, utilizó la metodología de Simón Rodríguez: inventar y errar. Cuando erró supo rectificar; los grandes logros de sus inventos son invaluables todavía.Fue el gran educador de una nueva civilidad. Llevó a cabo una auténtica pedagogía popular, crítica, de masas. Utilizó los medios −la televisión en particular− para debatir y concientizar; para desenajenar. Mantuvo un diálogo permanente con los pobres, en quienes inculcó un espíritu histórico, participativo, solidario. Puso el acento en lo colectivo, en lo horizontal organizado. Irradió su pensamiento más allá de las fronteras nacionales y defendió la identidad cultural de Nuestra América, la Patria Grande latinoamericana.Fue el constructor de una nueva arquitectura social. En el seno de un Estado petrolero rentista y clientelar, patrimonialista y vertical, impulsó una revolución democrática. Con eje en un profundo cambio en la correlación de fuerzas, llevó a cabo la transformación del Estado-máquina, utilizándolo como organizador de lo común, de lo civil. De la sociedad. Con el pueblo movilizado generó una nueva institucionalidad y redistribuyó los ingresos de la renta petrolera.Es el suyo un modelo original inconcluso, con sus defectos, vacíos y contradicciones. Chávez concebía el socialismo como una obra de arte. Pensaba que no podía haber soluciones en países aislados ni socialismo en un solo país. Por eso, combinó el nacionalismo revolucionario con el marxismo de Marx, el cristianismo popular y la integración regional bolivariana. 

Al antimperialismo fundacional sumó una base material subregional, con énfasis en las complementariedades y la identidad cultural: ALBA, Petrocaribe, Unasur, Banco del Sur, el Sucre, Telesur, el nuevo Mercosur, la Celac… 

Acusado de dictador por sus detractores, durante sus gobiernos hubo exceso de democracia (Lula dixit). En menos de tres lustros ganó 14 elecciones de 15. Además, se jugó el pellejo por los más humildes. En lo personal decía que le gustaba vivir viviendo la vida. Nunca se quejó. Pero lloró a solas frente a un espejo cuando Fidel le dijo que tenía cáncer.

Murió invicto. Y en lo único que todos coincidieron es en que fue un líder carismático. Álvaro García Linera dice que el liderazgo carismático no es una forma de mitología de las personas −como insiste con fines diversionistas el publicista de Televisa y la ultraderecha hemisférica Enrique Krauze−, sino la sintonía entre el accionar del líder y la voluntad nacional general de la sociedad. Su muerte, ahora, deja un vacío. La pregunta es, ¿qué sigue? Immanuel Wallerstein arriesga que los seguidores de Hugo Chávez intentarán garantizar la continuación de sus políticas institucionalizándolas. Lo que Max Weber llamaba la rutinización del carisma. Pero para un pueblo en movimiento detenerse es retroceder; el enemigo retoma la iniciativa.

De hecho, de cara a los comicios del 14 de abril entre el oficialista Nicolás Maduro Moros y el opositor Henrique Capriles Radonski, la guerra mediática arrecia en el plano simbólico y el uso de imágenes. Venezuela sigue siendo un laboratorio de la guerra de cuarta generación; de la guerra sicológica. En la coyuntura, el especialista en campañas negativas y guerra sucia electoral, Juan José Rendón y los expertos estadunidenses en manipulación de masas, intentan apropiarse de la simbología chavista y enfrentar al mito Chávez con Simón Bolívar.

En una maniobra de distracción y confusionismo ideológico, ante la imposibilidad de ganar los comicios, la misma derecha que vilipendió y secuestró el pensamiento del libertador y lo transformó en un nicho vacío, intenta apropiárselo y usarlo contra quien le dio carácter humano y popularizó su significado político. Si antes se apropiaron de la palabra camino (una de las más usadas por Chávez), la designación del comando de campaña de Capriles con el nombre de Simón Bolívar intenta explotar la dicotomía Chávez/Bolívar.

A la falsificación de la realidad y el uso de referentes simbólicos (incluida la bandera) se suma la estereotipación propia de las operaciones sicológicas. Si Chávez era el inquilino de Miraflores, Maduro es el encargado en palacio y el hombre de Cuba en Venezuela. Al asesinato moral de Chávez (vía CNN, Globovisión, El País, Televisa et al) y la reducción de Maduro a un sacerdote más del culto chavista (Krauze), la reacción suma elementos como reconciliación y diálogo, atribuyendo al otro el odio entre las familias y la catástrofe económica. Caldo de cultivo que en la fase poselectoral podría derivar en denuncias de fraude y desconocimiento de resultados, para generar caos y desestabilización social y facilitar la tipificación de Venezuela como un Estado forajido o canalla a ser intervenido humanitariamente por Washington y sus aliados de la OTAN. En el fondo, es el petróleo, claro.

Carlos Fazio.
La Jornada.


viernes, 18 de enero de 2013

Rafael Correa y Hugo Chávez los más odiados por el sistema

Con el valor se consiguen las coronas y con la prudencia se establecen (Joseph Joubert, 1754-1824)

No cabe duda que en los últimos cinco años, el destino de América Latina ha sido influenciado fuertemente por tres de sus más visionarios y decididos líderes: Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Ellos se han atrevido a enfrentarse al poder globalizado neoliberal promoviendo un proyecto político legitimado en las urnas y en la confianza popular en abierto desafío a toda la presión económica, política y mediática orquestada por los ricos y poderosos del planeta.

Su mensaje de la necesidad de producir cambios en cada uno de sus países y en toda América Latina, para, como dijo Rafael Correa, “tener Patria para siempre” fue entendido por la mayoría de su población y en especial por los desposeídos y marginados. Las recientes elecciones en Venezuela,  en las cuales la mayoría de la población dio su visto bueno para seguir implementando el programa del Socialismo del Siglo XXI y posteriormente el apoyo incondicional que   otorgó  a su convaleciente líder, Hugo Chávez, demuestran una convincente voluntad popular de apoyar el proyecto del gobierno para terminar con la desigualdad social e injusticia y construir un país nuevo, justo, solidario y soberano.

Ahora le toca el turno al Ecuador para decidir en las próximas elecciones presidenciales, que tendrán lugar el 17 de febrero de este año, si da su voto de aprobación al actual presidente Rafael Correa, también partidario del Socialismo del Siglo XXI que  ha estado implementando cautelosamente en su país durante los seis años de su mandato que comenzó en 2006 o preferiría retornar a la política neoliberal de sus predecesores.

No han sido fáciles estos seis años para el presidente Correa. Ha tenido que enfrentarse diariamente a la oposición interna de los oligarcas nacionales para los cuales el estado había sido tradicionalmente la fuente de enriquecimiento y de la protección de su elite que identificó sus intereses con la de sus amos norteamericanos. Para muestra un botón: Bajo la presión de los banqueros nacionales, que formaron sus “bandas bancarias”, el ex presidente Jamil Mahuad decretó la muerte de la moneda nacional sucre en 2002 y dolarizó la economía, siguiendo las pautas del Consenso de Washington.

De acuerdo al economista ecuatoriano, Pedro Páez Pérez, Ecuador viene de una matriz dependiente, de una inserción internacional que parte del hecho colonial. Esa matriz rompió la coherencia entre producción y consumo  y estableció una dependencia comercial que se reprodujo en plano tecnológico y cognitivo”.

La dolarización se convirtió en realidad en una trampa para tratar de cambiar el país estructuralmente y para poder elaborar una política monetaria nacional. Sin embargo, el gobierno de Rafael Correa optó por la no desdolarización, que hubiera sido penosa y dificultosa, inventando una política de liquidez y de cambio real, produciendo un enfado de los sectores izquierdistas radicales. Pero estas medidas han recibido un alto nivel de consenso de la población y han permitido un crecimiento económico de un 6.5 por ciento en 2011 y de un cuatro por ciento en  2012.

También ha tenido que poner fin a la intromisión de la embajada norteamericana en los asuntos internos y externos del país, especialmente el nombramiento de ministros y la elaboración de su política exterior. Su primer gobierno recibió a unas fuerzas armadas nacionales estrechamente ligadas con sus colegas norteamericanos debido a la existencia de la base militar norteamericana de  Manta pero en 2009  fue desmantela, proclamándose Ecuador en 2010 “territorio libre de bases militares extranjeras”.

Correa descubrió entonces que los servicios de inteligencia estaban primero, proporcionando información a la embajada norteamericana y posteriormente, algo a  su gobierno nacional o simplemente escondiendo la información, esto quedó demostrado  en marzo del 2008 cuando las Fuerzas Armadas colombianas bombardearon un campo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los militares colombianos informaron en aquella ocasión a sus homólogos ecuatorianos sobre el bombardeo y la actuación de un destacamento de sus fuerzas especiales en el territorio ecuatoriano.

Según el general colombiano Padilla, la reacción de su contraparte era solidaria y lo paradójico de todo esto fue que el presidente Correa se enteró de la incursión de los militares colombianos en el territorio nacional por los periódicos, mientras que su servicio militar ocultó este hecho a su propio comandante en jefe.

Promover una variante latinoamericana del socialismo en estas condiciones ha tenido que ser una tarea harto difícil, teniendo en cuenta una descarada y cínica guerra mediática nacional e internacional. En setiembre de 2010 Correa tuvo que enfrentar un intento de golpe de Estado que causó 8 muertos  y 275 heridos.

Sin embargo, debido a su persistencia, el apoyo popular, su pragmatismo y prudencia supo acabar con “la noche neoliberal” en su país que duró 30 años y enrumbarlo hacia su nuevo destino para sus 14 millones de habitantes y así tratar de imponer la supremacía del ser humano sobre el capital. Rafael Correa ha enfocado sobre todo los esfuerzos de su gobierno en favor de los sectores más vulnerables de la sociedad ecuatoriana canalizando los recursos para mejorar la educación y el sistema de la salud pública.

El índice de la pobreza bajó en los seis años del 56 por ciento al 28.6 por ciento y el desempleo es alrededor del 5 por ciento, pero el subempleo es todavía de 44.2 por ciento y su reducción constituye una de las metas del gobierno.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) anunció recientemente que en 2012 se crearon 130,000 empleos más que en 2011. El sueldo mínimo se incrementó y actualmente es de 350 dólares al mes, también fueron creados varios bonos para ayudar a los más necesitados. Según Rafael Correa, “se han eliminado muchas formas de explotación, como la tercerización, los contratos por horas y ha crecido la afiliación a la seguridad social”.
El servicio de la deuda externa bajó del 24 por ciento del presupuesto del Estado en 2006 al 4 por ciento en 2012 anunciando el fin del entreguismo.El escritor y filósofo brasileño, Emir Sader considera en su libro “El Nuevo Topo” que “Ecuador y Bolivia tienen procesos más orgánicos, más equilibrados entre la transformación social y la del Estado”.

La clase media y popular están en mejores condiciones pero los ricos también están mucho mejor. Dice Rafael Correa que uno de los defectos de su gobierno ha sido que “el modelo de la acumulación no lo hemos podido cambiar drásticamente. Básicamente estamos haciendo  mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo de perjudicar a los ricos, pero si es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa”.

Precisamente este intento de mejorar y democratizar la sociedad y produce rechazo de la oligarquía nacional que tiene a su disposición un 90 por ciento de los medios de comunicación con los que han desatado una abierta guerra mediática contra Rafael Correa, acusándolo de ser comunista, chavista, dictador,  antinorteamericano etc.

Sus detractores no toman en cuenta la aceptación de su gestión por el pueblo ecuatoriano y el respeto internacional que ganó Rafael Correa a nivel internacional, especialmente después de conceder el asilo diplomático al fundador de WikiLeaks, Juan Assange en la embajada ecuatoriana en Londres. Fue el único líder latinoamericano que desde la preparación de la última Cumbre de las Américas tuvo el valor de declarar que no asistirá el evento si Cuba no será invitada y cumplió su palabra mientras sus compañeros del ALBA pasaron por momentos de indecisión.

Es conciso y drástico en sus conclusiones y planteamientos sin ser ofensivo y el aprecia estas cualidades. Según las últimas encuestas, Rafael Correa tiene el 60 por ciento del apoyo de su pueblo y podría ganar las elecciones presidenciales el 17 de febrero próximo en la primera vuelta frente a un homogenizado grupo de adversarios. 

Rafael Correa, es realista y asegura que “yo estoy de paso, el poder es de ustedes, pueblo digno que se ha hecho merecedor de días mejores”. 

También es consciente que su vida corre el peligro al admitir el pasado 6 de enero, según la agencia francesa AFP, que la CIA podría estar tramando un atentado contra él, señalando que “son cosas creíbles, porque han sucedido en América Latina”.Sin embargo piensa que tanto Hugo Chávez, como Evo Morales y él mismo son necesarios para América Latina pero “no somos imprescindibles y el proceso revolucionario en nuestra América Latina debe seguir”. Ahora le toca al pueblo ecuatoriano dar su veredicto el próximo 17 de febrero.

Columna semanal por Vicky Peláez, Opiniones
Ria Novosti

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