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lunes, 1 de septiembre de 2014

Fidel: Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre

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La sociedad mundial no conoce tregua en los últimos años, particularmente desde que la Comunidad Económica Europea, bajo la dirección férrea e incondicional de Estados Unidos, consideró que había llegado la hora de ajustar cuentas con lo que restaba de dos grandes naciones que, inspiradas en las ideas de Marx, habían llevado a cabo la proeza de poner fin al orden colonial e imperialista impuesto al mundo por Europa y Estados Unidos.


En la antigua Rusia estalló una revolución que conmovió al mundo.


Se esperaba, que la primera gran revolución socialista tendría lugar en los países más industrializados de Europa, como Inglaterra, Francia, Alemania y el Imperio Austrohúngaro. Ésta, sin embargo, tuvo lugar en Rusia, cuyo territorio se extendía por Asia, desde el norte de Europa hasta el Sur de Alaska, que había sido también territorio zarista, vendido por unos dólares al país que sería posteriormente el más interesado en atacar y destruir la revolución y al país que la engendró.


La mayor proeza del nuevo Estado fue crear una Unión capaz de agrupar sus recursos y compartir su tecnología con gran número de naciones débiles y menos desarrolladas, víctimas inevitables de la explotación colonial. ¿Sería o no conveniente en el mundo actual una verdadera sociedad de naciones que respetara los derechos, creencias, cultura, tecnologías y recursos de lugares asequibles del planeta que a tantos seres humanos les gusta visitar y conocer?¿Y no sería mucho más justo que todas las personas que hoy, en fracciones de segundo se comunican de un extremo a otro del planeta, vean en los demás un amigo o un hermano y no un enemigo dispuesto a exterminarlo con los medios que ha sido capaz de crear el conocimiento humano?

domingo, 14 de abril de 2013

Chávez, su legado y la guerra de símbolos


 

 Fue un subversivo en palacio. Un pacifista subversivo. Un militar patriota con gran coherencia entre el decir y el hacer. Como se opuso a reproducir la voz del amo imperial, la élite racista venezolana lo demonizó y estigmatizó: lo llamó loco, negro, zambo, gorila, ordinario, incivilizado. Vía el terrorismo mediático, la plutocracia subordinada y apátrida envenenó a la sociedad con su odio de clase y la polarizó.Hombre radical, de pensamiento crítico y audaz acción política, Hugo Chávez siempre dio la cara y se hizo responsable de sus actos. Como no tuvo precio, no lo pudieron comprar.

Adversario del consenso de Washington y el pensamiento único neoliberal, rompió paradigmas. Y, con Gramsci, se dedicó a construir en su país una nueva hegemonía cultural, ética, democrática de los símbolos y las palabras. Donde decía globalizados puso patria, donde decía emprendedores, clase social. Iconoclasta, antidogmático, soñaba con una sociedad justa, de iguales. Con un nuevo Estado social que no fuera calco ni copia. En su vía pacífica hacia un nuevo Estado del bienestar socializado, utilizó la metodología de Simón Rodríguez: inventar y errar. Cuando erró supo rectificar; los grandes logros de sus inventos son invaluables todavía.Fue el gran educador de una nueva civilidad. Llevó a cabo una auténtica pedagogía popular, crítica, de masas. Utilizó los medios −la televisión en particular− para debatir y concientizar; para desenajenar. Mantuvo un diálogo permanente con los pobres, en quienes inculcó un espíritu histórico, participativo, solidario. Puso el acento en lo colectivo, en lo horizontal organizado. Irradió su pensamiento más allá de las fronteras nacionales y defendió la identidad cultural de Nuestra América, la Patria Grande latinoamericana.Fue el constructor de una nueva arquitectura social. En el seno de un Estado petrolero rentista y clientelar, patrimonialista y vertical, impulsó una revolución democrática. Con eje en un profundo cambio en la correlación de fuerzas, llevó a cabo la transformación del Estado-máquina, utilizándolo como organizador de lo común, de lo civil. De la sociedad. Con el pueblo movilizado generó una nueva institucionalidad y redistribuyó los ingresos de la renta petrolera.Es el suyo un modelo original inconcluso, con sus defectos, vacíos y contradicciones. Chávez concebía el socialismo como una obra de arte. Pensaba que no podía haber soluciones en países aislados ni socialismo en un solo país. Por eso, combinó el nacionalismo revolucionario con el marxismo de Marx, el cristianismo popular y la integración regional bolivariana. 

Al antimperialismo fundacional sumó una base material subregional, con énfasis en las complementariedades y la identidad cultural: ALBA, Petrocaribe, Unasur, Banco del Sur, el Sucre, Telesur, el nuevo Mercosur, la Celac… 

Acusado de dictador por sus detractores, durante sus gobiernos hubo exceso de democracia (Lula dixit). En menos de tres lustros ganó 14 elecciones de 15. Además, se jugó el pellejo por los más humildes. En lo personal decía que le gustaba vivir viviendo la vida. Nunca se quejó. Pero lloró a solas frente a un espejo cuando Fidel le dijo que tenía cáncer.

Murió invicto. Y en lo único que todos coincidieron es en que fue un líder carismático. Álvaro García Linera dice que el liderazgo carismático no es una forma de mitología de las personas −como insiste con fines diversionistas el publicista de Televisa y la ultraderecha hemisférica Enrique Krauze−, sino la sintonía entre el accionar del líder y la voluntad nacional general de la sociedad. Su muerte, ahora, deja un vacío. La pregunta es, ¿qué sigue? Immanuel Wallerstein arriesga que los seguidores de Hugo Chávez intentarán garantizar la continuación de sus políticas institucionalizándolas. Lo que Max Weber llamaba la rutinización del carisma. Pero para un pueblo en movimiento detenerse es retroceder; el enemigo retoma la iniciativa.

De hecho, de cara a los comicios del 14 de abril entre el oficialista Nicolás Maduro Moros y el opositor Henrique Capriles Radonski, la guerra mediática arrecia en el plano simbólico y el uso de imágenes. Venezuela sigue siendo un laboratorio de la guerra de cuarta generación; de la guerra sicológica. En la coyuntura, el especialista en campañas negativas y guerra sucia electoral, Juan José Rendón y los expertos estadunidenses en manipulación de masas, intentan apropiarse de la simbología chavista y enfrentar al mito Chávez con Simón Bolívar.

En una maniobra de distracción y confusionismo ideológico, ante la imposibilidad de ganar los comicios, la misma derecha que vilipendió y secuestró el pensamiento del libertador y lo transformó en un nicho vacío, intenta apropiárselo y usarlo contra quien le dio carácter humano y popularizó su significado político. Si antes se apropiaron de la palabra camino (una de las más usadas por Chávez), la designación del comando de campaña de Capriles con el nombre de Simón Bolívar intenta explotar la dicotomía Chávez/Bolívar.

A la falsificación de la realidad y el uso de referentes simbólicos (incluida la bandera) se suma la estereotipación propia de las operaciones sicológicas. Si Chávez era el inquilino de Miraflores, Maduro es el encargado en palacio y el hombre de Cuba en Venezuela. Al asesinato moral de Chávez (vía CNN, Globovisión, El País, Televisa et al) y la reducción de Maduro a un sacerdote más del culto chavista (Krauze), la reacción suma elementos como reconciliación y diálogo, atribuyendo al otro el odio entre las familias y la catástrofe económica. Caldo de cultivo que en la fase poselectoral podría derivar en denuncias de fraude y desconocimiento de resultados, para generar caos y desestabilización social y facilitar la tipificación de Venezuela como un Estado forajido o canalla a ser intervenido humanitariamente por Washington y sus aliados de la OTAN. En el fondo, es el petróleo, claro.

Carlos Fazio.
La Jornada.


jueves, 28 de marzo de 2013

Venezuela, el vuelo del cóndor y las ideas revolucionarias

 
Caracas. La batalla de las ideas adquiere una importancia decisiva frente al asalto del gran capital contra las conquistas históricas de los pueblos y las condiciones de reproducción de la vida en el planeta.
En América Latina y el Caribe se refleja muy nítidamente pues como en ninguna otra parte del mundo en el siglo 21, las luchas sociales hicieron surgir un bloque de líderes y gobiernos que en distintos grados se oponen al neoliberalismo y han hecho revivir el pospuesto ideal bolivariano y martiano de unidad latinocaribeña. Estos acontecimientos, catalizados luego de la irrupción de Hugo Chávez en la palestra política(1992), han posicionado a nuestra región como un interlocutor internacional crecientemente autónomo e influyente. También han elevado la conciencia política popular de un modo en que el capital cada vez puede ejercer menos la dominación cultural por los medios tradicionales, como se observa diáfanamente en Venezuela.
Aquí, el impacto en los revolucionarios de la desaparición física del jefe histórico de la revolución ha hecho rodar por tierra los pronósticos de la mafia mediática. Lejos de cundir el desaliento y la división, se ha reforzado la unidad y combatividad del chavismo, que se dirige a conquistar para su candidato Nicolás Maduro una rotunda victoria en la elección presidencial del 14 de abril. Al imperio no le queda más recurso que la desestabilización. Así se analizó en el X Encuentro de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad que el 25 y 26 de marzo debatió en esta capital el pensamiento y la acción de Chávez En este contexto cobra gran actualidad Cuba: ¿revolución o reforma? (La Habana, 2012), libro del ensayista y periodista cubano Enrique Ubieta, ya que aunque su eje es el debate cultural en torno a la revolución cubana, la argumentación empleada trasciende los límites de la isla. La cultura contrarrevolucionaria –dice el autor– sólo puede entenderse desde un enfoque global.
Ubieta desnuda y demuele los estereotipos neoconservadores y posmodernos, mostrando fehacientemente la enorme pobreza intelectual, moral y espiritual que albergan. A partir de una discusión exhaustiva de las aseveraciones del pensamiento contrarrevolucionario cubano e internacional, el autor desmonta sus trampas, eufemismos y emboscadas semánticas y retóricas. Como explica en las palabras iniciales, no es un libro para objetar a personas concretas; la polémica sigue el hilo conductor de la propuesta cultural que intenta restaurar el capitalismo en Cuba, y los argumentos de sus principales exponentes.
En la primera sección del volumen, El vuelo del Cóndor: revolucionarios versus reformistas, Ubieta aborda un tema decisivo para comprender la tradición revolucionaria cubana: la coincidencia entre lo necesario y lo útil. Nos explica que el primer acto útil en pos de la independencia fue inevitablemente de justicia: la liberación de los esclavos.En las condiciones de Cuba, si se quería alcanzar la independencia había que movilizar al grueso de la población tras ese objetivo, que a su vez exigía la abolición de la esclavitud.
Las necesidades vitales de la población sólo podían ser alcanzadas desde presupuestos éticos, sentencia el autor, un principio que se ha mantenido invariablemente a lo largo de la historia cubana. Allí reside un antagonismo de primer orden con el pensamiento de derecha nacional, particularmente con la versión actual, más pragmática y cínica que sus antecesoras, enarbolada por la contrarrevolución en los textos de autores como Rafael Rojas y Carlos Alberto Montaner, por mencionar dos de los más conocidos.
Ubieta argumenta cómo el apego de los ideólogos contrarrevolucionarios al deber ser teleológico se contrapone al martiano poder ser, la utilidad de la virtud, que no reduce la verdad a lo meramente visible. Este es el vuelo del cóndor, que pide sacrificio, pero es indispensable al interés de la patria. Lo otro es insectear, vocablo creado por Martí para calificar al culto positivista por los meros datos ausentes de alma y horizonte. Insectear conduce inevitablemente a la subordinación a Estados Unidos pues si se analiza desde el racionalismo frío ¿cómo podría el pueblo cubano sostener la independencia frente a un poder tan formidable?
El nuevo libro de Ubieta llega en buen momento, cuando nuestros pueblos quieren volar como el cóndor y las oligarquías se empecinan en hacerlo como insectos.

 Ángel Guerra Cabrera
Twitter: aguerraguerra

Tomado de  http://www.jornada.unam.mx

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