viernes, 18 de marzo de 2016

La ultraderecha cubano americana paga a Berta Soler, pero la desprecia.



Si alguien aún duda lo dicho en el título de esta nota, basta con recordarle lo sucedido a fines de mayo del 2013 durante el homenaje al grupúsculo mercenario “Damas de Blanco”, organizado nada menos que por el alcalde de Coral Gables, James Cason., personaje que estuvo al frente de la SINA en La Habana y que recibió acertadamente el mote de “El cabo Cason”, dada su permanente intromisión como jefecillo de los contrarrevolucionarios  al arengarlos y darles órdenes para desarrollar todo tipo de provocación.

Al referido evento –desarrollado en el selecto Coral Gables Country Club en el que los negros brillan por su ausencia y todo rezuma elitismo– acudió la flor y nata del llamado “exilio histórico”, pagando el cubierto alrededor de los 300 USD por comensal.

Entre los principales asistentes estuvieron Carlos Gutiérrez, ex secretario de Comercio de EEUU; Carlos Alberto Montaner y su esposa; Jaime Suchlicki; Felipe Vals, Diego Suárez; Gus Machado y Fausto Día, entre otros.

Lo sorprendente del caso es que si dicho acto era para “homenajear a Las Damas de Blanco se decidió ignorar a Berta Soler y no invitarla al mismo, a sabiendas de que la misma andaba por esos días en Miami. ¿Acto deliberado de discriminación o de desprecio? Para justificar tal desdén hicieron coincidir el homenaje con una conferencia de prensa auspiciada por el Miami Dade College.


La razón realmente fue otra, ninguno de los presentes y los socios del Coral Gables Country Club aceptarían violar las reglas de admisión de tan selecto lugar al dejar entrar al mismo a una mujer de piel negra, inculta y, además, considerada por todos como una empleada más. Optaron por invitar entonces a Yolanda Huerga, representante del grupúsculo en EEUU –quien rompiera con la Soler luego de acusarla de incapaz y corrupta–, quien cumplía los parámetros de aceptación de esta élite discriminatoria: era blanca y culta.

Fue un mero acto social para reconocer a sus mercenarios dentro de la Isla. Pero lo cierto es que este hecho no pudo esconder una triste verdad: “Roma paga a los traidores, pero los desprecia.

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