
Washington— La Policía y agentes federales detuvieron el auto
en un suburbio al norte de Denver. Un agente del Buró Federal de
Investigaciones (FBI) le mostró su insignia. El conductor no se mostró
sorprendido. “Amigo”, dijo. “Los he estado esperando”.
De tal manera, Jesús Audel Miramontes-Varela bajó de la BMW X5, modelo 2002 de su esposa, para caer en los brazos del FBI.
En los días siguientes, tanto en su rancho en Colorado como en una casa
de seguridad proporcionada por el FBI en Albuquerque, el jefe del
cártel mexicano de los Carrillo Fuentes –de quien según se dice dejó que
una de sus víctimas fuera devorada por leones en México– se transformó
en uno de los más grandes informantes de la agencia federal en la
fronteras del suroeste.
Alrededor de una mesa de comedor en agosto del 2010, ante una cámara de
video sobre la misma, Miramontes-Varela, de 34 años de edad, confesó
haber sido líder del Cártel de Juárez, según las 75 páginas de reportes
del interrogatorio del FBI, obtenidas por el Times/Buró del Washington
Tribune.
Miramontes habló sobre las rutas de la mariguana y la cocaína en
California, Nueva York y los Grandes Lagos. Describió los tiroteos que
dieron muerte a 30 personas en un hipódromo en México, y una fosa oculta
masiva donde fueron enterrados 20 cuerpos, incluyendo dos residentes
estadounidenses.
Les dijo sobre sus leones africanos, los cuales fueron adquiridos como
cachorros de circo. La historia sobre dejar que estos leones se comieran
a uno de sus enemigos es totalmente falsa, aseveró, pero les dijo que
ya había visto mucha “violencia y sufrimiento”.
Dijo también a los agentes que estaba desesperado por intercambiar sus
conocimientos por la protección del gobierno. Quería una nueva vida para
él, su esposa y sus tres hijas.
Una semana después, Miramontes-Varela se declaró culpable en una corte
federal de Nuevo México de un delito menor por posesión de un arma de
fuego siendo un inmigrante ilegal. Luego desapareció, seguramente por
medio del programa de protección a testigos.
Los oficiales del FBI en Arizona y Washington se rehusaron a dar un
comentario sobre Miramontes-Varela, haciendo alusión a la política del
buró que les impide hablar sobre sus informantes.
Pero los documentos ofrecen mucha información.
Durante las sesiones del interrogatorio, Miramontes-Varela “dio a
conocer información significativa sobre las actividades del
narcotráfico”, decían los documentos, dando pie a varios exitosos
operativos policiales en Estados Unidos y México.
***
Luego que Miramontes-Varela fuera detenido en Brighton, Colorado, los
agentes lo llevaron de regreso a su rancho. Le aconsejaron a él y a su
esposa, Mari, de que era “el sujeto de una investigación del FBI por
estar involucrado en narcotráfico, tráfico de armas, lavado de dinero y
transportación interestatal de propiedad robada”.
Le leyeron sus derechos en español. Miramontes llamó a un abogado;
hablaron calladamente en español. Miramontes-Varela colgó el teléfono y
se volvió de nuevo hacia los agentes y les preguntó: “¿Por donde quieren
empezar?”
Primeramente, le dijeron: “¿Tiene algún arma de fuego?”
Miramontes mencionó una pistola Glock semi-automática negra de 9
milímetros, la cual dijo que la había comprado tras haber sido baleado
en El Paso. Los agentes pidieron verla. “Sí, sí, no hay problema”, dijo.
Caminó hacia una caja fuerte en el suelo que se encontraba en una
esquina de la sala, la abrió y les entregó la pistola.
Los agentes llevaron a la pareja a una casa de seguridad del FBI en
Albuquerque. Adentró apuntaron hacia dos cámaras. Una estaba en la
recámara principal, donde Miramontes-Varela y su esposa se quedarían.
Los agentes le mostraron que estaba desconectada y que la habían
cubierto con una bolsa de plástico blanca. “Muy bien”, dijo Miramontes.
Miramontes-Varela habló con ellos alrededor de la mesa del comedor, donde estaba la otra cámara, la cual estaba encendida.
***
Fue entonces cuando contó su historia. Era el tercero de 10 hijos,
nacido en Terrero, México, y creció en Namiquipa, Chihuahua. Se casó
cuando tenía 18 años y su esposa 15. Se cruzaron a los Estados Unidos de
manera ilegal por Nogales, Arizona, “para hacer dinero”, dijo.
Se establecieron en Denver. Miramontes-Varela instalaba paneles de
yeso. Pero a finales de los 90s, su hermano Yovany, perdió un brazo en
un accidente con un tractor, y Miramontes-Varela regresó a casa. Se
dedicó a cosechar manzanas y al comercio del ganado.
A principios del 2002, dijo, el cártel de Juárez llegó a Namiquipa.
Pedro Sánchez, conocido como El Tigre, controlaba la situación. Él le
ofreció a Miramontes-Varela un trabajo en el que debía cobrar un
impuesto de 35 mil dólares a los cultivadores de mariguana.
Cada 15 días los cultivadores transportaban 20 toneladas de mariguana a
una bodega local, de donde era enviada hacia el norte, cruzando por El
Paso. Las ganancias eran entonces canalizadas de vuelta al cártel y a
los cultivadores.
Un día el ejército llegó y se suscitó un tiroteo. “El presidente
municipal y el tesorero del pueblo fueron asesinados”, dijo
Miramontes-Varela. Luego, El Tigre fue arrestado.
En el 2008, Miramontes-Varela huyó con su familia a El Paso. Cuando ya
no regresó a su pueblo, el cártel quemó su rancho y robó su ganado,
todas las 120 vacas que tenía. Ya no quería más violencia, dijo.
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Esa parte de la historia, según el FBI, no era verdadera.
Miramontes-Varela se movía por varios ranchos entre Nuevo México y
Colorado, dijeron, usualmente en un auto blindado con guardaespaldas, y
comenzó su propia operación de tráfico de drogas y de armas.
Cuando un mensajero fue arrestado con 18 kilos de cocaína,
Miramontes-Varela le ofreció a la familia de este hombre a que escogiera
una de sus 16 casas en México, incluyendo su “casa grande”, esto según
intervenciones telefónicas mencionadas en los documentos.
En marzo del 2010, el FBI lo identificó como el líder de la
Organización de Narcotráfico de Miramontes-Varela”, la cual tiene sus
nexos con los cárteles de Juárez, Sinaloa y el de Los Zetas. Por parte
de dos fuentes confidenciales y dos intervenciones telefónicas, los
agentes se enteraron que su organización había robado tractores en los
Estados Unidos y los había llevado a México como pago por cargamentos
perdidos.
Una sola deuda alcanzaba los 670 mil dólares. También se enteraron que
uno de los jefes de Miramontes-Varela en Mexico, “Temoc”, fue torturado y
asesinado por los sinaloenses.
El Buró de Alcohol, Tabaco, Explosivos y Armas de Fuego (ATF), también
quería arrestarlo. Habían rastreado una compra ilegal de armas de 250
mil dólares hecha por Miramontes-Varela y su hermano a través de la
fallida operación de vigilancia de Rápido y Furioso en Arizona. Los
agentes del FBI se amañaron una cámara en un poste afuera de su rancho
cerca de Santa Teresa, Nuevo México.
Pero Miramontes-Varela se dio cuenta. Cinco de sus hombres, en dos
vehículos siguieron a un agente de vigilancia por 90 minutos, luego
poncharon sus llantas.
Más ominoso aún, El FBI se enteró que Miramontes-Varela y su
organización habían sobornado a oficiales de Estados Unidos en El Paso y
Nuevo México. Decidieron que era tiempo de aprehenderlo. El 18 de
agosto del 2010, lo siguieron al salir de su rancho en Colorado. Visitó
brevemente una tienda Walgreens, luego la patrulla estatal lo detuvo. Lo
atraparon a las 11:20 a.m.
***
En el comedor de la casa de seguridad, los agentes desplegaron varios
mapas, y Miramontes-Varela dibujó las rutas de contrabando. Dijo que era
fácil adquirir armamento en este país, incluyendo rifles calibre .50.
“Buenos para el uso de francotiradores a larga distancia”, dijo.
También dio a conocer las jerarquías del cártel. Uno de los jefes tenía
cicatrices de bala en sus brazos y hombros. En los asesinatos en el
hipódromo, el jefe llevaba una máscara. Algunos cambiaron de bando;
otros murieron por balas perdidas.
Y les dijo sobre la fosa masiva en Palomas, México. Las autoridades
desenterraron 20 cuerpos en descomposición. Miramontes-Varela, el nuevo
informante del FBI, decía la verdad. (Richard A. Serrano/Los Angeles
Times)