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viernes, 9 de octubre de 2015

Pinochet ordenó asesinato de canciller Orlando Letelier

Augusto Pinochet nunca fue enjuiciado por el caso.LA

Los documentos desclasificados que Estados Unidos entregó a Chile otorgan por primera vez pruebas concluyentes de que el dictador Augusto Pinochet ordenó el asesinato del entonces canciller chileno Orlando Letelier, en Washington en 1976, afirmó ayer el hijo del diplomático.

En uno de los documentos se ve “una comunicación entre el secretario de Estado George Shultz (1982-1989) con la Presidencia, donde informa que hay un documento concluyente de la CIA sobre la responsabilidad de Pinochet, donde ordenó el asesinato de mi padre”, dijo Juan Pablo Letelier, hijo del excanciller y actual senador del Partido Socialista chileno, en una entrevista con Tele13 Radio. Si bien se intuía la participación de Pinochet, es la “primera vez que hay documentos que evidencian eso”, agregó el senador.

sábado, 19 de septiembre de 2015

El manual de la DINA en Chile

The Clinic tuvo acceso al manual de “Operaciones Secretas” de la DINA, documento en que los jefes de la policía secreta recomiendan por escrito a sus agentes “vulnerar la ley” y “tomar medidas drásticas” cuando fuere necesario. Este artículo fue publicado con la firma de Mauricio Weibel Barahona en The Clinic, el 11 de septiembre de 2013.

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La dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990) recomendó por escrito a sus agentes quebrantar reiteradamente la ley dentro y fuera de Chile como parte clave de su actuar, además de “tomar medidas drásticas” cuando fuera necesario, revela el inédito manual de “Operaciones Secretas” de la DINA, en poder hoy de The Clinic, a 40 años exactos del Golpe militar.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Procesan en Chile a 15 por el asesinato de Soria Espinoza

Tras décadas de impunidad y verdades a medias, la Corte Suprema de Justicia ordenó someter a proceso a 15 ex torturadores y asesinos de la siniestra Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) por el homicidio del ex funcionario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Carmelo Soria Espinoza, ultimado el 14 de julio de 1976.

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Carmelo Soria y sus hijos
En fallo dividido, la Segunda Sala del máximo tribunal -integrada por los ministros Haroldo Brito, Gloria Ana Chevesich, Carlos Aránguiz, Andrea Muñoz y Carlos Cerda- revocaron la decisión del ministro instructor del máximo tribunal Lamberto Cisternas que rechazó los procesamientos, ordenando que sean procesados los criminales Pedro Espinoza Bravo, Raúl Iturriaga Neumann, Guillermo Salinas Torres, Jaime Lepe Orellana, René Quilhot Palma y Pablo Belmar Labbé.

Lo mismo respecto de Michael Vernon Townley y Armando Fernández Larios, ambos refugiados en Estados Unidos y protegidos por ese país, y los exiliados cubanos Virgilio Paz Romero y Juan Morales Salgado, ambos fuera del alcance de los tribunales locales.

sábado, 8 de agosto de 2015

Archivos secretos de la DINA fueron enviados a Alemania

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El fallecido Manuel Contreras, ex jefe de la DINA envió archivos secretos de esta agencia a Alemania.
En torno al ex director de la DINA se tejieron una serie de historias relacionadas con el alcance de su poder o el grado de influencia que tuvo más allá de las fronteras nacionales.

Quizás una de las más llamativas sea la de 23 maletas o bultos con los archivos secretos de la DINA que habrían sido sacados del país en 1978, pocos meses después que el organismo fuera desmantelado y reemplazado por la CNI. ¿El destino? Sieburg, ciudad alemana en la región de Renania-Westfalia y cuna del ex jerarca de Colonia Dignidad, Paul Schaefer.

Según reportajes que abordaron el tema, una vez defenestrado Contreras habría enviado al país europeo 12 contenedores con documentos, seguidos de tres paquetes más entre el 22 y 25 de mayo de ese mismo año.

domingo, 5 de abril de 2015

Estados Unidos protege a un represor de la dictadura chilena

El juez estadounidense John Bates falló esta semana a favor de Michael Townley, ex agente de la CIA y de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), la policía secreta del dictador Augusto Pinochet en Chile; acusado de haber asesinado al diplomático español Carlos Soria en 1976, por lo que había sido condenado a indemnizar a la familia por la tortura y muerte de Soria con siete millones de dólares. "No podemos obligar a Michael Townley a pagar”, falló Bates, amparándose en que Townley está inserto en el programa de testigos protegidos. Según reveló el diario español El País, el juez de distrito reconoció en una sentencia de 13 páginas que su veredicto "no ayuda en nada” a Laura González-Vera, viuda de Soria, a pesar de que los tribunales habían determinado con anterioridad que Townley debía pagar el dinero.
 
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Michael Vernon Townley Welsch (n. 9 de diciembre de 1942), ciudadano estadounidense que fue agente sicario de la CIA. Se le sindica la autoría material en los atentados a Orlando Letelier, Ronny Moffit y Carlos Prats bajo instrucciones de la CIA y de la DINA durante la Dictadura Militar del General Augusto Pinochet.Uno de los presumibles asesinos del poeta Pablo Neruda.
Townley, de nacionalidad estadounidense, habría además participado en el secuestro y asesinato del diplomático español en 1976. Desde hace más de 30 años, vive en Estados Unidos bajo el programa de testigos protegidos administrado por el Gobierno federal. Antes había pasado cinco años en la cárcel por el asesinato del embajador chileno en Estados Unidos, Orlando Letelier. (NR: Michael Townley fue sometido a juicio en Estados Unidos junto a otros tres oficiales de la DINA (en ausencia ya que Pinochet se negó a extraditarlos), fue condenado; pero a cambio de información vital fue liberado bajo el programa de protección especial de testigos, actualmente vive bajo otro nombre en algún lugar de los Estados Unidos.)

El hecho de que esté inscrito en el programa bloquea la información sobre su paradero, posición financiera, actividades, por lo cual se limita la capacidad de los querellantes de forzarlo pagar. Aunque la familia demandó al Gobierno de EE UU para que entregue datos sobre el exagente, hasta ahora la Oficina del Fiscal General ha insistido en que hacerlo pone en riesgo la vida del testigo.

jueves, 24 de abril de 2014

La CIA entrenó a la DINA

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Antecedente surgió de declaración prestada por Pedro Espinoza en el proceso por el cual los jerarcas de la DINA y Colonia Dignidad fueron condenados a cuatro años de presidio por asociación ilícita. Así, se confirma que oficiales de la CIA estuvieron varios meses entrenando a sus pares chilenos tras el 11 de Septiembre. 

Quien fuera el segundo hombre de la extinta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Pedro Espinoza, aseveró que luego del golpe de Estado la Central de Inteligencia estadounidense (CIA) entrenó a agentes chilenos, lo que efectuó en un lugar emblemático: en la Escuela de Inteligencia que la DINA montó en “Casa de Piedra”, la que fuera la mansión que en la precordillera poseía el mítico Darío Sainte-Marie, más conocido como “Volpone”, amigo personal de Salvador Allende y dueño del diario El Clarín.

Hasta antes de las declaraciones de Espinoza, que se recogen en la condena de cuatro años de presidio por asociación ilícita dictada ayer por el juez especial Jorge Zepeda en contra de los máximos jerarcas de la DINA y Colonia Dignidad, sólo existían algunos dichos de Manuel Contreras en este sentido, quien –en una entrevista con la periodista Nancy Guzmán– afirmó que entre julio y agosto de 1974 ocho oficiales de la CIA habían entrenado a su gente, sin entregar mayores precisiones.

Sin embargo, hoy se conocen nuevos e insólitos detalles al respecto, como el hecho de que el lugar que la DINA escogió para dichos efectos estuviera revestido de un gran simbolismo para la izquierda chilena, tal como lo ilustró un reportaje de Jorge Escalante al respecto: “Desde antes del golpe militar de 1973, Darío Sainte-Marie Soruco, ‘Volpone’, es un buen amigo de Salvador Allende. Sainte-Marie es el dueño del Consorcio Publicitario y Periodístico S.A. y de la Empresa Periodística El Clarín. Clarín es el diario que más ejemplares llegó a vender cada día en la historia del periodismo chileno. Sobre 300 mil. Ácido. Punzante. Irreverente. Lengua de serpiente. Inclinado hacia el crimen, historias policiales, amores escandalosos, de corte popular. Con el triunfo de Allende en 1970, se vuelca a un diario político que sustenta al gobierno de la Unidad Popular”.

La orden de Pinochet

En sus declaraciones ante Zepeda, Espinoza (condenado, entre otros crímenes, por el homicidio del ex canciller Orlando Letelier) relató que en mayo de 1974 se desempeñaba como jefe de seguridad de la Junta Militar cuando Pinochet lo llamó y  “le ordena dirigirse donde el coronel Manuel Contreras y este le comunica que necesitaba su ayuda para organizar una escuela de inteligencia, también le señala que disponían de una casa en el sector del Cajón del Maipo, más arriba de San José”.
De este modo, se confirma que luego del golpe de Estado la CIA seguía prestando cooperación directa a la DINA en un recinto en el cual, de un modo u otro, estaba presente la Colonia Dignidad, lo que es coherente con antecedentes previos sobre operaciones de inteligencia en las cuales coincidían agentes norteamericanos, alemanes y chilenos. Eso sucedió, por ejemplo, en el caso de Charles Horman y Frank Teruggi, norteamericanos detenidos y asesinados en Chile tras el Golpe. El segundo de ellos, como lo prueban documentos del FBI, comenzó a ser vigilando en Chile en 1972 luego que, desde Alemania, se entregara a la inteligencia estadounidense la dirección en que vivía en Santiago, en medio de una operación conjunta entre el FBI y la CIA que se llamaba “Caos” y que estaba destinada a vigilar a estadounidenses “izquierdistas” en un listado de 20 países, entre ellos Chile.
Se trataba de “Casa de Piedra”, lugar que, como lo expuso un reportaje de Ciper Chile publicado el 2007, no sólo fue utilizado con fines de entrenamiento, sino también como uno más de los recintos secretos de tortura de que dispuso la DINA, un sitio que, además, siempre estuvo en el ojo de los organismos de seguridad, al punto que el ex cabo de Ejército Carlos Labarca Sanhueza relató al juez Zepeda que dicha vivienda fue allanada al día siguiente del golpe, operación en la cual él participó.

El documento judicial explica que a fines de 1974 Labarca llegó por segunda vez a “Casa de Piedra”, a esas alturas ya convertida en la Escuela de Inteligencia, y al mando del teniente Armando Fernández Larios y del entonces mayor Pedro Espinoza Bravo.

Labarca no se guardó mucho ante el juez. Confidenció que “en la implementación de la citada escuela tuvieron una destacada participación colonos de la llamada Colonia Dignidad, quienes instalaron una antena de transmisión y equipos de radio, de alta frecuencia, muy adelantados para la época, pues se comunicaban directamente y sin problemas a Parral y otras ciudades. Este equipo era operado desde Santiago por Fernández Larios y Pedro Espinoza, quienes se comunicaban, en clave, diariamente con los colonos. Cuando los colonos venían a Santiago, concurrían a ‘Casa de Piedra’ y ellos probaban los equipos y se comunicaban a Parral o a la casa que tenían cerca del Estadio Nacional”, aludiendo a la casona que los germanos poseían en Ñuñoa.

Labarca dijo haber visto allí a Paul Schäfer y otros alemanes, y también confesó haber participado en un curso de inteligencia ofrecido a la DINA por estos, el cual se realizó en Parral. Al respecto, dijo al tribunal que “no recuerda bien la fecha en que, de la agrupación de Casa de Piedra, unas seis a siete personas visitaron Colonia Dignidad, en grupos de dos o tres, por el lapso de una semana, aproximadamente, acompañándolos Fernández Larios. En dicho lugar participó en un curso de nociones de explosivos dictado por el mismo colono gordo llamado ‘Mauk’ (Gerhard Mücke), junto a otros colonos más jóvenes. Les exhibían películas, fotos y documentos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, donde se podía apreciar las destrucciones de tanques, puentes, etc., además de las actuaciones de los servicios de inteligencia alemanes” (Mücke es uno de los condenados por Zepeda, junto a Kurt Schnellenkamp, Karl Van Den Berg, Gerd Seewald, Espinoza, Manuel Contreras y Fernando Gómez Segovia, jefe de la DINA en Parral).

De lo que Labarca no se olvidó, sin embargo, es de la impresión que le causó el lugar. El fallo cuenta que el militar “quedó demasiado sorprendido, al igual que sus compañeros, por el nivel de avance de Colonia Dignidad a esa época. Tenían tecnología que ellos no conocían, potentes equipos de comunicación, citófonos en todas las habitaciones, equipos de cámaras y videos, las puertas totalmente automatizadas se abrían y cerraban solas. Tenía la impresión de que eran constantemente vigilados, pues siempre estaban en las habitaciones que les habían asignado”.

La versión de Espinoza

No obstante, Pedro Espinoza relativizó todo lo anterior. El ex jerarca de la policía secreta especificó que él recién llegó hacia julio de 1974 a la Escuela de Inteligencia de “Casa de Piedra”, donde –según él– sólo estuvo un año, asegurando además que la Colonia no tenía nada que ver allí, a diferencia de lo planteado por Labarca.

Espinoza argumentó ante el ministro Zepeda que su conocimiento de la Colonia partió en 1968, cuando se desempeñó en el Regimiento de Artillería de Linares, aseverando que en 1975, mientras estaba en el santuario de San Sebastián (en Yumbel), su padre se sintió mal, por lo que optó por llevarlo al hospital de “Villa Baviera”, ocasión en la cual supo que en ella se encontraba el teniente Fernando Laureani, de la Agrupación “Vampiro” de la DINA, quien le manifestó “que había llegado allí con un detenido que había trasladado desde Concepción”. Pero, claro, Espinoza estaba de descanso, así es que “como él se encontraba de vacaciones, no indagó más en ese asunto”.

Los amigos de la Colonia

En todo caso, Espinoza sabía bastante de la Colonia como para ser un simple visitante. Dijo al juez Zepeda que hasta ese recinto “concurría el señor Guzmán (Jaime), la ex Ministra de Justicia, doña Mónica Madariaga, acompañada de su subsecretaria” y que “también concurrió en una oportunidad a una recepción que se hizo en la casa que tenían los colonos en la calle Campos de Deportes, donde asistió la señora Lucía Hiriart de Pinochet, una hija de esta, el coronel Contreras, la señora Mónica Madariaga y otras personalidades”.

Pero de las actividades de inteligencia de los alemanes, nada, aseguró Espinoza al juez. En relación a los dichos de Labarca, explicó que los acólitos de Schäfer sólo habían ido una vez a la casa de “Volpone” para reparar los equipos de radio, “pues ellos tenían bastante conocimiento al respecto”, aunque agregó un antecedente que contradice sus dichos anteriores en orden a que los germanos nada tenían que ver con la represión, al decir que “tomó conocimiento que en cierta oportunidad, aproximadamente, agosto de 1974, los alemanes habían detenido a una persona en la calle, junto con Armando Fernández Larios, según el propio relato de este, y trasladaron al detenido a la colonia. Esa fue la única actividad que conoció entre Fernández Larios y los alemanes”.

Pese a ello, Espinoza insistió majaderamente en su declaración en “que no tuvo contacto con alemanes, tampoco se mantuvo a personas de esa u otra nacionalidad dictando cursos a los alumnos de la Escuela”, pero ahí incurre en una segunda contradicción, pues a renglón seguido afirmó ante el ministro en visita que “en los meses de julio o agosto de 1974, hubo personal de la CIA que hizo cursos de instrucción en la Escuela de Inteligencia de San José de Maipo”.

Inteligencia extranjera

De este modo, se confirma que luego del golpe de Estado la CIA seguía prestando cooperación directa a la DINA en un recinto en el cual, de un modo u otro, estaba presente la Colonia Dignidad, lo que es coherente con antecedentes previos sobre operaciones de inteligencia en las cuales coincidían agentes norteamericanos, alemanes y chilenos.

Eso sucedió, por ejemplo, en el caso de Charles Horman y Frank Teruggi, norteamericanos detenidos y asesinados en Chile tras el Golpe. El segundo de ellos, como lo prueban documentos del FBI, comenzó a ser vigilando en Chile en 1972 luego que, desde Alemania, se entregara a la inteligencia estadounidense la dirección en que vivía en Santiago, en medio de una operación conjunta entre el FBI y la CIA que se llamaba “Caos” y que estaba destinada a vigilar a estadounidenses “izquierdistas” en un listado de 20 países, entre ellos Chile.

Tras la desaparición de Horman, en tanto, y ya en plena dictadura, existe constancia (en una de las fichas de inteligencia de Colonia Dignidad) de que oficiales estadounidenses, no se especifica de qué agencia, visitaron ese enclave junto a un oficial de la Armada chilena, implicado en el caso Horman.

Además de la CIA, hay antecedentes respecto de un entrenamiento que el Mossad israelí habría efectuado a suboficiales de la DINA, que está relatado en el libro Mossad, escrito por el ex agente de dicho organismo, Víctor Ostrovsky.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Abogado chileno asegura que dueño de El Mercurio era agente CIA


El dueño del imperio mediático chileno El Mercurio, Agustín Edwards, interrogado en una causa contra el golpe de Estado de Augusto Pinochet, era el principal agente de la CIA en Latinoamérica, aseguró hoy un abogado de derechos humanos. "Está declarando el principal agente de la CIA en América Latina, según palabras -estrictamente así como las he dicho- del general Vernon Walters, que también fue director adjunto de la CIA", expresó el letrado Eduardo Contreras, citado por Radio Cooperativa.

De acuerdo con el abogado, cualquier persona puede leer la vinculación de Edwards con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, en los documentos desclasificados en 1996 por ese servicio de espionaje.

"Así que no estoy diciendo nada secreto", enfatizó Contreras, para quien con la pesquisa iniciada por la Justicia a partir de una querella presentad por él, en nombre de agrupaciones de derechos humanos, se deben acabar las mentiras tejidas sobre las causas del golpe.

"No es que el golpe haya sido por el caos, que la economía, que el desorden. El golpe fue dado de antemano por la CIA norteamericana, es un golpe 'made in USA' y es bueno que los autores reales lo reconozcan alguna vez para que conozcamos la verdad de la historia", exclamó.

La víspera, el magistrado Mario Carroza confirmó que interrogó a Edwards como parte de la pesquisa por el golpe, y en especial por la campaña comunicacional conocida como Operación Colombo, enmarcada bajo la sombrilla de la Operación Cóndor, la gran cacería de integrantes de la izquierda ejecutada por los servicios de inteligencia de las dictaduras en países suramericanos.

El operativo Colombo fue montado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena en 1975, para encubrir la desaparición forzada de 119 opositores a la dictadura, la mayoría de ellos integrantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Se pretendía hacer creer a la opinión pública nacional y en el exterior que la muerte de esas personas fue resultado de enfrentamientos con fuerzas de seguridad extranjera y por pugnas internas.

Carroza Indaga sobre el rol que jugaron los diarios bajo control de Edwards tanto durante el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende, como después, en sus reportes que estuvieron en sintonía con la Operación Colombo.

El vespertino La Segunda, parte del holding El Mercurio, tituló "Exterminados como ratones" la información referente al supuesto enfrentamiento intestino de los 119 integrantes del MIR en Argentina, y que en realidad fueron ejecutados por la DINA.

Prensa Latina

domingo, 5 de mayo de 2013

Vigilado en Argentina por espías de Brasil

 
Nacido formalmente en 1975, el Cóndor ya actuaba como red de espionaje multinacional, sin llevar ese nombre de rapiña, desde algunos años antes y una de sus presas más anheladas era João Goulart, informan papeles secretos hallados por este diario.

Uno de esos documentos, con detalles de una conversación entre Goulart y el ex presidente Juan Perón en 1973, tiene el rótulo de “Secreto” y lleva el sello del Servicio Nacional de Informaciones brasileño. Otros reportes mencionan que la Argentina de 1973 era una plataforma de lanzamiento para el ex mandatario “populista”.

“Estos documentos de Goulart cuando era perseguido y espiado en Argentina, de los que usted me habla, muestran que hubo un plan perverso contra los demócratas y quienes amenazaron la permanencia de la dictadura”, observa la ministra Nunes en diálogo con Página/12.

Sectores del gobierno brasileño sostienen la hipótesis de que Goulart, un moderado capaz de encabezar una coalición por la restitución democrática, era una amenaza al modelo de transición vigilada ideada, y finalmente aplicada, por el germánico Ernesto Geisel. Goulart y Juscelino Kubtischek, otro ex presidente fallecido en un accidente turbio en 1976, así como el chileno Orlando Letelier, asesinado ese año, tendían a fortalecerse con la victoria del demócrata Jimmy Carter.

El Cóndor veía con horror el retorno de líderes bendecidos por Washington, tal como consta en una correpondencia de agosto de 1976, descubierta hace 20 años, enviada por el jefe de la DINA chilena Manuel Contreras a su par brasileño João Baptista Figueiredo.

El documento secreto que se refiere a los ex presidentes.
 
Tomado de  http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/4-63468-2013-05-05.html

lunes, 25 de junio de 2012

PASAJES DEL TERRORISMO CONTRA CUBA EN JULIO (2/3).


Diplomáticos cubanos asesinados en Argentina


Gaspar Jiménez Escobedo: Retrato de un terrorista. 

Esta vez el crimen contra el pueblo cubano fue cometido en Mérida, Yucatán, un 24 de julio de 1976. Tres pistoleros, Gaspar Jiménez Escobedo, Orestes Ruíz y Gustavo Castillo, intentaron secuestrar al Cónsul de Cuba en esa ciudad, Daniel Ferrer Fernández, y como resultado de cuya acción fue asesinado el técnico de la Flota Camaronera del Caribe, perteneciente al Instituto Nacional de la Pesca de Cuba, Artañan Díaz Díaz.  Sin lugar a dudas, la valerosa actitud de Artañan al intentar oponerse a la acción de estos elementos terroristas, fue la que provocó su muerte y el dolor infinito que aún padece una familia cubana. Nunca más en ese hogar lastimado existió la completa felicidad y aún esperan que los criminales paguen por sus crímenes.

El asesinato del técnico pesquero cubano fue reivindicado por una organización denominada “Comandos Contrarrevolucionarios”, dirigida por el architerrorista Orlando Bosch Ávila, y cuyos perpetradores de tan cruel acción fueron detenidos en Nuevo Laredo, México, unas horas después.

A nadie extrañó la participación de  Gaspar Jiménez Escobedo en este repudiable crimen. Desde hacía unos meses, en correspondencia con la nueva estrategia desarrollada por la contrarrevolución miamense  de fomentar la guerra sucia contra Cuba, conocida como “guerra por los caminos del mundo”, apoyada y financiada por la CIA norteamericana, la DINA chilena y otras siniestras organizaciones, la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), a la que pertenecían los más descollantes elementos contrarrevolucionarios como Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Jiménez Escobedo y otros, protagonizó acciones terroristas en más de 34 países, atentando contra intereses de esas naciones y, particularmente, contra misiones diplomáticas cubanas, oficinas comerciales y otras. Desde luego, “Gasparito” jugó un papel significativo en esta internacionalización del terror. De la misma manera, fue empleada para reprimir a revolucionarios latinoamericanos y personalidades progresistas.

Luego de abandonar a Cuba en 1961, Jiménez Escobedo marchó hacia los Estados Unidos, cargando sobre sus hombros la frustración por no haber podido derrocar al naciente Gobierno Revolucionario con la conspiración en la que participó junto a su jefe, el traidor Huber Matos. Apenas llegó a Miami se puso incondicionalmente al servicio de la CIA, la que lo preparó como experto en explosivos.

Incorporado de lleno a la guerra sucia contra Cuba, Gasparito se involucró en diversos hechos terroristas previo a su participación en el asesinato del técnico pesquero cubano Artañan Díaz Díaz. Esto son algunos de sus “méritos” a favor de la contrarrevolución y el terrorismo:

¨         Intento de secuestro del embajador cubano en Argentina, Emilio Aragonés, en 1975.

¨         Intento de asesinar a Fidel Castro en Jamaica durante su primera visita a ese país en 1975.

¨     Participación en el atentado efectuado en Miami contra Emilio Milián, director de la emisora WQBA-AM, y en el que dicho periodista sufrió la pérdida de ambas piernas como resultado de la detonación de un artefacto explosivo dentro de su vehículo. Este hecho tuvo lugar el 30 de abril de 1976.

¨         Probada participación en los planes terroristas que condujeron a la voladura, en pleno vuelo,  del avión comercial de Cubana de Aviación en Barbados en agosto de 1976, hecho que produjo la muerte a 73 personas inocentes. En dicho proceso preparatorio se confabuló con Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles.

A raíz de su captura en Nuevo Laredo, México, y  luego de ultimar a Artañan Díaz Díaz, logró escapar de la mexicana con la ayuda de otros miembros de la mafia terrorista miamense en marzo de 1977. Ya en Estados Unidos, fue liberado luego de permanecer poco tiempo en prisión, acusado por violar la Ley de Neutralidad. De inmediato, volvió a enrolarse en los más tenebrosos planes de terrorismo contra Cuba.

¨        El 8 de septiembre de 1977 ordenó el secuestro, tortura y posterior asesinato de los custodios de la embajada cubana en Buenos Aires, Jesús Cejas Arias y Cresencio Galañega Hernández.
¨         Participación en atentados dinamiteros contra misiones diplomáticas cubanas en otros países, entre los que se destacan acciones terroristas cometidas en México, Colombia, Panamá y otros.
¨         Participación en un frustrado atentado contra la vida del Comandante Fidel Castro en 1991, en ocasión de su participación en la Primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, celebrada en México. En esta oportunidad, Gasparito ideó derribar el avión en que se trasladaría Fidel empleando un cohete tierra aire.
¨         El 15 de julio de 1992 visitó Honduras con el propósito de adquirir un cohete tierra del tipo RPG-7, de fabricación soviética, con la finalidad de atentar posteriormente contra el avión en el que viajaría Fidel castro durante su visita a Madrid, España, en ocasión de la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de estado y Gobierno. Allí se entrevistó con el terrorista Luis Posada carriles.

¨         Intento de asesinar a Fidel en Honduras, en 1993,  en ocasión de su visita a este país para asistir a la toma de posesión del presidente Carlos Roberto Reina.

¨         Intento de asesinar a Fidel durante la participación del mismo en la Cuarta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, que se celebró en Cartagena de Indias, Colombia, en 1994. En esta oportunidad, se confabuló con Luis Posada Carriles para introducir en el lugar un fusil Barret calibre 50, hecho que fue neutralizado por existir férreas medidas de seguridad en el evento.

¨         El 23 de noviembre de 1994 participó junto a Luis Posada Carriles en el frustrado intento por volar el famoso cabaret habanero  “Tropicana”. A solicitud del ala terrorista de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), se entrevistaron conmigo ambos terroristas en una habitación del Hotel Camino Real, situado en la zona 10 de la capital guatemalteca. Nuestros contactos estaban dirigidos a que Posada Y Gasparito me entrenaran en el manejo de explosivo y me abastecieran con dos poderosas cargas que luego yo colocaría en dicho cabaret.

 El hecho de que yo fuera un agente de la seguridad cubana, sirvió para frustrar tan criminal atentado que hubiera provocado la muerte de centenares de turistas extranjeros y trabajadores cubanos de la instalación. Los Órganos de la Seguridad Cubana (OSE) pudieron comprobar también los vínculos ocultos entre Posada Carriles y la FNCA, encaminados a realizar atentados contra instalaciones turísticas cubanas.

¨        Participación en los preparativos a atentado contra el presidente cubano en ocasión de sus visitas a Venezuela y República Dominicana, en 1997 y 1998, respectivamente.

¨     Participación en el frustrado atentado contra Fidel Castro y centenares de jóvenes panameños a efectuarse en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá, en noviembre de 2000, en ocasión de efectuarse en ese país la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno. Junto a él, participaron en este intento de magnicidio los terroristas Luis Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll y Pedro Crispín Remón.

En esta oportunidad fueron capturados  gracias a la oportuna denuncia de Cuba y, a pesar de gestiones de extradición y de ser sometidos a un juicio cargado de presiones y maniobras, fueron condenados a penas de cárcel sumamente leves en comparación por los delitos cometidos y su largo historial terrorista. Hoy Gasparito purga una condena de ocho años de prisión y son múltiples las maniobras que se tejen tras bambalinas para lograr su excarcelación junto a Luis Posada Carriles y sus compinches de fechorías.

Hoy goza de total impunidad en Miami, lo cual es una ofensa también contra la memoria de Artañan Díaz Díaz, Cresencio Galañega Hernández,  Jesús Cejas Arias, Orlando Letelier,  la norteamericana Ronni Moffit,  el diplomático cubano Félix García Rodríguez asesinado en Nueva York, así como las decenas de muertos provocados por sus manos asesinas. Es una ofensa además infligida contra el dolor acumulado durante años por sus familiares y es, sobre todo, una ofensa a la verdad y a la dignidad de los hombres honestos de este mundo.

Percy Francisco Alvarado Godoy

miércoles, 25 de enero de 2012

EL FBI Y LA OPERACION CONDOR

Percy Francisco Alvarado Godoy


Tras el fracaso de la Alianza para el Progreso, casi todas nuestras naciones  latinoamericanas padecieron una época de horror, instaurada a lo largo del continente en forma de  dictaduras militares. La caída de las endebles y cuestionadas democracias, dio paso a regímenes en forma de generalatos, apoyados en las más burdas formas de violación de los derechos humanos, en las torturas y las desapariciones, en las masacres y el asesinato selectivo. Fue la nueva forma en que las oligarquías asumieron la total sumisión a Washington y se valieron de individuos sin escrúpulos al viejo estilo de Leónidas Trujillo, Anastasio Somoza, Fulgencio Batista  y Alfredo Stroessner, pero esta vez el hard power pareció carecer de límites para la impunidad y la perfidia. Nombres macabros como el  Rafael Videla, Augusto Pinochet, José María Bordaberry,  Hugo Banzer y muchos otros, quedaron en la memoria histórica de nuestros pueblos como un mal recuerdo y como una herida abierta y lacerante.

La CIA, el FBI  y el Pentágono norteamericanos ayudaron a perfeccionar los órganos represivos de los países latinoamericanos y a preparar a sus miembros con las últimas técnicas de tortura y represión. A la acelerada modernización del ejército,  la difusión de las Doctrina de Seguridad Nacional, el perfeccionamiento de los servicios de inteligencia militar y  el incremento de la ayuda militar norteamericana, dio paso un modelo contrainsurgente basado en el terror. La ideología de los generales, influida notablemente por el fascismo y las doctrinas de la ultraderecha conservadora norteamericana, tenía el doble propósito de detener, por un lado, a la legítima lucha de los pueblos y, por otro, incrementar los niveles de dependencia al capital extranjero.  Toda esta amalgama ideológica, sustentada por la doctrina de la Seguridad Nacional, descansó  en la defensa a ultranza del desarrollo de un capitalismo dependiente al capital foráneo y de las estrategias de desarrollo diseñadas por teóricos norteamericanos, así como en la represión y estigmatización de quienes propusieran otras alternativas de progreso. El ejemplo cubano fue excomulgado, censurado y perseguido, así como aquellos que le defendían como alternativa más viable para sus países.

Los presidentes de Estados Unidos involucrados en la Operación  Cóndor, en mayor o menor medida,  fueron  Lyndon Blaines Johnson (1963 a 1969); Richard Nixon (1969 a 1973); Gerald Ford (1974 a 1977); James Carter (1977 a 1981); Ronald Reagan (1981 a 1989) y George Bush, padre (1989 a 1993). Todos ellos bendijeron de alguna manera la participación norteamericana en los sangrientos sucesos.

Un antecedente del apoyo que darían los EE UU a sus represores de turno, fundamentalmente en cuanto a suministro del armamento más sofisticado en esos momentos, envío de asesores, ayuda financiera, adiestramiento en guerra sicológica y técnicas antisubversivas, para llevar a cabo la futura Operación Cóndor, tuvo lugar en la  Conferencia Panamericana de Chapultepec, celebrada en febrero de 1946, en México, que se materializaría mediante acuerdos bilaterales de cooperación militar, en 1951, sobre la base de la Ley 165 de Seguridad Mutua, aprobada por el Congreso de EE UU, y en los que se preveía el empleo de la Escuela de las Américas para adiestrar a los torturadores más promisorios. Años más tarde, en 1967, el entonces Secretario del Departamento de  Defensa norteamericano afirmó que: “el objetivo principal para Latinoamérica era el desarrollo de fuerzas militares y paramilitares locales para asegurar la seguridad interna”. No en balde, los Estados Unidos, destinó tan solo en tres años, entre 1970 y 1973 la asombrosa cifra de 4 300 millones de dólares para esa finalidad.

El Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, conocido también, entre 1963 a 2001,  como Escuela de las Américas, ahora ubicada en  Fort Benning, pero provisionalmente trasladada a Panamá entre 1946 y 1984, en Fort Amador,  y ahora nuevamente reubicada en el hotel Meliá Panamá Canal, fue el principal centro de adiestramiento propiciado por EE UU para adiestrar en técnicas de baja intensidad a más de 61 034 represores y torturadores latinoamericanos, muchos de los cuales brillaron por su bestialidad durante la Operación Cóndor, como fueron los casos del golpista dominicano,  Elías Wessin y Wessin; el general boliviano Hugo Banzer; el creador de los escuadrones de la muerte salvadoreños Roberto D'Aubuisson; el general masacrador  guatemalteco Héctor Gramajo;  los  generales golpistas argentinos Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri; el corrupto y torturador peruano, Vladimiro Montesinos; el criminal jefe de la Dina chilena, general Manuel Contreras; el jefe del reciente golpe de estado en Honduras, general Romeo Orlando Vásquez Velásquez; así como una larga lista de criminales uniformados.

La macabra época de los generalatos, se extendió por todos lados: primero en  Paraguay (1954); luego en Brasil (1964); y,  posteriormente, en otras naciones del Cono Sur como Perú (1968), Uruguay (1972), Chile (1973), Argentina (1976) y Bolivia. La modalidad de las juntas militares golpistas no fue la única forma que asumió la represión institucionalizada. Hubo casos de gobiernos aparentemente democráticos, pero contagiados de un descarado patrocinio militar, tal como ocurrió en Uruguay, Guatemala, El Salvador y Honduras,  que se destacaron por su extrema crueldad represiva.

Mientras en Brasil  se estrenó la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aprobada por J. F. Kennedy en 1962, mediante  el golpe de estado a Joao Goulart, la dictadura de Stroessner en Paraguay supervivía desde  1954 hasta 1991. Por su parte, luego del golpe abominable contra Salvador Allende, el régimen de Pinochet en Chile se alargó desde 1973 hasta 1990. Argentina, lamentablemente,  padeció a Videla, Viola y  Galtieri desde 1976 hasta 1982; mientras en  Uruguay los gobiernos represores de Jorge Pacheco Areco y José María Bordaberry  se extendieron desde 1966 hasta 1985.  Tal  panorama aterrador lo sufrieron otras naciones  del continente como Bolivia, Guatemala y muchas otras.

No es equivocado  reconocer que 300,000 fueron las víctimas de tan repudiable episodio, muchas de ellas  desaparecidas y asesinadas por la represión castrense  en esta  guerra sucia impuesta a nuestros pueblos.  Fueron, sin lugar a dudas, generaciones enteras desaparecidas en países como Chile, Guatemala, Argentina, El Salvador. La juventud fue quien más padeció la represión discriminada, ya que el 80 % de los asesinados y desaparecidos tenía una edad que oscilaba entre los 21 y los 35 años. Otros tuvieron que acogerse a un duro exilio para escapar de las matanzas.

Esa trama bestial y reprobable tuvo un nombre: La Operación Cóndor, y fue consumada por las dictaduras militares y un centenar de terroristas cubanos, bajo la benevolencia de Washington y el apoyo de la CIA y el FBI norteamericanos. Para ello, recurrieron a la vieja herencia fascista de Adolph  Hitler, al extremo que Cóndor no tuvo mucha diferencia de operaciones nazis como  su famoso Decreto Noche y Niebla.

La Operación Cóndor fue la consumación de los planes norteamericanos para garantizarse un traspatio seguro en la región y representó la internacionalización del terror por parte de los militares latinoamericanos, aplicando el esquema de contrainsurgencia de la Guerra de Baja Intensidad (GBI). Sin lugar a dudas, luego de haberse establecido en un encuentro realizado a fines de noviembre de 1975, durante una reunión en Santiago de Chile y bajo la anuencia directa de Pinochet, en la que participaron represores de  Chile, Argentina,  Bolivia,  Paraguay y Uruguay, se crearon las condiciones organizativas, técnicas y  financieras  para llevar a cabo operaciones a gran escala, internacionalmente coordinadas, y encaminadas a reprimir de conjunto a las fuerzas progresistas de la región. Los argentinos, al igual que sus socios chilenos, paraguayos y uruguayos, desempeñaron un rol relevante en estos planes. Baste destacar que solo los  militares argentinos llegaron a contar con 340 centros clandestinos de tortura y detención, cuyos operadores eran represores castrenses.

Los cuantiosos recursos aportados por Estados Unidos para llevar a cabo el montaje de la Operación Cóndor incluyeron no sólo altas sumas de dinero, sino también un voluminoso intercambio de información,  asesoramiento en técnicas de tortura y equipamiento provistos por la  División de Servicios Técnicos de la CIA.

Fueron operativos de la DINA, una organización de inteligencia subordinada directamente a Pinochet, los que persiguieron, secuestraron y ultimaron a destacadas personalidades democráticas chilenas en el exterior, entre las que sobresalieron el general Carlos Prats y Orlando Letelier, llegando a asesinar a casi 45 mil los chilenos, según fuentes de la OEA, la ONU y el Consejo Mundial de Iglesias y el Parlamento Europeo. Argentina, por su parte, perdió a miles de sus mejores hijos, mientras en Bolivia tras los 18 años de dictaduras militares de René Barrientos, Alfredo Ovando, Hugo  Banzer, Alberto Natusch Busch, García Meza y otros, entre 1965 y 1982,  centenares de bolivianos fueron asesinados.  Miles detenidos ilegalmente  y más de 6 000 recurrieron al exilio.

Operación Cóndor tuvo en los militares paraguayos eficientes artífices de desapariciones de ciudadanos argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos y de otras nacionalidades, los que eran secuestrados y enviados hacia sus respectivos países para ser inmediatamente torturados y asesinados. En pago por estos favores, los militares argentinos, por ejemplo, asesinaron a 54 paraguayos exilados en ese  país. Investigaciones posteriores han indicado que los militares paraguayos se incorporaron a las actividades de Cóndor a partir de julio de 1976, a través del Coronel Benito Guanes Serrano, jefe de los Servicios de Inteligencia del Ejército. Tal fue el nivel de represión desatada por Stroessner, que 360 mil personas, de un total de tres millones de habitantes, pasaron por las prisiones, y casi el 50 % de los paraguayos tuvieron que exilarse para escapar de la represión.

La estación de la CIA en Montevideo elaboró listados y ejerció permanente  control sobre los más destacados activistas y opositores al gobierno de turno.  Fue la CIA la que facilitó las coordinaciones entre los militares uruguayos y sus similares de Chile y Argentina, dando lugar a las ya analizadas operaciones conjugadas entre ellos que estaban previstas en la Operación Cóndor.  Como ejemplo, puede destacarse que un  numeroso grupo de 32 uruguayos y argentinos, detenidos en la cárcel secreta de  "Automotoras Orletti",  fue enviado al Uruguay en octubre de 1976 y allí posteriormente ultimados. Tal fue la confabulación de los militares y grupos civiles de poder, asociados con militares del Cono Sur y contando con la venia y apoyo de los Estados Unidos. Prueba de ello fue que, en 1969, la agencia envió a Uruguay  al conocido torturador Dan Mitrione. Por su parte, el FBI colaboró en el entrenamiento de muchos sicarios y torturadores en técnicas de tortura y “persuasión”, intercambio de información, comunicaciones y capacitación policial en general.

Centroamérica no escapó tampoco  de la siniestra mano de Cóndor.  La imposibilidad de Miguel Idígoras Fuentes de controlar el descontento popular, provocó que el ejército se hiciera cargo de la situación, preparándose de facto las condiciones para el golpe militar de 1963.  Con el golpe de Estado producido el  30 de marzo 1963, los militares guatemaltecos hacía suya la  Doctrina de la Seguridad Nacional, la que lograría aún más plenitud durante el período gubernamental de Julio César Méndez Montenegro, ejercido entre 1966 y 1970.  Al estilo de sus homólogos uruguayos, un pacto entre militares y civiles beatificaría este nuevo modelo de contrainsurgencia. El golpe, que colocó a la cabeza del régimen a Enrique Peralta Azurdia, hasta ese momento ministro de la Defensa, ejerció mil días de terror y represión contra las fuerzas progresistas del país. En marzo de 1966, con el traspaso del gobierno al  abogado Julio César Méndez Montenegro, se quiso perpetuar la represión pero con una cara en apariencia diferente. Fue allí cuando  fueron capturados y desaparecidos 28 dirigentes políticos y populares, por órdenes expresas del entonces ministro de la defensa, el coronel Rafael Arriaga Bosque. Sus cuerpos fueron desaparecidos al ya institucionalizado estilo de la Operación Cóndor.

 Centroamérica también conoció a los "escuadrones de la muerte", similares a la Triple A de Argentina, llegando a existir, solo en Guatemala cerca de 20 organizaciones de este tipo. El modelo represivo ensayado en Guatemala, apoyado en la asociación entre políticos, empresarios y militares, se extendió a la década de los setenta, con pleno  dominio del ejército sobre la vida pública. Los gobiernos militares que sucedieron al de Méndez Montenegro, como los  del  coronel Carlos Manuel Arana Osorio (1970-1974) y del general Kjell Eugenio Laugerud García (1974-1978), hicieron suya la institucionalización del terror, tal como lo harían luego los  gobiernos militares de Romeo Lucas García, Efraín Ríos Montt y  Humberto Mejía Víctores (1983-85). Fue la época oscura de tierra arrasada, masacres de aldeas completas, de asesinato de líderes y estudiantes, de sindicalistas desaparecidos y del asesinato de 45 000 guatemaltecos y la desaparición de cerca de 150 000.

Por su parte, en  El Salvador, para ocultar vanamente la participación del gobierno y de sus fuerzas armadas en los frecuentes asesinatos de tipo político, fue creado en 1967 un grupo paramilitar conocido como Organización Democrática Nacional (ORDEN), coincidiendo con la aparición de estos escuadrones de la muerte en la vecina Guatemala. Otros grupos paramilitares, dependientes del ejército como la  autodenominada Brigada  Anti-Comunista “Maximiliano Hernández Martínez” y el Ejército Secreto Anticomunista (ESA),  cometieron también abominables crímenes. Todos ellos estaban integrados por militares entrenados en la Escuela de las Américas, la CIA y el FBI.

Particularmente, el FBI fue un elemento esencial en los planes represivos en América Latina, tanto por su adiestramiento a torturadores como por la entrega esencial para la captura y ulterior asesinato o desaparición de perseguidos políticos. El FBI transportó  a América Latina sus modelos contrainsurgentes como el programa de contrainteligencia conocido como COINTELPRO, probado ya con eficiencia dentro de EE UU,  así como la asignación de funcionarios del FBI conocidos como Legats y el adiestramiento de represores en su propia Academia Nacional del FBI. En esta macabra conspiración de terror estuvieron involucrados varios directores del FBI, tales como John Edgar Hoover, su  fundador desde el 10 de mayo de 1924, hasta su muerte en 1972; Louis Patrick Gray III, jefe del Buró desde el  2 de mayo 1972 hasta el  27 abril 1973;  Clarence M. Kelley, a cargo del Buró desde el  7 de junio de 1973 hasta el 15 febrero de 1978; James B. Adams, quien dirigió el FBI pocas semanas; William  Hedgcock Webster, quien se encargó del Buró desde 1978 hasta 1987, pasando posteriormente  a dirigir  la CIA desde 1987 hasta 1991 y, finalmente, William Steele Sesiones, Director del FBI desde 1987 hasta 1993.
 Legats en América Latina.

Durante más de seis décadas, el FBI ha colocado a oficiales del Buró en las sedes diplomáticas en 75 ciudades del mundo, alcanzando una cobertura en casi todos los países del planeta. Con la condición de Agregados Legales (Legats), tienen la misión aparente de proteger a los intereses de EE UU y a sus ciudadanos, realizar labores de inteligencia dentro de las naciones en las que están acreditados, intercambiar información con las autoridades y entrenarles. Los Legats son atendidos directamente por la Oficina de Operaciones Internacionales en la sede del FBI en Washington, DC. Han existido, desde hace décadas, Oficinas de Legats en  Buenos Aires, Brasilia, Santiago de Chile, Caracas, Bogotá, Ciudad de Panamá y Ciudad de México.

Los antecedentes de los Legats en América Latina tienen su origen en 1941, cuando el embajador de EE.UU. en Colombia solicitó la asignación de un agente especial de la Embajada de EE.UU. en Bogotá. Un año después, en 1942, agentes especiales del FBI fueron asignados a la embajada norteamericana en la Ciudad de México. Este proceder se oficializaría en 1943 con la designación de Agregados Jurídicos o Legats del FBI, atendidos por la Oficina de Operaciones Internacionales en la sede del FBI en Washington, DC. y  quien se encarga de la coordinación inter agencias con el departamento de Estado, la CIA y el Pentágono.

En 1968, el general norteamericano Robert W. Porter, declaró que: "Con el fin de facilitar el empleo coordinado de las fuerzas de seguridad interior y entre los países de América Latina, estamos... tratando de fomentar entre los distintos servicios y la cooperación regional, ayudando en la organización de de mando integrado y centros de control, el establecimiento de procedimientos operativos comunes, y la realización de ejercicios de entrenamiento conjunto y combinado”. Cóndor fue uno de los frutos de este esfuerzo.

Los Legats coordinaron esfuerzos dentro de la Operación Cóndor con el SIDE de Argentina; la DINA chilena; la DISIP y la Dirección de inteligencia Militar venezolanas; el Departamento de Orden Político y Social (DOPS), y el Servicio de Información Nacional brasileños, éste último convertido luego en la Agência Brasileira de Inteligencia, así como las  Divisiones Regionales de Operaciones de Inteligencia y Coordinaciones de la Defensa Interna; el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas de Uruguay (OCOA), así como los servicios de inteligencia militares en Guatemala, El Salvador y de otras naciones.

El 6 de marzo de 2001 se conoció a través del New York Times la existencia en 1978 de un centro de inteligencia ubicado en el Canal de Panamá, creado por EE UU,  para intercambiar información entre la CIA y los servicios de inteligencia de los países latinoamericanos, uno de cuyos proveedores era el FBI y sus Legats.

En un informe del coronel Robert Scherrer, Legat  del FBI en Buenos Aires desde 1972, fechado el 22 de septiembre de 1976, se reconoció el empleo de Automotrices Orletti en Buenos Aires como centro de detención y tortura, según un informe que recibió del SIDE argentino, donde fueron torturados y asesinados los diplomáticos cubanos Crescencio Galañega Hernández y Jesús Cejas Arias, secuestrados previamente el 9 de agosto de 1976 en una zona aledaña a la embajada cubana.

Scherrer impuso también a sus jefes del FBI sobre detalles del asesinato en Washington DC, de Orlando Letelier del Solar, ex  ministro de Salvador Allende, apenas una semana después de cometido el crimen:  “Operación Cóndor es el nombre en código de la recopilación, intercambio y almacenamiento de datos de inteligencia [militar] sobre personas [calificadas de adversarios políticos], recientemente establecida entre los servicios que a ella cooperan con el fin de eliminar a [sus adversarios políticos] en estos países. Además, la Operación Cóndor lleva a cabo operaciones conjuntas contra sus blancos en los países miembros (...) Chile es el centro de la Operación Cóndor, e incluye también a Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Brasil también ha aceptado en principio aportar información a la Operación Cóndor.”

Una tercera y más secreta fase de Operación Cóndor consiste en formar equipos especiales de los países miembros para que viajen por todo el Mundo, por países no miembros de aquella, para llevar a la práctica las sanciones, [que incluyen] asesinatos, contra [adversarios políticos] de los países miembros de la Operación Cóndor. Un ejemplo, si un [adversario político] o un apoyo de la [organización política adversa] es localizada en Europa, un equipo especial de la Operación Cóndor será enviada a localizar y vigilar el blanco. Cuando ha culminado la localización y vigilancia, un segundo equipo de Operación Cóndor será enviado a llevar a cabo la sanción efectiva contra el blanco. En teoría, un país proveería de documentación falsa al equipo de asesinos, formado por agentes de un país distinto. El asesinato de Letelier puede haber sido obra de una tercera fase de Operación Cóndor”.

Lo sorprendente de todo es que el agente especial Robert Scherrer, además de conocer la actividad represiva de la SIDE argentina, coordinó regularmente con Antonio Campos Alum, entonces  director de la Jefatura de Asuntos Técnicos del Paraguay,  diversas informaciones de inteligencia sobre personalidades y movimientos progresistas en la región, impartiendo orientaciones al respecto como lo demuestra una  nota enviada por Scherrer a Campos Alum: “Sugiero que continúe las conversaciones con el Director de la Misión de Operaciones de Estados Unidos en Paraguay, con el fin de establecer algún programa similar sobre Seguridad Pública.”

Tal era el contubernio entre el FBI y los represores de la Operación Cóndor que el propio director del Buró, Clarence Kelley, no tuvo reparo en felicitar a Campos Alum,  quien actualmente se encuentra prófugo de la justicia, en ocasión de fin de año en 1976: "En estas Navidades, deseo hablar en nombre de todos mis colaboradores y agradecerle de todo corazón la cooperación que ustedes, con tanta buena voluntad, han proporcionado al FBI. Deseándole lo mejor de las cosas, que merece con creces”.

Esta felicitación, por supuesto,  fue el justo reconocimiento del FBI a los policías paraguayos que, en varias oportunidades, se dedicaron a informarle, incluso, sobre la actividad de personalidades norteamericanas, tal como ocurrió en el caso del senador por Massachusetts, Edward Kennedy, en una de sus visitas en Buenos Aires en la se reunió con  varias personalidades paraguayas.

El control y asesoramiento del FBI sobre la actividad de los grupos represivos en la región, fortalecido por casi 100 terroristas de origen cubano, no descarta que el propio Scherrer haya tenido conocimiento del asesinato en Argentina del ex presidente boliviano Juan José Torres González, ocurrido en junio de 1976, el del ex ministro del Interior y de Defensa de Chile, general Carlos Prats, así como de los asesinatos de los parlamentarios uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, durante ese mismo año. Por otra parte, según archivos del FBI sobre la Operación Cóndor, la DINA chilena realizó o intento cometer atentados terroristas en España, Francia, Portugal, Italia, EEUU, Argentina, Chile y otros países.

Una prueba del compromiso de los Legats norteamericanos con el terrorismo anticubano tuvo lugar  cuando el funcionario acreditado en Puerto España,  Trinidad y Tobago, concedió sin dificultad una visa a Ricardo Lozano, el venezolano vinculado a Posada Carriles en varias acciones terroristas, entre ellas la colocación de una bomba en Guyana el 1 de septiembre de 1976. Posteriormente, el Buró se “sorprendió”  que el 8 de octubre de 1976, fuera arrestado este terrorista bajo la acusación de volar un avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo en Barbados.

Otro de los destacados oficiales del FBI que actuaron dentro de la Operación Cóndor, en este caso en Paraguay, fue el coronel Robert Thierry, quien usó la fachada de "asesor sobre administración pública" de la Administración de Cooperación Internacional (AID), cuya misión fue la de ejercer asesoría en  el  Ministerio del Interior de Paraguay, así como la creación y control de la Policía Técnica de ese país.

Otro Legat del FBI en Buenos Aires, Calvin Clegg, también se destacó por recabar información permanente sobre personalidades progresistas en la región, para lo que se valió constantemente del SIDE. En una solicitud al represor e informante paraguayo, Pastor Coronel, usado también muchas veces por Scherrer, le solicitó información sobre el Consejo Mundial por la Paz: “Adjunto un informe reservado, enviado por la oficina del FBI en Nueva York. El informe describe la historia y antecedentes del Consejo Mundial para la Paz, una organización que sirve como instrumento político del Partido Comunista de la Unión Soviética. Le ruego que examine sus archivos buscando toda información relacionada con el Consejo Mundial para la Paz en su país que esté dirigido contra Estados Unidos o sus ciudadanos.”

Siguiendo órdenes expresas de Kissinger, quien revocó el 16 de septiembre de 1976 la orden que había dado un mes antes, el 18 de agosto, a los embajadores de este país en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay de que advirtieran a los regímenes militares de la región de no cometer una "serie de asesinatos internacionales", según el cable desclasificado por el Archivo de Seguridad Nacional en días pasados, los Legats del FBI solo se limitaron a informar a su Director sobre evidentes planes de asesinatos, pero no hicieron nada para evitarlos.

Hoy se conoce que mucha gente de las administraciones norteamericanas durante esa etapa se opuso tímidamente a los crímenes planeados dentro de la Operación Cóndor, pero ninguno tuvo en esos momentos el valor de denunciarlos. Tal fue el caso de Ernest Siracusa, el embajador de Estados Unidos en Montevideo; los  embajadores  norteamericanos en Chile en esa época, David Popper y Robert Hill, así como otros funcionarios de menor rango dentro del departamento de Estado. Sin embargo prevaleció el criterio del pentágono, de la CIA y del FBI.

La marcha atrás de Kissinger, mediante su Secretario Adjunto para el hemisferio Occidental,  Harry Shlaudeman,  dio luz verde al asesinato de Letelier y otros macabros crímenes cometidos en esa época.  Al respecto, señaló Peter Kornbluh, Director del Archivo de Seguridad Nacional, con sede en Washington: "El cable del 16 de septiembre es la pieza que faltaba en el histórico rompecabezas sobre el papel desempeñado por Kissinger, y el no desempeñado por el gobierno de Estados Unidos, tras enterarse de las conspiraciones del Plan Cóndor". (…) "Sabemos lo que pasó: el Departamento de Estado  trató en forma oportuna de frustrar los ‘Asesinatos Inc.’ en el cono sur, y Kissinger, sin explicaciones, lo suspendió".

Actualmente existen varias Oficinas Legats en América Latina, como es el caso de una en la embajada de EE UU en Bogotá, Colombia, que cubre a ese país y al Ecuador. Otras de ellas están ubicadas en   las embajadas  norteamericanas  con sede en Brasilia, Brasil; en Bridgetown, Barbados, así como una sub oficina en el consulado de EE UU en Nassau, las que cubren un vasto territorio que comprende a Anguila, Antigua y Barbuda, Aruba, Bahamas, Barbados, Bermuda, Bonaire, Islas Caimán, Curazao, Dominica, Granada, Guadalupe, Martinica, Montserrat, Saba, San Bathelemy, San Cristóbal (San Cristóbal) y Nevis, St. Eustatius, St. Lucía, St. Maarten, St. Martin, San Vicente y las Granadinas y las Islas Turcos y Caicos. 
 Otras oficinas Legats en América Latina se ubican en Buenos Aires, Argentina, con la misión de atender a ese país junto a Paraguay y Uruguay; en   Caracas, Venezuela; una sub oficina en Puerto España, Trinidad y Tobago, que actúa sobre Guyana Francesa, Guyana, Suriname, Trinidad y Tobago,  y también sobre Venezuela.  En México existe una oficina Legat en la embajada de EE UU en Ciudad México, así como sub oficinas en Guadalajara, Hermosillo, Monterrey y Tijuana.

Diseñado por Hoover el COINTELPRO se aplicó exitosamente no solo dentro de Estados Unidos, sino también en Puerto Rico, implementándose su ejecución en varios países latinoamericanos con vistas a minar internamente a las fuerzas progresistas, a fomentar la desunión y la desconfianza y a lograr una penetración efectiva de informantes del Buró dentro de sus filas. Aún falta mucho por investigar cómo se orquestó este programa en Latinoamérica, pero se puede afirmar categóricamente que los Legats la usaron sistemáticamente para crear un ambiente de recelo entre personalidades de izquierda, a fomentar divisiones, a exacerbar el  ego de algunos de sus líderes, así como a desvirtuar su imagen ante sus compañeros.
Otro exitoso elemento usado por el FBI en la Operación Cóndor  fue la FBI National Academy, creada desde 1935 y que empezó a adiestrar a policías y represores latinoamericanos desde 1962 de manera priorizada, llegando a adiestrar hasta septiembre de 2008 a casi 3 000 personas, entre ellas una parte considerable de latinoamericanos, con la aparente misión de: “apoyar, promover y mejorar el desarrollo personal y profesional de los líderes de aplicación de la ley, preparándolos para los desafíos complejos, dinámicos y contemporánea a través de técnicas innovadoras, facilitando la excelencia en educación e investigación, y creación de asociaciones en todo el mundo”. En realidad, los egresados salen debidamente preparados en técnicas de interrogatorios bajo presión, entiéndase eficiencia en torturar, y otros métodos modernos de contrainsurgencia.

Sucia es, pues, la herencia que dejó el FBI en América Latina dentro de la Operación Cóndor. Algo que nuestros pueblos nunca olvidarán y los nuevos pupilos del FBI tendrán qué avergonzarse.

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