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viernes, 17 de octubre de 2014

Desigualdades en EEUU son las mayores en un siglo

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La presidenta de la Reserva Federal Janet Yellen se declaró el viernes "muy preocupada" por el constante incremento de las desigualdades en Estados Unidos.

En un discurso pronunciado en Boston (Massachusetts, noreste), la jefa del banco central dijo que la desigualdad de ingresos y de riqueza, que "se incrementó nuevamente durante la reactivación" de la economía en Estados Unidos, casi "alcanzó su punto más alto en un siglo". 

En su intervención durante una conferencia sobre las desigualdades, la presidenta de la Fed no mencionó la política monetaria ni las turbulencias que afectan actualmente a los mercados financieros.

lunes, 6 de enero de 2014

La desigualdad corroe el proyecto europeo

“La Unión Europea resultó ser una trampa para la Europa sureña y oriental. En lugar del gran mercado común y la política de estimulación del consumo, se están apretando el cinturón en nombre de la estabilidad financiera”, sostiene Vasili Koltashov, especialista del Instituto de la Globalización y Movimientos Sociales, citado por el periódico ruso ‘Vzgliad’.
La Unión Europea resultó ser una trampa para la Europa sureña y oriental. En lugar del gran mercado común y la política de estimulación del consumo, se están apretando el cinturón en nombre de la estabilidad financiera”, sostiene Vasili Koltashov, especialista del Instituto de la Globalización y Movimientos Sociales, citado por el periódico ruso ‘Vzgliad’.
La crisis y las políticas económicas dominantes erosionan la cohesión social, disparan los niveles de pobreza y ensanchan la brecha entre ricos y pobres


Seis años largos después del arranque de la Gran Recesión, el número de británicos que se ven obligados a acudir a instituciones benéficas para comer se ha multiplicado por 20, según un informe reciente de Trussell Trust. Italia reconoció la semana pasada a través de su Gobierno que los niveles de pobreza han subido a máximos desde 1997. El número de españoles atendidos en los servicios de acogida de Cáritas ha pasado de 370.000 a 1,3 millones en lo que va de crisis. A Grecia han vuelto enfermedades como la malaria y la peste.
La pobreza es una abstracción, menos para quienes la padecen: los síntomas de empobrecimiento colectivo y de creciente desigualdad están por todas partes. Desde la Gran Depresión hasta la década de los setenta, Occidente se volvió cada vez menos desigual gracias a lo que los economistas llaman políticas contracíclicas; a partir de ahí todo eso empezó a arrojarse por la borda. La crisis actual no ha hecho sino agudizar las desigualdades en Europa.
Los datos que ofrecen Eurostat, la Comisión Europea, la OCDE, el Banco Mundial y los informes del Luxembourg Income Studies son rotundos. Los índices de desigualdad crecieron durante los ochenta y se redujeron en los noventa, en general, en los países avanzados —aunque en España fue justo al revés—, para volver a agrandarse en los años previos a la crisis. Europa era en 2007 más desigual que en 1970. Una vez iniciada la Gran Recesión, la brecha entre ricos y pobres siguió creciendo levemente hasta 2010, y cogió velocidad con el estallido de la crisis de deuda —aunque ahí los datos aún tienen que confirmar con todas las de la ley los ya numerosos indicios—, que llevó al continente a activar duras políticas de austeridad.
Entre los países más desiguales del continente figuran los bálticos, los latinos —España ocupa el segundo lugar y es también el segundo país que más ha incrementado la desigualdad entre los Veintiocho— y los de Europa del Este, junto con los anglosajones, Reino Unido e Irlanda. Los menos desiguales son los centroeuropeos, que en algunos casos, como los de Alemania y Holanda, han aprovechado la crisis para reducir el abanico entre ricos y pobres.
El alud de cifras de fuentes diversas es abrumador, y a veces contradictorio. Pero pueden espigarse algunos números que subrayan esa tendencia indiscutible hacia la mayor desigualdad. El 20% de los europeos más ricos gana cinco veces más que el 20% más pobre —un indicador que crece muy levemente en la eurozona— si bien en países como Grecia y España esa cifra es de hasta siete veces más, según Eurostat. En España, en particular, los datos de desigualdad crecen a toda velocidad, a un ritmo muy superior a la media. Y, al igual que en los países anglosajones, la cicatriz es especialmente visible en el 1% más rico: en 1976, el presidente de la tercera entidad bancaria española ganaba ocho veces más que el empleado medio; hoy gana 44 veces más.
El ritmo es asfixiante, aunque las magnitudes aún están lejos de las de EE UU: el primer ejecutivo de General Motors se llevaba a casa unas 66 veces el sueldo de un empleado medio; hoy, el presidente de Wal-Mart gana un salario unas 900 veces mayor. En general, la tendencia es preocupante en toda Europa, pero no caben los tenebrismos: las desigualdades son superiores en EE UU y en los países emergentes, donde la renta per cápita sube y millones de personas han salido de la pobreza, pero los más ricos son mucho más ricos que los pobres en comparación con los estándares europeos.
La media docena de fuentes consultadas para esta información coinciden en ese diagnóstico. Thomas Picketty, autor de un monumental libro sobre desigualdad —Capital en el Siglo XXI, aún no traducido al español—, asegura a este diario que la creciente desigualdad europea obedece a varias razones. En economías con bajo nulo crecimiento económico y de población, los efectos redistributivos del sistema fiscal y del Estado de Bienestar son menores. La crisis agudiza esa tendencia: reduce prestaciones, dificulta el acceso a la educación de los desfavorecidos y, en general, “avería el denominado ascensor social”. La globalización, la financiarización de las economías y la ingeniería fiscal han agudizado esa tendencia. “El problema básico de la UE es que nuestras insitituciones políticas no funcionan: activaron durísimos planes de austeridad para restaurar la credibilidad fiscal, pero nada de eso ha funcionado. Europa necesita imperiosamente más unión política, pero esta vez para acabar con la competencia fiscal, para volver a disponer de instrumentos que permitan luchar contra la desigualdad”, apunta.
La desigualdad es corrosiva; el historiador Tony Judt, ya fallecido, aseguraba que corrompe a las sociedades desde dentro. La Comisión Europea ha empezado a activarse ante un problema que se adivina más y más importante, pero con los mecanismos habituales: promete poner en marcha un indicador de desigualdad y, a falta de políticas —y dinero fresco—, ha apretado el botón de alerta: “Europa encarda una era de desigualdad creciente; la crisis ha golpeado particularmente a los más débiles, a las generaciones más jóvenes y a las ciudades y regiones más pobres. En los dos últimos año s hay más de siete millones de personas adicionales en riesgo de pobreza. Hay que moverse para salvaguardar el modelo social europeo”, explica el comisario Laszlo Andor.
Porque eso es lo que está en juego: las tendencias actuales corroen el contrato social europeo y puede que eso acabe desencadenando problemas sociales. Pese a que la crisis invita a ser prudente, ya ha habido acciones más o menos violentas (Grecia, Portugal, el movimiento 15-M) que se han movilizado contra ese incremento de la brecha entre ricos y pobres, pese a que esos brotes son aún insuficientes para concentrar el suficiente capital político. Y aun así, la sensación de que la alternancia política es meramente decorativa, la impresión cada vez más generalizada de que nada cambia en Bruselas, en Fráncfort o en Berlín, los verdaderos centros de decisión europeos, puede provocar que toda esa presión derivada del incremento de las desigualdades es evacúe hacia los populismos, según temen fuentes europeas. “Los extremismos, además, buscan chivos expiatorios —la inmigración, la corrupción, el descrédito de las instituciones— y desvían el punto de mira del que debería ser el auténtico objetivo: reformas fiscales audaces y cooperación fiscal internacional para taponar los agujeros negros del sistema financiero”, apunta una fuente europea.
Charles Wyplosz, del Graduate Institute, añade que la Gran Recesión “no ha dejado de elevar el grado de desigualdad, y no va a dejar de hacerlo: ¿Quiénes han perdido su empleo, y quiénes van a seguir perdiéndolo? Para suavizar eso se inventaron las políticas contracícilicas: para acortar recesiones y aliviar el sufrimiento de los más desfavorecidos. Pero Europa insiste en que este es el precio que hay que pagar para purgar los pecados del pasado, el despilfarro fiscal y la falta de reformas. En cierto modo, los políticos que han abrazado esa narrativa tienen razón, pero en algún momento alguien tiene que darse cuenta de que todo este castigo tiene algo de inmoral y puede llevarse por delante el proyecto europeo”.
La desigualdad es uno de los aspectos más controvertidos y va y viene, una y otra vez. En el siglo XIX, Karl Marx y David Ricardo alertaron de las incógnitas que suponían altos niveles de desigualdad para el conjunto del sistema. Tras el crack de 1929 llegaron décadas de esplendor y el debate se soterró cuando los niveles de desigualdad bajaron drásticamente. En algunos lugares, algunos indicadores de desigualdad vuelven a niveles próximos a los años previos a la Gran Depresión: Estados Unidos ha tomado nota y su presidente, Barack Obama, señala la lucha contra la desigualdad como “uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo”; Nueva York ha elegido a un alcalde, Bill DeBlasio, que llevaba la desigualdad como el mascarón de proa de su campaña; los mejores economistas se enzarzan en agrias polémicas al respecto.
En Europa, cuna de Marx y Ricardo, el nivel del debate es muy inferior. Pero empieza a estar ahí. ¿Qué dicen los marxistas al respecto? Costas Lapavitsas, profesor de la Universidad de Londres, es tajante: “Las políticas de rescate han agravado la desigualdad en todos los aspectos: salarios, pensiones, desempleo, laminación del Estado del Bienestar. Queda claro que la UE no tiene ya un programa keynesiano, que proyecte poder blando a través del crecimiento y el nivel de vida: se ha convertido en un proyecto neoliberal puro, elitista, socialmente insensible, que promueve una nueva estratificación social. Dadas las pobres perspectivas de Europa, las cosas solo pueden empeorar: política y socialmente, más desigualdad sería un serio peligro para Europa a la vista de los extremismos que vienen”.
Desde la ortodoxia, un economista muy diferente a Lapavitsas, Daren Acemoglu, apunta en la misma dirección: “Lo más peligroso de la desigualdad es cuando llega a tocar la política: la democracia corre riesgos cuando hay gente con mucho dinero que puede llegar a tener un enorme poder”. El sociólogo español José María Maravall huye de tenebrismos y explica que la tendencia hacia la mayor desigualdad es inequívoca, pero en el pasado “ya pudo controlarse a través del gasto social y de las orientaciones políticas de los Gobiernos europeos en determinadas épocas, la más reciente durante los años noventa”. ¿Hay políticos en Europa dispuestos a dar un golpe de timón con políticas redistributivas, y electorados dispuestos a apoyarles?

Tomado de  http://www.totalnews.com.ar/

lunes, 25 de noviembre de 2013

Con o sin Bachelet, Chile sigue el camino de Pinochet

Vicky Peláez

Quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan a todo el poder  (Max Weber, 1864-1920).

Los golpes de Estado en América Latina siempre  dejaron profundas huellas en la sociedad y el desarrollo socio económico en el continente. Dicen los psicólogos que tienen que pasar varias décadas para que se diluya la herencia de cada dictadura y que la gente se libere del miedo de la persecución, la tortura y la muerte. Hace dos meses se cumplieron 40 años del golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile quien encabezó la dictadura en ese país entre los años 1973 y 1990, pero su legado sigue reflejándose en el quehacer diario del país, lo que se observó claramente durante las recientes elecciones presidenciales que tuvieron lugar el pasado 17 de noviembre.

Inclusive la vida de cada una de las dos principales candidatas presidenciales está entrelazada estrechamente con esa historia de Chile. Verónica Michelle Bachelet, representante de la Nueva Mayoría de orientación centro-izquierda obtuvo el 46.74 por ciento del voto, es la hija del general de la Fuerza Aérea de Chile, Alberto Bachelet y miembro del gobierno de Unidad Popular encabezada por Salvador Allende. Bachelet  se opuso al golpe de Estado en 1973 por lo que fue detenido por los esbirros de la dictadura, falleciendo seis meses después en la cárcel como resultado de las torturas que sufrió. También fue detenida Michelle Bachelet y su madre en 1975 en Villa Grimaldi antes de partir al exilio a la República Democrática Alemana, allí recibió el apoyo del presidente Erich Honecker quien después del derrumbe de la Muralla de Berlín se exilió en Chile donde murió en 1994.

Su principal rival en las recientes elecciones, y la candidata de la derecha tradicional chilena Evelyn Rose Mathei, obtuvo el segundo puesto con el 25.02 por ciento del voto. En contraste con Michelle Bachelet, Evelyn Mathei es la hija del general en retiro de la Fuerza Aérea, Fernando Mathei y estrecho colaborador de Augusto Pinochet. El participó en el proceso de persecución del padre de Michelle Bachelet. En 1988 durante el referéndum sobre la continuidad de Pinochet en el poder, Evelyn Mathei  fue una activa promotora del voto Sí para mantener ocho años más al sanguinario dictador al mando del país. 

Así es el Chile actual. En las pasadas elecciones presidenciales, sólo se sufragó la mitad de los habilitados pues la mayoría de los 17 millones de ciudadanos chilenos no creen en ninguna de las dos candidatas presidenciales y consideran que tanto con la presidenta centroizquierdista como con la derechista Chile estará atado al modelo neoliberal y no esperan cambios sustanciales en el país que es presentado en la última década por la prensa globalizada como “el Tigre Latinoamericano” en términos económicos. Es cierto que en los últimos 10 años el índice de crecimiento rondaba alrededor de un cinco por ciento. De acuerdo al director de la organización no gubernamental (ONG) “Educación 2020”, Mario Waissbluh, “Chile representa el más neoliberal modelo económico en el mundo. Los pilares del neoliberalismo, Estados Unidos y Gran Bretaña, comparando con Chile, parecen países socialistas”.

En Latinoamérica, Chile está ubicado en el quinto lugar por la desigualdad económica. Entre 2000 a 2009, el 20 por ciento de los más pudientes eran dueños del 58 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 20 por ciento de pobres tuvieron acceso a sólo el 4 por ciento. El sistema de pensiones hasta ahora mantiene el modelo instalado en la época de Pinochet basado en el dominio de fondos privados. El actual presidente Sebastián Piñera tuvo que reconocer que “la mitad de los chilenos no tienen acceso al Fondo de Jubilación y de los que lo tienen, el 40 por ciento están recibiendo el mínimo de beneficios”. En el 2011 esto significaba unos 180 dólares al mes.

El sistema educativo heredado  de Pinochet es considerado como el segundo más caro en el mundo después de Norteamérica. El 50 por ciento de la educación secundaria y el 90 por ciento de la universitaria están en manos del sector privado. En términos del costo esto significa que una familia de la clase media está obligada a destinar un 40 por ciento de su ingreso al pago de la educación universitaria de sus hijos. Esto implica la existencia de segregación social en el sistema educativo, por la cual Chile obtuvo el 64 lugar entre los 65 países evaluados por la Organización de Cooperación y Desarrollos Económicos (OECD) en 2009.

Precisamente las promesas de solucionar estos problemas llevaron a la candidata del bloque socialista de orientación centro izquierda, Michelle Bachelet a la presidencia de la república en 2006. Sin embargo, sus ideas socialistas se opacaron rápidamente en un sistema al que la sombra de Pinochet no dejaba libre. Durante cuatro años de su presidencia (2006-2010) la dirigente socialista de rostro sonriente y estilo tranquilo se transformó en una líder pragmática concentrada más en mantener la estabilidad macroeconómica del país que en el cumplimiento de sus promesas. No pudo cambiar el sistema educativo a pesar de un fuerte movimiento de los estudiantes de secundaria llamados, “pingüinos”. Hizo algo respecto a la sanidad y derechos de la mujer.

Sin embargo, el sistema neoliberal que abrazó Bachelet no ofreció muchas posibilidades para poder hacer cambios socioeconómicos en el país y redistribuir el ingreso. Las grandes corporaciones seguían consiguiendo más ganancias que en cualquier otro país de América Latina. En la política exterior, Bachelet, según sus propias palabras optó por “convergencia con el poder hegemónico del planeta”, es decir con los Estados Unidos. Sin duda alguna la beca de un año en el Colegio Interamericano de Defensa en Fort Lesley J. McNair  influyó mucho en su alejamiento de las ideas socialistas o simplemente progresistas. Su gobierno siguió aplicando la ley antiterrorista del gobierno de Pinochet especialmente hacia las comunidades nativas mapuche, persiguiendo inclusive a los menores de edad como terroristas a base de testigos secretos. El único delito de los mapuches es reclamar el derecho a su territorio ancestral.

Al no lograr la mayoría ninguno de los candidatos en los comicios del 17 de noviembre pasado, Michelle Bachelet está preparándose para la segunda ronda que tendrá lugar el próximo 15 de diciembre. Lo interesante es que su plan de gobierno de 200 páginas recibió una evaluación positiva de las instituciones neoliberales. J.P. Morgan Latin American Equity Research Center, en su último informe resaltó que se quedó “sorprendido positivamente” por el programa “moderado” de Bachelet que incluye “muchas ideas en apoyo al mercado libre” y que define como la “prioridad del gobierno asegurar el crecimiento económico”. También la candidata de la Nueva Mayoría empezó a suavizar sus consignas tipo “¡Educación gratuita y de Calidad!”,” ¡Nueva Constitución!” etc. para ganarse nuevos votantes que se asustan de las posibles reformas de toque progresista.

Tomando en cuenta el pragmatismo de Michelle Bachelet, es difícil esperar grandes cambios en su próximo gobierno que formaría si logre votos necesarios en las próximas elecciones en el país. Existen todas las condiciones para que las gane puse tiene el aval tanto del Partido Comunista como del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. El país ya se cansó del multimillonario presidente Piñera y no tiene otra alternativa a Bachelet. Al mismo tiempo su coalición Nueva Mayoría (NM) consiguió 68 escaños frente a los 48 que logró el conglomerado de la derecha, Alianza por Chile, sobre un total de 120 miembros de la Cámara de Diputados. También en el Senado la NM obtuvo 21 curules de los 38 existentes y la derecha se redujo a 16 senadores además de un independiente.

Los cuatro exdirigentes estudiantiles: Giorgio Jackson, Gabrielm Borick, Karol Cariola y Camila Vallejo de orientación progresista, siendo las dos últimas comunistas darán sin duda nueva vida al Congreso y bastante ajetreo a los sectores de la derecha. También los ex pingüinos presionarán fuertemente a Bachelet para que cumpla con algunas de sus promesas especialmente en lo respecto a la educación, salud y el cambio de la constitución.

Ya los jóvenes, dieron el mensaje a Bachelet cuando el pasado 17 de noviembre, el día de las elecciones, los estudiantes agrupados en la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) tomaron el cuartel general de Michelle Bachelet declarando que “El Movimiento Estudiantil en su conjunto tiene la claridad que más allá de los resultados de las elecciones, el próximo año y los que vienen serán de lucha y organización. Hoy la antigua Concertación se disfraza de la Nueva Mayoría, ha tomado nuestras demandas llevándolas a un programa que sabemos que no cumplirán, deformándolas y convirtiéndolas en propuestas para la clase empresarial y alejándolas de su origen: el movimiento social… Trabajaremos incansablemente por la articulación transversal de las luchas de hoy y las de mañana. Salga quien salga electo, seguiremos consecuentes y firmes con el movimiento social”.

Sin duda alguna, estos nuevos vientos que soplan en Chile darán mucho dolor de cabeza a los futuros gobernantes del país que está atado fuertemente al neoliberalismo y a una casi íntima relación comercial, financiera e ideológica con los Estados Unidos. Pero la historia demuestra que ninguna atadura es eterna y el destino de cada país no depende tanto de sus gobernantes como de la voluntad de su pueblo. Está llegando la hora de las nuevas generaciones de los chilenos los que determinarán el futuro de su país guiados, como decía Víctor Hugo, por “la llama que arde en sus ojos”.


Columna semanal de Vicky Peláez
 
Ria Novosti

domingo, 17 de noviembre de 2013

Desigualdad es el talón de Aquiles de Latinoamérica

Latinobarómetro: la desigualdad es el

América Latina vive en la actualidad un aumento de la educación y del crecimiento económico que ha significado el mayor nivel de satisfacción de vida desde 1995, pero la desigualdad sigue siendo el “Talón de Aquiles para pasar al siguiente escalón”, según un informe difundido hoy.

“La precariedad, la pobreza, la desigualdad y la discriminación, siguen siendo el “Talón de Aquiles” de la región, que de alguna manera le impide pasar al siguiente escalón”, señaló la socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro que entregó este viernes detalles del informe 2013.

En su opinión “la democracia en América Latina se ve retenida por la desigualdad en el acceso a bienes políticos y también bienes económicos, pese a que la región vive un nivel de prosperidad que no había visto antes”.

En esa línea destacó que en total un 68% de la región se ubica en la clase baja cuya mitad de sus integrantes están en situación precaria e incluso a algunos no les alcanza para comprar alimento, un 30% en la clase media que va en aumento y un 2 % en la clase alta.

“Tenemos con ello dos américas latinas, la que disfruta de los beneficios del crecimiento y la que mira cómo disfrutan los otros, por lo que veremos más protestas como manifestación de una ciudadanía consciente de las deficiencias del sistema económico, político y social”, añadió Lagos.

La medición del 2013 aplicó 20.204 entrevistas entre el 31 de mayo y el 30 de junio de este año, con muestras representativas del 100% de la población de cada uno de los 18 países en que se realiza, representando a la población que alcanza 600 millones de habitantes.

Según Marta Lagos, América Latina nunca había sido tan rica y próspera como ahora, pero al mismo tiempo coexiste con esta nueva región, la vieja pobreza que no logra ser desmantelada con el crecimiento económico.

Tomado de  http://elcomercio.pe

lunes, 11 de marzo de 2013

Estados Unidos: paraíso fracturado

 
Este es el país desarrollado con más pobreza y desigualdad, menos cobertura de seguridad social y mayor cantidad de prisioneros. 
 
Este es el país desarrollado con más pobreza y desigualdad, menos cobertura de seguridad social y mayor cantidad de prisioneros. Y en un reciente artículo, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz sostiene que el sueño americano es un mito, pues hay menos igualdad de oportunidades que en Europa y en cualquier país industrial avanzado.
Además del alto nivel de desigualdad, la brecha no deja de crecer, pues en la recuperación del 2009 y 2010, el 1 por ciento de los estadounidenses con mayores ingresos se quedó con el 93 por ciento del aumento de la renta, y hay una tendencia a la concentración de ingresos y riqueza en la cima, reducción de las capas medias y a un incremento de la pobreza en los estratos bajos. Y lo más grave es que los banqueros que dejaron a la economía mundial al borde de la ruina recibieron jugosas bonificaciones.
En la cima están quienes obtuvieron su riqueza ejerciendo el monopolio del poder. Son ejecutivos que aprovecharon deficiencias de gobierno corporativo para quedarse con una cuota excesiva de la ganancia de las empresas, y otros que usaron sus conexiones políticas para sacar partido de la generosidad del Estado, cobrándole demasiado por lo que compran (medicamentos) o pagándole poco por lo que venden (permisos para explotación de minerales).
En el caso de los financistas, su riqueza proviene de la explotación de los pobres, por medio de préstamos predatorios y prácticas abusivas con el uso de tarjetas de crédito.
Ello niega la validez de la teoría del ‘derrame’, que sostiene que enriquecer a los de arriba redunda en beneficio de todos, ya que la mayoría de los estadounidenses cuentan con menos ingresos reales, ajustados por la inflación, que en 1997. La legislación de quiebra privilegia los derivados financieros, pero no permite la extinción de las deudas estudiantiles. ¡Todos los beneficios del crecimiento fluyeron hacia la cima!
El país creció más rápido durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, con las políticas del Estado de Bienestar, que después de 1980, cuando comenzaron las políticas de mercado. Lo grave es que la desigualdad reduce el crecimiento y la eficiencia, pues el activo más valioso con que cuenta la economía (su gente) no se emplea plenamente, y la recesión agravó la desigualdad, provocando recortes en gastos sociales básicos y un alto nivel de desempleo que presiona sobre los salarios a la baja.
Concluye Stiglitz, que la desigualdad está corroyendo los valores e identidad, ya que ofrece favoritismo para los ricos y justicia para los que puedan pagársela: esto quedó demostrado en la crisis de las ejecuciones hipotecarias, cuando los grandes bancos creyeron que además de demasiado grandes para quebrar, eran muy grandes para hacerse responsables. Estados Unidos no puede, entonces, considerarse la tierra de oportunidades que alguna vez fue.

Escrito por  Portafolio.co  

Tomado de  http://www.cubasi.cu

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