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viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Realmente se suicidó Salvador Allende?

  ¿Realmente se suicidó Salvador Allende?

La muerte del ex presidente de Chile, Salvador Allende, continúa siendo un misterio aun 40 años después de su acontecimiento, cuando el dictador Augusto Pinochet diera su famoso golpe de Estado en este país el 11 de septiembre de 1973.

La versión oficial narra que Salvador Allende se suicidó con un fusil de asalto AK-47, regalo de Fidel Castro, después de que Pinochet diera su coup d’Etat.

Sin embargo, la orden de exhumación del cadáver de Salvador Allende el 23 de mayo de 2011 por parte del juez Mario Carroza es girada con el explícito propósito de establecer y esclarecer “la manera de la muerte o las circunstancias que rodearon a la misma”.

El médico forense español, Francisco Etxeberría, quien participó en la exhumación, determinó el 19 de julio de ese año que la causa de muerte de Salvador Allende había sido suicidio.
“Con base en argumentos técnicos y científicos, podemos asegurar que la muerte del presidente Salvador Allende se produjo como consecuencia directa de un disparo realizado bajo el mentón que le produjo la destrucción de la cabeza y la muerte inmediata, lo que interpretamos como suicida desde la perspectiva forense”, expuso Etxeberría.
Sin embargo, el periodista chileno Francisco Marín llevó a cabo su propia investigación, denominada Yo no me rendiré, junto al médico forense Luis Ravanal, que pone en duda nuevamente la versión oficial de suicidio de Salvador Allende.

lunes, 9 de septiembre de 2013

El derrocamiento de Allende, contado por Washington





Desde 1961, apenas posesionado, el presidente John F. Kennedy nombró un comité encargado de las elecciones que se desarrollarían en Chile tres años después. Según la investigación de la Comisión Church del Senado estadounidense[1], estuvo compuesto de altos responsable del Departamento de Estado, la Casa Blanca y la CIA. Este Comité fue reproducido en la embajada estadounidense en Santiago, capital chilena. El objetivo era impedir que el candidato socialista, Salvador Allende, ganara los comicios [2].

Allende era un marxista convencido de que por la vía pacífica se podía llegar al gobierno, y, desde ahí, darle un vuelco a las estructuras del Estado en beneficio de las mayorías empobrecidas. Expresaba que para lograr tal objetivo se debía nacionalizar las grandes industrias, priorizando las que estaban en manos estadounidenses, al ser éstas las que explotaban los recursos estratégicos. Estos, y otros ideales sociales, lo convirtieron en un indeseable para Washington: podría servir de ejemplo para los pueblos de otras naciones latinoamericanas.

Para hacerle oposición, varios millones de dólares fueron distribuidos entre los partidos políticos de centro y de la derecha para que realizaran su propaganda. Al momento de elegir el candidato a la presidencia, Washington decidió apoyar a Eduardo Frei, del partido Demócrata Cristiano, un personaje que impuso a sus otros financiados.

En total, la operación costó unos veinte millones de dólares, una suma inmensa para la época, al punto de sólo poderse comparar con lo gastado en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es que Washington no tanto invirtió en el candidato Frey, sino que realizó toda una campaña de propaganda anticomunista a largo plazo.

La Comisión del Senado dijo: “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales.” La Comisión reconoció que la CIA realizó, por intermedio de sus partidos comprados y varias organizaciones sociales, una “campaña alarmista” donde el objetivo principal fueron las mujeres, a las cuales se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende. Afiches distribuidos masivamente mostraban a niños llevando en la frente un tatuaje con la hoz y el martillo. La tradición religiosa también fue manipulada al máximo para que se temiera al “comunismo ateo e impío.”
La operación psicológica funcionó por encima de las expectativas: Frei logró el 56% de votos, mientras que Allende el 39%. La CIA, según la Comisión del Senado, aseguró que “la campaña de inculcar miedo anticomunista había sido la más eficaz de todas las actividades adelantadas.”

Fue una operación psicológica, con carácter de guerra, cuya base eran los planes aplicados en Guatemala que terminaron derrocando al presidente Jacobo Arbenz, en junio de 1954 [3]. Una operación que en Chile no se desmanteló con el triunfo de Frei, porque, a pesar de todo, la cantidad de votos logrados por Allende fue alta. Y el vencido tenía todas las intenciones de presentarse a las futuras elecciones.

En sus Memorias William “Bill” Colby, jefe de la CIA entre 1973 y1976, cuenta que durante las elecciones presidenciales de 1970, “la CIA debió dirigir todos los esfuerzos contra el marxista Allende. Ella se encargó de organizar una vasta campaña de propaganda contra su candidatura.” [4] La operación se llamó “Segunda Vía”. Todo por orden directa del presidente Richard Nixon.

Henry Kissinger, el consejero para la Seguridad Nacional del presidente, expresaría durante una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, el 27 de junio de 1970: “Yo no veo por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” [5] O sea, la soberana decisión de los ciudadanos no podía ser válida si no estaba en concordancia con los intereses estadounidenses. Durante esta reunión se decidió sumar trescientos mil dólares a la operación de propaganda que ya se adelantaba.

Según la Comisión Church del senado, Richard Helms, jefe de la CIA desde 1966, envió a dos oficiales de la CIA, a los que conocía desde los primeros preparativos de invasión a Cuba, como responsables; ambos especialistas de la guerra psicológica y la desinformación; con importante participación en el golpe de Estado en Guatemala, y acababan de desembarcar de la guerra en Indochina: David Atlee Phillips y David Sánchez Morales. La Comisión del Senado dijo que una de las consignas que englobaba la campaña era: “La victoria de Allende significa la violencia y la represión estalinista.”

Pero el 4 de septiembre de 1970 Allende ganó las elecciones. Escribe Colby que “Nixon entró en cólera. Él estaba convencido de que la victoria de Allende haría pasar a Chile al campo de la revolución castrista y anti-americana, y que el resto de América Latina no tardaría en seguirle los pasos.” Prosigue el ex patrón de la CIA: Nixon convocó a Helms “y le impuso muy claramente la responsabilidad de evitar que Allende asumiera sus funciones.” En la misma reunión Nixon encargó a Kissinger darle un seguimiento estricto al complot.

Es que quedaba una posibilidad para evitar que Allende asumiera la presidencia: había triunfado pero con una mayoría relativa, debido a que las fuerzas de izquierda se habían dividido, carcomidas por la campaña mediática y/o el dinero que la CIA logró inyectar a ciertos grupos. Por tanto el Congreso chileno se debía reunir el 24 de octubre para decidir entre Allende y Jorge Alessandri, candidato del partido conservador y quien obtuviera la segunda votación. El plan de Washington era, entonces, comprar el voto de congresistas para que no confirmaran el triunfo del socialista. Helms envió a un “grupo de trabajo” que mantuvo una “actividad frenética” durante seis semanas”, según relata Colby. Esto tampoco funcionó y Allende sería declarado ganador de las elecciones.

Los operarios especiales de la CIA tomaron contacto con responsables políticos y militares para seleccionar aquellos que podrían estar listos para actuar contra Allende, “y determinar con ellos la ayuda financiera, las armas y el material que fuera necesario para barrerlo de la ruta hacia la presidencia”, según Colby.

La mayor esperanza se centró en las Fuerzas Armadas, pero todo dependía de su comandante, el general René Schneider. El problema que encontró la CIA es que este militar había expresado claramente que su institución respetaría la Constitución. Y Colby, en sus Memorias, reconoce con una naturalidad espeluznante: “Entonces era un hombre a matar. Se organiza contra él una tentativa de secuestro que termina mal: fue herido al oponer resistencia y muere poco después debido a las heridas.”

Según la Comisión Church el 22 de octubre, muy temprano en la mañana, la CIA entregó a conspiradores chilenos metralletas y municiones “esterilizadas”, denominadas así porque en caso de investigación no es posible determinar su origen. Horas después se produjo el atentado. Tres días después moriría Schneider, “el hombre a matar”. Inmediatamente el presidente Nixon envió un cínico mensaje a su homólogo chileno: “Yo quisiera hacerle parte de mi dolor ante este repugnante acto.” El sucesor de Schneider sería un tal general Pinochet.

El 3 de noviembre de 1970 Allende se posesionó como presidente: Nixon no le envió el regular mensaje de felicitación que exige el protocolo diplomático, ni el embajador estadounidense asistió a la investidura.

Ahora correspondía preparar la desestabilización del nuevo gobierno, lo cual se encargaría a la Dirección del Hemisferio Occidental de la Agencia. Una dependencia que desde 1972 tuvo como director a un oficial con gran experiencia en operaciones clandestinas: Ted Shackley. Y éste nombró a su hombre-sombra, Tom Clines, para que se concentrara en el “caso Allende”, teniendo bajo su responsabilidad a los viejos colegas Sánchez Morales y Atlee Phillips.

En marzo del siguiente año Bill Colby vuelve a ser el superior de Shackley y Clines como subdirector de Operaciones Especiales. Este trío regresaba de estar al frente de la guerra sucia en Indochina, muy particularmente en Vietnam.

Desde 1972 este equipo de la CIA, en Washington y Chile, fue desarrollando la operación más perfeccionada de desinformación y sabotaje económico que hasta ese momento se conociera en el mundo. Colby confesó que fue una “experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera para desacreditar y derrocar a un gobierno." [6]

No fue todo. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria para un eventual golpe de Estado. “Listas de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno si se diera un levantamiento militar.” [7]

Según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, esta información sensible de Estado fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y de dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, La Unidad Popular [8] . Mientras que en Washington los empleados de la embajada chilena se quejaban de la desaparición de documentos, no sólo de la sede diplomática sino de sus propios domicilios. Sus comunicaciones fueron sometidas a escucha. Un trabajo realizado por el mismo equipo que muy poco después se involucraría en el Watergate. [9]

La acción contra Allende necesitó de una campaña internacional de difamación e intrigas. Buena parte de ella fue encargada a un inexperto en política exterior y casi desconocido político, aunque viejo conocido del presidente Nixon y de los hombres que adelantaban la operación: George H.W. Bush. Esa tarea la realizó como embajador en la ONU, función que ocupaba desde febrero de 1971. Cuando fue nombrado para el cargo nadie quiso recordar que pocos meses antes había logrado, como representante a la Cámara de Texas, que se restableciera en ese Estado la pena de muerte para los “homosexuales reincidentes”.

El 11 de septiembre de 1973 se da el sangriento golpe de Estado contra el gobierno de Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, y se desata una terrible represión. Aunque Shackley había dejado su cargo unos días antes de aquel fatídico día, fue la figura clave en el operativo. Su biógrafo afirma: “Salvador Allende murió durante el golpe. Cuando el humo se disipó, el General Augusto Pinochet, dirigente de la Junta Militar, estaba en el poder dictatorial, debido en parte al arduo trabajo de Shackley [...]” [10]

Casi un mes después, el 16 de octubre, Henry Kissinger recibiría el Premio Nobel de la Paz… Al año siguiente del golpe, mientras la dictadura seguía ensangrentando a la nación, el presidente Gerald Ford declaraba que los estadounidenses habían actuado “por los mejores intereses de los chilenos y, obviamente, para los de Estados Unidos." [11]

Mientras que en 1980 el ex presidente Nixon escribiría: “Los detractores se preocupan únicamente por la represión política en Chile, e ignoran las libertades fruto de una economía libre […] Más que reclamar la perfección inmediata en Chile, deberíamos apoyar los progresos realizados.” [12]
(* Con algunos pocos cambios, este es un capitulo tomado del libro “El Equipo de Choque de la CIA”. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.)

Por Hernando Calvo Ospina

Notas:
1- Comisión especial presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” November, 1975. U.S. Government printing office 61-985, Washington, 1975.
2- Cover Action in Chile, 1963-1973. The Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, US Senate. Washington, 18 décembre 1975.
3- El presidente estadounidense Dwight David Eisenhower autorizó a la CIA el derrocamiento de Arbenz, aplicando un plan integral, inédito hasta ese momento en el continente, que contenía acciones de guerra sicológica, mercenaria y paramilitar, cuyo nombre en clave fue PBSUCCESS. Ver: Cullather, Nick. "Secret History: the CIA Classified Accounts of its Operations in Guatemala, 1952-1954". Stanford University. 1999.
4- Colby, William. "30 ans de C.I.A." Presses de la Renaissance. París, 1978.
5- Newsweek. Washington, 23 septembre 1974.
6- New York Times. 8 septembre 1974.
7- Cover Action in Chile, 1963-1973. Ob. Cit.
8- Blum, William. "Les guerres scélérates". Parangon, París 2004.
9- Watergate se llamaba el edificio donde ese encontraban las oficinas del Partido Demócrata. Ilegalmente, en 1972 el presidente Nixon ordenó que fueran puestas bajo escucha. Ante las pruebas y el escándalo el presidente debió renunciar en agosto de 1974. Ver: Marchetti, Victor y Marks, John. "La CIA et le culte du renseignement". Ed. Robert Laffont. París, 1975.
10- Corn, David. Blond Ghost, "Ted Shackley and the CIA’s Crusades". Simon & Schuster. New York, 1994.
11- New York Times. 17 septembre 1974.
12- Nixon, Richard. "La vraie guerre". Albin Michel. París, 1980.

sábado, 31 de agosto de 2013

Chile 1973: Me salvó de la muerte un oficial FACh

 Foto: Matías Delacroix/Terra.cl Fernando Villagran Foto: Matías Delacroix/Terra.cl

“Aunque  el Golpe acechaba como un fantasma”, recuerda el economista, periodista y productor audiovisual Fernando Villagrán, “fue un impacto tremendo despertar el martes 11 de septiembre con un bando militar y observar desde el departamento en que vivía, cerca de una rotonda en Ñuñoa, el movimiento temprano de tropas. Pensé que llegaba la hora de jugarse entero por defender el Gobierno de Allende y a eso estábamos llamados los cientos de miles que una semana antes habíamos llenado las calles celebrando su tercer año en La Moneda. El último discurso de Allende y el bombardeo de La Moneda- que jamás imaginé posible- fueron un golpe emocional desgarrador, donde se mezclaron tristeza, indignación y desconcierto por lo que se avecinaba”.
Fernando Villagrán a los 24 años, en 1973 Foto: Terra
Fernando Villagrán a los 24 años, en 1973
Foto: Terra

Fernando había cumplido 24 años, estaba en último año de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile, dedicaba la mayor parte de su tiempo a la actividad política, como dirigente del Mapu Obrero Campesino, partido integrante de la Unidad Popular. Estaba casado desde hace dos años y esperaba a su primer hijo.

Hoy, a los 64 años, Villagrán es un periodista conocido y polémico. Después de la prisión, la tortura y el exilio, desde 1982 dirigió durante años la revista APSI, opositora al régimen militar; se asoció con Rodrigo Goncalves, y desde su conocido café Off The Record gestaron un reconocido programa de entrevistas a escritores e intelectuales; junto al cineasta Ignacio Agüero fue guionista del polémico documental “El diario de Agustín”, donde se denuncia el rol desestabilizador de  El Mercurio durante el gobierno de la UP;  en 2002 publicó en ensayo “Disparen a la bandada”, texto que mereció el Premio Altazor y que en el último tiempo ha servido para contextualizar lo sucedido entre camaradas en la Fuerza Aérea con ocasión del Golpe del 73, en particular lo acontecido con el general Alberto Bachelet, padre de la actual candidata a la presidencia, quien fue detenido y torturado por sus compañeros de armas. 
La portada de la reedición de Disparen a la bandada, publicado en 2002 y ganador del premio Altazor. Foto: Terra
La portada de la reedición de Disparen a la bandada, publicado en 2002 y ganador del premio Altazor.
Foto: Terra

Aquí recuerda su propia indefensión el 11 de septiembre de 1973:

“Me moví casi mecánicamente cumpliendo lo que habíamos previsto en el Partido si se concretaba la amenaza de Golpe. Tuve claro que todo sería muy diferente de lo que había ocurrido en el “Tanquetazo” del 29 de junio del 73 y que venía un brutal cambio para nuestra existencia. Así funcioné en contacto y encuentros con compañeros, preparando un posible apoyo a fuerzas militares leales que se opusieran al Golpe. En eso estaba cuando fui detenido el 15 de septiembre en las proximidades de la Población La Legua. Allí vino una experiencia durísima de seis meses como prisionero de la flamante dictadura que marcó en muchos sentidos mi vida futura, la que existió gracias a un oficial de la FACH que me salvó de la ejecución sumaria resuelta por mis torturadores. En todo caso, cuando supe, estando preso en el Estadio Nacional, que había nacido mi hija, sentí que tenía un tremendo y hermoso desafío para sobrevivir a los negros momentos que estaba pasando".

El oficial en cuestión fue el capitán Jorge Silva, que estaba a cargo de la logística de la Escuela de Especialidades de la FACh, en la base El Bosque. Fernando Villagrán y Felipe Agüero fueron detenidos con “documentación subversiva” y torturados brutalmente.
El capitán Jorge Silva salvó a Villagrán, a Felipe Agüero y a dos dirigentes sindicales detenidos en la Escuela de Especialidades de la FACh Foto: Terra
El capitán Jorge Silva salvó a Villagrán, a Felipe Agüero y a dos dirigentes sindicales detenidos en la Escuela de Especialidades de la FACh
Foto: Terra

“Nos pasó de todo: simulacros de fusilamiento, golpizas, interrogatorios durísimos. Estábamos en el llamado ‘galpón rojo’, junto a decenas de pobladores de La Legua, en muy mal estado. Silva, quien había sido parte de un complot para asesinar a Allende en 1970, se las arregló para contarle al Presidente cómo se había visto involucrado en eso, y sus compañeros le pasaron la cuenta. Por eso, y por ayudarnos a Felipe y a mí, sacándonos en un convoy que partió al Estadio Nacional y que fue lo que nos salvó del ajusticiamiento que ya habían decidido nuestros interrogadores. Él se enteró, se desesperó e hizo eso por nosotros y por dos dirigentes sindicales. A los 15 días, era un detenido más. Y nos lo encontramos en la Cárcel Pública en octubre. Estaba junto al general Bachelet y a otras decenas de oficiales de la FACh que fueron detenidos. Eso fue lo que inspiró mi libro ‘Disparen a la bandada’. Un correo que nos mandó él desde Londres, donde vive hasta el día de hoy, y que fue el hilo que seguí para contar esa verdad”.

UN DÉFICIT DE MEMORIA
 
Su experiencia a los 24 años es particularmente dura, porque -como muchos- él era un joven idealista, educado, de clase acomodada, que creía en la promesa de la UP:

“Yo estaba absolutamente comprometido con la idea de una revolución socialista en Chile, que pasaba por el éxito del Gobierno de Salvador Allende. Creía en que por esa vía sería posible terminar con las grandes injusticias y carencias que afectaban la vida de millones de chilenos, mientras una minoría acaparaba el poder y la riqueza. Sentía que el Gobierno de Allende caminaba en ese sentido y encarnaba una utopía alcanzable. La reacción odiosa de poderosos sectores económicos y sociales en su contra reforzaba mi compromiso con la causa socialista y la disposición a cualquier sacrificio personal. Pese al clima de conflicto y caos que vivía el país yo era optimista en lo que estaba por venir. Estaba casado hacía dos años, mi compañera tenía un embarazo de siete meses. Me relacionaba con muchos jóvenes y mayores que compartían ese compromiso social y político. Sentía que tenía muy buenos amigos, con los que disfrutaba gratos momentos. Pese a que las diferencias políticas que dividían a los chilenos también se manifestaban en mi familia, mantenía una fuerte relación afectiva con mis padres y hermanas”.

Disfrutaba además y era un apasionado del fútbol, de la “U”, el equipo de sus amores.  

Fernando Villagrán con sus hermanas, en el matrimonio de la mayor, en plenos años 70. Foto: Terra
Fernando Villagrán con sus hermanas, en el matrimonio de la mayor, en plenos años 70.
Foto: Terra
“Era un tiempo intenso, todo ocurría vertiginosamente. Mandaba lo colectivo  y asociativo por sobre lo individual. Disfrutaba la música, el cine, la lectura y el teatro como expresiones artísticas, donde también se trasuntaba una época de grandes cambios. Tengo la sensación de multitudes en las calles. Muchos encuentros con los amigos se daban en torno a comidas en ‘buenas picadas’, la noche era larga como la conversación. Para mí el fútbol siempre fue una pasión. Siendo hincha de la “U” y habiendo gozado antes, en compañía de mi viejo, la época de oro del “ballet azul”, el año 73 disfrutaba viendo el juego de Colo Colo, que tenía entonces un gran equipo”.

-¿Cuáles son tus conclusiones, tu balance a 40 años: qué aprendiste, cómo estás, qué te preocupa?

-Todavía estamos aprendiendo en un mundo que cambió totalmente en estas cuatro décadas, en todas las dimensiones de la vida humana. En lo que se refiere a la experiencia del Golpe de Estado y sus secuelas, tenemos como sociedad un gran déficit de memoria histórica para que las nuevas generaciones saquen sus propias conclusiones. Ha existido un bloqueo de parte de los grupos que se beneficiaron económicamente de la dictadura y sus crímenes. Ellos han blanqueado sus responsabilidades en el drama de la ruptura democrática que vivió el país. En el mundo se derrumbó un modelo de socialismo que fracasó y se ha impuesto en Chile uno libremercadista que se asienta en la injusticia y las desigualdades. No hay modelos a imitar y existe un vacío de liderazgos a seguir. Pero reside en la ciudadanía, en el pueblo, la capacidad para aprovechar en su beneficio los avances del conocimiento para conquistar una mejor calidad de vida, en democracia y en paz. En ese sentido la utopía democrática, libertaria y de justicia social sigue existiendo y también, en otro contexto, requiere del compromiso colectivo y solidario que sentimos hace 40 años los que fuimos allendistas. Es un desafío abierto, donde la palabra principal la tienen las nuevas generaciones.

-¿Qué piensas de la renuncia del ex Comandante en Jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre a la presidencia del Servel?

-Que quedó pésimo. Que judicialmente tiene cómo cubrirse. Que como Comandante en Jefe fue de lo más decente que hubo, pero que lo sucedido en Chile en materia de derechos humanos fue tan brutal, que todo lo construido, se deshace con un detalle. 

Terra
 
Tomado de  http://noticias.terra.cl

domingo, 16 de junio de 2013

El golpe contra Allende y la agitación fascista en Venezuela

 
Al aproximarnos a los 40 años del golpe que derribara al gobierno popular de Salvador Allende acecha el fascismo contra la Revolución Bolivariana gesta emancipadora de inmensa gravitación para América y el mundo, sirviéndose con maquiavélico oportunismo de la desaparición del Comandante Chávez y tras una nueva derrota electoral en un prístino proceso validado transversalmente por la comunidad internacional, con desparpajo invocando un supuesto fraude, la derecha fascista levanta una ola de provocaciones, estimulan el caos, la violencia y el desconcierto tras el perverso objetivo de dividir al país y llevarlo a una confrontación fratricida que cree las condiciones para que luego “en aras de la paz y la restauración democrática” legitime una intervención externa similar a las que ahogan en sangre a los pueblos árabes y tras el mismo objetivo, los recursos energéticos y de paso abortar el proceso integrador del cual ha sido un eje vital la Revolución Bolivariana.
La situación que vive Venezuela y el sibilino relato empleado para deslegitimar al gobierno de Nicolás Maduro, nos hacen revivir el clima previo al golpe fascista que derribo al gobierno del Presidente Allende con su secuela de muerte, desapariciones, dolor e inmenso retroceso de los avances impulsados por el gobierno popular en favor del pueblo de Chile y que instalo a sangre y fuego el laboratorio neoliberal expandiéndose como una mancha negra en todas direcciones imponiendo las leyes del mercado como panacea maravillosa para la oligarquía, jibarizando el rol del Estado a un papel subsidiario, apropiándose desvergonzadamente de las empresas vitales creadas en decenios por todos los chilenos, retornando a manos transnacionales nuestra riqueza fundamental, el cobre, aplicando políticas que sólo trajeron miseria y hambre y que es la perspectiva que se impondría si el fascismo se abriera camino en la tierra de Bolívar.
Los fenómenos políticos y sociales en nuestro continente tienen puntos de encuentro y similitudes, han transcurrido 40 años y los cambios en todos los planos son inmensos aún así es aconsejable invocar e intercambiar acontecimientos que guardan similitudes cuando en América se libran proyectos emancipadores y cursan procesos de integración y unidad entre pueblos hermanos más aún cuando emerge el fascismo y la agresividad intrínseca del imperialismo y las oligarquías como se han verificado contra Bolivia, Ecuador, Honduras, Paraguay y hoy contra el pueblo hermano de Venezuela.
Ambos procesos, el de la Unidad Popular liderado por Allende y la Revolución Bolivariana del Comandante Chávez surgieron de claros procesos electorales cabalgando en la movilización popular, las gestión de ambos gobiernos recuperaron para sus pueblo la dignidad de los seres humanos y en lo económico retorno a sus dueños legítimos las riquezas estratégicas en manos del imperialismo norteamericano y las transnacionales, Allende el cobre que bautizó como “la viga maestra de la economía” y Chávez la riqueza petrolera y el gas natural.
De estas medidas vitales surge el enemigo más encarnizado y permanente conspirador contra ambos procesos, el gobierno de Estados Unidos. Asumido el gobierno de Allende Nixon espetó, “hay que hacer aullar la economía chilena”, Bush calificó a Venezuela en el eje del mal y hoy Obama desconoce el resultado electoral estimulando la sedición y la intervención.
Contra ambos procesos se emplearon y aplican los procedimientos diseñados por expertos de la comunicación y la manipulación de la conciencia colectiva, la guerra psicológica que conduzca a la alienación, la máxima del ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, “mentir, mentir, que algo siempre queda”, se aplicó en Chile desde antes que triunfara Allende y durante los mil días de su Gobierno. En Venezuela se demonizó la figura y gestión del presidente Chávez con métodos más modernos y sofisticados y hoy los embates mediáticos en contra del presidente Maduro van en la línea de deslegitimarlo, fue y es la misma matriz, crear la sensación de desgobierno, desacreditar a sus personeros, instalar la idea de que el país sufre una dictadura y los poderes del estado están siendo avasallados e inescrupulosamente, bajo el amparo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), chillaban en Chile y hoy en Venezuela de falta de libertad de prensa (sic), siendo precisamente El Mercurio, El Universal, El Nacional, respectivamente, los poderosos centros de emisión permanente de injurias en la estrategia del terrorismo mediático fascistizante.
Sobre nuestro país el informe “Covert Action in Chile”, redactado por la Comisión presidida por el legislador Frank Church del senado de Estados Unidos, develó el financiamiento e intervención de la CIA para llevar adelante el golpe fascista que derribó al gobierno de Allende, denunció el soborno a ejecutivos y periodistas de El Mercurio, la fundación de diarios sediciosos como Tribuna y Sepa, la infiltración al medio periodístico, la edición de informativos radiales tendenciosos, etc..., la línea editorial de esta maquinaria propagandística predecía el colapso económico, el temor a lo que viene, magnificando el desabastecimiento, especulando sobre la intromisión cubana etc., y el mismo informe del senado norteamericano señala las cuantiosas cifras en dólares que recibían los yanaconas.
En Venezuela se opta por el financiamiento de las ONG conspirativas y la remesa desde 2002 al 2012 de más de 200 millones de dólares para el financiamiento de campañas desinformativas incrementadas en torno a 40 millones de dólares en cada proceso electoral, así la línea editorial de los medios oligárquicos no da tregua con sus ataques que rayan en la procacidad incitando impúdicamente a la sedición, invitando a “pronunciamientos militares”,- como recientemente reseña El Nacional en su artículo “Se anuncia tempestad”-, que de inmediato repican CNN, ABC, El País y demás componentes del arsenal mediático internacional controlada por los empresarios de la SIP y que integran en Chile, El Mercurio, La Tercera, los canales de TV. La historia se repite.
En la actual coyuntura venezolana un elemento profusamente explotado por los medios del imperio ha sido el desabastecimiento. Cuando se imponen políticas neoliberales y la economía de los gobiernos de turno aplican sin contrapeso los lineamientos del FMI y del Banco Mundial la mayoría de la población de esos países está desabastecida, segmentos de ella sufren el hambre, no tienen acceso al estudio ni a derechos sociales, en estos días de lluvia en Chile hemos vistos las dramáticas y conmovedoras escenas en las poblaciones con casas anegadas, sin techo, sufriendo las inclemencias del frío, y madres que lastimosamente demandaban leche o pan para sus hijos, esto a pocos días de que Piñera nos mostrara profusamente en las cadenas televisivas en su mensaje anual y… último, un Chile paradisiaco, de otra galaxia. En Europa, bajo la crisis galopante del sistema, se llega al suicidio porque te arrebatan la vivienda o nos conmueven las imágenes de seres humanos hurgando en los tachos de la basura, bajo el neoliberalismo para un porcentaje mayoritario del pueblo, el desabastecimiento es perenne y sufre como señalaba Fidel, “ la tortura de las vitrinas” abarrotadas como parte de un sistema que estimula el consumo irracional y sin medida, para esa mujer chilena que reclamaba leche, bajo la lluvia o esos seres que en Europa hurgan comida, las mercancías sí están disponible, el terrible drama es el desabastecimiento o carencia de dinero con que adquirirlas.
La oligarquía, la derecha saben cómo llevar adelante la guerra política, psicológica, en 1970 al conocerse el triunfo de Allende se gatilló una “corrida bancaria”, se difundieron rumores sobre expropiaciones de viviendas acomodadas, se inicia el sabotaje económico, los ganaderos trasladan a Argentina 200 mil cabezas de ganado, estimulan el acaparamiento, la especulación, el mercado negro, El Mercurio profetiza en 1972 que no habría carne ni para comerse nuestra tradicional empanada, se instaló la psicosis por la adquisición de cualquier producto bajo la presión de la alarma del desabastecimiento. Las políticas implementadas por el gobierno popular estaban destinadas fundamentalmente a cubrir las necesidades de la población entregando por ejemplo gratuitamente medio litro de leche a cada niño alcanzando a repartir en 1973, - aún bajo las drásticas dificultades que se enfrentaban -, 49 millones de litros a 3 millones 600 mil niños, impulsando la redistribución del ingreso con marcados mejoramientos salariales que aumentaron drásticamente el poder de consumo de la población frente a una estructura de oferta que aún no se hacía equivalente a este crecimiento.
Los enemigos de clase desataron el boicot empresarial, el paro de los empresarios de camiones, el abarrotamiento de las mercancías en los almacenes portuarios ocasionado por los importadores que no las retiraban, el sabotaje contra tendido eléctrico y puentes, los paros de gremios profesionales de clase media y toda una batería científicamente diseñada para transitar hacia el golpe fascista. Todo esto en medio de la práctica de una experiencia inédita, manejar por el pueblo las empresas que ancestralmente habían estado en manos de la oligarquía y pasaban al Estado en la perspectiva de la construcción socialista.
Como parte de la campaña del terror sobre el consumo, a la ayuda de barcos soviéticos y cubanos que incrementaban la pesca para paliar las necesidades alimentarias, difundían la patraña que estos pescados se vendían congelados porque estaba descompuestos y los rusos le inyectaban penicilina solidificando a bajas temperaturas para evitar el envenenamiento o que las conservas provenientes de China estaban contaminadas con peste porcina africana. (Sic).
Una de las formas de enfrentar el desabastecimiento por parte del gobierno fue mediante la creación de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), constituidas por los pobladores en cada unidad vecinal y que tenían como misión ayudar al aprovisionamiento del comerciante logrando regularizar la distribución y precio de los productos, denunciar el acaparamiento y especulación constituyéndose además en una forma de participación popular en la gestión de gobierno.
Encontramos elementos análogos en Venezuela cuando por primera vez el pueblo tiene acceso por diversas vías a la renta petrolera que por decenas de años absorbieron las transnacionales y la burguesía local bajo una estructura económica mono productora y rentista, el impulso de programas sociales mediante las Misiones para lograr plena y gratuita educación logrando que uno de cada tres venezolanos este integrado a programas de educación pública; llevar la salud a las poblaciones; fijar regulaciones de precio para poner los alimentos al alcance de la gente, montar circuitos como Mercal para lograr la Soberanía y Seguridad Alimentaria que permite que el 94% de todos los estratos de la población coman 3 a 4 veces al día y que 4.150.000 estudiantes reciban 2 comidas y una merienda en sus centros de estudio o que se provean vía MERCAL alimentos hasta con un 80% de descuento, se sustenta en el incremento de la inversión social a un 62,65% del total de los ingresos del país desde 1998 al 2012 . Junto a esto se determina la regulación de alquileres, medicinas, la construcción y entrega de 385 mil viviendas como parte de un plan de más de dos millones de viviendas dignas, se alcanza a dos millones cien mil pensiones de vejez; etc. Estas medidas revolucionarias que permiten recuperar la dignidad humana ha permitido que se hayan cumplido la Metas del Milenio antes del 2015 y mostrar el índice más bajo de desigualdad social, 0.039 puntos, en América.
Este ha sido un esfuerzo titánico y por cierto prevalecen problemas e insuficiencias y se han cometido errores planteándose correcciones y cambios desde el gobierno recién iniciado con un sentido autocrítico que es esencial en todo proceso revolucionario, los procesos de cambios como el intentado por Allende o Chávez se emprenden con una carga milenaria de concepciones, limitaciones, falencias propias de la ideología imperante y además con la estructura económica del sistema capitalista rodeado de un poderoso entorno hostil y agresivo.
En el caso de Revolución Bolivariana ha heredado un andamiaje económico, industrial y agrario construido durante todo el siglo pasado, las condiciones actuales devienen de la llamada “Venezuela Agraria” en que predominaba un sistema de producción agropecuario artesanal en que campeaba el “conuco” y que al pasar a la “Venezuela petrolera” generó la economía de puertos abriéndose a la importación de todo tipo de bienes condenando a la agricultura a la improductividad.
Este lastre económico gestado desde los años 20 del siglo pasado y mantenido incólume por los gobiernos “puntofijistas” se empieza recién a enfrentar con la emergencia de la Revolución Bolivariana que junto con adoptar medidas drásticas para redistribuir el ingreso inicia la titánica tarea de cambiar el sistema económico y productivo en que las plantas de la industria privada operan al 30% de su capacidad, con instalaciones obsoletas y agotadas y cuyos propietarios no tienen el menos interés en renovar por cuanto dirigen sus inversiones al lucro del mercado financiero apoyándose en el sistema cambiario, se importa a dólar controlado a Bs 6,30 y se vende a dólar paralelo a Bs 18,00, así la banca privada crece un 33% anual y sus utilidades se elevan sobre el 50 % en la intermediación financiera. A esto se agrega que la cadena de distribución de productos alimenticios está mayoritariamente en manos privadas.
El gobierno de Nicolás Maduro con profundo sentido social y de clase en favor del pueblo venezolano, ataca las formas en que se manifiesta el problema destinando ingentes recursos a la importación de productos para cubrir la creciente demanda de la gente que al recuperar la dignidad ha crecido en expectativas superiores de vida, enfrenta la especulación, el acaparamiento y el contrabando en medio de la miserable campaña de la oposición que exacerba el clima aprovechando las necesidades del pueblo del que no se preocupó por decenios, paralelamente el gobierno del Presidente Nicolás Maduro ataca el fondo de la situación heredada buscando sustituir las importaciones para lograr la soberanía y seguridad alimentaria yendo a la consecución de la tecnología y la inversión que permita la transformación industrial y agrícola construyendo una plataforma para la estructuración socialista y así consolidar las crecientes demandas y expectativas de los venezolanos estimuladas por la Revolución Bolivariana con la participación plena y protagónica del pueblo organizado.
El 15 de abril Capriles desató una jauría, le vimos desencajado, agitando frenético sus puños y llamando a: “descargar esa arrechera, que se oiga en todo el mundo, Ud... le da a las cacerolas…”…Convocó a desatar la violencia y el odio, resultado es la muerte, el incendio de locales, el ataque a centros de salud atendido por médicos cubanos, era el fascismo en acción.
¿Qué recordamos los chilenos de la situación previa al golpe contra Allende?, el pasquín Tribuna, creado por la derecha con financiamiento norteamericano, titulaba en una portada en 1973, ¡¡¡ Junten rabia chilenos…!!!, y esa rabia se materializaba en una marcha de mujeres de la burguesía elegantemente vestidas que por primera en su vida tomaban una cacerola y cuyos refrigeradores estaban sobradamente abastecidos, manifiestan agresivamente en el barrio alto de Santiago profiriendo groserías contra el presidente Allende y contra Fidel que se encontraba en Chile, las guardias blancas de los niños bien marchan agresivamente con cascos y premunidos de garrotes y armas cortas, - se diferenciaban de los camisas pardas de Hitler porque las suyas eran impolutamente blancas, un grupo de fascista manifestó frente a la residencia del presidente Allende. Era el odio desatado, la violencia descontrolada…, que coincidencia con el 14 de abril de Capriles! Los métodos del fascismo no varían en el tiempo ni en las circunstancias históricas, ni en la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini, ni la España de Franco, ni el Chile de Pinochet.
Porque los chilenos conocimos el terror del fascismo en carne propia en que fueron asesinados millares de compatriotas, en que nos hicieron desaparecer a miles de luchadores, porque sufrimos la cárcel, la tortura, el exilio, porque se destruyó lo avanzado en decenas de años en conquistas sociales y económicas, porque se eliminó lo conquistado desde la época de Luis Emilio Recabarren y aún vivimos bajo la institucionalidad fascista de Pinochet que nos impuso el neoliberalismo bajo una democracia virtual, maquillada, no queremos que se repita esto para nuestros hermanos venezolanos, estamos con la Venezuela de Chávez, con el pueblo que eligió limpiamente a Maduro, con la Revolución Bolivariana y tenemos que redoblar la solidaridad, desmitificar la mentira, avanzar en conjunto por la integración y la unidad de nuestros pueblos, ¡NO PASARAN…!!

Iván Muñoz Rojas AVN 04/06/2013 21:58

jueves, 2 de mayo de 2013

Esta receta ya la conozco (I)

Chile 1970. Salvador Allende gana las elecciones presidenciales de septiembre. Al no haber obtenido la mayoría absoluta, debía ser ratificado por el Congreso. Según consta en documentos desclasificados de las agencias de inteligencia de  Estados Unidos, desde ese mismo momento la CIA traza un plan para impedir que Allende asuma la presidencia del país.
 
El dueño del principal medio de comunicación de la derecha, el periódico  El Mercurio Agustín Edwards, viaja de inmediato a Estados Unidos, donde se reúne con Donald Kendall, alto ejecutivo de Pepsi Cola quien lo conecta con la CIA. Edwards llevaba años conspirando para dar un golpe en Chile, bajo la cobertura de un Club de Yatismo, la Cofradía Náutica del Pacífico Austral.

La derecha planea el secuestro del Comandante en jefe del Ejército General René Schneider Chereau con el fin de provocar la intervención de las Fuerzas Armadas y evitar la sesión del Congreso que debía ratificar a Allende. Explotan bombas en lugares públicos, el aeropuerto internacional de Santiago,  Canal 9 de televisión, el Instituto Geográfico Militar, la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile,  estaciones eléctricas y la Bolsa de Comercio de Santiago entre otros objetivos. La cadena de diarios de Edwards con El Mercurio a la cabeza inmediatamente culpa a la izquierda.

Schneider resiste el secuestro y es asesinado. Gran parte de los integrantes del grupo terrorista que participó en el asesinato de René Schneider fueron reclutados de los comandos electorales del derrotado candidato conservador Jorge Alessandri. El Informe de la Comisión Especial del Senado de Estados Unidos que investigó las actividades ilegales de la CIA, presidido por el Senador Frank Church registra en la página 31 que se habían realizado entre el 5 y el 20 de octubre, 21 contactos de agentes de la CIA con elementos claves de las Fuerzas Armadas y Carabineros chilenos. A aquellos chilenos (militares y carabineros) que se inclinaban por dar un golpe se les aseguró un fuerte apoyo en los más altos niveles del gobierno norteamericano, tanto antes como después del golpe.

En esta ocasión, el golpe de estado fracasó, Allende asumió la presidencia el 4 de noviembre de ese año. En julio de 1971 nacionalizó el cobre recuperándolo para Chile. Las empresas estadounidenses Anaconda y Kennecott  tuvieron que abandonar el país debiéndole al Estado chileno 4 mil millones de dólares producto de las utilidades excesivas que habían obtenido durante los últimos años, gracias a los bajos (o nulos) impuestos que pagaban, según una rentabilidad "razonable" de 10% a partir de 1955  a lo que se le restó la indemnización acorde la ley. A partir de ese momento,  estas empresas se plegaron al financiamiento de la conspiración contra un gobierno legal que había tomado una medida que fue ratificada unánimemente en el Congreso del país austral.

El propio presidente estadounidense Richard Nixon y su Secretario de Estado, Henry Kissinger, dieron la orden para promover un boicot contra el gobierno de Allende, mediante la negación de créditos externos y la petición de un embargo al cobre chileno. Dos años después del golpe militar que puso fin al gobierno de Allende, Pinochet  pagó una indemnización de 250 millones de dólares a la Anaconda, propiedad de las familias Rockefeller y Rothschild.

Las medidas en favor de los sectores más desposeídos que tomaba el gobierno de la Unidad Popular comenzaron a ser resistidas por la derecha con el apoyo estadounidense que veía en ellas un “mal ejemplo” para otros países en los que tenían importantes propiedades. Comenzó el sabotaje a la economía y la creación de dificultades a la gestión gubernamental. Pongámoslo en palabras de Jacques Chonchol, ministro del gobierno de Allende “La otra cosa, que todos recuerdan, fue el desabastecimiento y el mercado negro. Por dificultades económicas externas y falta de créditos bloqueados por el imperialismo, se habían agotado las reservas nacionales. La capacidad portuaria de Chile era limitada y, si bien podíamos importar, muchas veces no teníamos cómo sacar la mercadería de los puertos en óptimas condiciones, y así se fue creando desde fines de 1971 un cierto desabastecimiento. Además, había un gran poder de compra en manos de la gente, no solamente de los sectores populares, sino que de la clase media. ¿Qué pasa cuándo se crea una situación de este tipo? La gente tiende inmediatamente a comprar mucho más de lo que necesita porque quiere precaverse para el futuro, entonces la gente que tenía que comprar el litro de aceite, si podía comprar diez compraba diez. Así fue aumentando el desabastecimiento y generó una serie de problemas. Se hizo un interesante y muy importante esfuerzo con la creación de las JAP, las Juntas de Abastecimiento y Precios, pero no fue suficiente para contrarrestar las dificultades y el sabotaje. La prueba fue que al día siguiente del golpe de estado aparecieron enormes cantidades de mercaderías que habían sido acumuladas…”.
Toda esta situación, fue creando mucha tensión, la cual era aprovechada por la derecha para generar desasosiego y conflicto con la realización de una campaña de sabotajes a la economía que derivaron en el paro patronal de octubre de 1972, en el que se realizaron una gran cantidad de acciones de  bloqueo de carreteras, barricadas, disturbios en concentraciones públicos y ocupaciones de sedes universitarias. Toda esta medición de fuerzas a escala nacional, fue directamente apoyada por el Gobierno de los Estados Unidos, a través de la CIA, coordinada con empresas multinacionales como la International Telephone and Telegraph (ITT) y Kenecott, además de financiar a El Mercurio para crear un ambiente de caos, incluso los gremios de camiones recibieron dólares diarios para mantener la huelga. 

La paralización de los empresarios se detuvo después de la decisión del presidente Allende  de hacer ingresar a miembros de las Fuerzas Armadas al gobierno.  El Comandante en Jefe del Ejército general Carlos Prats, que había sustituido al asesinado general Schneider fue nombrado ministro del interior. Caro le costó su apego a la Constitución. En  septiembre de 1974 un comando que actuaba bajo órdenes directas de Pinochet lo asesinó junto a su esposa en Buenos Aires.

Como se dijo anteriormente, las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 fueron el último intento de la derecha para salir legalmente de Allende. Si hubiera obtenido dos tercios de los votos, como era su objetivo, habrían tenido la mayoría suficiente para acusar y destituir constitucionalmente al Presidente. Fracasaron en el intento, a pesar de todo el sabotaje a la economía y el bombardeo mediático en plena guerra fría, que acusaban al gobierno chileno de ser un satélite de la Unión Soviética, la Unidad Popular aumentó su votación llegando al 43,5% de los votos.

En esas condiciones, se dio la orden para organizar el golpe de estado. La derecha contaba con el liderazgo del partido demócrata cristiano (PDC) que tuvo su origen –al igual que Primero Justicia en Venezuela– en las ideas falangistas de Francisco Franco. Así como el  PDC chileno sostuvo una estrecha alianza con el dictador Franco, hoy Primero Justicia es un adláter de sus seguidores organizados en el Partido Popular que conduce ideológicamente José María Aznar.  Su paladín era Eduardo Frei quien condujo al conglomerado de derecha a la creación de condiciones institucionales para el levantamiento de los militares. Frei pensaba que una vez derrocado Allende se le iba a entregar al poder a un gobierno civil en el cual el PDC tendría el control. Los militares fascistas retribuyeron sus servicios por el derrocamiento de Allende, asesinándolo en 1982, tal como lo dictaminó una investigación judicial en 2009. Así le pagó la oligarquía a su lacayo “demócrata y cristiano”. (Continuará la próxima semana).

Sergio Rodríguez Gelfenstein
 
 AVN
 
Tomado de  http://www.avn.info.ve

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