El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha propuesto
analizar la información genética de miles de voluntarios estadounidenses
como parte de una iniciativa para desarrollar una medicina
personalizada donde las enfermedades puedan ser tratadas en función del
ADN de cada persona.
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martes, 3 de febrero de 2015
miércoles, 22 de octubre de 2014
EEUU y la vergüenza de la pobreza infantil
Aunque Estados Unidos es uno de los países más desarrollados
económicamente del mundo, su índice de pobreza infantil no está a la
altura. Dos estudios publicados por Unicef sobre la pobreza y el
bienestar infantil destacaron que el país americano se situaba en los
últimos puestos de los 35 países más desarrollados del mundo.
Tal
y como indican los datos del primer informe sobre 'Pobreza infantil',
Estados Unidos -con un 23,1 por ciento- permanece por detrás de casi
todos los países europeos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda, y
sólo le supera Rumanía, con un 25,5 por ciento.
Estados Unidos y Rumanía son los dos únicos países de los 35 que
se incluyen en el informe que superan el 20 por ciento. En el lado
opuesto, encabezando la lista se encuentran Islandia, con un 4,7 por
ciento y Finlandia, con un 5,3 por ciento.
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pobreza infantil
viernes, 6 de diciembre de 2013
EUA desarrolla en secreto un nuevo súper drone espía
El avión, desarrollado por la compañía aeroespacial Northrop Grumman y
clasificado bajo el nombre RQ-180, podría estar listo para misiones
militares para 2015.
Dallas.- Estados Unidos prueba un
nuevo avión espía no tripulado, invisible al radar y capaz de volar
largas distancias, con tecnología que le permitiría ataques electrónicos
para inutilizar todo aparato eléctrico del adversario, reveló hoy una
revista.
El avión, desarrollado por la compañía aeroespacial
Northrop Grumman y clasificado bajo el nombre RQ-180, podría estar listo
para misiones militares para 2015, según la revista especializada
Aviation Week, citando a funcionarios anónimos de defensa e
inteligencia.
La aeronave está diseñada para volar sin ser
detectada por el espacio aéreo del adversario, similar al ahora jubilado
avión supersónico SR- 71 Blackbird, y sería considerada un arma
potencial útil contra países como Corea del Norte, Irán o China.
Según
Aviation Week, el nuevo súper "drone" ha sido dotado de sensores de
alta tecnología y sofisticados equipos de vigilancia para desarrollar su
labor de espionaje, pero también podrá conducir misiones de ataque
electrónico.
El avión está siendo evaluado por la Fuerza Aérea de
Estados Unidos con pruebas de vuelo desde sus instalaciones "secretas"
en el Lago Groom, Nevada, la zona ampliamente conocida como Área 51,
aseguró la publicación.
Imágenes aéreas públicamente disponibles y
difundidas este viernes por Aviation Week muestran que se han
construido en ese lugar nuevos refugios y hangares dimensionados para un
avión con una envergadura de más de 40 metros.
El desierto de
Nevada ha sido tradicionalmente utilizado para pruebas de aeronaves
clasificadas, incluyendo el Lockheed SR- 71 Blackbird y el avión
fantasma F- 117.
Las especificaciones exactas del RQ-180, aún se desconocen, incluyendo detalles tan importantes como el número de motores.
Sin
embargo, Aviation Week, sugirió en su artículo difundido en su sitio
web, que la envergadura de sus alas será de aproximadamente 40 metros,
lo que lo convertiría en el mayor de los "drones" utilizados hasta ahora
por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
El número de aviones
que ya han sido construidos también se desconoce, pero la revista indicó
que con base en un programa de pruebas de vuelo y de su relativa rápida
entrada en servicio para el 2015, además de documentos presupuestarios
abiertos, se cree que existe ya una pequeña flota volando
rutinariamente.
Tomado de http://www.elporvenir.com.mx
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nuevo drone espía,
RQ-180
martes, 20 de agosto de 2013
La robótica gana terreno en los programas de defensa
En el marco internacional, la innovación
en el desarrollo de armamento tiende, cada vez más, al uso generalizado de
sistemas robóticos de combate. La industria militar rusa está intentando
mantenerse al día con esta tendencia.
En opinión del ayudante del comandante en
jefe del ejército de tierra ruso, el coronel Serguéi Ivanov, “En el
futuro, al menos un 30 % del equipamiento militar y del armamento de las tropas
terrestres deberá estar compuesto por robots”.
El último día de julio, el ministro de Defensa
Serguéi Shoigú, pudo examinar los prototipos de los últimos equipos de robótica
militar.
Llamó la atención del ministro un sistema
robotizado móvil diseñado para efectuar tareas de reconocimiento y ataque a
objetivos previamente explorados con lanzallamas y otras armas de fuego.
Este sistema robotizado, que ya forma parte
del equipamiento del ejército ruso, consiste en una plataforma móvil
todoterreno armada con un módulo de combate dirigido por control remoto. Sus
características técnicas y el grado de seguridad que proporciona hacen de este
un producto de alta eficacia militar.
El sistema cuenta con unos bajos reforzados,
su centro de gravedad está por debajo de la media y sus ruedas están cubiertas
con una protección especial. Se prevé la posibilidad de utilizar también orugas
y orugas ultra-anchas con tacos.
El ministro examinó también un robot con
control remoto destinado al reconocimiento de agentes químicos y radiactivos,
el cual está capacitado para detectar fuentes de rayos gamma en lugares
remotos; y otros dos aparatos de exploración denominados Zernishko y Yula.
El primero se ha diseñado para realizar tareas
de reconocimiento audiovisual e inspección de instalaciones, sótanos, cuevas y
bajos de vehículos en busca de elementos explosivos. El robot Yula, de pequeñas
dimensiones, está pensado para recopilar datos de vídeo en espacios abiertos,
poblaciones e instalaciones industriales.
Además, el principal fabricante ruso de
robótica militar, TsNII (por sus siglas en ruso), está
trabajando en la creación de un sistema unificado de gestión de la información
formado por minirobots de navegación autónoma y basado en sensores inerciales,
ultrasónicos y ópticos, que permiten designar un objetivo mediante imágenes de
televisión.
Otro de los trabajos en los que están inmersos
ahora es un sistema unificado de robots de navegación conjunta, equipado con un
módulo de poco volumen que procesa los datos para facilitar la navegación de la
unidad autónoma.
Además del Ministerio de Defensa, también los
servicios de inteligencia están altamente interesados en la robótica militar.
El año que viene, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) adquirirá varios ejemplares
del sistema de exploración y recopilación de datos Plastún, diseñado para
ejecutar misiones de vigilancia y detección rápida de objetos y personas
sospechosas.
También está previsto el uso de estos sistemas
para garantizar la seguridad durante los Juegos Olímpicos de Sochi en
2014.
“Tenemos previsto cerrar un contrato con los
Servicios de Seguridad para el suministro de 100 robots-exploradores en verano
del año que viene. El precio dependerá de cada equipo y se situará entre los
cuatro y los ocho millones de rublos (91.000 a 182.000 euros) por unidad”, anunció
Alexéi Maxímov, director del centro de investigación Robotéjnika, adscrito a la
Universidad Politécnica Bauman.
Según sus palabras, el robot ‘olímpico’ está
dotado de un sistema de automatización del movimiento y de telémetro. Su
principio de acción es el mismo que el de los vehículos sin conductor de
Google: con ayuda de un radar y un analizador se mide la distancia entre los
objetos que ocupan el campo de visión; una vez en movimiento, el aparato
elabora un mapa convencional y uno en tres dimensiones, que se puede combinar
con cualquier otro mapa. En la calle, el robot se orienta gracias a un receptor
de GPS, y se ajusta al terreno con precisión por medio de un escáner.
Sin embargo, la robótica aún no ocupa el lugar
deseado en el equipamiento de las Fuerzas Armadas rusas. La mayoría de los
aparatos que se crean no pasan de la fase beta.
“Estamos dispuestos a comprar y a hacerlo de
forma inmediata, solo necesitamos que nos presenten la producción. Pero da la
sensación de que los fabricantes se toman este trabajo con calma. Nosotros
tenemos plazos, los años 2017, 2018 y 2020. ¿Pero cómo es posible?”, explica
indignado el ministro de Defensa tras su visita al polígono Rzhevka.
Lea más
El ejército ruso cambia los soldados por robots
La falta de sistemas de ataque no tripulado
afecta de manera particular a las Fuerzas Aéreas. A pesar de la importante
flota de aviones no tripulados con la que cuenta el ejército del aire ruso, aún
no puede presumir de nada, pues la mayoría de los artefactos se han quedado
obsoletos y los que siguen operativos solo sirven para tareas de reconocimiento
de objetivos y de prospección.
Sin embargo, la situación en el sur y en las
zonas colindantes al sureste del territorio ruso habla de la necesidad de crear
un potente equipo de tecnología militar no tripulada.
Un buen ejemplo es la creación conjunta de las
empresas aeronáuticas MiG y Klímov, una prometedora unidad de ataque bajo el
nombre de Skat. Aunque, de momento solo se ha logrado construir una maqueta a
escala real del aparato.
Todas las evidencias indican que la situación
podría cambiar de manera cardinal cuando la Fundación Rusa de Estudios
Avanzados —análoga a la norteamericana DARPA— esté plenamente operativa, ya que
esta entidad se encargará de la toma de decisiones relativas a la elaboración,
prueba e incorporación de robótica militar en el ejército.
Tomado de http://rusiahoy.com
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Rusia
domingo, 30 de junio de 2013
En cualquier parte del planeta los “drones” pueden matar a quien elijan
El vehículo aéreo no tripulado,
conocido como ‘dron’ y considerado un emblema de la alta tecnología de
armamento estadounidense, comenzó siendo un juguete, y es una fusión
entre una maqueta de avión y un motor de cortadora de césped.
Aunque su objetivo inicial era reventar tanques soviéticos en las
primeras descargas de la Tercera Guerra Mundial, se ha convertido en la tecnología preferida para cometer asesinatos selectivos en la guerra global contra el terror.
Su uso ha provocado un gran debate, en un primer momento dentro de
las áreas más secretas del Gobierno, aunque en los últimos meses se ha
extendido al público en general, sobre las tácticas, estrategia y
aspecto moral no solo de la guerra con drones, sino de la guerra moderna
en general.
Pero antes de que este debate pueda ir mucho más allá, antes de que
el Congreso estadounidense u otras ramas del Gobierno puedan establecer
estándares significativos o hacer las preguntas pertinentes, debemos
hacer una serie de distinciones, aclarar mitos y distinguir los
problemas reales de aquellas distracciones que sean engañosas o estén
basadas en una mala información.
LA GÉNESIS DE LOS DRONES
Nos vendría bien saber un poco de historia. El dron tal y como lo conocemos hoy día fue idea de John Stuart Foster Jr., físico nuclear y exdirector del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (entonces conocido como Laboratorio de Radiación Lawrence) en EE.UU. Cuando se le ocurrió la idea en 1971, era director de investigación de defensa e ingeniería, el puesto científico superior en el Pentágono.
Foster era un entusiasta de las maquetas de avión, y un día se dio
cuenta de que su afición podría usarse para crear un nuevo tipo de arma.
Su idea consistió en usar un avión a control remoto no tripulado,
colocarle una cámara en el vientre, y hacer que volase por encima de los
objetivos enemigos para tomar fotos o películas. Además, de ser
posible, también podría cargarse con una bomba y destruir objetivos.
Dos años más tarde, la Agencia de Proyectos de Investigación
Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) construyó dos
prototipos basados ??en el concepto de Foster, conocidos como
Praeire y Calere. Pesaban 75 libras (34 kilos) y funcionaban con un
motor de cortadora de césped modificado. Cada vehículo podía permanecer
en el aire durante dos horas, y llevar una carga de 28 libras (13
kilos).
Las agencias del Pentágono diseñaron muchos prototipos, la mayoría de los cuales nunca fueron más allá del tablero de dibujo.
UN CAMBIO EN LA FORMA DE HACER LA GUERRA
La idea de Foster se convirtió en un arma real porque convergió con una nueva doctrina de defensa.
Desde los comienzos hasta mediados de la década de los 70, la Unión
Soviética se dedicó a reforzar sus fuerzas militares convencionales a lo
largo de la frontera entre Alemania Oriental y Occidental.
Una década antes, la política de EE.UU. había consistido en disuadir
la posibilidad de invasión de Europa Occidental bajo la amenaza de tomar
represalias con armas nucleares. Pero para aquel entonces, los
soviéticos habían acumulado un arsenal nuclear considerable. Si EE.UU.
usaba las armas nucleares, ellos podían responder del mismo modo.
Por lo tanto, la DARPA encargó un estudio para identificar nuevas
tecnologías que pudieran dar al presidente “una variedad de opciones de
respuesta” en caso de una invasión soviética, como “alternativas a la destrucción nuclear masiva”.
El estudio fue dirigido por Albert Wohlstetter, exestratega de RAND Corporation,
que en los años 50 y 60 escribió informes y artículos de gran
influencia sobre el equilibrio de la potencia nuclear. Estudió
minuciosamente diversos proyectos que la DARPA tenía en consideración y
concluyó que los aviones no tripulados de Foster podrían encajar con lo
que se buscaba.
En los últimos años, el ejército de EE.UU. ha desarrollado una
serie de ‘municiones guiadas de precisión’, derivadas de la revolución
en microprocesadores, capaces de aterrizar a pocos metros de un objetivo.
Wohlstetter propuso colocar munición en los aviones no tripulados de
Foster y utilizarlos para atacar objetivos más allá de las líneas
enemigas, en formaciones de tanques soviéticos, bases aéreas, puertos,
etc.
En el pasado, este tipo de objetivos solo se podrían haber destruido
con armas nucleares, pero una pequeña bomba que caiga a pocos metros de
su objetivo puede hacer tanto daño como una bomba de gran tamaño
(incluso una bomba nuclear de bajo rendimiento), que se desvíe de su
objetivo por unos pocos miles de metros.
UN ARMA POST GUERRA FRÍA
A finales de la década de los 70, la DARPA y el Ejército de EE.UU.
habían comenzado a probar una nueva arma llamada Assault Breaker,
inspirada directamente en el estudio de Wohlstetter. Poco después, una
serie de armas de alta precisión, guiadas por rayos láser, emisiones de
radar, ondas milimétricas o, más tarde (y con mayor precisión), por
señales de satélites de posicionamiento globales, pasaron a formar parte
del arsenal de EE.UU.
El Assault Breaker del Ejército usaba un cohete de artillería.
Las primeras versiones de la marina y la fuerza aérea, llamadas
Municiones de Ataque Directo Conjunto (JDAM, por sus siglas en inglés),
se colocaban bajo las alas y eran lanzadas desde las cabinas de los
aviones de combate tripulados.
A mediados de la década de los 90, durante la guerra aérea de la OTAN
en los Balcanes, se materializó algo parecido a lo que Foster tenía en
mente con un vehículo aéreo no tripulado (UAV, por sus siglas en inglés)
llamado Predator.
Era capaz de funcionar durante 24 horas a una altitud de 25.000 pies
(7.600 metros), llevando una carga útil de 450 libras (205 kilos). En su
primera encarnación, solo llevaba equipo de vídeo y comunicaciones. Las
imágenes digitales tomadas por la cámara eran enviadas a un satélite y
luego transmitidas a una estación en tierra a miles de kilómetros de
distancia, donde los operadores controlaban la trayectoria de vuelo del
avión no tripulado con un joystick mientras veían la secuencia de vídeo
en tiempo real en un monitor.
En febrero de 2001, el Pentágono y la CIA llevaron a cabo la
primera prueba con un Predator modificado, que llevaba no solo una
cámara sino también un misil Hellfire guiado por láser. La
declaración de la misión de la Fuerza Aérea en relación a este UAV
armado señalaba que sería ideal para alcanzar objetivos “breves y
perecederos”. En una época anterior, esta frase habría significado la
destrucción de tanques en un campo de batalla. En la fase de apertura de
la nueva guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, significaba
cazar y matar a yihadistas, especialmente a Osama bin Laden y sus
lugartenientes de Al Qaeda.
Y así fue como un arma diseñada en el apogeo de la Guerra Fría para
impedir un asalto armado soviético en las llanuras de Europa se
convirtió en un dispositivo para matar a bandas de terroristas sin
patria, o incluso a un terrorista individual, en las escarpadas montañas
del sur de Asia. En este sentido, los drones han estado presentes
en la política militar de EE.UU. durante más de tres décadas, y tanto
las armas como la política han evolucionado con el tiempo.
LAS RESISTENCIAS DE LOS JEFES DE LA FUERZA AÉREA
La historia detrás de todo es en cierto modo inevitable. El auge de los drones se encontró con una gran y poderosa resistencia: el cuerpo de oficiales de alto nivel de la Fuerza Aérea de
Estados Unidos, la misma organización que desarrolló el arma. La
cultura dominante en cada uno de los servicios armados, es decir, los
rasgos que se valoran, el tipo de militares que logran ascensos, está
determinado por sus sistemas de armamento de alto coste.
Por tanto, desde 1947 a 1981 todos los jefes de la Fuerza Aérea
ascendieron a través de las filas como bombardero nuclear en el Comando
Aéreo Estratégico. Durante el siguiente cuarto de siglo, a medida que
aumentó el gasto en fuerzas convencionales, cada jefe de personal había
sido anteriormente piloto de caza en el Comando Aéreo Táctico.
Así es como estaban las cosas en 2003, cuando el presidente George W.
Bush ordenó la invasión de Irak. A medida que la liberación se
convirtió en ocupación, lo cual provocó insurgencia y después una guerra
civil sectaria, los comandantes estadounidenses sobre el terreno
solicitaron apoyo de los flamantes aviones no tripulados Predator. La
amenaza más letal para los soldados e infantes de marina era el
artefacto explosivo improvisado, o bomba de carretera. La cámara de
un avión no tripulado desde el cielo era capaz de observar a un
insurgente plantando la bomba y seguirlo hasta su escondite.
Sin embargo, los drones resultaban algo odioso para la cultura dominante de la Fuerza Aérea, que daba prioridad a los aviones de combate rápidos y tripulados.
Así que los generales de la Fuerza Aérea rechazaron o ignoraron las
peticiones del Ejército y la Marina para utilizar más drones.
La crítica más común es que los drones a menudo terminaban matando a civiles. Aunque es cierto, no es algo que solamente ocurra con los aviones no tripulados.
SE DESVANECE LA RESISTENCIA INTERNA
Todo esto cambió en 2006, cuando Bush nombró a Robert Gates para reemplazar a Donald Rumsfeld como Secretario de Defensa. Gates entró en el Pentágono con un objetivo: arreglar el desastre de Irak.
Le sorprendió que los generales dentro de los tres grandes servicios
se preocuparan más por las armas de alta tecnología para las guerras del
futuro que por las necesidades de la guerra que estaban luchando.
Estaba particularmente consternado por la hostilidad de los generales de
la Fuerza Aérea hacia los drones. Gates impulsó la producción, y los
generales retrasaron la entrega. Así que él aceleró la entrega, y ellos
frenaron el despliegue.
Lo siguiente fue despedir al jefe de la Fuerza Aérea, el general T.
Michael Moseley (aparentemente por algún otro acto de mala conducta,
pero en realidad debido a su resistencia a los UAV), y nombrar en su
lugar al General Norton Schwartz, que había destacado como piloto de
combate y transporte de carga en las fuerzas de operaciones especiales.
Justo antes de su promoción, Schwartz había sido jefe del Comando de
Transporte de EE.UU., es decir, había estado a cargo de los suministros a
los soldados e infantes de marina. Como nuevo jefe, Schwartz dio alta
prioridad al envío de aviones no tripulados a las tropas en Irak y
durante los años siguientes convirtió a los pilotos de este tipo de
aviones en una élite dentro de la Fuerza Aérea.
En otoño de 2009, hacia el final del primer año de Barack Obama
como presidente, la Fuerza Aérea estaba entrenando más pilotos de drones
que pilotos de cabina en aviones. Fue el comienzo de una nueva era,
no solo para la cultura de la Fuerza Aérea, sino también para la forma
de entender la guerra en EE.UU.
En ese mismo año no solo se produjo un aumento de los ataques de
drones, en parte debido al aumento de su disponibilidad y al
desvanecimiento de la resistencia institucional, sino que también hubo
un cambio en la localización de los ataques.
No había nada que resultase políticamente provocador acerca de los
drones en Irak o Afganistán. Eran armas de guerra, utilizadas
principalmente para el apoyo aéreo de las tropas terrestres de Estados
Unidos en países donde dichas tropas estuvieran en guerra.
LA CONTROVERSIA POR MATAR PERSONAS EN LUGARES NO BÉLICOS
La controversia, que persiste hasta hoy día, comenzó cuando los
drones empezaron a cazar y matar a personas específicas en países con
los que Estados Unidos no estaba oficialmente en guerra.
Estos ataques tuvieron lugar principalmente en Pakistán y Yemen.
Pakistán servía como refugio para los combatientes talibanes en el
vecino Afganistán. Yemen se estaba convirtiendo en el centro de una
nueva ala de Al Qaeda en la Península Arábiga. Bush había ordenado
varios ataques en esos países: de hecho, el primer ataque aéreo fuera de
una zona de guerra formal tuvo lugar en Yemen, el 3 de noviembre de
2002, contra un líder de al-Qaeda, que unos años antes había ayudado a
planear el ataque contra el buque estadounidense USS Cole. Bush también
lanzó 48 ataques aéreos en la región de Waziristán dentro de Pakistán, a
lo largo de la frontera montañosa con Afganistán, y 36 de ellos
tuvieron lugar durante su último año en el cargo.
Obama, que había prometido durante la campaña presidencial de 2008
salir de Irak y entrar más en Afganistán, aceleró esta tendencia y lanzó
52 ataques aéreos en territorio paquistaní solo en su primer año. En
2010 duplicó el número de ataques hasta llegar a 122. Después, al año
siguiente, la cifra cayó a 73. En 2012 la cantidad se redujo aún más,
hasta llegar a 48, una cifra que aún así iguala el número total de
ataques producidos durante los ocho años de presidencia de Bush. Por el
contrario, 2012 fue también el año en que el número de ataques con
aviones no tripulados se disparó en Yemen, pasando de solo unos pocos a
54.
Estos ataques han provocado violentas protestas en esos países, y
han logrado alienar incluso a los que previamente no habían sentido
ningún afecto por los yihadistas y, en algunos casos, daban cierto apoyo
a Estados Unidos.
A nivel nacional en EE.UU., se está llevando a cabo un enconado
debate político y jurídico sobre la conveniencia y oportunidad de usar
los ataquens con drones como una herramienta en la guerra contra el
terror.
La controversia se ve aumentada por el hecho de que todo lo relacionado con estos ataques fuera de las zonas de guerra (como, hasta hace poco, el hecho mismo de que estuvieran ocurriendo) es secreto.
Los ataques con aviones no tripulados en Irak y Afganistán, al igual
que el resto de las operaciones militares, se han llevado a cabo por el
Departamento de Defensa. Pero los ataques con drones en otros lugares
son operaciones encubiertas llevadas a cabo por la Agencia Central de
Inteligencia, que opera bajo las sombras (incluso la supervisión del
Congreso se ve limitada a los miembros de los comités de inteligencia
selectos) y bajo una autoridad judicial diferente, más permisiva
(Artículo 50 del Código de EE.UU., en vez del Artículo 10 del
Departamento de Defensa).
El presidente Obama ha empezado a abordar estas protestas y
preocupaciones, hasta cierto punto. (Tal vez por eso, a finales de mayo,
Estados Unidos había llevado a cabo solo 13 ataques con aviones no
tripulados en Pakistán durante 2013). Sin embargo, algunas de las
protestas son más válidas, y algunas de las acciones de Obama son menos
receptivas, que otras.
UN TIPO DE GUERRA ARROGANTE
La crítica más común que reciben los ataques con aviones no
tripulados es que incluso cuando están dirigidos a objetivos militares
(terroristas, casas de seguridad de insurgentes, etc), a menudo terminan
matando a civiles. Esto es cierto, pero no solo ocurre con los drones. De
hecho, los drones causan muchas menos víctimas civiles que otros tipos
de ataques aéreos. Las armas que llevan son muy pequeñas y precisas.
El misil Hellfire guiado por láser y la Bomba de Pequeño Diámetro
guiada por GPS aterrizan a unos pocos metros de sus objetivos y explotan
con una fuerza de apenas 30 a 100 kilos de TNT. Las bombas aéreas
usadas en el pasado han sido mucho más grandes y mucho menos precisas.
Peter Bergen de la New America Foundation, que ha realizado un
estudio exhaustivo de los datos disponibles al público, estima que entre
2004 y mediados de mayo de 2013, los aviones no tripulados mataron
entre 258 y 307 civiles en Pakistán. Eso supone entre un 7 y un 15 por
ciento de las muertes totales causadas por drones en el país. Las
víctimas mortales civiles en Yemen son más difíciles de estimar, pero
parecen representan alrededor del 8 por ciento de una cifra de muertos
total mucho menor. Estas cifras no pueden ignorarse, pero las armas de
hace una generación habrían matado a mucha más gente.
Y sin embargo, vista desde un ángulo diferente, esta comparación es
casi irrelevante, y las cifras parecen ser bastante altas. Porque cuando
se habla de la muerte accidental de civiles por drones en Pakistán y
Yemen, estamos hablando de países en los que Estados Unidos no tiene
guerras oficiales. En otras palabras, se trata de países en los que las
personas muertas, y sus amargados amigos y familiares, no sabían que
vivían en una zona de guerra. Imaginémonos que una serie de comandantes
mexicanos lanzaran un ataque aéreo contra una ciudad fronteriza en
California porque sus enemigos estuvieran escondidos allí y que, como
resultado de la mala puntería, mala inteligencia o mala suerte, murieran
una docena de ciudadanos estadounidenses. El pueblo y el Gobierno de
EE.UU. estarían indignados, y con razón.
Los ataques con aviones no tripulados son criticados como un tipo
de guerra arrogante. La idea de matar a la gente desde lejos, de forma
invisible y sin riesgo de represalias, parece de alguna manera injusta.
Pero lo mismo se dijo cuando los británicos y los estadounidenses
lanzaron bombas desde aviones en la Segunda Guerra Mundial. Y también se
dijo cuando los arqueros británicos utilizaron arcos contra los
caballeros franceses. Es natural que los ejércitos encuentren formas de
maximizar las pérdidas del enemigo y reducir al mínimo las suyas.
Resulta que la mayoría de personas muertas por drones no son líderes de al-Qaeda. A menudo no están afiliadas a al-Qaeda en absoluto.
LOS DRONES DAN MALA IMAGEN
Aún así, estas comparaciones no acaban de encajar del todo. El lugar
donde se usan los drones hace que sean algo diferente. Stanley
McChrystal, general retirado que se basó en gran medida en los ataques
con drones cuando era jefe de operaciones especiales en Irak y
comandante de todas las fuerzas de la OTAN en Afganistán, lo expresó de
esta manera en una reciente entrevista con Reuters:
“El resentimiento causado por el uso estadounidense de los ataques sin tripulación…
es mucho mayor de lo que el estadounidense promedio puede apreciar. Son
odiados a un nivel visceral, incluso por personas que nunca hayan visto
uno o hayan presenciado sus efectos”.
Esta no es una cuestión especulativa. En abril, durante unas
audiencias ante el Comité Judicial del Senado (las primeras audiencias
públicas sobre las consecuencias de los aviones no tripulados), Farea
al-Muslimi, activista y periodista yemení, hizo unas declaraciones sobre
un ataque aéreo en su pueblo natal solo una semana antes. Antes del
ataque, señaló al-Muslimi, los aldeanos tenían una impresión positiva de
Estados Unidos, elaborada principalmente a partir de conversaciones con
él sobre el año que había pasado en el país en la escuela secundaria,
que describió como “uno de los mejores años de mi vida”. Pero ahora, continuó,
“cuando piensan en América, piensan en el terror que sienten por los aviones no tripulados que se ciernen sobre sus cabezas, dispuestos a disparar misiles en cualquier momento”.
En una guerra convencional, esto podría tener un efecto secundario
lamentable. Pero en los tipos de guerras que Estados Unidos ha estado
luchando últimamente, en Yemen y en otros lugares, aumenta el efecto
principal. Son guerras contra guerrillas, insurgentes, terroristas,
granujas, que se llevan a cabo no solo para matar al enemigo sino
para influir en la población (para “ganarse los corazones y las mentes”,
según afirma un viejo dicho popular en EE.UU.).
Si el arma más importante en esta guerra termina alienando a las
personas que viven bajo su sombra, y en algunos casos las lleva a los
brazos del enemigo, ya sea por protección o basándose en el
principio de que el enemigo de su enemigo es su amigo, entonces se
convierte en un arma terrible. El general retirado David Petraeus, en su
manual de campo del Ejército de EE.UU. de 2006 sobre la
contrainsurgencia, hizo una observación similar:
“Una operación que mate a cinco
insurgentes es contraproducente si el daño colateral conduce al
reclutamiento de 50 insurgentes más”.
Sin embargo, tal y como señaló Petraeus, a veces un comandante tiene
que disparar el arma, independientemente de la reacción negativa que
pueda ocurrir. A veces el objetivo es demasiado importante, y la amenaza
demasiado peligrosa como para dejarlo pasar. Lo cual nos lleva a otra
fuente de controversia acerca de los drones.
SE USAN PARA ATAQUES ‘DISTINTIVOS’
A medida que los ataques han evolucionado a lo largo de los años, un
número cada vez menor de objetivos ha planteado una verdadera amenaza
para Estados Unidos. Cada vez con más frecuencia, los objetivos de
los ataques con aviones no tripulados son milicianos de bajo nivel, en
vez de líderes terroristas. En un número sorprendente de casos, son
perseguidos hasta la muerte a pesar de que sus identidades (sus nombres,
rangos y el alcance de su participación en una organización terrorista)
resultan desconocidas.
Cada vez más, los drones se utilizan para ‘ataques distintivos’. El
funcionario u oficial que aprueba una ataque puede que no sepa quiénes
son sus objetivos, pero su comportamiento, tal y como recogen las
cámaras de los drones, los satélites, las intercepciones de teléfonos
móviles y los espías en el terreno, u otras ‘fuentes y métodos’ usados
por las agencias de inteligencia, sugieren con firmeza que son miembros
activos de una organización cuyos dirigentes serían los objetivos
naturales de un ataque aéreo.
Por ejemplo, podrían estar entrando y saliendo de un edificio que sea
considerado como un conocido lugar de reunión de terroristas, o podrían
estar entrenándose en un centro terrorista conocido. En otras palabras,
su comportamiento lleva la ‘firma distintiva’ de un objetivo legítimo.
Ni los Gobiernos de Bush u Obama han confirmado jamás la existencia
de ataques distintivos. (Al igual que todos los ataques de la CIA con
aviones no tripulados, están altamente clasificados.) Pero un
funcionario bien informado me señaló que en Pakistán, la “inmensa
mayoría” de los ataques con drones han sido ataques distintivos, desde
el comienzo hasta ahora.
Parece que no existe una lista oficial de los criterios que un
sospechoso de terrorismo debe cumplir antes de que pueda ser objetivo de
un dron. Tampoco existe una técnica cuantitativa para medir el grado de
confianza de un funcionario para realizar el ataque.
Los que seleccionan los objetivos tienen una base de datos de
correlaciones entre ciertos tipos de comportamiento y la presencia de
líderes terroristas. Pero es una cuestión de criterio, y por lo general
no hay manera, o deseo, de comprobar después si la decisión fue buena o
mala. La práctica ha evolucionado gradualmente desde las tácticas en
Irak y Afganistán, lo que tenía sentido en una zona de guerra.
Un oficial ve un francotirador en una azotea, o alguien colocando una
bomba de carretera, o a hombres armados entrando y saliendo de una
fábrica de bombas conocida. Casi con toda seguridad, son combatientes
enemigos dentro de la guerra. No necesita saber sus nombres, ni tampoco
importa mucho si los matan usando una bala, un mortero, una bomba
inteligente desde un helicóptero o un misil Hellfire desde un avión no
tripulado.
LA JUSTIFICACIÓN DE LA DISCRECIONALIDAD PARA APROBAR LOS ASESINATOS
Pero fuera de una zona de guerra, estas cuestiones son importantes. Los ataques en estas áreas ascienden a la categoría de asesinatos,
que, además de la reacción política que puedan inspirar a nivel local,
están prohibidos por la ley de EE.UU. y las regulaciones
internacionales.
El presidente Obama es consciente de ello, ya que se formó como
abogado constitucionalista. En un discurso sobre seguridad nacional el
23 de mayo, señaló tres condiciones que deben cumplirse antes de que un ataque aéreo pueda ser aprobado. Aseguró que se debe determinar que el objetivo plantee una “amenaza continua e inminente” contra Estados Unidos, que la captura de la persona viva no sea factible, y que exista “casi certeza” de que el ataque no va a matar o herir a ningún civil.
Estas condiciones no son nada nuevo. Provienen de un documento de 16
páginas del Departamento de Justicia que se filtró a la prensa en
febrero. El fundamento legal del texto estaba lleno de agujeros y evasivas, y lo mismo ocurrió con el discurso al que sirvió de inspiración.
El principal truco del texto fue definir los términos de tal manera
que el hecho más básico de estos ataques, es decir, que se están
llevando a cabo fuera de una zona de guerra, fuese negado. A este fin,
cita la Autorización del Uso de Fuerza Militar (AUMF, por sus sigla en
inglés), una resolución conjunta aprobada por el Congreso el 14 de
septiembre de 2001 (tres días después de los ataques terroristas contra
el World Trade Center y el Pentágono).
Bajo la AUMF, el presidente puede utilizar toda la fuerza
necesaria y apropiada contra aquellas naciones, organizaciones o
personas que él determine que hayan planeado, autorizado, cometido o
contribuido a los ataques terroristas ocurridos el 11 de septiembre de
2001, o hayan albergado a tales organizaciones o personas, con el fin de
evitar futuros actos de terrorismo internacional contra Estados Unidos
por tales naciones, organizaciones o personas.
Este lenguaje es sorprendentemente general. No se menciona nada
acerca de la geografía. La premisa es que al-Qaeda y sus afiliados
amenazan la seguridad de EE.UU., por lo que el presidente puede atacar a
sus miembros, independientemente del lugar en que se encuentren.
Literalmente, la resolución hace que se puedan realizar ataques en el mundo entero.
A continuación, el documento establece las mismas tres condiciones
que Obama recitó después, con el pretexto de imponer restricciones a la
autoridad ejecutiva, que de otro modo tendría un rango de maniobra
enorme. De hecho, no hay restricciones. La clave de este de juego legal
es la definición de “amenaza inminente”. El documento señala lo
siguiente:
La condición por la que un líder
operativo [de al-Qaeda o una organización afiliada] presenta una amenaza
“inminente” de ataques violentos contra Estados Unidos no requiere que
Estados Unidos tenga una clara evidencia de que un ataque específico… se
va a llevar a cabo en un futuro inmediato.
En otras palabras, “inminente” no significa inminente en este contexto.
La lógica del documento es que los líderes de al-Qaeda y sus
afiliados están “planeando ataques continuamente” contra Estados Unidos.
“Por tanto, debido a su naturaleza”, la amenaza exige “un concepto más
amplio de inminencia”. Es decir, la amenaza de un ataque es
constante. Siempre es vagamente inminente, aun cuando no haya signos de
un ataque real. Y por tanto, la primera condición que debe cumplirse
para un asesinato, una amenaza inminente de ataque, no es una
restricción en ningún sentido real.
La segunda condición, que no sea factible capturar al terrorista
con vida, es igualmente insignificante. Puesto que la amenaza de ataque
es siempre inminente, Estados Unidos probablemente solo tenga “una
franja de oportunidad limitada” para la movilización de una incursión
sobre el terreno. Según esta norma, nunca es factible capturar a un
terrorista. Por lo tanto, una vez que se encuentra, hay que matarlo con
un ataque aéreo. Una vez más, se trata de una condición que, gracias a
su diseño, no puede fallar.
A pesar de la laxitud de estas normas, Estados Unidos no ha cumplido
con ellas. Resulta que la mayoría de las personas muertas por drones, en
lugares como Yemen y Pakistán, no son líderes de al-Qaeda. A menudo no
están afiliadas a al-Qaeda en absoluto.
Resumiendo: aun aceptando la lógica circular del documento, la
mayoría de los ataques se produjeron fuera de los límites permitidos por
ley. No estaban dirigidos a líderes terroristas que representasen una
amenaza, inminente o no, contra Estados Unidos.
LA LIMITANTE POLÍTICA DE MATAR CIUDADANOS INOCENTES
La tercera y última condición para permitir los ataques con drones
fuera de zonas de guerra, que se deben tomar medidas para reducir al
mínimo o evitar las bajas civiles, es una restricción real.
Los oficiales que participaron en estas operaciones me han asegurado
(a condición de guardar el anonimato) que en varias ocasiones los
ataques fueron cancelados por esa misma razón, incluso con el objetivo a
la vista. En algunos casos, la decisión de atacar o no ha sido tomada
por el presidente Obama. Este hecho ha sido noticia y ha inspirado
titulares como “la lista de muertes de Obama”.
El término estaba destinado a resultar provocativo, pero en cierto
sentido debería proporcionar tranquilidad. Este tipo de asesinatos son
eventos extraordinarios. Si suceden, sobre todo si hay algún riesgo de
herir a civiles inocentes en las inmediaciones, es mejor poner la
decisión en manos del presidente, que es políticamente responsable, en
vez de dejarla por ejemplo a merced de un general de tres estrellas o el
director de la CIA.
EL CÁLCULO POLÍTICO
El auge de los drones no es el resultado de la falta de control
tecnológico. Tiene que ver con el cálculo político y la evasión
estratégica.
La existencia de una lista de muertes presidencial también debería
desacreditar la noción popular de que los drones son ‘robots’, es
decir, máquinas autónomas que el Pentágono programa para cazar,
encontrar y matar objetivos de forma automática, sin intervención
humana. La idea podría ser técnicamente viable (y se están diseñando
drones para hacer todo en piloto automático, excepto apretar el
gatillo), pero va en contra de la cultura de comando de los militares de
EE.UU.. El único aspecto no tripulado de un dron, es el propio dron.
Según cifras de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, cada dron en una
patrulla aérea de combate cuenta con el apoyo de 43 miembros del
servicio que rotan en tres turnos, entre ellos siete pilotos
de joystick, siete operadores de sistemas, y cinco coordinadores de
misión, respaldados por una unidad de inteligencia de 66 personas, que
incluye a 18 analistas de inteligencia y 34 miembros del equipo de
vídeo. Dos funcionarios bien situados también me hablaron sobre una
firme normativa mediante la que el arma de un avión no tripulado no se
dispara a menos que la presencia de la diana sea confirmada por al menos
dos fuentes, por ejemplo espías en el terreno y señales de inteligencia
o de teléfonos móviles interceptados.
Este es un punto crucial. El auge de los drones no es el resultado de la falta de control tecnológico. Tiene que ver con una decisión humana:
el cálculo político y, con demasiada frecuencia, la evasión
estratégica. A juzgar por su extendido uso durante los últimos cinco
años, el principal peligro del dron es que hace la guerra muy fácil,
tan fácil que los comandantes, entre ellos el comandante en jefe, se
pueden engañar a sí mismos pensando que no están metidos en una guerra
en absoluto.
Los drones vuelan a alturas divinas. No hay necesidad de enviar
tropas, y sus pilotos se sientan en un remolque en una base militar a
medio mundo de distancia. Después de dos guerras de una década de
duración en Irak y Afganistán, donde han muerto cerca de 7.000
estadounidenses y más de 16.000 han sido heridos de gravedad, la guerra
por control remoto tiene un encanto comprensible, no solo para los jefes
militares y políticos, sino para todos los estadounidenses.
UN ARMA AMERICANA, PERO A PUNTO DE CAMBIAR
El atractivo del dron no ha pasado desapercibido para el resto de líderes mundiales. Ochenta
países poseen drones de algún tipo en sus arsenales. 16 de ellos tienen
aviones no tripulados que pueden ser armados con bombas o misiles.
Hasta la fecha, se cree que solo dos países además de Estados Unidos han
matado a personas con drones: el Reino Unido en Afganistán, e Israel en
la ciudad de Gaza. Para la mayoría de los países, tener drones en
propiedad rinde pocos beneficios. Los drones son de corto alcance, y las naciones que los poseen carecen de los satélites necesarios para la transmisión de vídeo en tiempo real o una focalización precisa.
Pero esto está a punto de cambiar. Los monopolios no duran mucho en las competiciones de armamento,
y es poco probable que los drones sean una excepción. Un viejo adagio
militar señala que matar gente es fácil, pero matar a una persona es muy
difícil. Ese ya no es el caso. Para un oficial estadounidense es fácil
matar a una persona en cualquier parte del planeta, siempre y cuando esa
persona pueda ser encontrada. Algún día, es probable que resulte fácil
para alguien en otro lugar matar a un estadounidense en particular.
Hoy día el dron armado es un arma casi exclusivamente estadounidense,
y su efecto, en términos estrictamente militares, es ambivalente. Vale
la pena recordar la gran cantidad de veces que un avión no tripulado ha
matado supuestamente a un “líder número 3 de al-Qaeda”. Siempre había
algún líder número 4 de al-Qaeda a la espera de ocupar su lugar. Se ha
convertido en una repetición de alta tecnología del síndrome del
recuento de muertos durante la guerra de Vietnam, de la ilusión de que existe una relación entre el número de enemigos muertos y la proximidad a la victoria.
Los drones son armas de guerra, a veces muy útiles. Hacen posible
matar a alguien con más facilidad que nunca. Pero matar a alguien,
incluso a un gran combatiente enemigo, no significa ganar, o incluso
estar más cerca de ganar una guerra. Dependiendo de cómo se lleve a cabo la muerte, podría alejar aún más el objetivo estratégico de la guerra.
Fuentes: Fred Kaplan (*) para Technology Review, Signos de estos Tiempos
(*) Fred Kaplan es columnista de seguridad nacional de Slate y
autor de cuatro libros, entre los que se incluye The Insurgents: David
Petraeus and the Plot to Change the American Way of War (Simon &
Schuster, 2013).
Tomado de http://forosdelavirgen.org
jueves, 7 de febrero de 2013
Cancillería rusa señala deterioro de relaciones con EEUU
Rusia no está
satisfecha con el estado actual de las relaciones con EEUU, pero está
dispuesta a tomar medidas para mejorarlas, según declaró el viceministro
de Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov.
El
alto funcionario opina que los problemas de diálogo entre Moscú y
Washington son culpa de la parte estadounidense. Por ello, el próximo
desarrollo de las relaciones depende en primer lugar de los propios
estadounidenses.
“Cuanto antes formulen sus
preferencias y prioridades, en forma de discurso presidencial o algo
más, mejor será para el negocio”, subrayó Riabkov.
La Voz de Rusia
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martes, 29 de enero de 2013
De los drones a los robots
En los últimos años, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés), de la Secretaría de Defensa de EEUU, muestra un gran empeño por financiar algunas investigaciones robóticas con el objetivo de ayudar ante desastres naturales o causados por el hombre, como el de la central nuclear de Fukushima (Japón) o el derrumbe en la mina de Copiapó (Chile).
En octubre del año pasado, la
DARPA anunció un concurso internacional en busca de robots que
contribuyan a facilitar el trabajo del hombre en situaciones de riesgo
para su vida. Para ello, financiará durante los próximos años el
proyecto de siete equipos que diseñarán hardware y software y once equipos que solo participarán en el desarrollo de software para diseñar esos androides utilizando el simulador de diseño de robots abierto DRC (www.theroboticschallenge.org).
No
obstante, lo de “ayudar”al hombre despierta dudas. Pues, como la
humanidad ya lo puede constatar, los prototipos de los anhelados robots,
los aviones no tripulados o drones, en los últimos tiempos han causado más muertes de civiles inocentes
que dado los resultados esperados durante su uso. Entonces, ¿qué más
podríamos esperar de un robot con mayor autonomía e inteligencia!
Según
Noel Sharkey, profesor de Inteligencia Artificial y Robótica en la
Universidad de Sheffield (Inglaterra), la última iniciativa de la DARPA,
que consistió en una carrera de autos sin conductor a lo largo de 241
kilómetros por el desierto, derivará en nuevos desarrollos en el campo
de la autonomía de robots, pero desde ya despierta también ciertas
dudas.
"... si ponemos atención (...) al hecho de que
es la DARPA la que financia el proyecto, tenemos que ser realistas
sobre sus verdaderas intenciones”, concluye Sharkey quien considera
que“esto forma parte de la máquina de guerra de EEUU con el fin de
desarrollar robots para el campo de batalla. Aunque pueda tener
aplicaciones civiles positivas, estas máquinas nos dirigen claramente
hacia la automatización de la industria de la guerra".
Los
defensores de derechos humanos del mundo están muy preocupados ante la
posibilidad del desarrollo de sistemas autónomos de guerra, ya que estos
serían capaces de tomar decisiones autónomas sobre a quién hay que
atacar sin poder distinguir un militar de un civil. Pues consideran que
si se llegara a tener robots totalmente autónomos que puedan decidir a
quién, dónde y cuándo eliminar, la tecnología no estaría sirviendo a los
humanos, serían los humanos los que estarían sirviendo a la tecnología.
Según
los datos de un informe emitidos por una organización internacional no
gubernamental en noviembre pasado, a pesar de que las armas autónomas
todavía no existen, varios países industrializados están realizando
actualmente estudios y pruebas en este ámbito. Entre los más
involucrados se menciona a EEUU, China, Israel y el Reino Unido entre
otros.
Algunos expertos calculan que los robots
autónomos podrían aparecer dentro de unos 20-30 años; otros estiman que
esto podría ocurrir incluso más pronto; mientras tanto, varios países ya
usan los precursores de tales aparatos que son sistemas con mando a
distancia como los drones que
han protagonizado arduas polémicas, por la cantidad de bajas civiles que
ha aumentando significativamente durante la presidencia de Obama.
En
realidad, los robots serían útiles para fines civiles, por ejemplo,
para salvar vidas en zonas de desastre, no cabe la menor duda, siempre y
cuando esos androides no representen un peligro para el ser humano, y
estén bajo el control del mismo por cuestión de seguridad y fiabilidad.
¡La humanidad ya tiene suficiente con los drones!
Autor: Yaroslav Gálich
Tomado de La Voz de Rusia
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sábado, 10 de noviembre de 2012
¿Se incorporará Turquía a la carrera nuclear regional?
El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, en entrevista concedida al The Daily Telegraph declaró que en caso de que Irán fabrique la bomba atómica en el Oriente Próximo se desplegará una carrera del arma nuclear.
El ministro considera que como
resultado de esta carrera Turquía al cabo de varios meses podrá obtener
su propia bomba atómica y entonces la “región sufrirá una verdadera
pesadilla”.
¿Será realista semejante guión? El
experto de la edición analítica Haber Fomr, Abbas Özer, en su artículo
llega a la conclusión de que “Turquía debe ingresar en el club de
potencias nucleares en aras de la defensa de sus intereses nacionales”.
–Turquía es miembro de la OTAN, y la Alianza posee el arma nuclear y desarrolla una política de seguridad nuclear. Y
si Irán llega a hacerse con el arma nuclear no es absolutamente
necesario que Turquía haga lo mismo. Por eso no pienso que en una
perspectiva a corto plazo Turquía emprenda un programa nuclear con fines
militares. Simplemente no le hace falta. Es que el arma nuclear de por
sí no incrementa al poderío del país, en cierta medida aumenta la
seguridad, pero para ampliar la influencia en la arena regional y global
es insuficiente.
Si
observamos la rivalidad regional entre Turquía e Irán como una
competencia por la influencia en la región, veremos que la influencia
turca, merced a los nexos económico-comerciales y a los elementos de
“fuerza tenue”, es mucho más grande que la influencia de Irán, incluso
si éste llega a poseer el arma nuclear. La esfera de influencia se forma
en el mundo, merced a la capacidad del Estado de profesar los valores
comunes, como ser la democracia, los derechos y la libertad y asimismo
merced a la capacidad de fortalecer los nexos económico-comerciales.
En
este plano Turquía tuvo mucha más suerte de Irán. Como consecuencia de
la “primavera árabe” y del proceso de transformación de Oriente Próximo,
la influencia de Turquía en la región resultó ser superior a la
influencia de Irán. Por consecuencia, Turquía no debe temer la aparición
del arma nuclear en poder de Irán y, de ningún modo, debe incorporarse a
la carrera regional del arma nuclear.
Otro
es el punto de vista que ostenta el experto del Centro de Estudios
Económicos y Sociales, Oya Akgönenç. Él supone que precisamente el
escudo nuclear de la OTAN puede incitar a Turquía a crea su propia arma
nuclear, ya que el sistema de defensa antimisiles de la OTAN no solo
garantiza la seguridad de Turquía, sino también representa para el país
una amenaza directa:
–Pienso
que Turquía acelerará su actividad nuclear solo debido a que Irán
fabricará su propia bomba nuclear o avanzará en el desarrollo de sus
tecnologías nucleares. Y si Turquía se pone a elaborar sus propias
tecnologías, pues será por otra causa.
Tenemos
un problema relacionado con el arma nuclear, aunque se encuentra en
otro plano. En nuestro territorio se ha construido el sistema de defensa
antimisiles de la OTAN. Si este sistema empieza a crear problemas en el
futuro, Turquía puede reflexionar en la creación de su propia arma
nuclear. Por ejemplo, a causa de este sistema empiezan a empeorar
nuestras relaciones con Irán. No se sabe hasta qué punto empeorarán.
Quizás Irán sienta una amenaza a sus intereses y se ponga a activar los
diseños nucleares. ¿Y nos defenderá el sistema antimisiles de la OTAN?
Nadie lo sabe. Pues entonces, en este sentido, dicho sistema puede
convertirse en el detonante de la carrera nuclear regional.
Autor: Amur Gadzhíev
La Voz de Rusia
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sábado, 6 de octubre de 2012
Las expectativas cautelosas por los aviones no tripulados
Los aviones no tripulados han sido ya declarados, por muchos, poco menos que el arma principal de las guerras contemporáneas.
Rusia, a raíz de los conocidos
hechos vividos entre 1990 y el 2000, rezagada en el desarrollo de este
tipo de técnica, hoy ha alcanzado a los países líderes del mundo
occidental. Es invaluable el papel de los aparatos no tripulados en el
ejército, sin embargo, las esperanzas desmesuradas en este tipo de
armamento pueden derivar en desilusiones serias.
La magia del primer encuentro
Los
aparatos no tripulados parecían, y siguen pareciendo a muchos, el medio
ideal para materializar los antiguos sueños los estrategas militares,
desde los tiempos antiguos hasta el presente. Pues, entrañan la
posibilidad de abatir al enemigo desde la distancia más lejos posible,
manteniéndose, deseablemente, invulnerable; la posibilidad de abatirlo
en el momento mismo en que es detectado. La posibilidad, por último, de
dispersar “la neblina de la guerra” sobre el campo de batalla.
El
precio y las posibilidades de los aparatos de esta clase crecen
continuamente, y un gran parque de estos ingenios es ya tarjeta de
presentación para ejércitos occidentales líderes. En el ejército ruso
era sumamente estrecha, hasta el último tiempo, la opción de estos
aparatos. Pues, el vacío en los trabajos de investigación e innovación
tecnológica, entre 1990 a 2000, repercutió en el desarrollo de este tipo
de técnica.
Al mismo tiempo, la información
recibida regularmente de las compras y del empleo bélico de los aviones
occidentales no tripulados obligó al mando militar a prestar atención,
por fin, al desarrollo insuficiente de esa rama en el país. Hay que
destacar sin embargo que, la red informativa que se fue tejiendo en
torno a ese tema lleva a todas luces a expectativas desmesuradas con
respecto a las posibilidades de esos aparatos, parecidas a la de la
informatización universal, considerada hace veinte a treinta años la
panacea para los sistemas de educación, de gestión, etc. Es posible
explicar tales expectativas solo como la “magia del primer encuentro”. Y
es que, en la mayoría de los casos, las personas incluso idóneas en
otras ramas, emiten juicios sobre los aviones no tripulados remitiéndose
a los textos publicitarios.
Las expectativas y la realidad
No
cabe negar las posibilidades de los aviones no tripulados: su aparición
introdujo cambios de veras revolucionarios en la organización de las
acciones bélicas, al reducir bruscamente el margen de tiempo entre el
blanco detectado y abatido. Para los vehículos de combate, capaces de
cargar armamento, ese margen se reduce a segundos contados. En esa
reducción reside la carta de triunfo principal de los ejércitos modernos
de Occidente, que pueden destruir los blancos descubiertos antes de que
alcance a reaccionar el enemigo, no acostumbrado al intercambio de
velocidad bruscamente creciente de la información.
Sin
embargo, el desarrollo activo de los aparatos del eslabón activo es,
también, el talón de Aquiles potencial de los ejércitos desarrollados.
La amenaza potencial consiste en que, hasta ahora, los ejércitos
desarrollados que emplean activamente los vehículos no tripulados no han
chocado aún con un enemigo que dispone de equipos modernos de lucha
radioelectrónica. Y es que, en caso de que el enemigo pueda bloquear la
comunicación entre el avión no tripulado y los centros de mando, las
consecuencias pueden ser sumamente graves. En los hechos, una brigada,
división, e incluso un grupo de tropas que recurre a esos aparatos se
verá privado de una parte considerable de la información desde el campo
de batalla.
Experiencia rusa
Con
todos los peligros potenciales del empleo desmesurado de los aviones no
tripulados, es indispensable contar con ellos y, lamentablemente, el
ejército ruso dista de emplearlos, de momento, en el grado que los demás
países desarrollados. Nuestros militares solo pueden soñar con las
posibilidades de EEUU o de Israel, que recurren activamente a los
vehículos no tripulados para corregir en tiempo real los ataques de la
aviación y de la artillería, y a menudo para destruir blancos precisos
con su propio armamento.
La reanudación del
financiamiento no dio un resultado inmediato. Los primeros aparatos de
la nueva generación de proyectos nacionales no pudieron pasar las
pruebas. La salida fue encontrada con la compra a Israel de estos
aparatos, a fin de conocer las tecnologías existentes y los principios
de empleo de esos sistemas, y ampliar el círculo de ideas técnicas de
los ingenieros. La competencia que se incrementaba llevó a la aparición
de nuevos aparatos, capaces de resistir las pruebas militares, y
potencialmente útiles para la producción en serie.
La
competencia en esta esfera, tomando en cuenta la existencia de empresas
no estatales fuertes, tales como “Tranzas”, de Petersburgo, puede
potencialmente situar a Rusia dentro del grupo líder de países
constructores de aviones no tripulados. La cuestión es solo del tiempo
necesario para acumular la competencia correspondiente y, obviamente,
para la existencia de pedidos internos. En esto último no cabe dudar,
pues, con todo lo indicado sobre los aparatos de esta clase, sus
posibilidades en los conflictos locales, ellos son necesarios para el
ejército ruso. Esto lo entiende, en primer lugar, su mando militar, y en
segundo lugar, dispone de recursos suficientes.
sb/kg/ap
Autor: Ilyá Krámnik
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