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sábado, 17 de septiembre de 2016

Amy Goodman y la fragilidad de los derechos humanos en USA



http://radio.uchile.cl/wp-content/avatars/amy-goodman.jpg
Para quienes cuestionan y detractan a Cuba por el manipulado tema de la libertad de prensa, basta conocer la atrocidad que se está cometiendo contra la periodista Amy Goodman, a la que se pretende enjuiciar por haber denunciado la represión contra los pueblos originarios en Dakota del Norte. Ella misma denuncia cómo hace dos días se emitió una orden de arresto identificada como “Dakota del Norte contra Amy Goodman”, bajo el dudoso argumento de violación de propiedad privada cuando cubría las protestas de nativos de la  Reserva Sioux de Standing Rock contra el oleoducto Dakota Access.
Haber denunciado la represión contra los nativos por parte de los guardias de seguridad de la compañía responsable de destruir sitios arqueológicos y la memoria histórica de las pueblos indígenas con total impunidad, ha sido su delito. ¿Escribirán sobre estos quienes gastan fondos millonarios en manipular los derechos humanos en Cuba?

martes, 24 de septiembre de 2013

¡Basta de guerras en Oriente Medio!


La paz continúa siendo una posibilidad remota en Siria, mientras la guerra civil en el país se intensifica. De momento se ha impedido la terrible eventualidad de un ataque estadounidense, evitando así un empeoramiento catastrófico de la crisis en Siria. La población estadounidense ha salido a defender la paz y, por una vez, los políticos escucharon. Ciudadanos estadounidenses de todo el espectro político se opusieron a un ataque militar de Estados Unidos. Los miembros del Congreso, tanto demócratas como republicanos, recibieron una avalancha de llamadas telefónicas y correos electrónicos en los que se los instaba a votar en contra de autorizar un ataque militar.

Los medios atribuyen al Presidente ruso, Vladimir Putin, el mérito de haberle lanzado un salvavidas al Presidente Barack Obama, que le permitió recurrir a la vía diplomática para postergar el ataque que había planeado. Sin embargo, si no hubiera sido por la oposición de la población estadounidense a un ataque militar, Obama no hubiera necesitado ni hubiera considerado una solución alternativa a la guerra.

El 4 de septiembre pasado, durante la declaración del Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, activistas opositores a la guerra del grupo Code Pink se sentaron detrás de él y permanecieron en silencio con las manos alzadas pintadas de rojo, para simbolizar el derramamiento de sangre. Kerry afirmó: “Me acuerdo de Irak. El Secretario Hagel y yo éramos senadores en ese momento y tuvimos que votar. De modo que ambos hacemos especial hincapié en que nunca más se solicite a un miembro del Congreso que vote sobre la base de información incorrecta. Y es por eso que nuestro equipo de inteligencia se tomó su tiempo, y es por eso que el Presidente se tomó el tiempo de verificar los hechos del caso y de desclasificar una cantidad de información sin precedentes para revisar bien las pruebas y presentar los hechos a la población estadounidense y, especialmente, al Congreso”.

Días antes, Kerry utilizó el verbo “saber” alrededor de 30 veces durante su discurso de apoyo a la guerra contra Siria: “Hay cosas que sabemos y de las que podemos hablar públicamente. Entonces, ¿qué sabemos realmente como para poder hablar? Bueno, sabemos que el régimen de Assad tiene el mayor programa de armas nucleares de todo Oriente Medio. Sabemos que el régimen ha utilizado esas armas muchas veces este año. Y que las ha utilizado a pequeña escala y las ha utilizado contra su propia población, no muy lejos de donde ocurrió el ataque del miércoles. Sabemos que el régimen tenía como objetivo específico quitarle a la oposición el control de los barrios periféricos de Damasco y estaba decepcionado por no haberlo podido lograr. Sabemos que tres días antes del ataque el personal de armas químicas del régimen sirio estuvo en el lugar haciendo preparativos. De modo que ahora que sabemos lo que sabemos, la pregunta que todos debemos hacernos es qué haremos al respecto”, afirmó Kerry. Su discurso se parece mucho a una declaración que realizó Donald Rumsfeld durante una conferencia de prensa antes de la guerra de Irak, cuando sostuvo: “Hay cosas que sabemos con certeza. Es decir, hay cosas que sabemos que sabemos. Existen incertidumbres conocidas. Es decir, hay cosas que sabemos que no sabemos. Pero también hay muchas incertidumbres desconocidas, hay cosas que no sabemos que desconocemos”.

Como dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar a todo el mundo durante algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Tras doce años de guerra en Afganistán e Irak, miles de muertos, decenas de miles de mutilados y billones de dólares gastados, la población estadounidense no aceptará el discurso ensayado de un funcionario público como motivo suficiente para ir a la guerra. Los ciudadanos del Reino Unido también se expresaron y presionaron al Parlamento de su país para que votara en contra de un ataque militar. Tras la votación, Edward Miliband, líder del Partido Laborista y presidente del bloque de la oposición en la Cámara de los Comunes, declaró: “Creo firmemente en la necesidad de una respuesta severa al uso de armas químicas, pero también creo en respetar la voluntad de la Cámara de los Comunes. Esta noche queda claro que, al no haberse aprobado la moción en la Cámara, me queda claro que el Parlamento británico que refleja la opinión del pueblo británico, se opone a un ataque militar británico. Entiendo el mensaje y el Gobierno debería actuar en consecuencia”.

Consideremos, por un instante, los hechos: el régimen de Bahsar al-Assad está siendo acusado de haber perpetrado un ataque atroz con armas químicas el 21 de agosto en la localidad de Ghouta, en las afueras de Damasco. Llamativamente, un equipo de inspectores de armas químicas de las Naciones Unidas había viajado a Damasco justo tres días antes del ataque. Su misión era la de investigar las acusaciones de ataques anteriores con armas químicas en las localidades de Khan al-Assal, Sheikh Maqsood y Saraqeb. El Secretario General de la ONU, Ban ki-Moon, ordenó finalmente al equipo que investigara el ataque en Ghouta y, tras largas negociaciones con el Gobierno de Assad, se permitió a los inspectores de armas a realizar su trabajo.

En su informe de 40 páginas, los inspectores explican que hay “pruebas claras y contundentes de que se utilizaron misiles tierra-tierra que contenían el agente nervioso gas sarín”. El informe no indica quién lanzó los misiles, pero los inspectores pudieron examinar los restos de varios de los cohetes utilizados. El equipo, encabezado por el especialista en armas químicas sueco Ake Sellstrom, realizó una labor rápida y rigurosa en circunstancias muy difíciles (fueron atacados por un francotirador cuando se dirigían a Ghouta).

En Ghouta se cometió un crimen de guerra. Kerry afirma “saber” que fue Assad. El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, replicó: “Tenemos información suficiente para creer que fue una provocación”, lo que da a entender que los rebeldes sirios perpetraron el ataque para lograr que Estados Unidos interviniera en su lucha contra el régimen de Assad.

Se han logrado muchos avances gracias a los acontecimientos de esta semana. Siria aceptó colocar su arsenal de armas químicas bajo control internacional. Irán, que apoya firmemente al régimen de Assad, tiene un nuevo presidente, Hassad Rouhani, que viajará a Nueva York la semana próxima para pronunciar un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Se prevé que pronuncie su discurso el mismo día que el Presidente Obama. Lo que es más importante, es probable que Rouhani y Obama mantengan un encuentro cara a cara, en lo que sería la primera reunión entre presidentes de Estados Unidos e Irán desde 1979.

La terrible tragedia que azota Siria y la persistente oposición de la población estadounidense a un ataque militar contra ese país podrían dar lugar a una paz más amplia en Oriente Medio.

Amy Goodman*

Denis Moynihan colaboró en la investigación periodística para la producción de esta columna.

Traducido por Simple Visión y Democracy Now! en español.

(*) Es la presentadora de Democracy Now!, noticiero internacional diario emitido por más de 650 estaciones de radio y televisión en Estados Unidos y el mundo. Sus artículos se publican en TerceraInformación por gentileza de la autora.

Tomado de  http://www.tercerainformacion.es

jueves, 22 de agosto de 2013

Bajo la atenta mirada de la NSA y el FBI


Estamos a pocas semanas de que se cumpla el quincuagésimo aniversario de la Marcha Sobre Washington por el trabajo y la libertad de 1963, fecha en que se conmemora la histórica concentración en que Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”. Mientras se aproxima esa fecha, es importante recordar hasta qué punto King estaba en la mira del aparato de espionaje interno del gobierno. La operación del FBI contra King constituye uno de los episodios más vergonzosos de la larga historia de persecución de disidentes llevada a cabo por nuestro gobierno.

Cincuenta años después de aquella histórica marcha, Edward Snowden decidió correr un gran riesgo al exponer el alcance a nivel mundial de los programas de espionaje supervisados por el Presidente Barack Obama. Lo que reveló sigue provocando indignación y críticas hacia Estados Unidos en casi todos los rincones del mundo.

En un memorando clasificado del FBI, emitido el 4 de enero de 1956 —poco más de un mes después de que Rosa Parks fuera arrestada por negarse a ceder su asiento de autobús a un pasajero blanco—, la oficina del FBI de Mobile, Alabama, afirmó que un agente “había sido asignado para averiguar todo lo que pudiera sobre el Reverendo Martin L King, ministro de color de Montgomery y líder de los boicot a los autobuses… para revelar toda la información negativa que se pudiera respecto a King”.

En aquel momento, el FBI era dirigido por su director fundador, J Edgar Hoover, que hacía uso de los vastos recursos que controlaba contra todo aquel que considerara crítico de Estados Unidos. La operación clandestina de espionaje, infiltración y desbaratamiento de amplio alcance que llevó a cabo Hoover recibió el nombre de “COINTELPRO”, sigla que proviene del término “programa de contrainteligencia”.

Las actividades del programa COINTELPRO del FBI, así como operaciones ilegales llevadas a cabo por agencias como la CIA, fueron investigadas en profundidad en 1975 por el Comité Church, que estaba presidido por el senador demócrata de Idaho Frank Church. El comité informó que el FBI “llevó a cabo sofisticadas operaciones de vigilancia con el objetivo de impedir de manera directa el ejercicio de los derechos de libertad de expresión y asociación que establece la primera enmienda de la Constitución". Entre las malintencionadas actividades del COINTELPRO estuvo el intento del FBI de amedrentar a Martin Luther King Jr con la amenaza de dejar al descubierto un presunto romance extramatrimonial, intento que incluyó la sugerencia por parte del FBI hacia King de evitar la vergüenza quitándose la vida.

Tras el informe del Comité Church, el Congreso impuso severas limitaciones al FBI y a otros organismos de inteligencia, las cuales restringieron el espionaje a nivel nacional. Entre estos cambios, figura la aprobación de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por su sigla en inglés). La Ley FISA obligó al FBI y a otras estructuras del gobierno a recurrir a un tribunal secreto, el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, para poder intervenir líneas telefónicas dentro del territorio nacional.

Luego tuvieron lugar los ataques del 11 de Septiembre de 2001 y la aprobación de la Ley Patriota, que otorgó amplios nuevos poderes de espionaje a las agencias de inteligencia, entre ellas, el FBI. El artículo 215 de esa ley ha sido muy criticado, en primer lugar, por permitir al FBI obtener registros de los libros que las personas llevan en préstamo de las bibliotecas. Sin embargo, actualmente, a más de 10 años de la aprobación de la ley y gracias a la información filtrada por Snowden, podemos observar que el gobierno ha utilizado la Ley Patriota para llevar a cabo operaciones de intervención de todas las comunicaciones electrónicas, entre ellas, los “metadatos” telefónicos, que pueden ser analizados de forma tal que revelen datos íntimos de nuestra vida. Sin dudas, estamos ante la legalización de un sistema de vigilancia total verdaderamente orwelliano.

En lo que se ha considerado una prueba de fuego para la posibilidad de reducir los programas de espionaje interno del gobierno de Obama, una coalición bipartidaria de republicanos libertarios y demócratas progresistas presentó una propuesta de enmienda al más reciente proyecto de ley de autorización de defensa. Justin Amash, republicano, y John Conyers, demócrata, ambos de Michigan, impulsaron conjuntamente la enmienda, que habría impedido que la NSA obtuviera financiamiento para recopilar los registros telefónicos y datos de personas que no se encuentran bajo investigación.

La casa Blanca se tomó en serio la posibilidad de que su facultad de espiar pudiera verse limitada por el Congreso. En la víspera del debate sobre la enmienda Amash/Conyers, el Director General de la NSA, Keith B. Alexander, el Director Nacional de Inteligencia, James Clapper, y miembros de la línea dura de los comités de inteligencia del Congreso ejercieron presión sobre miembros de la Cámara de Representantes.

Finalmente, la enmienda fue derrotada por un estrecho margen. Un proyecto de ley que, de manera similar a la enmienda Amash/Conyers, dejaría sin efecto el programa de la NSA se encuentra actualmente en tratamiento en comisiones.

Gracias a Edward Snowden y a los periodistas que redactan noticias basadas en sus denuncias, sabemos hoy que el gobierno de Obama recopila grandes cantidades de nuestra información. Martin Luther King Jr fue un disidente, un líder social y un crítico de las guerras de Estados Unidos en el extranjero y de la pobreza y el racismo en su país. Lo espiaron, y su tarea se vio afectada por el gobierno federal.

El quincuagésimo aniversario de la Marcha sobre Washington es el 28 de agosto. Profundamente consternado por la represión de la disidencia que tiene lugar bajo el gobierno de Obama, el académico Cornel West, profesor de Filosofía y Estudios sobre religión en Nueva York, se pregunta: “¿Saben que habrá una marcha en agosto, no? Y lo irónico es que el Hermano Martin [Luther King] no estará invitado a la marcha en su honor porque hablaría de los aviones teledirigidos, hablaría de los delincuentes que están al frente de Wall Street, hablaría de la clase trabajadora, empujada a la marginalidad mientras que las ganancias van a parar a los bolsillos de los ejecutivos de las grandes empresas. Hablaría del legado de la supremacía blanca. ¿Piensan que los que van a ir a la marcha hablarán de los aviones teledirigidos? ¿O del presidente teledirigido? ¿Piensan que los que van a ir a la marcha hablarán de los vínculos con Wall Street? Permítannos decir la verdad, salir del escenario montado por Obama y decir: ’¿Saben qué?
Nos enfrentamos a delincuentes allá arriba y acá abajo. Basta de hipocresía. Dejemos al descubierto la deshonestidad y seamos leales al legado de del hermano King’”.


Amy Goodman

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now!.


http://www.argenpress.info/2013/07/bajo-la-atenta-mirada-de-la-nsa-y-el-fbi.html

sábado, 1 de junio de 2013

Hammond, Manning, Assange y el martillo de hierro de Obama contra la disidencia

Concluyó el juicio federal contra un activista cibernético y el de otro está por comenzar. Aunque los acusados de estos juicios son 2 jóvenes, Jeremy Hammond y Bradley Manning, lo que debería ser juzgado es la creciente amenaza del secretismo con el que actúan el gobierno y las grandes corporaciones

Hammond se enfrentaba a más de treinta años de cárcel acusado de cargos por hackear el sistema informático de una compañía privada de seguridad e inteligencia llamada Strategic Forecasting, o Stratfor, pero aceptó declararse culpable de un cargo de hackeo informático a cambio de una reducción de pena. Según explica su propio sitio web, Stratfor se dedica a “inteligencia geopolítica, previsiones económicas, políticas y militares”. Sin embargo, luego de que Hammond y otros filtraran cinco millones de correos electrónicos de los servidores de Stratfor a WikiLeaks, se tornó evidente que la compañía se dedica ampliamente al espionaje de activistas a solicitud del sector empresarial. Coca-Cola contrató a Stratfor para espiar al grupo PETA, Personas por el Trato Ético de los Animales. Dow Chemical contrató a Stratfor para espiar a los activistas que dejaron al descubierto la participación de Dow en el desastre químico de Bhopal, India, en 1984, que se estima tuvo un saldo de ocho mil muertos y miles de heridos.

Está previsto que el 6 de septiembre se pronuncie la sentencia de Hammond, que se enfrenta ahora a una pena de hasta 10 años de prisión. Sus abogados solicitaron que se contemple el tiempo de reclusión que ya ha cumplido, 15 meses, algunos de los cuales fueron en aislamiento.

Por otra parte, a Bradley Manning le llegará finalmente su turno ante el tribunal militar de Fort Meade, Maryland. Afronta varios cargos vinculados a la mayor filtración de información clasificada de la historia de Estados Unidos. Manning se declaró culpable de hacer mal uso de la información y admitió haber transferido cientos de miles de documentos al sitio web WikiLeaks. Sin embargo, niega el más grave de los cargos, que aún se encuentra pendiente, el de “colaborar con el enemigo”. Los fiscales piden cadena perpetua, sin embargo, de ser declarado culpable, el juez podría determinar para Manning la pena de muerte.

Los juicios contra Bradley Manning y Jeremy Hammond figuran entre las más notorias de una serie de causas que el gobierno de Obama ha abierto contra informantes y periodistas. El abogado Michael Ratner, presidente emérito del Centro para los Derechos Constitucionales y abogado de WikiLeaks y su fundador, Julian Assange, dijo en la puerta del tribunal tras la comparecencia de Hammond: "Esto es consecuencia del martillo de hierro con el que el gobierno está golpeando a la gente que deja al descubierto los secretos de las corporaciones y del gobierno, en realidad, los secretos de un imperio".

Bradley Manning explicó sus acciones y sus motivos en detalladas declaraciones que prestó durante las audiencias previas al juicio. Hay que escuchar con atención porque sus palabras fueron grabadas clandestinamente durante una audiencia: “Pensé que si el público en general, en particular la población estadounidense, tenía acceso a la información que contenían los cables, esto podría provocar un debate a nivel nacional acerca del papel de las fuerzas armadas y de nuestra política exterior en general”. La primera publicación efectuada por WikiLeaks del material proporcionado por Manning fue el video que WikiLeaks tituló “Asesinato Colateral”. La borrosa grabación, filmada desde un helicóptero de combate, muestra el asesinato de 12 hombres en tierra en Bagdad el 12 de julio de 2007. Dos de los asesinados desde el helicóptero de combate Apache de Estados Unidos eran empleados de la cadena de noticias Reuters, el camarógrafo Namir Noor-Eldeen, de 22 años de edad, y su chofer, Saeed Chmagh, padre de cuatro hijos.

Tras la muerte violenta y sin motivo de sus empleados, Reuters pidió explicaciones e invocando la Ley de Libertad de Información solicitó material relativo al ataque, todo lo cual le fue denegado. Manning vio el video mientras se encontraba posicionado en Irak e investigó las circunstancias en que tuvo lugar el ataque. Guardó el archivo de video. Según explicó ante el tribunal: “planeaba entregarlo en las oficinas de Reuters en Londres para ayudarlos a prevenir sucesos como ese en el futuro”, dijo.

Hammond y Manning se enfrentan a años de prisión y tienen en común su vinculación con WikiLeaks y su fundador, Julian Assange. Assange se encuentra requerido en Suecia para ser interrogado en relación a acusaciones por delitos sexuales, aunque no se han presentado cargos en su contra. Luego de perder su batalla contra la extradición a Suecia por parte de Inglaterra, el gobierno de Ecuador le otorgó asilo político y ha permanecido en la embajada de Ecuador en Londres desde junio pasado. En uno de los correos electrónicos filtrados de Stratfor se hace referencia a la existencia de una imputación formal secreta de Estados Unidos contra Assange: “No publicar. Tenemos una acusación sellada contra Assange. Favor de proteger”.

Todo esto sucede en medio de crecientes revelaciones acerca de la extraordinaria intrusión por parte del gobierno de Obama en la privacidad de periodistas y el derecho de proteger a sus fuentes. La agencia de noticias Associated Press reveló que el Departamento de Justicia obtuvo confidencialmente dos meses de registros telefónicos de sus periodistas y editores responsables en el marco de un intento por descubrir la fuente de una filtración relativa a una conspiración para un atentado fallido. El corresponsal en jefe para Washington de Fox News, James Rosen, podría ser acusado de formar parte de una conspiración delictiva por presuntamente haber recibido de manos de una fuente información clasificada referente a Corea del Norte.

El Presidente Barack Obama y el Fiscal General Eric Holder utilizaron la Ley de Espionaje para acusar a informantes en seis oportunidades, más que todos los presidentes anteriores juntos. El ataque de Obama al periodismo y su implacable lucha contra los informantes representan una seria amenaza a los principios democráticos fundamentales sobre los que se fundó este país.

La tarea del periodismo es hacer que quienes detentan el poder rindan cuentas de sus actos. Nuestra tarea es ser el cuarto poder, no es estar al servicio del poder. Déjennos ser.



Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2013 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Tomado de 
http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/58899-hammond-manning-assange-y-el-martillo-de-hierro-de-obama-contra-la-disidencia.html

domingo, 26 de mayo de 2013

Otro Día de los Caídos en el país de las guerras sin fin

En una extraordinaria pero poco publicitada audiencia de supervisión, el comité de servicios armados del Senado analizó la “Ley de Conflicto Armado, el uso de la fuerza militar y la Autorización de 2001 para el Uso de la Fuerza Militar” (AUMF, por sus siglas en inglés). La AUMF es la ley aprobada en el Congreso el 14 de septiembre de 2001, tres días después de los atentados de al-Qaeda contra Estados Unidos.

El senador independiente de Maine, Angus King, inició su interrogatorio a los funcionarios militares de la siguiente manera: “Señores, he estado aquí tan solo cinco meses, pero esta es la audiencia más sorprendente y la más perturbadora en la que he participado. Ustedes básicamente han redactado una nueva Constitución”.

A la afirmación del senador King le siguieron las preguntas del senador republicano de Carolina del Norte Lindsey Graham. Graham, que ha estado en el Senado durante muchos años, recientemente solicitó que el sospechoso de los atentados de Boston (un ciudadano estadounidense acusado de un crimen violento en suelo estadounidense) fuera declarado “combatiente enemigo”, lo que implicaría negarle sus derechos constitucionales. Los funcionarios interrogados respondieron afirmativamente a las preguntas de Graham: “¿Coinciden conmigo en que, en lo que refiere al terrorismo internacional, estamos ante una batalla mundial? ¿Estarían de acuerdo conmigo en que el campo de batalla es el que elija el enemigo y que podría ser cualquier lugar del planeta, de modo que tenemos que estar alertas y preparados para poder actuar?”. El subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales, Micheal Sheenan, respondió afirmativamente, y aclaró: “Vigilamos a diario las amenazas a nivel mundial y estamos preparados para actuar”.

El mensaje del Pentágono fue claro: el mundo es un campo de batalla.

La AUMF establece, en una parte: “el Presidente está autorizado a usar toda la fuerza necesaria y adecuada contra los países, organizaciones o personas que determine que han planificado, autorizado o cometido los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que colaboraron con ellos, o que protegieron a dichas organizaciones o personas, para evitar que en el futuro dichos países, organizaciones o personas cometan actos de terrorismo internacional contra Estados Unidos”.

Tan solo un miembro del Congreso votó en contra del proyecto de ley de 2001, Barbara Lee, demócrata de California, quien afirmó desde la Cámara de Representantes: “Estoy convencida de que la acción militar no evitará futuros actos de terrorismo internacional contra Estados Unidos. Es un asunto muy complejo. Se aprobará esta resolución, a pesar de que todos sabemos que un presidente puede librar una guerra sin necesidad de la misma. Por más difícil que sea esta votación, algunos de nosotros debemos apelar al uso de la restricción. Nuestro país aún está llorando a las víctimas de los atentados. Algunos de nosotros debemos decir: ‘Reflexionemos por un momento y pensemos bien en las repercusiones de las medidas que adoptaremos hoy para que esto no se vuelva incontrolable’”.

Sin duda, el senador independiente de Maine Angus King piensa que las cosas se salieron de control, al igual que el periodista Jeremy Scahill, cuyo nuevo libro “Dirty Wars” se subtitula: “The World is a Battlefield” (el mundo es un campo de batalla). Scahill me dijo: “El concepto de que el mundo es un campo de batalla no es algo que se me ocurrió a mí. Es una doctrina, más concretamente una doctrina militar denominada ‘preparación operativa del campo de batalla’, que considera que el mundo en su totalidad es el campo de batalla. Y lo que sostiene es que hay países donde se puede prever, donde si las fuerzas armadas prevén que es probable que ocurra un conflicto o que se puede desatar una guerra, se pueden enviar soldados a esos países por adelantado para preparar el campo de batalla. Y en los gobiernos de Bush y de Obama el mundo efectivamente ha sido considerado un campo de batalla”. La película “Dirty Wars”, basada en el libro de Scahill y dirigida por Richard Rowley, se estrena en los cines de Estados Unidos en el mes de junio.

Casi doce años más tarde de haber sido aprobada, la Ley de autorización de uso de la fuerza militar continúa en vigor y le otorga al gobierno de Obama y al Pentágono carta blanca para declarar guerras, ocupar países, matar gente con aviones no tripulados, no sobre la base de su culpabilidad, sino como resultado de un análisis remoto de los “modos de vida” de los sospechosos. Mientras estas guerras son cada vez más ocultas, se vuelve cada día más importante que los periodistas vayan donde está el silencio para para hacer que quienes están el poder rindan cuentas de sus actos.

Es por eso que el gobierno de Obama parece estar librando una guerra de baja intensidad contra los periodistas en Estados Unidos: los vigila para descubrir sus fuentes protegidas y persigue informantes apelando a la ley de espionaje. Mientras tanto, más de 100 prisioneros de la base estadounidense en Guantánamo están en huelga de hambre y sus vidas corren peligro. La mayoría no ha recibido acusación formal y se ha ordenado su liberación. Sin embargo, permanecen en esa especie de campo de concentración sin ninguna esperanza de que su situación cambie.

Si bien para muchos el Día de los Caídos no es más que un fin de semana largo, será conmemorado con muchas ceremonias solemnes. Las muertes más recientes de ciudadanos estadounidenses en Afganistán fueron las de dos soldados de la isla de Guam: el Sargento Eugene M. Aguon, de 23 años de edad, y el soldado Dwayne W.Flores, de 22 años. Ambos murieron el 16 de mayo por el estallido de un artefacto explosivo casero. A estas muertes se suman las de cientos de soldados y veteranos de guerra que se suicidan, y cuya cifra supera a la de los soldados muertos en combate. Estas muertes no son informadas por el Pentágono. Al 20 de mayo, el Departamento de Asuntos de Veteranos de Guerra tenía registradas 873.000 solicitudes de beneficios pendientes, de las cuales 584.000 estaban pendientes desde hacía más de 125 días.

Thomas Paine escribió el 21 de marzo de 1778 en la edición de su publicación denominada The Crisis: “Si hay un pecado superior a todos los demás es el de la guerra deliberada y ofensiva. Quien inicia una guerra abre las puertas del infierno y abre la vena que hace que una nación muera desangrada”.
 
Amy Goodman
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2013 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
 
Tomado de  http://lanaciondominicana.com/ver_opinion.php?id_opinion=5185

sábado, 27 de abril de 2013

Las víctimas que los medios ignoraron: la explosión de la planta de fertilizantes de West, Texas



La Maratón de Boston y sus repercusiones han acaparado la atención de los medios de Estados Unidos. Sin embargo, otra serie de explosiones ocurridas dos días más tarde, y en las que el número de víctimas mortales fue cuatro veces mayor, tuvo mucho menos cobertura mediática. Fue el peor accidente industrial en años, aunque llamarlo accidente no tiene en cuenta que era evitable y que posiblemente se trate de un acto negligente, como suele suceder en muchos lugares de trabajo peligrosos.
La primera llamada al 911 llegó a las 7:29 de la tarde del miércoles 17 de abril. Una mujer que se encontraba en una plaza de juegos vio un incendio del otro lado de las vías del tren, en las instalaciones de la empresa West Fertilizer Co., en la pequeña localidad de West, Texas, cerca de Waco. Acto seguido, el departamento local de bomberos voluntarios se movilizó. Menos de 25 minutos más tarde, una enorme explosión sacudió la planta y causó ondas de choque, escombros y fuego en toda la localidad de West, provocando la muerte de 15 personas, entre ellas un médico del servicio de emergencias, ocho bomberos voluntarios y un jefe de bomberos de Dallas que estaba visitando a sus hijos y se sumó al esfuerzo de los bomberos.
El sistema de radio de emergencias recibió la siguiente llamada: “Necesitamos todas las ambulancias posibles en este momento. Acaba de explotar una bomba aquí dentro. La situación es muy grave. Muchos bomberos están en el suelo”.
Mujer: “Hay bomberos caídos. Reitero, hubo una explosión. Hay bomberos caídos”.
A esta siguió otra llamada, en la que se sentían quejas en el fondo: “La residencia de ancianos ha sufrido daños graves. Hay muchas personas inconscientes. Por favor, envíen ayuda”.
Se formó una nube en forma de hongo en el cielo. La explosión fue de una magnitud de 2,1 en la escala de Richter, equivalente a un pequeño terremoto. Las llamadas al 911 no dejaban de llegar. La gente denunciaba que había estallado una bomba, que muchos estaban heridos y otros envueltos en una nube tóxica. Entre 60 y 80 casas fueron sacudidas por la explosión.
Una semana más tarde, con el incendio extinguido y la mayoría de los funerales ya realizados, hay importantes preguntas que permanecen sin respuesta. Un equipo de unas 70 personas está investigando la fuente de la explosión. Reuters informó el sábado que la planta albergaba 2.700 toneladas de nitrato de amonio, es decir 1.350 veces la cantidad mínima por la que una planta está obligada a informar al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) acerca de sus reservas. El nitrato de amonio es un fertilizante utilizado en la agricultura industrial a nivel mundial y es estable cuando se lo almacena en forma adecuada. Es muy inflamable si entra en contacto con el fuego, especialmente cuando se mezcla con combustible, como lo demostró Timothy McVeigh, autor del atentado de 1995 contra el edificio federal Murrah en Oklahoma City. La empresa West Fertilizer Co. nunca informó al Departamento de Seguridad Nacional acerca de sus niveles de almacenamiento de nitrato de amonio.
Este requisito se fundó en la preocupación de que posibles terroristas roben nitrato de amonio. Hay otros organismos federales y estatales que están a cargo de controlar las plantas de fertilizantes, las instalaciones de almacenamiento de productos químicos y los lugares de trabajo en general. Sin embargo, la Administración de Seguridad y Salud en el Trabajo (OSHA, por sus siglas en inglés) inspeccionó las instalaciones de West Fertilizer Co. por última vez en 1985. Un informe de una inspección presentado en junio de 2011 a la Agencia de Protección Ambiental enumeraba el almacenamiento de 24.000 kg. de amoníaco anhidro, un fertilizante diferente, pero se afirmaba que no presentaba ningún riesgo grave.
La explosión de la planta de West Fertilizer sucedió apenas un día después del 66° aniversario del llamado “desastre de la ciudad de Texas”, considerado como el peor accidente industrial en la historia de Estados Unidos. Dos mil trescientas toneladas de nitrato de amonio destinado a Francia como parte del Plan Marshall para la reconstrucción y ayuda de Europa se prendieron fuego a bordo del buque SS Grandcamp. La explosión que ocurrió a continuación dejó un saldo de al menos 581 muertos y 5.000 heridos, y destruyó 500 hogares. Cabría pensar que Texas es sensible a los riesgos potenciales de este peligroso químico. Sin embargo, el gobernador Rick Perry le dijo a Associated Press: “[La población], a través de la elección de sus representantes, envió un claro mensaje de conformidad con el nivel de supervisión”. Recientemente, Perry elogió las normas ambientales de Texas, extremadamente laxas, en su intento de atraer a empresas de estados como California e Illinois a instalarse allí.
El 28 de abril es el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo y se celebra la Jornada Internacional de Conmemoración de los Trabajadores Fallecidos y Lesionados. En Estados Unidos, en honor a las 4.500 personas que mueren cada año en el país en su lugar de trabajo. En promedio, trece trabajadores van a trabajar cada día y nunca regresan. Tom O’Connor, director ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, sostuvo: “mientras las empresas critican las normas y priorizan las ganancias por encima de la seguridad, los trabajadores son los que pagan el precio”.
En la explosión en West, Texas, murieron trabajadores, socorristas, jubilados y vecinos. Muchas personas mueren o resultan heridas a diario en Estados Unidos debido a que los lugares de trabajo no cumplen con las normas de seguridad, pero esto parece tolerarse como el precio que hay que pagar para desarrollar una actividad comercial. El gobernador Perry declaró a West área de desastre y pidió que se rezara por las víctimas. Eso no es suficiente. Como dijo la legendaria sindicalista Mary “Mother” Jones: “Recen por los muertos y luchen a muerte por los vivos”.


Publicado el 26 de abril de 2013
Amy Goodman

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

domingo, 27 de mayo de 2012

Con Bush secuestraban, con Obama matan.


Si al gobierno de Bush no le gustaba alguien, lo secuestraban y lo enviaban a un centro de tortura; si al gobierno de Obama no le gusta alguien, lo matan para no tenga que haber centros de tortura en todas partes..."
 
AMY GOODMAN: Volvemos a nuestra entrevista con Noam Chomsky. Hablamos con él la semana pasada en el jardín del Centro Rey Juan Carlos I de la Universidad de Nueva York. Allí le pregunté sobre WikiLeaks.

NOAM CHOMSKY: Creo que nada de lo que WikiLeaks publicó constituía un verdadero secreto. Es decir, WikiLeaks es un servicio a la población. Assange debería recibir un premio, una medalla presidencial de honor. Toda la operación de WikiLeaks ayudó a informar a la gente sobre qué hacen los representantes electos. Eso debería considerarse algo muy positivo, además de interesante. No se reveló nada verdaderamente extraordinario, aunque es interesante saber, por ejemplo, que, cuando el gobierno de Obama en los hechos apoyó el golpe de estado en Honduras que depuso al gobierno democrático y designó lo que viene a ser un gobierno respaldado por los militares, sabía exactamente lo que estaba haciendo. Porque, según sabemos por WikiLeaks, la embajada en Honduras había presentado un análisis detallado justo al comienzo del golpe que expulsó al presidente, donde se decía "Sí, es inconstitucional, es ilegal". Así que sabían exactamente lo que estaba haciendo, cuando Obama y Clinton dijeron: "Bueno, no es tan malo. Todo va a ir bien".

O por ejemplo, el tema de Anne Patterson, la embajadora en Pakistán, una de las revelaciones más interesantes. Patterson apoya la política estadounidense en AfPak, Afganistán y Pakistán, pero también avisó que la estrategia de los asesinatos y las presiones sobre Pakistán suponían un peligro real. Suponen el peligro de la radicalización de Pakistán –donde la oposición a esta política es enorme- y además crean la posibilidad de que los elementos yihadistas tengan acceso a instalaciones nucleares. Es decir, están creando un peligro enorme. De hecho, Pakistán es mucho más peligroso para la seguridad de EE.UU. que Afganistán, que en realidad no supone ningún peligro. Es bueno saber que tenían esa información. Se la daban los analistas, gente que escribía sobre ese tema y lo conocía, pero el hecho de que la consiguieran por intermedio de la embajada es importante cuando uno piensa en cómo esa estrategia se intensificaba. De hecho, es sorprendente ver cómo se aplican todas esas políticas, como si conscientemente estuvieran tratando de aumentar el peligro.

Pensemos, por ejemplo, en el asesinato de Osama Bin Laden. Estoy entre las pocas personas que piensan que eso fue un crimen. Considero que no se puede tener derecho a invadir otro país, secuestrar a un sospechoso (recordemos que sigue siendo un sospechoso aunque uno crea que es culpable) y, una vez que está apresado e indefenso, asesinarlo y tirar su cuerpo al océano. Los países civilizados no hacen ese tipo de cosas. Hay que tener en cuenta que se estaba corriendo un gran riesgo. El grupo de operaciones especiales Navy Seals tenía órdenes de salir de allí peleando si había algún problema. Si hubieran tenido que pelear para salir de allí, habrían tenido cobertura aérea y probablemente se habría producido una intervención militar. Podríamos haber entrado en guerra con Pakistán, un país que cuenta con un ejército profesional dedicado a proteger la soberanía del Estado y que no se habría tomado algo así a la ligera. Una guerra con Pakistán sería un desastre total. Es una de las grandes instalaciones nucleares que tiene vínculos con elementos islamistas radicales. No son un porcentaje elevado de la población, pero están en todas partes. Y, a pesar de todo, lo hicieron. Después de ese incidente, cuando Pakistán estaba totalmente indignado, hubo más ataques con aviones no tripulados. Es asombroso cuando uno analiza esta estrategia, además de la criminalidad que implica.

AMY GOODMAN: ¿Qué opina de que el presidente Obama recurra cada vez más a aviones no tripulados para atacar a personas en Pakistán, Afganistán, Yemen, Somalia y otros países?

NOAM CHOMSKY: Recuerdo un muy buen análisis de Yochi Dreazen sobre ese tema. Era el corresponsal militar del periódico Wall Street Journal; ahora es analista militar para otra organización. Después del asesinato de Osama Bin Laden, que por cierto él aprobaba, señaló que existía una diferencia interesante entre Bush y Obama. Lo digo con mis propias palabras, no con las suyas; yo hubiera dicho algo así: si al gobierno de Bush no le gustaba alguien, lo secuestraban y lo enviaban a un centro de tortura; si al gobierno de Obama no le gusta alguien, lo matan para no tenga que haber centros de tortura en todas partes.

En realidad, eso nos revela otra cosa. Basta con pensar en el primer detenido de Guantánamo que fue a juicio durante el gobierno Obama. “Juicio” entendido como una comisión militar, que quién sabe qué son. El primer caso fue muy interesante y revela muchas cosas. El detenido se llamaba Omar Khadr. ¿Y qué delito había cometido? Su delito fue que, cuando tenía 15 años, había intentado defender su aldea frente al ataque del ejército estadounidense en Afganistán. Ése es su delito y por lo tanto es terrorista. Lo enviaron a Bagram y más tarde a Guantánamo; en total estuvo ocho años en esos centros de tortura. Finalmente, lo llevaron a juicio durante el mandato de Obama y le dieron a elegir entre declararse inocente y quedarse en Guantánamo el resto de tu vida o declararse culpable y pasar allí ocho años más. De modo que sus abogados le recomendaron que se declarara culpable. Ésa es la justicia que se administra bajo el gobierno de nuestro presidente constitucional, para un chico de 15 años que defendió su aldea contra el ataque de un ejército. Y lo peor es que no se dijo nada sobre este caso.

Lo mismo se puede decir del asesinato del clérigo estadounidense Awlaki en Yemen, abatido por aviones no tripulados. Lo mataron a él y a la persona que estaba a su lado en ese momento. Poco después, su hijo también fue asesinado. Se habló un poco del hecho de que era ciudadano estadounidense: no se debería matar a ciudadanos estadounidenses así nomás. Pero, por ejemplo, cuando lo asesinaron, el titular del periódico New York Times fue algo así como "Occidente celebra la muerte de un clérigo radical". En primer lugar, no fue una "muerte" sino un asesinato. Y en segundo lugar, occidente celebra el asesinato de un sospechoso. Al fin y al cabo, era eso, un sospechoso. Hace unos 800 años se redactó algo llamado Carta Magna, la base del derecho angloamericano, donde se estipula que no se violarán los derechos de nadie sin un debido proceso legal y un juicio justo y rápido. No dice que hay que matar a un sospechoso.

AMY GOODMAN: A su juicio, ¿los medios de comunicación mejoraron en las últimas décadas?

NOAM CHOMSKY: Creo que son mejores de lo que eran. No soy un gran admirador de los medios de comunicación, pero considero que, si los comparamos con los de los años 1950 y 1960, mejoraron considerablemente.

AMY GOODMAN: El hecho de que exista competencia y de que la gente tenga acceso a otro tipo de información ¿supone una presión para los medios de comunicación dominantes?

NOAM CHOMSKY: No lo creo. En realidad, ahora la situación está más monopolizada que antes. Creo que es porque el país cambió. Ahora es un país más civilizado de lo que era antes, es decir, si lo comparamos con la situación de los años 1960. En primer lugar, hay que tener en cuenta los derechos de las mujeres. A lo largo de la historia de Estados Unidos, hasta hace poco, según la ley, las mujeres eran básicamente una propiedad. Eran propiedad de sus padres y de sus maridos. En los primeros años de vida del país, el argumento en contra del voto femenino era que no sería justo porque los hombres casados tendrían dos votos, ya que, evidentemente, la mujer tenía que hacer lo que le decían. Y, de hecho, hasta los años 1970, el derecho de las mujeres de integrar un jurado no estaba garantizado porque se consideraba que no podían hacer ese tipo de cosas. En las universidades de comienzos de la década de 1960, en la mía por ejemplo, solo había hombres blancos obedientes y respetuosos. Todo eso cambió.

También cambió en otros aspectos. Usted mencionó los derechos de los homosexuales. No hace muchos años, ni siquiera se podían pronunciar esas palabras. Y había leyes contra la sodomía, hasta hace muy poco, quizás todavía haya alguna. En Inglaterra es igual. Allí hubo un caso muy dramático, no sé si lo siguió. Uno de los grandes matemáticos del siglo XX, Alan Turing, que además fue un héroe de guerra y fue quien descifró los códigos alemanes y salvó a Inglaterra de los ataques, era homosexual. A principios de 1950 eso iba en contra de la ley de ese país y lo sometieron a un tratamiento para curarlo de esa “enfermedad”. El tratamiento era tan grotesco que acabó suicidándose. Pero eso fue hace mucho tiempo, en 1954. Ahora, cuando le preguntaron al primer ministro Cameron si había llegado el momento de concederle un perdón tardío, ya que este año se cumple el centenario de su nacimiento. La respuesta de Cameron fue: "No, infringió la ley británica. Eso no se perdona". Así que, en esencia, matamos a un héroe de guerra y a un gran matemático porque estaba infringiendo la ley británica. Todo eso ha cambiado mucho, quizá no en el gobierno de Cameron, pero ha cambiado en muchos aspectos. Y eso tuvo un efecto en los medios de comunicación. Las personas que trabajan en
los medios, como por ejemplo muchas mujeres, tuvieron que soportar situaciones como ésa.

AMY GOODMAN: Noam Chomsky, ¿qué cosas le dan esperanza?

NOAM CHOMSKY: Hay muchas cosas que me dan esperanza. Aquí mismo tenemos el movimiento ”Occupy", por ejemplo. Es algo muy sorprendente y dramático. O el lugar en el que nos encontramos hoy, el encuentro del Congreso Estadounidense sobre América Latina (NACLA). Lo que ha ocurrido en América Latina en los últimos 10 años es algo espectacular. En los últimos diez años, por primera vez desde la conquista española y portuguesa, hace quinientos años, América Latina se ha liberado sustancialmente de la dominación y del control de Occidente, sobre todo de Estados Unidos.

De hecho, hubo un ejemplo de eso muy dramático hace apenas un par de semanas en la cumbre [de la OEA] realizada en Cartagena, una cumbre muy importante. Aquí no se mencionó nada de eso. Hubo un escándalo relacionado con el servicio secreto [de EE.UU], pero en esa cumbre ocurrieron cosas muy interesantes. En esa reunión participan todos los países del continente americano. Se debatieron principalmente dos cuestiones, aunque no hubo ninguna declaración porque no pudieron llegar a un acuerdo. Las dos cuestiones fueron Cuba y las drogas. Todo el continente quiere que Cuba sea admitida en la cumbre. Estados Unidos y Canadá se niegan. En relación con las drogas, prácticamente todo el continente está presionando para que haya una legalización porque son ellos los que están llevándose la peor parte, es un golpe en la boca del estómago. La demanda de drogas está aquí [en EE.UU.]. El suministro de armas está aquí. Y ellos son los que lo sufren. Por lo tanto quieren emprender el camino de la legalización. Pero Estados Unidos y Canadá se niegan.

Estados Unidos y Canadá están aislados en el continente. Y, de hecho, hay una nuevo organismo que se creó hace aproximadamente un año, Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que excluye formalmente a Estados Unidos y Canadá, e incluye a todos los demás países. Es muy posible que este nuevo organismo reemplace a la Organización de los Estados Americanos, que está regida por Estados Unidos. Un síntoma de ello es que Estados Unidos fue virtualmente expulsado de sus bases militares en América del Sur. Esos países están tratando de solucionar sus problemas internos, que son graves.

El otro tema interesante [en América Latina] es el papel de los movimientos populares. Por ejemplo, hay movimientos populares masivos de indígenas y trabajadores que son muy efectivos en producir cambios políticos de modo sustancial. Es algo de una importancia histórica.

AMY GOODMAN: Entonces el movimiento “Occupy” y América Latina son para usted motivos de esperanza.

NOAM CHOMSKY: Y la Primavera Árabe. En realidad están pasando muchas cosas interesantes en el mundo. Pero creo que la conciencia de la gente en relación a muchos temas está cambiando. Antes mencionaba la actitud de los chicos de 18 a 24 años, que es bastante mala, pero creo que eso también se puede cambiar.

AMY GOODMAN: Noam Chomsky es profesor de la universidad Massachusetts Institute of Technology (MIT), además de intelectual, disidente político y lingüista de renombre mundial. Lleva más de medio siglo dando clases en el MIT, donde tiene el cargo de Profesor del Instituto y es profesor de Lingüística. Lo entrevistamos la semana pasada en Nueva York en la celebración del 45 aniversario de NACLA, Congreso Estadounidense sobre América Latina, donde le rindieron homenaje. Noam Chomsky es autor de más de un centenar de libros, el más reciente lleva por título "Occupy".
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Traducido por Javier Pérez; editado por Gabriela Díaz Cortez

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