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viernes, 8 de enero de 2016

Los modernos jinetes del Apocalipsis



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El último libro del Nuevo Testamento es el de las revelaciones o del Apocalipsis. Se considera un texto profético, poblado de multitud de símbolos que permiten diversas interpretaciones. Su contenido alude a la existencia de cuatro jinetes que representan la victoria, la guerra, el hambre y la muerte.

Se supone que el Apocalipsis fue escrito a comienzos de la segunda centuria después de Cristo, cuando el territorio de lo que hoy se llama Medio Oriente vivía persecuciones, angustias, destrucción y muerte por parte de los poderosos. En ese sentido, una visión moderna del asunto nos llevaría a pensar que veinte siglos después y en ese mismo territorio nuevamente han manifestado su presencia los cuatro jinetes: la "victoria" de la política de Estados Unidos en la región, está significando similares situaciones de guerra, hambre y muerte que traen los nuevos equinos que han llegado cabalgando bajo la fusta y el látigo de la potencia norteamericana: Israel, Turquía y Arabia Saudita.

viernes, 5 de septiembre de 2014

OTAN: 65 años inventando enemigos

Vicky Peláez

Ningún plan militar, por bien preparado que esté, tiene garantizada su supervivencia más allá del primer encuentro con el enemigo (mariscal de campo Helmuth von Moltke, 1800-1891)

Para que surgiera un pacto militar como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hace 65 años, tenía que existir alguno o varios enemigos de los países de Europa Occidental o los tenía que inventar.

Estados Unidos, el mayor beneficiado en términos financieros, políticos, económicos y geoestratégicos durante la Segunda Guerra Mundial, decidió establecer su control absoluto en esta parte de Europa.

lunes, 7 de julio de 2014

CHELSEA MANNING Y EL PERIODISMO DE GUERRA



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Chelsea Manning, quien antes de cambiar por voluntad propia su género y su nombre (Bradley) fue protagonista de una heroicidad que le sitúa entre las figuras que más han contribuido, mediante la revelación de documentos secretos de las fuerzas armadas de EE.UU., a que la opinión pública mundial se percate de muchos crímenes que Washington lleva a cabo en sus guerras contra su propio pueblo y otras naciones.

El 14 de junio último la revista Sunday Review, en su sección de opiniones, hizo pública una carta abierta de Chelsea Manning fechada en Fort Leavenworth, Kansas, donde cumple la condena de 35 años de prisión que le fuera impuesta. Tenía por título el de “The Fog Machine of War” (La Máquina de Niebla para la Guerra).

Relata quien fuera analista de inteligencia del ejército de Estados Unidos que cuando decidió en 2010 revelar información clasificada, lo hizo por amor a su país y por un sentimiento de servir a los demás.

Comprende que sus acciones violaron la ley, pero igualmente lamenta que las preocupaciones que las motivaron no hayan encontrado respuestas.

Reflexiona que, con Irak al borde de la guerra civil y Estados Unidos otra vez contemplando la intervención, adquiere nueva urgencia  la cuestión de divulgar la forma en que los militares controlan la cobertura mediática de su prolongada presencia en Irak y en Afganistán.

Manning  cree que los límites actuales de la libertad de prensa y el secreto excesivo en la información pública hacen imposible para los estadounidenses comprender plenamente lo que sucede en las guerras que su país financia.

Durante las elecciones de marzo de 2010 en Irak –relata- la prensa norteamericana, estaba repleta de reportajes optimistas y fotos que presentaban esos comicios como prueba de los exitosos resultados que habían tenido las operaciones militares destinadas a la creación de un Irak democrático y estable.

“Pero nosotros, los allí apostados, teníamos conciencia de una realidad más compleja. Informes militares y diplomáticos sobre mi escritorio detallaban la brutal represión contra disidentes políticos ordenada por el Primer Ministro iraquí Nuri Kamal al-Maliki y ejecutada por el Ministerio de Interior y la policía federal. Los detenidos eran con frecuencia torturados y  asesinados”, –recuerda Manning.

 “Me impresionó la complicidad de los militares con la corrupción que reinaba en ese proceso electoral, pero no fue esa la primera ni la última vez que cuestioné la forma en que Estados Unidos llevaba a cabo su misión en Irak.”, asegura Manning.

Dice que se preguntaba cómo era posible que si ni siquiera los analistas de inteligencia y los oficiales a cargo de la información, accedían a una visión completa de la guerra, ¿cómo podrían tomarse las decisiones en el nivel superior del Congreso adonde apenas llega la mitad de la historia?

Manning cuestiona la utilidad del procedimiento para limitar el acceso de la prensa al real desarrollo de la guerra, que comienza sometiendo a todo reportero propuesto a cuidadoso examen por funcionarios de la oficina de asuntos públicos militares. Como es lógico, aquellos que mejor respondan a los requerimientos de los militares son los más propensos a que se les conceda acceso.

“Una de mis tareas regulares era proporcionar resúmenes de información sobre asuntos públicos. Por ello continuamente hacía comparaciones entre los análisis basados en inteligencia local de que disponíamos y los que enviábamos a los destinatarios de nuestro trabajo. Podía apreciar claramente el contraste entre los informes sólidos, llenos de matices que obteníamos en la base y los que preparábamos para nuestros mandos militares y diplomáticos, llenos de simplificaciones y especulación brumosa, destinados al consumo ulterior”.

Manning refiere que los mecanismos vigentes para informar sobre las guerras estadounidenses están encaminados a promover en los periodistas una atmósfera de plena subordinación a los intereses del mando militar. Son obligados a firmar la aceptación de "reglas del juego" para “proteger la seguridad operacional”. Los periodistas temen, naturalmente, perder su acceso a las fuentes reales de información y evitan tratar asuntos polémicos.

Los mecanismos existentes obligan a los periodistas a competir entre sí por "acceso especial" a cuestiones vitales y, demasiado a menudo, genera informes destinados a halagar a los tomadores de decisiones. El propósito –según Manning- es evitar el acceso del público a los hechos, dejándole sin capacidad de evaluar la conducta de los funcionarios estadounidenses.

Chelsea Manning  dedica la parte conclusiva de su mensaje a ofrecer sus ideas acerca de la manera en que Estados Unidos pudiera mejorar el acceso de los medios de comunicación a este aspecto crucial de la vida nacional, lo que a su juicio contribuiría a restablecer  la confianza entre electores y funcionarios.

Por Manuel E. Yepe

domingo, 26 de mayo de 2013

Otro Día de los Caídos en el país de las guerras sin fin

En una extraordinaria pero poco publicitada audiencia de supervisión, el comité de servicios armados del Senado analizó la “Ley de Conflicto Armado, el uso de la fuerza militar y la Autorización de 2001 para el Uso de la Fuerza Militar” (AUMF, por sus siglas en inglés). La AUMF es la ley aprobada en el Congreso el 14 de septiembre de 2001, tres días después de los atentados de al-Qaeda contra Estados Unidos.

El senador independiente de Maine, Angus King, inició su interrogatorio a los funcionarios militares de la siguiente manera: “Señores, he estado aquí tan solo cinco meses, pero esta es la audiencia más sorprendente y la más perturbadora en la que he participado. Ustedes básicamente han redactado una nueva Constitución”.

A la afirmación del senador King le siguieron las preguntas del senador republicano de Carolina del Norte Lindsey Graham. Graham, que ha estado en el Senado durante muchos años, recientemente solicitó que el sospechoso de los atentados de Boston (un ciudadano estadounidense acusado de un crimen violento en suelo estadounidense) fuera declarado “combatiente enemigo”, lo que implicaría negarle sus derechos constitucionales. Los funcionarios interrogados respondieron afirmativamente a las preguntas de Graham: “¿Coinciden conmigo en que, en lo que refiere al terrorismo internacional, estamos ante una batalla mundial? ¿Estarían de acuerdo conmigo en que el campo de batalla es el que elija el enemigo y que podría ser cualquier lugar del planeta, de modo que tenemos que estar alertas y preparados para poder actuar?”. El subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales, Micheal Sheenan, respondió afirmativamente, y aclaró: “Vigilamos a diario las amenazas a nivel mundial y estamos preparados para actuar”.

El mensaje del Pentágono fue claro: el mundo es un campo de batalla.

La AUMF establece, en una parte: “el Presidente está autorizado a usar toda la fuerza necesaria y adecuada contra los países, organizaciones o personas que determine que han planificado, autorizado o cometido los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que colaboraron con ellos, o que protegieron a dichas organizaciones o personas, para evitar que en el futuro dichos países, organizaciones o personas cometan actos de terrorismo internacional contra Estados Unidos”.

Tan solo un miembro del Congreso votó en contra del proyecto de ley de 2001, Barbara Lee, demócrata de California, quien afirmó desde la Cámara de Representantes: “Estoy convencida de que la acción militar no evitará futuros actos de terrorismo internacional contra Estados Unidos. Es un asunto muy complejo. Se aprobará esta resolución, a pesar de que todos sabemos que un presidente puede librar una guerra sin necesidad de la misma. Por más difícil que sea esta votación, algunos de nosotros debemos apelar al uso de la restricción. Nuestro país aún está llorando a las víctimas de los atentados. Algunos de nosotros debemos decir: ‘Reflexionemos por un momento y pensemos bien en las repercusiones de las medidas que adoptaremos hoy para que esto no se vuelva incontrolable’”.

Sin duda, el senador independiente de Maine Angus King piensa que las cosas se salieron de control, al igual que el periodista Jeremy Scahill, cuyo nuevo libro “Dirty Wars” se subtitula: “The World is a Battlefield” (el mundo es un campo de batalla). Scahill me dijo: “El concepto de que el mundo es un campo de batalla no es algo que se me ocurrió a mí. Es una doctrina, más concretamente una doctrina militar denominada ‘preparación operativa del campo de batalla’, que considera que el mundo en su totalidad es el campo de batalla. Y lo que sostiene es que hay países donde se puede prever, donde si las fuerzas armadas prevén que es probable que ocurra un conflicto o que se puede desatar una guerra, se pueden enviar soldados a esos países por adelantado para preparar el campo de batalla. Y en los gobiernos de Bush y de Obama el mundo efectivamente ha sido considerado un campo de batalla”. La película “Dirty Wars”, basada en el libro de Scahill y dirigida por Richard Rowley, se estrena en los cines de Estados Unidos en el mes de junio.

Casi doce años más tarde de haber sido aprobada, la Ley de autorización de uso de la fuerza militar continúa en vigor y le otorga al gobierno de Obama y al Pentágono carta blanca para declarar guerras, ocupar países, matar gente con aviones no tripulados, no sobre la base de su culpabilidad, sino como resultado de un análisis remoto de los “modos de vida” de los sospechosos. Mientras estas guerras son cada vez más ocultas, se vuelve cada día más importante que los periodistas vayan donde está el silencio para para hacer que quienes están el poder rindan cuentas de sus actos.

Es por eso que el gobierno de Obama parece estar librando una guerra de baja intensidad contra los periodistas en Estados Unidos: los vigila para descubrir sus fuentes protegidas y persigue informantes apelando a la ley de espionaje. Mientras tanto, más de 100 prisioneros de la base estadounidense en Guantánamo están en huelga de hambre y sus vidas corren peligro. La mayoría no ha recibido acusación formal y se ha ordenado su liberación. Sin embargo, permanecen en esa especie de campo de concentración sin ninguna esperanza de que su situación cambie.

Si bien para muchos el Día de los Caídos no es más que un fin de semana largo, será conmemorado con muchas ceremonias solemnes. Las muertes más recientes de ciudadanos estadounidenses en Afganistán fueron las de dos soldados de la isla de Guam: el Sargento Eugene M. Aguon, de 23 años de edad, y el soldado Dwayne W.Flores, de 22 años. Ambos murieron el 16 de mayo por el estallido de un artefacto explosivo casero. A estas muertes se suman las de cientos de soldados y veteranos de guerra que se suicidan, y cuya cifra supera a la de los soldados muertos en combate. Estas muertes no son informadas por el Pentágono. Al 20 de mayo, el Departamento de Asuntos de Veteranos de Guerra tenía registradas 873.000 solicitudes de beneficios pendientes, de las cuales 584.000 estaban pendientes desde hacía más de 125 días.

Thomas Paine escribió el 21 de marzo de 1778 en la edición de su publicación denominada The Crisis: “Si hay un pecado superior a todos los demás es el de la guerra deliberada y ofensiva. Quien inicia una guerra abre las puertas del infierno y abre la vena que hace que una nación muera desangrada”.
 
Amy Goodman
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2013 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
 
Tomado de  http://lanaciondominicana.com/ver_opinion.php?id_opinion=5185

lunes, 20 de mayo de 2013

Estados Unidos: Guerra infinita

Los militares y sus jefes civiles están muy preocupados por dos fenómenos en las filas de las fuerzas armadas –incremento significativo en los suicidios y en incidentes de agresión sexual– y nadie entiende las razones, o por lo menos eso dicen.
 
Durante los últimos 12 años, con dos guerras, más otras acciones militares, se ha incrementado la tasa de suicidios entre militares en activo, con un nuevo récord de 350 casos en 2012, reportó el New York Times. Esta cifra es el doble de hace una década y superior al número de efectivos muertos en Afganistán ese año. En 2002 la tasa de suicidio entre militares fue de 10.3 por cada 100 mil, hoy es de 18 por 100 mil. A pesar de múltiples investigaciones y programas de prevención, los expertos admiten que no tienen claras las causas.

 Por otro lado, en lo que algunos califican de epidemia de ataques sexuales, el Pentágono divulgó recientemente que el número de personal militar víctima de agresión sexual y delitos relacionados se ha incrementado 35 por ciento en los últimos dos años. En 2012 se reportaron de manera oficial 3 mil 400 casos de agresión sexual en las fuerzas armadas, sólo una fracción de los más de 26 mil que el Pentágono calcula que ocurrieron.

Peor aún, algunos de los encargados de abordar y resolver la incidencia de ataques sexuales ahora están acusados de eso mismo. Primero, el jefe de prevención de asalto sexual de la fuerza aérea, el coronel Jeffrey Krusinski, fue arrestado acusado de tocar y atacar a una mujer en Virginia. Diez días después, un sargento del ejército encargado de manejar casos de asalto sexual en Texas fue puesto bajo investigación por acusaciones de contacto sexual abusivo y, posiblemente, obligar a una subordinada a la prostitución.

A la vez, aunque en casi cada acto oficial, deportivo y hasta algunos culturales los políticos invitan al público a elogiar y expresar su gratitud a las fuerzas armadas por su sacrificio, el trato a veteranos y sus familias parece contradecir esos sentimientos. El número de solicitudes por discapacidad registradas en la Administración de Asuntos de Veteranos –la principal agencia federal encargada de apoyarlos, sobre todo en cuestiones de salud– que están acumuladas a la espera de pago (son catalogadas así si no se han resuelto por lo menos en 125 días) ya casi llega a 600 mil y crece cada día.

Aunque los fenómenos de suicidio y agresión sexual entre uniformados son asuntos complejos que no tienen una sola causa, no existirían sin el contexto de una superpotencia con capacidad militar sin precedente en la historia, con un gasto militar que representa 41 por ciento del total mundial, según SIPRI, y que vive en algo que ya se asimiló como parte normal de la vida estadunidense: la guerra infinita.

La guerra contra el terrorismo que Estados Unidos declaró después del 11 de septiembre de 2001 es tan solo una parte de la historia bélica de este país, una historia de guerra continua desde sus inicios hasta hoy. Pero, sí parece ser la primera guerra que abiertamente se define como indefinida. La semana pasada, Michael Sheehan, secretario asistente de Defensa para operaciones especiales y conflictos de baja intensidad, fue interrogado en una audiencia en el Senado sobre qué tanto tiempo considera que durará la guerra contra el terrorismo: por lo menos de 10 a 20 años, respondió tranquilamente (sin incluir los 12 años que lleva). No sólo no parece haber un límite de tiempo, sino tampoco límite geográfico para esta guerra, ya que se libra desde ciudades de Estados Unidos hasta pueblos de Medio Oriente y África.

Glenn Greenwald, columnista de The Guardian, comenta que “es difícil resistir la conclusión de que esta guerra no tiene ningún otro propósito que su perpetuación. Esta guerra no es un medio para un fin, sino el fin en sí… También es su propio combustible: es precisamente esta guerra sin fin –justificada en nombre de detener la amenaza del terrorismo– la mayor causa de esa amenaza”.

El historiador y veterano militar Andrew Bacevich acaba de publicar un libro en el que advierte que la trinidad sagrada del poder militar estadunidense, la huella mundial del Pentágono y la disposición estadunidense al intervencionismo hoy día generan una condición de crisis de seguridad nacional permanente. Eso, afirma, establece la justificación para una condición de guerra sin fin. Mientras tanto, el público ya no cuestiona todo esto, critica el experto.

Cuando su hijo, teniente del ejército, murió en combate en Irak en 2007, Bacevich escribió en el Washington Post que los oradores oficiales repiten la línea de que la vida de un soldado no tiene precio. Yo sí sé qué valor asigna el gobierno estadunidense a la vida de un soldado: me han entregado el cheque.

Si te capacitan para ser participante en esta guerra infinita, te dicen que el enemigo es global, que puede estar a la vuelta de tu casa o en unas montañas o desiertos a miles de kilómetros, te enseñan que la violencia es una respuesta legítima y que tienes el derecho y el deber de usarla, y te dicen que hacerlo es heroico, tal vez eso explica algo. Si de repente regresas y no hay empleo, no hay vivienda, y no hay apoyo, ni para las discapacidades que tienes por defender a tu patria, y las guerras en que participaste fueron detonadas por engaños y manipulaciones por los comandantes civiles, tal vez eso también explica algo. Tal vez la guerra y la militarización deshumanizan a todos. Tal vez con la guerra no destruyes sólo al enemigo, sino a ti mismo.

Escrito por  David Brooks/La Jornada 


jueves, 18 de abril de 2013

LAS CORPORACIONES Y LAS GUERRAS



Sería muy fácil, considerando la historia de los Estados Unidos de Norteamérica, describirlo como un país "guerrero".

 Y aún cuando esa descripción sería técnicamente correcta, podría ser errónea, porque ignora las fuerzas sociales que llevan a los norteamericanos a la guerra.

 Principal entre esas fuerzas son los medios de comunicación, porque ellos proveen la narrativa que centra la racional para la guerra. En segundo lugar es el papel del Estado, porque el Estado también da forma a esa historia.

Finalmente, y quizas lo más importante, es el papel de las corporaciones y de sus cabilderos, que pueden ser muchas veces vistos como los motores reales de la guerra.

Porque en toda guerra, no importa la razón que se le dé, negocios (o grupos de negocios) hacen dinero de la miseria y de la carnicería de los conflictos militares.

Hace mucho tiempo, durante la Guerra Civil (que también es la guerra más sanginaria de los Estados Unidos!), vimos aparecer grandes compañías de carne norteamericanas --primero para alimentar las crecientes multitudes de soldados-- después para alimentar los millones de consumidores que estaban aprendiendo las delicias de la carne enlatada.

Fábricas de armas, de municiones, fábricas de aviones, diseñadores de bombarderos; y – voila! – sin que se de cuenta, está en el país del complejo-militar-industrial.

La guerra es un negocio extremadamente grande y lucrativo; y cuando no estamos atareados usando las armas contra "enemigos" en el extranjero, las estamos vendiendo a los que llamamos nuestros "aliados" para que las usen para represión interna o para las constantes guerras de límites entre países vecinos.

Por todo su hablar de "paz" y "estabilidad", los Estados Unidos es, sin lugar a dudas, el mercader de armas más grande del mundo, y siembra destrucción en todo el orbe.

Y los miembros del Congreso norteamericano no son más que cabilderos del complejo militar-industrial --cabilderos tanto durante su tiempo de congresistas, como después cuando ya han dejado el Congreso.

Mientras se cierran escuelas en ciudades importantes de los Estados Unidos, (Chicago, Illinois, Filadelfia, Pensilvania y Oakland, California, por ejemplo), y se clausuran las bibliotecas, armas de guerra llenan ahora los departamentos de policía locales --para ser usadas en la más reciente seudo-guerra: el terrorismo.

 Al preparar los fuegos para las guerras del mañana, cerramos las puertas al saber y a la razón.

Mumía Abú-Jamal


   7-4-2013


--© ‘13maj


Traducción libre del inglés enviado por
Fatirah Aziz, Litestar01@aol.com,
hecha en REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas.

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