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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Mitt Romney invierte en empresas rusas

El candidato presidencial del Partido Republicano en EEUU, Mitt Romney, quien había llamado Rusia "el enemigo geopolítico número uno", compró acciones de Gazprom y del motor de búsqueda ruso Yandex. El año pasado el político adquirió más de mil acciones.

Los demócratas inmediatamente criticaron al republicano, cuya fortuna se estima en más de doscientos millones de dólares, por el hecho de que invierte no solo en el producto nacional, sino también en empresas extranjeras, entre ellas rusas y chinas.

Numerosos críticos de Romney subrayan, según ellos, el dudoso patriotismo de dichas inversiones y el hecho de que contradicen las declaraciones del republicano sobre Rusia. 

ao/ks/sm

La Voz de Rusia

domingo, 29 de julio de 2012

El Londres de los Juegos Olímpicos es una “fiesta ajena”

El descontento que experimenta una gran parte de los londinenses con respecto a los Juegos Olímpicos que arrancan en la capital británica es fácil de comprender si uno ve este gran evento deportivo como una fiesta privada de los inversores.

La huida de la felicidad
A la Villa Olímpica de Stratford, al este de Londres, siguen llegando delegaciones deportivas de todo el mundo y cada día se izan las nuevas banderas de los países participantes. La bandera rusa también está izada.
Los turistas tanto del interior del país como del extranjero siguen llegando a Londres. En total, será casi un millón de personas que visitarán la capital británica sólo para ver los Juegos Olímpicos. Si recordamos que Londres es el destino turístico más popular en el mundo (con 15 millones visitas anuales) se comprende por qué los habitantes de la ciudad sueñan con escapar de ella mientras duren las Olimpíadas.
Los sondeos revelan que del 20% al 26% de los londinenses planean abandonar la capital durante los Juegos. En la comunidad rusa de Londres esta cifra asciende a un 41%.
Y eso que muchos les envidian. Los Juegos Olímpicos en tu ciudad no es un evento tan frecuente, incluso para Londres que se convierte en el escenario de la fiesta del deporte por tercera vez. Los habitantes de la capital británica deberían estar felices: no tienen que ir a ninguna parte para verlos, pagarse el hotel y las comidas.
El número exacto de londinenses que huirán se sabrá una vez terminados los Juegos. No todos los que querrían hacerlo se lo pueden permitir, por motivos ajenos a su voluntad.
Pero en general, por más que se hable de los millones que se gastarán los turistas durante las Olimpíadas, de los nuevos puestos de trabajo y otras ventajas económicas del evento, no se puede negar que una gran parte de los anfitriones tiene una actitud negativa ante los Juegos. Porque esto se llama la “fiesta ajena”.

La voz desde el sótano
“Los Juegos Olímpicos hace tiempo ya se han convertido en un factor que justifica los proyectos de inversión difícilmente justificables en otros casos”, opina Dmitri Abzálov, experto del Centro de Coyuntura Política de Rusia.
Según él, los Juegos como eventos meramente deportivos nunca son rentables pero sí contribuyen a mejorar la infraestructura de las ciudades, o incluso de los países que los reciben. El experto pone como ejemplo a China, que gracias a los Juegos Olímpicos mejoró notablemente sus redes viales, construyó nuevas viviendas y solucionó el problema del suministro de electricidad a la capital.
Pekín gastó un monto récord en la historia de los Juegos Olímpicos, 40.000 millones de dólares, pero sin las Olimpíadas habría sido mucho más ya que parte del dinero la asignó el Comité Olímpico Internacional y al mismo tiempo se pudo captar con más facilidad a los inversores para los proyectos de infraestructura.
Además, la afluencia de turistas durante las competiciones deportivas tiene una ventaja de la que muchas veces hacen nos olvidarnos los superproyectos olímpicos. Y es que el dinero que gastan los turistas anima al pequeño comercio de la sede de los Juegos y los impuestos se pagan directamente al presupuesto local, que en otras situaciones no podría ni soñar con tales ingresos.
Todo esto son cosas bien conocidas y banales, pero cada cuatro años hay que volver a recordarlas a los habitantes del nuevo “paraíso olímpico”. Y cada vez resulta en vano. Por lo menos uno de los diarios británicos publicó recientemente la siguiente anécdota, muy típica en el Londres olímpico. Un amigo se queja al otro: “Todo este rollo me recuerda la situación cuando alguien monta una gran fiesta en tu casa, mientras a ti te encierra en el sótano”.

Amenaza infantil
Estas reacciones negativas con respecto a una gran fiesta del deporte no puede ser explicada solo desde el punto de vista de la mentalidad pequeñoburguesa de los europeos que no se tienen que preocupar por el prestigio internacional de su país. Los ucranianos, que tienen una mentalidad muy diferente, reaccionaron de manera muy semejante  ante la Eurocopa de Fútbol que sus ciudades acogieron hace un mes, un evento menos grandioso pero de una importancia colosal para Ucrania.
La actitud de los ucranianos ante la Eurocopa-2012 fue cambiando del entusiasmo general a la desilusión e incluso rabia conforme se acercaban las fechas del campeonato. El gobierno de Kiev anunció que las estaciones del metro de la ciudad estarían cerradas durante el evento y los colegios pidieron a los padres que se llevaran a sus hijos de la ciudad durante ese tiempo.
“Me recuerda los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. Entonces a mis padres, y a muchos otros padres, también recomendaban llevarse a sus hijos de la capital para que no empezaran a pedir chicles a los extranjeros desprestigiando el régimen soviético”, dice Alexei Makarkin, vicepresidente del Centro ruso de Ingeniería Política.

Concurso de proyectos
El politólogo afirma que la efectividad de los Juegos Olímpicos para mejorar la imagen del país está muy exagerada. “Además, Gran Bretaña no necesita mejorar su imagen. Lo hacen los países que tienen una fama, digamos, ambigua. Pero en estos casos los juegos tampoco son una receta universal. Por ejemplo, las Olimpíadas en Pekín no cambiaron la imagen de la capital china”, señala Alexei Makarkin.
Según Makarkin, de los últimos juegos tan solo los de Seúl de 1988 contribuyeron a elevar el prestigio internacional del país, pero fue porque se celebraron paralelamente a unas reformas democráticas sin precedentes y las primeras elecciones libres.
“Los Juegos Olímpicos son una herramienta eficaz para realizar cambios de infraestructura, pero esto puede acarrear ciertos riesgos. Ahora es evidente que los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004 asestaron un duro golpe a la economía nacional, que no llegó a recuperarse tras las competiciones”, dice Dmitri Abzálov.
“La reacción de la población ante un evento como los Juegos Olímpicos nunca podrá ser homogénea. Siempre habrá descontentos. Pero si alguien pretende con la ayuda de los Juegos elevar el prestigio de su país en el mundo a pesar de las dificultades que esto supone para su población,  tiene que comprender que no conseguirá este objetivo”, asegura Alexei Makarkin. El experto indica que si en el curso de dos años Rusia no logra realizar reformas democráticas, los Juegos Olímpicos de Sochi en 2014 no cambiarán de ninguna manera la “fama ambigua” del país.
Así que la reacción negativa de los londinenses no es un rasgo típico del carácter británico. Es una de las características del movimiento olímpico moderno que se ha convertido en un concurso de proyectos de inversión.


Serguei Petujov, RIA Novosti

miércoles, 7 de marzo de 2012

China se apodera de los activos energéticos de EE.UU.


China ha encontrado una manera de penetrar en el mercado del petróleo y gas de EE.UU. Tras varios intentos infructuosos de adquirir empresas estadounidenses, sus empresarios han optado por comprar participaciones minoritarias en ellas, garantizandose el acceso a los recursos energéticos y a las inversiones seguras y protegidas, así como a las nuevas tecnologías.

Desde el 2010, las empresas chinas han invertido más de 17.000 millones de dólares en transacciones en el sector de petróleo y gas de EE. UU. y Canadá, publica The Wall Street Journal. Los empresarios chinos como regla se convierten en accionistas minoritarios o como responsables de los costos de producción, pero en general desempeñando un papel pasivo en la gestión.

A mediados de los años 2000, China comenzó una agresiva campaña de adquisiciones de empresas extranjeras. Pero tras sufrir una serie de fiascos, por ejemplo con la californiana Unocal, las autoridades de EE.UU. la acusaron de tratar de hacerse con el control de los recursos nacionales el país y perdió su interés en los activos estadounidenses.

Pero la crisis financiera del 2008 impuso sus propias necesidades y las compañías energéticas estadounidenses comenzaron a buscar activamente fuentes de financiación, incluso en el extranjero.

Esta vez, las empresas chinas actuaron con cautela y empresas como Sinopec y Cnooc lograron obtener resultados tangibles al participar en numerosos proyectos en la región.

Los expertos señalan que la nueva política de las empresas chinas es beneficiosa. La participación en proyectos conjuntos elimina los problemas con los reguladores y les proporciona acceso libre a los recursos.


Además, las compras de participaciones pequeñas les da la posibilidad de adquirir la experiencia de sus socios y sus tecnologías que pueden ser aplicados después en China. Por último, las acciones de las empresas conjuntas son una buena inversión y suelen ser sólidas reservas de efectivo, indicó el analista Ian Pyle, de Sanford C. Bernstein, citado por el diario ruso RBC Daily.

Artículo completo en: http://actualidad.rt.com/economia/sectores/issue_37177.html

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