
Netanyahu está intensificando la guerra principalmente en el
este de Jerusalén, con orgías de castigo colectivo. Prefiere mostrar el
éxito de Israel en desconectar físicamente a Jerusalén de la mayor parte
de la población palestina, lo que acentúa la ausencia de dirigentes
palestinos en Jerusalén Este y la debilidad del gobierno en Ramallah,
que está tratando de detener su hundimiento en el resto de Cisjordania.
La guerra no se inició el pasado jueves, no comienza con las víctimas
judías y no termina cuando no hay judíos asesinados. Los palestinos
están luchando por su vida, en el sentido pleno de la palabra. Nosotros,
los judíos israelíes estamos luchando por prevalecer como una nación de
patrones, en la peor crueldad del término.
De que nos demos cuenta de que hay una guerra sólo cuando son
asesinados judíos no anula el hecho de que los palestinos están siendo
asesinados todo el tiempo y que todo el tiempo estamos haciendo todo lo
posible para hacer su vida insoportable. La mayoría de las veces se
trata de una guerra unilateral, librada por nosotros, para conseguir que
digan "sí" al patrón, muchas gracias por mantenernos vivos en nuestras
reservas. Cuando algo en la unilateralidad de la guerra se altera y son
asesinados judíos, a continuación prestamos atención.
La
Santa Sede reconoció oficialmente ayer al Estado de Palestina al
anunciar que está listo un acuerdo global bilateral que se convertirá en
un tratado no bien lo firmen las partes. En el documento, que equivale a
un concordato general que regula las relaciones de la Iglesia católica
con Palestina, se auspicia que el largo conflicto entre israelíes y
palestinos se solucione con la creación de dos Estados democráticos que
convivan en paz y seguridad mutuas. La decisión provocó la inmediata
reacción del gobierno del premier conservador israelí, Benjamín
Netanyahu, que se declaró “desilusionado”.

