viernes, 15 de mayo de 2015

Del A400M al F35: los problemas de los programas de armamento más punteros

Cuatro de los programas con problemas | Lockheed Martin/Wikipedia/LD

 
El accidente de un Airbus A400M el pasado sábado durante uno de sus vuelos de prueba en Sevilla, en el que fallecieron cuatro personas y otras dos resultaron gravemente heridos, ha vuelto a traer a la actualidad los inmumerables problemas que está teniendo este programa, uno de los más importantes a nivel aeronaútico que se desarrolla en Europa en estos momentos, para traducirse de los planos y dossieres a la realidad.

El objetivo era dotar a las Fuerzas Aéreas de todos aquellos países interesados de un avión de largo alcance capaz de sustituir a los actuales C-130 Hércules y C-160 Transall y con la posibilidad de operar en distintas configuraciones: transporte de carga (duplica la actual capacidad tanto en peso como en carga), transporte de tropas, vigilancia y guerra electrónica, evacuación médica y repostaje en vuelo.

Pero el que la industria militar europea quería que fuera el avión tecnológicamente más avanzado del mundo lleva acumulando dificultades y problemas de fabricación durante la última década. Su vuelo inaugural (en 2009) se realizó con dos años de retraso por problemas en sus motores y su software, y el coste por unidad se ha disparado de los 100 a los 160 millones de euros. En enero pasado, el presidente de Airbus en España, Domingo Ureña, dimitió a consecuencia de ello.

Pero los problemas en los programas de armamento más punteros no son una cuestión únicamente europea. En Estados Unidos preocupa y mucho la situación del programa del caza F35 de Lockheed Martin, que con tres versiones diferentes (A-despegue convencional; B-despegue vertical; C-embarcable) tiene que sustituir a los cazas F-15, F-16, F-18, A-10 y Harrier AV-8B de la Fuerza Aérea, la Marina y el Cuerpo de Marines de Estados Unidos.


Después de 14 años de desarrollo con infinidad de problemas, la realidad es que el Pentagono y la Comisión de Defensa del Congreso empieza a ponerse excesivamente nerviosos con un programa que en el año 2001 iba a suponer una inversión de 233.000 millones de dólares por 2.886 cazas F-35 (80,7 millones por avión) y que en 2014 se ha disparado hasta los 400.000 millones por 2.457 aviones (162,8 millones por unidad). 

El retraso y alto aumento del coste del avión, que debería llevar en fase de producción en cadena desde el año 2013 y no lo hará como muy pronto hasta 2019, está haciendo que muchos países se estén echando atrás en sus pretensiones. Es el caso de Reino Unido (ha rebajado su peticiones de la versión B de 138 a 48), de Italia (de 131 a 90) o de Turquía (de 141 a 100) o de Canadá, que ha eliminado su compromiso inicial de 65 unidades.

Entre los problemas que ha tenido el programa del F35 destacan los de peso, sistemas de radar, guerra electrónica, navegación, el sistema de visualización montado en el casco, el incendio de un motor en pleno vuelo y que la aeronave no funcionase si el combustible se ha recalentado por las altas temperaturas (algo muy habitual si va a ser desplegado en grandes bases americanas como la del desierto de Arizona o islas del Pacífico como Hawai).
España también mira con preocupación la marcha de este programa, pues los F-35 A serían los elegidos para sustituir a los actuales cazas F-18 del Ejército del Aire y los F-35B se comprarían para sustituir a los Harrier AV-8B de la Armada. De hecho, el aumento de coste sobre todo de estos últimos está poniendo en jaque el futuro del ala embarcada española.
Dolores de cabeza similares a los del programa del F-35 han causado también otro de los programas estrella para la Fuerza Aérea estadounidese, como el del F-22 Raptor, un caza de supremacía aérea de Lockheed Martin que es considerado tan estratégico para el Gobierno de Washington que esta calificado como no exportable, es decir, que no lo van a vender a ninguno de sus países aliados para garantizarse el estar un paso por encima tecnológicamente del resto.

Calificado como de quinta generación y con capacidad furtiva, este avión se ha convertido en el más caro de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, con un precio estimado en la actualidad de 358 millones de dólares por unidad. Por esta razón, del pedido inicial de 650 cazas se pasó a 381 aviones, para que el Gobierno de Barack Obama decidiese finalmente cerrar el número de adquisiones a 168 unidades.

Durante todo su desarrollo, el avión ha tenido importantes problemas mecánicos y de software. Entre ellos, que el sistema de generación de oxígenos del avión (OBOGS) no enviase suficiente oxígeno al piloto, provocando hipoxia y el síndrome de descompresión rápida a algunos de ellos; que la cabina del avión no se abriese y dejase atrapados a sus ocupantes durante horas en el interor; o que el sistema de navegación se desconfigurase al cruzar la línea internacional de cambio de fecha por usos horarios.
La prensa de Rusia ha informado detalladamente de los problemas de los cazas F35 y F22. En muchos casos, con algo de ensañamiento, mientras ensalzaba los programas de última generación que tiene en marcha la industria militar local. Sin embargo, esa chanza desapareció la pasada semana cuando el Armata T-14, el tanque de última generación ruso, se caló y no arrancó en plena Plaza Roja de Moscú en el ensayo general del desfile del 70 aniversario de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania Nazi.

Pero los problemas de los grandes programas militares no son únicamente internacionales. El programa más polémico en España es el del S-80 de Navantia. El que iba a ser el submarino convencional más evolucionado del mundo se ha convertido en una auténtica pesadilla para la empresa pública, para la Armada y para el Ministerio de Defensa, hasta el punto de que ya hay voces que han pedido que se descarte y los cuatro submarinos previsto se compren fuera.

Con un coste inicial de 1800 millones de euros (450 millones por unidad), los graves problemas encontrados tanto en la reserva de flotabilidad (algo relativamente habitual en los programas de submarinos) como de propulsión han hecho que el programa se eleve hasta los 3.000 millones de euros y ni siquiera esté confirmada la entrega de las cuatro unidades solicitadas inicialmente. Más bien, todo parece indicar que tan sólo se recibirían tres unidades.



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