jueves, 25 de septiembre de 2014

F-22: arma secreta de la Guerra Fría usada para atacar en Siria

Descrito como el "Rolls-Royce" de los aviones de combate, costó 69 millones de dólares contruirlo, y nunca se usó contra el enemigo para el que se había diseñado: la Unión Soviética.

El Raptor es invisible al radar enemigo.
El Raptor es invisible al radar enemigo.

 Esta semana, la Fuerza Aérea de EE.UU. estrenó en combate una de las armas más costosas de la historia, el cazabombardero invisible a los radares conocido como F-22 o “Raptor”.

El sofisticado avión arrojó bombas sobre Siria como parte de la campaña aérea contra los extremistas de Estado Islámico que controlan partes del territorio en ese país.

Se desconoce exactamente cuáles fueron los pormenores de la misión.

Pero seguramente fueron muchos los funcionarios en el Pentágono y en la industria de armamentos estadounidense que respiraron aliviados con la noticia del bautizo en combate del avión.

Pues luego de tres décadas de espera y casi US$70.000 millones en gastos, el controversial avión fue finalmente empleado en el objetivo para el que había sido ideado: eludir las defensas antiaéreas del enemigo sin ser detectado, atacar un objetivo y volver a salir ileso.

 De otra era

El Raptor es al mismo tiempo una maravilla de la tecnología moderna y una reliquia de otra era.

Fue ideado en la década de 1980, en las postrimerías de la Guerra Fría.

Invisible al radar enemigo, era un arma crucial para mantener la superioridad militar sobre sus rivales más temidos, los avanzados aviones de combate de la Unión Soviética.

Pero en 1991, cuando se firmó el primer contrato para la construcción del F-22, la amenaza soviética se había derrumbado.

No obstante, el Pentágono decidió seguir adelante con su desarrollo, pese al costo que llegó a la extraordinaria cifra de US$69.000 millones, o casi US$370 millones por cada uno de los 188 ejemplares de la aeronave que se construyeron.

Sin enemigo

Los críticos se preguntaron entonces acerca de la utilidad de un arma diseñada para confrontar un enemigo soviético que ya no existía.

El tiempo parecía darles la razón.

Al llegar los primeros F-22 al servicio de la fuerza áerea estadounidense en 2005, la cara del contrincante había cambiado de manera drástica.

Las tropas de Estados Unidos peleaban ahora cuerpo a cuerpo contra insurgentes rudimentariamente armados en los campos y poblados de Afganistán e Irak, contra los que poco podía hacer desde el aire la costosa aeronave.

Como si fuera poco, el avión sufrió una serie de incidentes en los que pilotos en misiones de entrenamiento con el F-22 perdían el conocimiento en pleno vuelo, aparentemente por problemas en el suministro de oxígeno.

En 2010 una de las aeronaves se estrelló, muriendo su ocupante.

Por casi una década, el Raptor permaneció en reserva, sin que se le encontrara uso en el campo de batalla.

Desde las alturas

La situación cambió al ordenarse los ataques contra Siria.

En vez de enviar patrullas de soldados contra combatientes talibanes y otros insurgentes escondidos entre la población, ahora la misión de las fuerzas estadounidenses es bombardear objetivos de los rebeldes de Estado Islámico dentro del territorio sirio, sin contar con la autorización del gobierno de Bashar al Asad en Damasco.

Por lo que los bombarderos estadounidenses potencialmente podrían enfrentarse al moderno sistema de defensas de Siria, que cuenta con radares y misiles antiaéreos comprados principalmente a Rusia.

Según funcionarios del Pentágono citados en el diario The Wall Street Journal, el F-22 fue empleado en esta misión no solo porque puede eludir a los radares sirios, sino que al volar más rápido y alto que otros aviones de combate, puede arrojar bombas de precisión de 1,000 libras a 15 kilómetros de distancia del objetivo.

“Un Rolls-Royce”

Sin embargo, otros críticos aseguran que el empleo de este armamento en Siria sigue sin justificar el extremadamente alto costo que se pagó por él.

Christopher Harmer, exaviador naval y ahora experto en el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de investigaciones estadounidenses, asegura, en conversaciones con BBC Mundo que lanzar el F-22 contra los extremistas islamistas en Siria no tiene mucho sentido.

“Es como usar un Rolls Royce, un auto extraordinariamente caro, que lo estamos empleando para una misión muy básica, para la que bastaría con el equivalente de una camioneta pick-up”, apunta el analista.

“Dudo mucho que la fuerza aérea siria vaya a entrar en combate con el F-22. Al gobierno sirio le conviene que Estados Unidos bombardee a Estado Islámico”, agrega Harmer a BBC Mundo.

Y puntualiza que, en su opinión, el sistema de defensa antiaérea siria no está bien mantenido ni sus operadores tan rigurosamente entrenados como para representar un reto que requiriese la misión del F-22.

Estados Unidos invirtió una fortuna equivalente al Producto Interno Bruto de muchos países para construir este avión “invisible”.

Por lo que algunos pensarán que, más que satisfacer una necesidad militar, la misión del Raptor en Siria esta semana cumplía el papel político de justificar ese enorme gasto.

Fuente BBC Mundo

Tomado de El Mostrador

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