martes, 18 de noviembre de 2014

Las deserciones dentro de la guerra anticubana.



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Mientras Diario de Cuba anuncia la deserción de dos nuevos médicos cubanos pertenecientes al programa “Más Médicos” que se desarrolla en Brasil, quienes laboraban en los barrios Jardim Olímpico y Novo Delfino de la ciudad de Montes Claros, en el estado de Minas Gerais, otros medios cubren las deserciones de algunos atletas presentes en los Juegos Centroamericanos en Veracruz. No hace mucho, otra profesional de la salud, quien laboraba en el municipio de Catutí, en Monte Claros, Brasil, abandonó su misión y marchó hacia EE UU.

Todos los desertores han anunciado su intención de marchar, o ya han llegado, a la ciudad de Miami, en La Florida.

Estos hechos son examinados en el reciente “Editorial de The New York Times: La fuga de cerebros en Cuba, cortesía de EEUU”, el pasado domingo donde se cuestiona cómo el gobierno USA, mediante programas implementados durante el mandato de George W. Bush y mantenidos en la administración Obama, incentiva las deserciones del personal de la salud cubano, en una acción “particularmente difícil de justificar”.

El poderoso diario expresa: “Es incongruente que Estados Unidos valore las contribuciones de los médicos cubanos enviados por el gobierno para asistir en crisis mundiales, como aquella del terremoto en Haití en 2010, mientras procura desestabilizar al estado facilitando las deserciones”.

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En otra parte del editorial, se dice con total claridad: “Hay muchos aspectos condenables de las políticas fallidas de Estados Unidos respecto a Cuba y el embargo que impone a la isla desde hace décadas. Pero el programa que incentiva la migración de personal médico durante asignaciones oficiales en el exterior es particularmente difícil de justificar. Durante el recién terminado año fiscal, 1,278 profesionales médicos, un número récord, obtuvieron autorización de inmigrar.”

La mala intención de las administraciones norteamericanas es puesta en entredicho por The New York Times y, particularmente, el uso politizado de su sistema migratorio. En este sentido, apuntala: “El sistema migratorio estadounidense debe darles prioridad a los refugiados y a las personas perseguidas más vulnerables del mundo. Pero no debe utilizarse para agravar la fuga de cerebros de una nación adversaria, sobre todo, cuando mejorar la relación entre los países es un objetivo viable y sensato.”

The New York Times se queda cojo, sin embargo, al analizar cómo se implementó el programa para promover la deserción de personal de la salud cubana. No cita a todos los implicados, tanto en el establecimiento del mismo como en la instrumentación y puesta de en marcha de la campaña. El diario se refiere a esto, de la siguiente manera: “El programa, diseñado por la rama ejecutiva, comenzó en agosto de 2006, cuando Emilio González, un exiliado cubano, firmemente opuesto al gobierno de la isla, estaba al mando del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos. González describió las condiciones laborales de los médicos como “tráfico de personas sancionado por el Estado”. En esa época, la administración Bush estaba procurando sabotear al Gobierno cubano. Facilitar la defección de médicos que participan en misiones en el exterior representa una oportunidad de atentar contra la principal herramienta diplomática de la isla y humillar al régimen de los Castro.”

Otros hechos que pasó por alto el rotativo son:

Recientemente, con el apoyo de la USAID, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y la derecha brasileña, la Asociación Médica Brasileña (AMB) implementó un mecanismo para propiciar la deserción de médicos cubanos, mediante un llamado Programa de Apoyo al Médico Extranjero, mediante el cual se les facilitaría la ayuda requerida luego de abandonar su misión. La AMB colocó en su sitio en internet un formulario en español donde se le facilitan instrucciones, asesoría jurídica y el apoyo para marchar a los EE UU.

Fue el propio gobierno norteamericano y, particularmente el Departamento de Estado, Seguridad Nacional y la USAID, el que implementó el programa Cuban Medical Professional Parole, cuya finalidad el promover la deserción de médicos cubanos que realizan su labor humanitaria alrededor del mundo, en más de 77 naciones con extrema pobreza y desatención de salud. Como señala, sin abundar, The New York Times, este programa establecido en el 2006, los desertores cuentan con todas las prerrogativas legales y facilidades para emigrar de inmediato hacia los EE UU, contando con personal calificado para propiciar deserciones o atender a los fugitivos en cada una de sus embajadas en el exterior. 

WikiLeaks ha puesto al desnudo cómo se les garantiza apoyo para viajar hacia los EE UU sin objeción alguna, tal como sucedió con la embajada norteamericana en Caracas.

De acuerdo con el The Wall Street Journal, para el 2010 habrían logrado la deserción de 1,574 médicos y otros miembros del personal de la salud en labores de cooperación internacional en 65 naciones. Esta cifra representa solo el 1,89 % de los cooperantes cubanos y, aunque es no significativa, representa el resultado de una labor de zapa, criminal e inescrupulosa, para robar nuestro personal médico con falsas promesas.

Coligados con esta conspiración anticubana se encuentran importantes medios de comunicación, miembros de la mafia cubano americana en el Congreso, así como grupúsculos contrarrevolucionarios radicados en el exterior, fundamentalmente en Miami.

La FNCA destina cuantiosos recursos de la USAID para erosionar los programas de salud implementados por Cuba en naciones hermanas. Se conoce que desde el 2007, esta organización de corte terrorista usó casi un millón de USD para promover la deserción de médicos cubanos.

La gran mayoría del personal médico que ha llegado a EE UU se encuentra en un limbo para lograr validar sus títulos, realizando otras labores ajenas a su experiencia médica, sin perspectivas de ver cumplidas las promesas que les ofrecieron la FNCA, la USAID y otros, percatándose tarde que solo han sido instrumentos de una sucia campaña contra Cuba.

Deserciones de militares ¿Una nueva modalidad?

Desde hace décadas ha sido interés particular de los servicios norteamericanos propiciar la deserción de miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del MININT de Cuba. En este sentido, han instruido a organizaciones como la FNCA, Cuba Independiente y Democrática (CID), CAMCO y muchas otras, la misión de tratar de seducir a oficiales y soldados de estos órganos, así como a jubilados, con vistas a no solo abandonar el país y sumarse al discurso mediático anticubano, sino también para propiciar la traición de los mismos a la Revolución.

Informaciones actualizadas indican que, particularmente la FNCA, el CID y el Consejo por la Libertad de Cuba (CLC) han orientado a mercenarios internos, así como a viajeros provenientes de EE UU, establecer contactos con oficiales en activo, así como con jubilados, con vistas a promover deserciones, búsqueda de información sensible sobre la defensa del país, así como integrar células conspirativas dentro de nuestra nación. Este nuevo programa está monitoreado por la CIA, varias agencias del Pentágono, así como el Departamento de Estado.

La razón de la creación de este nuevo programa obedece a que los EE UU ven casi imposible el cambio “democrático” por vía pacífica y a través de proyectos como Consenso Constitucional. En este enfoque predomina la percepción de la extrema derecha anticubana, la que trata de propiciar una primavera árabe tipo Egipto en Cuba, donde las fuerzas armadas sean el principal sujeto del cambio institucional.

Cuba tiene pleno conocimiento de esta nueva dirección del ataque contra su institucionalidad, habiendo determinado ya quiénes son los sujetos que están siendo enviados como reclutadores y provocadores, así como aquellos escasos casos potencialmente sensibles de ser manipulados.

Advierto que esta nueva aventura está destinada al fracaso. ¡Después no se quejen quienes se prestan a estas misiones anti institucionales y violatorias de la ley, cuando sean capturados por nuestros órganos de enfrentamiento!

¡Están advertidos!


Percy Francisco Alvarado Godoy

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